El 6-D y el futuro económico de nuestros hijos y nietos (III) ¿Libre mercado o intervención estatal?

mercado-libre-estafas

Una de las ideas más populares entre economistas, empresarios y sectores medios, es que para que las cosas “funcionen bien” el Estado no debe intervenir en la economía. El papel del Estado es cuidar el orden público y mantener las carreteras, las plazas y cosas así, pues está visto que no sabe nada de negocios y todo lo que toca lo quiebra. Las personas emprendedoras –se nos asegura- en cualquier contexto o modelo social y político se superan, siempre y cuando no sea el caso que el Estado se entrometa. Del futuro de uno y su familia debe encargarse uno y debe ser así, pues todo lo demás fomenta la flojera y la sirvengüenzura.

Lo primero que habría que decir de todo lo anterior es que no existe un contexto, ni un país ni un tiempo histórico, en que el Estado no intervenga en la economía. Y en el caso concreto venezolano eso es aún más cierto. De hecho, no existe un solo empresario en este país que no haya prosperado y hecho fortuna sin ayuda estatal a través de créditos, subsidios impositivos, divisas preferenciales, protecciones arancelarias, etc. Y si bien habrá casos de personas que han hecho lo mismo por esfuerzo propio, lo cierto del caso es que como en todas partes resultan la excepción en la medida en que la clase media venezolana –como también en todas partes- es fundamentalmente el resultado de políticas de Estado: universidades públicas gratuitas, programas de beca, subsidios y planes para vivienda y automóvil. Etc.

Y es que el Estado siempre interviene en la economía, tanto por comisión como por omisión. Si partimos de la idea simple del Estado como un garante del orden social y regulador de las relaciones sociales, está claro que en las economías modernas de mercado, las relaciones mercantiles y económicas juegan un papel determinante. De modo que cualquier asimetría e injusticia que se cometan en el marco de estas últimas altera el orden social total. En tal razón, si el Estado –éste o cualquier otro- se sustrae de intervenir en las mismas, de hecho, no lo está haciendo: simplemente está dejando que la injusticia se cometa y que la asimetría perjudique al más débil en provecho del más fuerte. Es una acción por omisión.

El mejor ejemplo de ello es lo que pasa actualmente en Europa o los Estados Unidos. En ambos lugares la pobreza y el desempleo es mucho mayor que hace unos cinco años atrás. En Estados Unidos hasta la revista News Week habla de la célebre clase media norteamericana como una “especie en extinción” y del fin del American Dream. Ahora bien, ¿toda esa gente que ahora es más pobre es porque de repente se hizo más holgazana o perdió el espíritu emprendedor? ¿O lo que ocurre es que al Estado “retirarse” de intervenir y no mediar entre la gente común y la banca, la gente común y las corporaciones, simplemente permite que las segundas abusen de las primeras?

Ciertamente el esfuerzo personal es una clave del desarrollo económico y social, pero si ese esfuerzo personal no se acompaña de políticas activas de carácter colectivo que le creen condiciones favorables, dicho esfuerzo se vuelve inútil o convierte en una lucha despiadada y egoísta a ver quién sobrevive y quién no con todo lo que esto implica incluso emocionalmente. De hecho, en la gran mayoría de los países de los países que se dicen “desarrollados” y socialmente cohesionados, el Estado es fuertemente interventor: allí está el caso de los países nórdicos, Japón, Holanda, Australia, la propia Alemania, Canadá, etc.

Por lo demás, lo cierto del caso es que existe una gran hipocresía y doble criterio a la hora de abordar esta discusión. Así por ejemplo, cuando el gobierno norteamericano salió al rescate de sus bancos en 2008, o cuando el venezolano salió al rescate de los suyos en 1996, o cuando el Banco Central Europeo hace lo propio en la actualidad, ¿por qué en estos casos no se les acusa de intervencionistas? ¿Por qué es intervencionismo que el estado financie una cooperativa u otorgue una ayuda económica a un estudiante de los sectores populares o una madre soltera y no que financie una empresa privada a través de créditos preferenciales o divisas? ¿No debería dejar que estas últimas progresen con el sudor de su frente? ¿O es que existe un intervencionismo “bueno” cuando se trata de ayudar a empresarios y uno “malo” cuando se trata del resto?

