Qué ocurrió en Venezuela la última vez que Haussman y la familia Mendoza quisieron “salvarla”

Ricardo Hauusman (derecha) entregando premio “Alumni Achievement Awards" a Leopoldo López a traves de su esposa Lilian Tintori. El otro personajillo es Juan Andrés Mejías, alumno también de Hauusman y actla candidato a la AN en Miranda por el partido Voluntad Popular. Mejías, dicho sea de paso, últimamente ha estado muy activo acusando al gobierno de estar detrás de los lanzamientos de granada contra organismos policiales.

Ricardo Hauusman (derecha) entregando premio “Alumni Achievement Awards” a Leopoldo López a traves de su esposa Lilian Tintori. El otro personajillo es Juan Andrés Mejías, alumno también de Hauusman y actual candidato a la AN en Miranda por el partido de ultraderecha Voluntad Popular. Mejías, dicho sea de paso, últimamente ha estado muy activo acusando al gobierno de estar detrás de los lanzamientos de granada contra organismos policiales.

En la Edad Media y durante varios siglos después hasta la invención de la medicina moderna, era muy popular entre los médicos un método de cura llamado desangrado. El desangrado consistía en hacer cortes o incisiones a los pacientes de manera tal que sangraran, con lo cual se esperaba se curaran del mal que los aquejaba: hichazones, tumores, infecciones, no había mal que el desangrado –según la “ciencia” medica de entonces- no curara.

Pero en la realidad solía ocurrir más bien todo lo contrario: el paciente no mejoraba, y más bien, la mayor de las veces empeoraba tras el tratamiento. Sin embargo, nada de esto amilanaba a los médicos, quienes amparados en su “saber experto” redoblaban la apuesta demandando una purga mayor, lo que terminaba por provocar la muerte del paciente. Pero ante el fatal desenlace los médicos eran igual de inmutables: la culpa no podía achacársele al tratamiento, para ellos infalible, sino a los pacientes por no ser capaces de resistirlo.

Los economistas neoliberales son exactamente iguales en sus procedimientos a aquellos “médicos” medievales. Con el agravante que las víctimas de los médicos aunque hayan sido miles están muy lejos de acercarse a las de los neoliberales que se cuentan por millones. Pero como aquellos, también se amparan en su supuesto “saber experto” para provocar tratamientos que termina matando a sus pacientes, o dejándolos en tal estado de debilidad y anemia que si no los mata la enfermedad que justificó el mismo, los mata cualquier otra cosa. Sin embargo, los economistas neoliberales llevan una gran ventaja: cuentan con todo un aparataje mediático e institucional que lava su mala praxis y charlatanería de criminales masivos de manera tal que incurren una y otra vez en los mismos crímenes con total impunidad.
O al menos lo intentan. Y eso es justo lo que vienen haciendo por diversos medios y con diversos métodos en los últimos años en nuestro país. Pero lo hacen de una forma en extremo perversa que no se le puede achacar a los médicos medievales: y es que los economistas neoliberales crean la enfermedad primero que pone al paciente al borde del colapso y luego le aplican el tratamiento que lo matará. La enfermedad son todos los males y malestares causados por la guerra económica en todas sus formas y manifestaciones. El tratamiento: el ajuste para “equilibrar” lo que ellos mismos desequilibraron, desangrar al paciente para “salvarlo”.

Son varios los economistas neoliberales que actualmente están coludidos –si bien no son necesariamente armónicas las relaciones entre ellos dados los afanes protagónicos- en esta tarea: en la primera línea se encuentra Moisés Naim, sionista nacido en Venezuela pero radicado en los Estados Unidos, ex ministro de Fomento en los tiempos del paquete fondomonetarista de Carlos Andrés Pérez II, y en la actualidad uno de los más foribundos generadores de matrices contra Venezuela desde diversos medios como El País de España.

