¿Crisis china?

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El día de hoy ha tomado a todo el mundo con una nueva mala noticia: se habla del inicio de otra gran crisis financiera como la del 2008 y los años 30 del siglo XX pero peor, dada la caída de los principales índices bursátiles a nivel mundial. Primero fue la Bolsa de Shanghai, con una caída de un 8,5% en su peor jornada desde 2007,que terminó arrastrando al resto de Asia. Le siguió Europa, donde las bolsas han tenido sus peores caídas en varios años, lo que no es un dato menor si se toma en cuenta que estamos hablando de años especialmente malos. Y luego Wall Street que llegó a derrumbarse un 7%, para desembarcar en la bolsa de Sao Paulo, también con caídas históricas.

También se nos dice, tomando en cuenta la trayectoria de los hechos claro está, cuál es la razón de toda esta nueva turbulencia: la economía china, que ya no crece al ritmo del 10 o más por ciento como hace unos años sino a unos modestos 7 u 8 por ciento… ¡y puede que incluso llegue a un miserable 6% este año! A este respecto, se nos asegura en toda la prensa especializada que las medidas tomadas a principios de este mes por las autoridades chinas de devaluación del Yuan, no han sido suficientes en la medida en que no terminan de inspirar confianza entre los inversionistas. Y dado que, como sabemos, los inversionistas son sujetos muy susceptibles de entrar en pánico, ante la generación de estas expectativas negativas hacen lo que al parecer mejor saben hacer: salir corriendo. Lo demás viene por añadidura. Los pesos pesados de las finanzas especulativas mundiales mueven sus piezas y los más pequeños actúan, por instintos casi, siguiendo los pasos de aquellos. Es resultado de lo que los especialistas llaman asimetrías de la información: si ellos están corriendo –piensan los más chicos- es porque algo saben que nosotros no sabemos, así que es mejor salir corriendo también y vender no vaya a ser cosa que la bomba nos explote en las manos.

Ahora bien, en este como en otros casos similares lo mejor es hacer una pausa y tomar en cuenta una cuestión que, paradójicamente, pese a ser obvia solemos dejarla pasar: que siempre el que una noticia se haga noticia y la forma en que se hace tal, no es un hecho accidental o anecdótico, sino parte en sí mismo del problema mismo que hay que analizar.

En primer lugar, no es cierto que estemos entrando en una nueva gran crisis ni que la economía china sea la causa. Y no lo es porque nunca, en realidad, hemos salido de la consecuencias de la “crisis” de 2008, que a su vez es la manifestación o capítulo de la “crisis” más antigua y aún no resuelta de finales de los 70 y principios de los 80. Lo que la gran prensa mundial suele llamar “recuperación de la crisis”, es a los más que incierta mejora de algunos índices económicos convencionales (como el de la productividad) de la economía norteamericana y algunos países europeos, mejora que a todas estas se debe fundamentalmente al empeoramiento de las condiciones de vida de la población de dichos países por la precarización a la cual se han visto sometidas, y en no pocos casos, a la manipulación vulgar de las estadísticas.

La mal llamada crisis financiera de 2008 que comenzó en las bolsas norteamericanas y rápidamente se expandió por el mundo dadas las interconexiones del mercado global, así como la manipulación de la Reserva Federal para descargar sobre el resto de países los efectos de dicha crisis (“exportando” activos tóxicos y haciendo exactamente lo contrario que le dice a todos que hay que hacer: imprimiendo toneladas de dinero sin respaldo) ha degenerado en una gran contracción del comercio mundial dado el aumento vertiginoso de la pobreza. Sumado a eso, la destrucción de la que han sido víctimas tanto el norte africano como el medio oriente (Siria e Irak, fundamentalmente) vía el terrorismo promovido por los Estados Unidos con intereses geoestratégicos, desencadenó una catástrofe humanitaria de la cual la propia Europa pasa a ser víctimas al verse obligada a recibir los refugiados que en masa cruzan el mediterráneo. Y valga que agregar que en este caso la devastación de la República Árabe Libia causó también la anulación de toda una red de ayuda social, económica, financiera y humanitaria que el gobierno de Gadafi sostuvo hacia muchos países del África Subsahariana y de la cual buena parte (la mayor parte) de sus poblaciones dependían, siendo que ante su suspensión no les ha quedado otra que escapar buscando un destino distinto al de la muerte y la pobreza más atroz.