Así las cosas, tal vez algo que debemos comenzar a entender es que la intervención del Estado ni los controles o regulaciones que aplican, es necesariamente una violación al libre mercado. De hecho, es la posibilidad de existencia de un verdadero libre mercado, que no es por cierto el mercado capitalista que es de suyo un mercado restringido y excluyente. Los únicos libres mercados realmente dignos de ese nombre, son aquellos donde haya la mayor transparencia e igualdad de condiciones posibles. Y eso es solo posible lograrlo con una activa participación del Estado y la ciudadanía organizada colectivamente en defensa de sus derechos socio económicos, donde haya el mismo ejercicio de democracia que se reclama para los otros aspectos de la vida social.

Fuente: investigación sobre concentración y poder de mercado en Venezuela. Luis Salas Rodríguez, María Soto y Miguel Franco. CEEP-UBV.

Mapa de la “libertad” de oferta del mercado de alimentos en Venezuela. Fuente: Investigación sobre concentración y poder de mercado en Venezuela. Luis Salas Rodríguez, María Soto y Miguel Franco. CEEP-UBV. Diseño: Misión Verdad.

Por el contrario, mercados como el venezolano, históricamente controlado por roscas especulativas, donde los precios son puestos a voluntad y a beneficio de los comerciantes en perjuicio de los consumidores y en no pocos casos también de muchos productores, donde se practica la oferta engañosa, adultera y contrabandea la mercancía la mercancía, evade impuestos, se desinforma y manipula constantemente al ciudadano consumidor, es lo más lejos que existe a un libre mercado. Es una ficción de libre mercado, de la cual por cierto era plenamente consciente y denunció nada menos que Adam Smith en unos pasajes más que admirables de La Riqueza de las Naciones a propósito del capitalismo inglés (los subrayados son nuestros):

Esperar que en la Gran Bretaña se establezca enseguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Oceana o una Utopía. Se oponen a ello, de manera irresistible, no sólo los prejuicios del público sino los intereses privados de muchos individuos. (…) Cualquier miembro del parlamento que presente una proposición encaminada a favorecer un monopolio, puede estar seguro que no solo adquirirá la reputación de perito en cuestiones comerciales sino una gran popularidad e influencia entre aquellas clases que se distinguen por su número y su riqueza. Pero, si se opone, le sucederá todo lo contrario, y mucho más si tiene autoridad suficiente para sacar adelante sus recomendaciones, porque entonces ni la probidad más acreditada, ni las más altas jerarquías, ni los mayores servicios prestados al público, permitirán ponerle al cubierto de los tratos más infames, de las murmuraciones más injuriosas, de los insultos personales y, a veces, de un peligro real e inminente con que suele amenazarle la insolencia furiosas de los monopolios, frustrados en sus propósitos.”

Los intereses de quienes trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas, en algunos respectos, no sólo son diferentes sino por completo opuestos al bien público. El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y restringir la competencia. La ampliación del mercado suele coincidir, por regla general, con el interés del público; pero la limitación de la competencia redunda siempre en su perjuicio y solo sirve para que los comerciantes, al elevar sus beneficios por encima del nivel natural, impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos. Toda proposición de una ley nueva o de un reglamento de comercio, que proceda de esta clase de personas, deberá analizarse siempre con la mayor desconfianza y nunca deberá adoptarse como no se después de un largo y minucioso examen, llevado a cabo con la atención más escrupulosa a la par que desconfiada. Ese orden de proposiciones proviene de una clase de gentes cuyos intereses no suelen coincidir exactamente con los de la comunidad, y más bien tienden a deslumbrarla y oprimirla, como la experiencia ha demostrado en muchas ocasiones.”

Anuncios

2 Respuestas a “El 6-D y el futuro económico de nuestros hijos y nietos (III) ¿Libre mercado o intervención estatal?

  1. camaradas de sur-version no he recibido la segunda parte de este extraordinario articulo. les abradezco me la envien. saludos revolucionarios adelaida

    • Hola Adelaida. Es justo el que antecede a este, el de los controles de precio y la LOTTT. Un abrazo y gracias por estar leyéndonos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s