Un poco menos visible pero igual de peligroso es Gustavo Roosen: el mismo que en una reunión en la embajada norteamericana en Caracas aseguró que a la economía venezolana “se le habían inyectado tres dosis de hepatitis c para hacerla colapsar”. Roossen también fue ministro de Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato, primero de Educación, y luego, gracias a los servicios prestados a la causa deterioro de la educación pública nacional para crear las condiciones de su privatización-, fue recompensado con la presidencia de PDVSA en 1992. Allí duró dos años, tras los cuales impulsó el proceso de Apertura Petrolera (el eufemismo de la época para ocultar la privatización de la principal industria del país). Luego, pasaría a tener la delicada responsabilidad de presidir la Junta Interventora del Banco Latino y Comisionado Especial de la presidencia para la Reforma del Sistema Financiero Nacional. Era el año 1994, ya en tiempos de Caldera II. Y si bien su tarea era evitar el colapso de la banca, no cabe duda que fue perfectamente exitoso en justo lo contrario: su intervención provocó la quiebra definitiva del Latino y con ella demás del 50% del sistema bancario venezolano. El Estado venezolano, quebrado por las reformas neoliberales, tuvo que inyectar recursos a la banca equivalentes al 11% del PIB de entonces (unos 9 mil millones de dólares). Y mientras buena parte de la población perdió sus ahorros, tuvo que vérselas también con una inflación que de un año a otro casi se duplicó (pasó de 45,9% en 1993 a 70,8% en 1994). Tras dos años de agonía social hubo que aplicar un nuevo paquetazo coordinado por el FMI y el banco Mundial (La Agenda Venezuela), que en medio de un congelamiento salarial de tres años disparó la inflación a lo que sigue siendo su record histórico: 103% en 1996.

Pero el “fracaso” de Roosen se comprende mejor cuando se da cuenta de su origen y los intereses que defendía en sus responsabilidades de gobierno, que no eran los del país precisamente. Y es que Roosen era un fichaje de confianza de la familia Mendoza y las empresas POLAR, siendo que al momento de ser nombrado ministro de educación ocupaba, nada más y nada menos, que el cargo de Coordinador General de la División de Alimentos de la Organización Polar. Al mismo tiempo, ocupaba cargos directivos dentro de varias empresas del grupo, como Envases Venezolanos S.A y el Banco Provincial. Cuando el viernes negro de 1983, Roosen ocupaba la presidencia de la Asociación Bancaria, de donde salió para presidir la Cámara de Comercio de Caracas entre 1986 y 1988.

En cada uno de esos cargos Roosen hizo lo que mejor sabe hacer y por lo cual cobra: defender los intereses del gran capital corporativo a expensa de las mayorías y participó en cuanta estafa contra la nación se produjo durante las dos décadas perdidas de 80 y 90: desde la pérdida de soberanía monetaria tras el viernes negro, pasando por RECADI, las negociaciones de la deuda en tiempos de Lusinchi, el deterioro de la educación pública y la privatización encubierta de PDVSA. En el caso del Latino, su papel fue ayudar a dirimir la lucha intestina que dentro del sector bancario se estaba dando por el control del sistema financiero local, la verdadera causa de la “crisis”. A este respecto, el testimonio de Juan Tomás Santana, presidente de la Asociación bancaria en el momento de la corrida financiera resulta revelador:

En el año 93 se generalizó una crisis en la economía venezolana producto del severo programa de ajustes aplicado durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Se cambian las reglas que imperaban en materia económica. El equipo integrado por los economistas Miguel Rodríguez, Moisés Naim y Ricardo Haussman, entre otros, introducen correcciones fiscales y liberalizaciones cambiarias y financieras que, lógicamente, iban a repercutir, inicialmente, muy duramente en la actividad económica en su conjunto y en especial en las instituciones bancarias. Se disparan los intereses bancarios, se agudiza la morosidad de las carteras y sucumbe un buen número de empresas comerciales, industriales y manufactureras. A esto se suma la crisis política que produce la salida de Pérez de la Presidencia de la República. Ello configuró un esquema que va a afectar al sistema financiero en su conjunto y en especial al Banco Latino, uno de los más grandes bancos del país, el segundo en tamaño. Cuando la situación de iliquidez se hizo presente, aunado a una intensa ola de rumores, se afecta un buen número de bancos. El Latino en especial. La verdad es que este instituto adopta una política no ortodoxa para frenar la salida de recursos y captar nuevos depósitos: se pagan altísimos intereses que se trasmite y afecta aún más a todo el sistema financiero. Los intereses pagados por los depósitos tenían un margen muy superior a la tasa activa que se cobraba por los préstamos”.

(…) Si duda que la labor de Roosen (Gustavo Roosen desinado por Caldera Comisionado especial para la crisis) fue absolutamente negativa. Tanto que se habla de la “Segunda Quiebra del Banco Latino”. Si juzgamos por los resultados obtenidos las cifras apuntan hacia una gestión mucho peor que la por ellos criticada. Se aumentan desproporcionadamente los gastos ordinarios, se contratan despachos de abogados en Venezuela y en el exterior pagando honorarios escalofriantes y se deteriora aun más la cartera crediticia…”.