El otro desencadenante de toda esta historia es la manipulación a la baja de los precios del petróleo y al alza del dólar, acometida por el gobierno norteamericano desde el año pasado justamente en el marco de la “administración” de la crisis que viene haciendo. Y es que luego de devaluar el dólar en el marco de su política expansiva, ha comenzado un proceso inverso de revaluación a través de las expectativas de aumento de las tasas de interés del la FED, a lo que se adiciona la inundación del mercado petrolero por la vía del fraking, la colaboración de Arabia Saudita y el petróleo robado de Libia e Irak por las bandas mercenarias. No es esta una estrategia nueva. Ya se uso a comienzos de los años 80 cuando el entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan le declaró la guerra a la OPEP (juró ponerla de rodillas, lo que en efecto hizo) y luego aumento las tasa de interés causando un doble movimiento de fuga de capitales de todos los países hacia el dólar y el despegue de todas las deudas mundiales. La llamada crisis de la deuda latinoamericana que oficialmente empezó con el default mexicano en 1982 y siguió con el Viernes Negro de febrero de 1983 fueron consecuencias directas de ello: de allí en más vendría las décadas perdidas de 1980 y 1990 para toda la región.

Así las cosas, no puede decirse que otra gran crisis ha comenzado pues, como decía, estamos en medio de una crisis que no ha terminado, que acelera y luego se relantiza, que va mutando de forma y modalidad, pero que no se resuelve ni tiene visos de resolverse ni en el corto plazo ni a través de métodos poco traumáticos. Y es sobre este marco que hay que tomar en cuenta la variable china y su moneda.

Sobre este particular, la semana pasada en Econonuestra, comentábamos a propósito de la devaluación del yuan más o menos lo siguiente: la reciente medida del gobierno chino de devaluar el Yuan puede interpretarse en al menos dos sentidos. El primero de ellos iniciar una guerra de monedas clásica, haciendo más competitivas sus exportaciones al abaratar sus productos. Pero también del siguiente modo: el de crear las condiciones para consolidar al Yuan como divisa mundial, tanto para el comercio como reserva de valor. A nuestro modo de ver pesa más lo segundo que lo primero. Y esto porque la hoy famosa contracción de las exportaciones chinas (que más que una contracción en realidad es una disminución de su viejo ritmo de crecimiento) parte de una estrategia tomada por el propio gobierno chino ante dos realidades, una de orden externo y otra de orden interno. La de orden externo tiene que ver con la caída del comercio mundial como resultado de la crisis de 2008, principalmente por la caída del consumo por parte de los principales socios comerciales de China en cuanto magnitud: Estados Unidos y la Unión Europea. Y la segunda, por la tensiones sociales y políticas a lo interno de China derivadas de la desigualdad de su modelo de desarrollo, no solo en lo social y económico sino incluso en lo geográfico (costa dinámica y del “primer mundo” e interior rural), lo que por lo demás crea vulnerabilidades que pueden ser aprovechadas por sus enemigos, tal y como ocurrió en Siria y Libia, ya que en China hay latentes movimientos separatistas inclusive religiosos vinculados al fundamentalismo islámico.

De tal suerte, el asunto es que la dirección política de la economía de China decidió en el  XVIII Congreso Nacional del PCCh celebrado en 2012, que el principal motor del crecimiento ya no sería el consumo externo (las exportaciones) sino el desarrollo y ampliación de su mercado interno, tanto como respuesta al estancamiento del comercio internacional como a las tensiones derivadas de su propio éxito económico. El caso es, por lo demás, que en el largo no se vislumbra soluciones ni en uno ni otro sentido: las contradicciones internas de China no se solucionaran pronto siendo que estamos hablando de una población de más de mil millones de personas. Mientras tanto, las expectativas del comercio mundial son cada vez más sombrías.

