¿”Cambiar” saltando al abismo? Se impone la hora de la inteligencia.

lemmings_ES

El inteligente entiende que saltar al abismo en bungee jump o como metáfora puede ser divertido y hasta útil, pero ya no como política. 

¿Ha escuchado usted a algún dirigente o experto del oposicionismo citar algún ejemplo concreto que demuestre en la práctica el éxito de las políticas económicas que, según ellos, deben aplicarse en Venezuela para equilibrar la economía, derrotar la inflación, etc.? ¿Los ha escuchado decir algo así como qué “fíjese que bien nos fue en materia de precios en 1996 cuando eliminamos los controles de precio y cambio y congelamos los salarios”. O: “recuerde cuánto crecimos en 1989 cuando hicimos lo mismo y comenzamos a privatizar todo para dárselo al eficiente sector privado”.

No verdad. Y no podrán decírselo pues en realidad no cuentan con ningún ejemplo empírico real que valide sus promesas y ofertas de políticas económicas, ninguna de las cuales es novedosa y ya han sido múltiples veces puestas en práctica en nuestro país –y en muchos otros- con resultados sociales y económicos nefastos:

Diapositiva1

Krugman llama ideas zombie a aquellas que la realidad mata muchas veces porque fracasan rotundamente, pero sigue apareciendo para atormentar a los vivos con su penar. Como se puede observar, los años entre 1989 y 1998 cuando se aplicaron las medidas económicas hoy defendidas por la oposición como “novedad”, han sido los de peor desempeño económico del país incluyendo la peor inflación. La parte sombreada en negro corresponde a los período de “libre” cambio. Así las cosas, Walking Dead en la televisión y el cine como puede ser divertido e inofensivo, pero como fundamento de la política económica resulta una calamidad.

 

Lo mismo debe decirse del resto de sus ofertas de campaña. ¿Cómo se supone que van a combatir la inseguridad siendo no solo que los estado más inseguros del país son precisamente los que gobierna el oposicionismo, sino que existen pruebas más que claras de la vinculación de sectores del mismo con elementos de delincuencia organizada y paramilitarismo (empezando por Álvaro Uribe Vélez), así como con notorios actos criminales siendo los más recientes el descuartizamiento de una de sus militantes por parte de otros militantes involucrados todos (víctima y victimarios) en contrabando de dólares, y el asesinato de un dirigente del partido AD en medio de una vendetta de mafias sindicales? ¿No fueron sectores de la oposición los que trajeron la peste paramilitar al país al menos desde 2004, cuando se descubrió la base de operaciones que tenían en la finca Daktari propiedad de un connotado dirigente oposicionista ideólogo de las guarimbas? Recordemos que la finca estaba ubicada en el municipio El Hatillo del este de Caracas perteneciente al Estado Miranda, municipio bastión de la derecha pudiente y que por tanto siempre ha sido gobernado por la oposición. El gobernador de Miranda en aquel entonces era Enrique Mendoza del partido Copey, cuya policía custodiaba la entrada a la misma cuando llegó la fuerza pública nacional, alternándose dicha custodia con las policías del propio municipio El Hatillo y de los municipios vecinos de Baruta (cuyo alcalde era Henrique Capriles Radonsky) y Chacao (Leopoldo López).

Este punto es importante porque la estrategia de marketing político del oposicionismo se basa en capitalizar el malestar que sus propias acciones bien violentas o bien de sabotaje económico generan. Y para esto ha buscado posicionar en el imaginario colectivo la idea del “cambio” así como en su momento lo hizo con “La Salida”. Pero para esto es necesario que la oferta sea sólo “cambiar”, sin especificar mucho en “cambiar” cuál o tal cosa pero sobre todo cómo hacerlo. Y no lo hacen porque esto último implica proponer acciones concretas y por tanto exponerlas y explicarlas, con lo cual corren el riesgo de que lo que tienen preparado no sea justamente lo que la gente reclama sino, de hecho, justo lo contrario. Es como lo que pasa con el champú “anticaspa” pero con consecuencias fatales. Si a la gente le dijeran que el champú “anticaspa” no es exactamente tal, es decir, que no elimina la caspa sino que la administra en la medida en que se mantenga eternamente comprándolo, no se vería tan animada a hacerlo. De la misma manera, si dentro del oposicionismo existiese un electorado que exigiera (no digamos pensando en el futuro del país, sino incluso exclusivamente en el de ellos mismos y sus familias) que más allá de las consignas con las que todo el mundo está de acuerdo y la manera irresponsable de esquivar el fondo de los problemas por parte de sus dirigentes, se le dijera cómo, para qué y cuáles son las ventajas y peligros de las propuesta de “cambio” que le están vendiendo, la cosa sería distinta. Por suerte, fuera del marco oposicionista existe una ciudadanía más responsable que no está dispuesta a dar un salto al abismo y hacerse cómplice de su propio proceso de destrucción por falta de criterio propio, gente que igual padece las colas, la especulación, que debe hacer malabares para comprar bienes básicos, que ha sido víctima de la delincuencia y quiere que todo eso cambie y no siga siendo así, pero que entiende que la “salida” o “el cambio” consistente en ponerse del lado de quienes lo especulan, le esconden los alimentos o asaltan, puede ser cualquier cosa menos inteligente.

Por cierto,  ya para cerrar, el mejor ejemplo de que la derecha cuando se le presiona un poquito demuestra que en el fondo no ha cambiado nada, es la entrevista realizada por el diario argentino Clarín a “Chuo” Torrealba, el más que increíble jefe político de un sector de la sociedad que se cree más culta y mejor hablada que el resto. En ella detalla cuáles son sus planes reales y de un modo que recuerda a los formas de expresarse fundamentalista de los grupos de asesinos y mercenarios del EI (por no decir el nazismo y el sionismo) anuncia prácticamente un exterminio del chavismo en un hipotético gobierno oposicionista. En este sentido, la idea de mostrar al chavismo como una minoría que hay que extirpar como si fuera un tumor maligno para alcanzar la felicidad nacional, no solo es falsa (el chavismo está lejos de ser minoría política en este país) e hipócrita (considerando todo lo que la oposición se queja alrededor del mundo de ser perseguidos políticos), sino profundamente peligrosa en la medida que nos coloca a las puertas de una guerra civil que, como toda guerra de esta naturaleza, sería profundamente sangrienta y costosa para todos y todas. Aunque a muchos en el oposicionismo les de flojera la historia, hay que recordarles que se ideario fue el que llevó, precisamente, a lo alemanes a emprenderla contra los judíos y contra todo aquel que percibieran como culpables de sus problemas causando una matanza de treinta millones de personas. Y ese mismo ideario es el que tiene a Libia, Irak y Siria en las matanzas en que actualmente se encuentran. ¿Es ese el “cambio” que queremos? ¿Es eso “reconciliación”? Cada vez que los dirigentes oposicionistas locales y foráneos azuzan los tambores de guerra y muerte, cuando convocan a lo que los e la CIA llaman pelea de perros, sacan a sus hijos del país o ya los tienen fuera (como el resto de sus intereses). Eso desde luego no lo puede hacer el oposicionista de a pie. Entonces, ¿es que está dispuesto a sacrificar a los suyos como si fueran menos importantes? Buena parte de quienes los dirigen parecen estar apostando claramente a que sí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s