El premio de Roosen por sus servicios prestados fue la presidencia de la CANTV, la telefónica estatal quebrada primero y privatizada después, entre 1995 y 2007, cuando el presidente Chávez la recuperó para el país.

Ricardo Hauusman:
Precisamente, el otro personaje nombrado por Santana es otro de los cabecillas de la guerra económica, tal y como lo hemos reseñado en varias ocasiones, tal y como lo ha denunciado el propio presidente Maduro, y tal y como quedó en evidencia tras la grabación mostrada por el presidente de la AN donde se le escucha conversando con el actual jefe del grupo Polar, Lorenzo Mendoza, “en estado de guerra” tal y como se le escucha decir y negociador con el gobierno de Obama y el FMI del “rescate” de Venezuela tras lo que no puede ser sino una salida de facto del actual gobierno.

Ricardo Hauusman, sionista como Naim, es también un ex funcionario con un largo prontuario durante la Cuarta República. Fue funcionario del gobierno de Herrara Campins cuando el viernes negro como “Jefe de Planificación a corto plazo” del ministerio de Planificación. Luego estuvo en la COPRE con Lusinchi en tiempo de RECADi y “el mejor refinamiento del mundo”, según palabras del entonces presidente adeco, quien se refería a las negociaciones de la deuda gracias a lo cual el país terminó asumiendo como pública más de 30 mil millones de dólares que el sector privado debía en el exterior (luego saldría el mismo presidente diciendo “la banca nos engaño”). Más tarde, como hombre de confianza del FMI en Venezuela (era su gerente de desarrollo) sería nombrado ministro de Planificación con CAP II, formando dupla con Miguel “paquetico” Rodríguez, quien pasó a sustituir a uno de los pillos más grandes que ha dado Venezuela: Pedro Tinoco hijo, en la presidencia del BCV. No tiene sentido insistir más en los resultados que para el país tuvo la pasantía del Hauusman junto a sus secuaces por los gobiernos cuartorepublicanos. Solo unos pocos como la familia Mendoza lo recuerdan con gratitud, pues gracias a sus dotes de planificador pudo la POLAR consolidar su monopolio local.

Hauusman se había retirado de la palestra pública refugiado en su academia norteamericana y sus estancias por organismos internacionales. Haría una reaparición célebre pero fugaz en 2004, cuando por intermedio de Sumate (la entonces ONG de María Corina Machado) hizo el ridículo al afirmar “matemáticamente” la imposibilidad del triunfo del presidente Chávez en el revocatorio de ese año. Estuvo junto a Roosen en la junta de directiva de la CANTV hasta su nacionalización. Pero desde la llegada a la presidencia de Nicolás Maduro, ha estado muy activo haciendo pronóstico y “análisis” que forman la base de la mayoría de las matrices negativas que alimentan la guerra económica.

El otro personaje clave en esta galería de personajes siniestros es Francisco Rodríguez, actual representante para América Latina del Bank of American e hijo de Gumersindo Rodríguez, el tristemente célebre ministro de Planificación de CAP en su primer gobierno y artífice junto a Pedro Tinoco hijo de todo el desaguisado desatado por el V Plan de la Nación, las “nacionalizaciones” del hierro y el petróleo y el desastre en general que nos llevó al viernes negro del 83. Francisco Rodríguez, es de los alumnos aventajados de la camada “joven” de los 90 creada por los anteriores en las aulas del IESA, Harvard y Chicago, a donde iban becados gracias a FUNDAYACUCHO, dirigida durante largo tiempo por el papá de Leopoldo López. Leopoldo López, precisamente, fue uno de los que estuvo por allá, entre otros con Felipe Pérez Martí (quien no estuvo en Harvard si no en Chicago), el “ideólogo” del grupo Qué hacer y que es algo así como el otro yo “izquierdista” de Francisco Rodríguez gracias, entre otros razones, a su pasantía traumática como ministro de planificación del presidente Chávez en 2002, y últimamente, por su junta con Roland Denis Boulton, quien suponemos lo nombrará ministro de economía en un eventual gobierno suyo “ultraizquierdista”. Pero sobre Francisco Rodríguez y sus formas de “salvar” al país hablaremos en detalle en una próxima ocasión.

Anuncios

Una respuesta a “Qué ocurrió en Venezuela la última vez que Haussman y la familia Mendoza quisieron “salvarla”

  1. Pingback: Ricardo Hausmann: lobbista del sionismo financiero | Trabajadores de la Patria Bolivariana·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s