En este sentido, la línea de análisis más acorde pasa por considerar que China está creando condiciones para posicionar al yuan como divisa, no para desplazar al dólar definitivamente en el corto o mediano plazo, pero si para disputarle la hegemonía y competir contra otras divisas “menores”, por ejemplo el Euro. A este respecto, veamos al respecto lo que nos dice el economista argentino Alfredo Zaiat en su artículo El juego del yuan:

“Varias instancias ha recorrido el gobierno chino en ese tránsito de internacionalización del yuan. Desde 2011 ha firmado veintitrés acuerdos de intercambio de moneda (swap), uno de ellos con la banca central de argentina, por un total equivalente a 400 mil millones de dólares (2,6 billones de yuanes). Los swaps de monedas permiten utilizar la contraparte de yuanes tanto para comerciar con China como para convertirla en otras monedas. Todos los acuerdos de swaps fueron realizados por tres años con posibilidad de renovación. China promueve que se utilice al yuan no sólo para el comercio sino también de esa manera como reserva de valor. En ese proceso se inscribe el Acuerdo de Reservas de Contingencia firmado en la VI Cumbre del grupo de economías Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) realizado en Fortaleza, Brasil, a mediados de julio del año pasado. Ese fondo sumará 100.000 millones de dólares, de los cuales 41.000 millones los aportará China, 54.000 millones serán integrados en partes iguales por Brasil, India y Rusia, y los 5000 millones restantes por Sudáfrica. Otra iniciativa promovida este año por China con el mismo objetivo es el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras integrado por 57 miembros fundadores. Estados Unidos y Japón –el gran aliado de Washington en Asia Pacífico– son los grandes ausentes de esa entidad que contará con un capital inicial equivalente a 50.000 millones de dólares con el objetivo de financiar proyectos de infraestructura en Asia. Estados Unidos había expresado su oposición a la creación de esa entidad porque pasará a competir con instituciones similares bajo su control (Banco Mundial) o el japonés (Banco Asiático de Desarrollo).

Como parte de esa amplia y planificada estrategia irrumpe la decisión de la devaluación del yuan que está ligada primordialmente al objetivo de internacionalización de la moneda. China quiere que el Fondo Monetario Internacional incorpore al yuan en la canasta de monedas conocida como Derechos Especiales de Giro (unidad de cuenta de los créditos de este organismo financiero). Para aceptarla, el FMI le reclamó al gobierno chino la flexibilización de la política cambiaria para ligarla al movimiento del mercado y que el yuan sea totalmente convertible, como el dólar, el euro, el yen, la libra británica y el franco suizo. Hace dos semanas, Christine Lagarde mencionó la posibilidad de “incorporar al renminbi a la cesta de las monedas para fijar el valor de los Derechos Especiales de Giro (DEG) algún día, cuando llegue el momento, en cuanto todas las señales se hayan coordinado de forma positiva”. También indicó que una de esas condiciones es que el yuan sea una moneda de “libre uso”. La devaluación del yuan a la semana siguiente de las declaraciones de Lagarde fue una de esas señales reclamadas. A nivel oficial, la banca central china informó que esa medida forma parte de una reforma del sistema cambiario que tiene por fin acercarlo más al mercado.”

Pero si bien todo lo anterior es cierto, no lo es menos que China con sus movimientos cambiarios, dio nuevos brios a la guerra de divisas mundial, ante la cual había tenido una actitud más o menos pasiva. La guerra en este caso consiste, como sabemos, en hacerse mas competitivos a costa de los vecinos, dándose un juego suma cero donde cada quien devalúa frente al otro, todo lo cual ahondará más la recesión mundial y disparara la deflación como un efecto cascada.

A propósito de esto último, lo que debe preocupar de aquí en adelante es la respuesta de los Estados Unidos y la Reserva Federal. Y es que la más que precaria recuperación de la economía nortamericana –en buena parte conseguida justamente exportando el peso de la crisis financiera hacie Europa y el resto del mundo mediante manipulaciones de su moneda, primero hacia la baja y luego hacia el alza (y los movimientos en la misma dirección de los precios del petróleo)- se verá severamente afectada en sus expectativas. De la misma manera, no queda claro que la amenaza de subir las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (amenaza no cumplida pero que ha sido suficiente para causar una fuga masiva de capitales mundiales vía los Estados Unidos y la consiguiente devaluación del resto de las monedas), pueda hacerse efectiva a finales de este año como se temía pues se vería afectada aún más la competititividad de la hasta ahora primera economía del mundo.

Y esto es finalmente la clave, la hegemonía económica se ha correspondido históricamente con la hegemonía monetaria, política, militar y cultural. Está claro que en los dos últimos renglones los Estados Unidos aún son indiscutibles. Sin embargo, en lo político, ya las cosas no están tan fáciles, y en lo monetario, si bien son todavía los reyes de la colina, estos movimientos ponen en cuestionamiento dicha superioridad. China, por si misma, no podrá desplazar al dólar, pero si lo puede hacer en conjunto con otras economías como los BRICS, o estableciendo alianzas bilaterales como la recientemente alcanzada con Rusia para intercambiar en sus monedas locales (prescindiendo del dólar). Las increíblemente francas declaraciones de John Kerry hace unos días segurando que la hegemonía del dólar dependía del acuerdo nuclear con Iran, no hacen sino desnudar el estado de esta cuestión. Y es que aunque los Estados Unidos es el principal promotor y artífice de la guerra de divisas es al mismo tiempo increíblemente vulnerable a ella, vulnerabilidad que, paradójicamente, le causa el ser amos y señores de la divisa principal. A ser la moneda de reserva y comercio mundial, la demanda de dólares que hace el resto del mundo causa una constante presión revaluatoria que termina asfixiando las exportaciones norteamericanas e incentivando las importaciones, destruyendo en consecuencia miles de empleos que debilitan la ya bastante débil economía gringa. Pero por si fuera poco, la propia estrategia norteamericana de revaluar su moneda no por razones económicas sino como arma geopolítica (“doblar el brazo” a Rusia e Irán, a los BRICS y demás países emergentes como Venezuela, Argentina y Ecuador), acelera el mismo efecto. Así las cosas, se trata de una guerra en la cual los Estados Unidos siempre llevará las de perder. El resto del mundo con capacidad para competir como exportadores puede articular mecanismos más eficientes para devaluar sus monedas, pero esta es una ventaja que no posee el dólar ahora cuando acumula déficits comerciales gigantes. El problema está en saber entonces no en cómo se comportará la economía china, con problemas ciertamente pero con considerables márgenes de maniobra, sino qué harán los Estados Unidos, su gobierno y la Reserva Federal y hacia qué lado terminarán por inclinarse los grandes capitales en esta batalla épica. Por último, pero no menos importante, para países como Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia, Nicaragua, etc., es obvio que la clave pasa por actuar conjuntamente en la medida de aprovechar la delicada coyuntura para dar los pasos de integración pospuesto por diferentes razones. De lo único que podemos estar seguros de aquí en adelante, es que la atomización y el “salvase quien pueda” monetario es la vía más expedita a un estrepitoso fracaso.

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3 Respuestas a “¿Crisis china?

  1. En tus últimos artículos hay textos con tipos de letras ilegibles tal como el siguiente. saludos
    “Como parte de esa amplia y planificada estrategia irrumpe la decisión de la devaluación del yuan que está ligada primordialmente al objetivo de internacionalización de la moneda. China quiere que el Fondo Monetari”

    • Gracias Julio por la observación, el problema es que a veces no tengo mucho tiempo para editar, pero estaré más pendiente.

  2. Pingback: Copérnico, las casas de cambio colombianas y la guerra económica. | sur-versión·

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