Desglosario económico: “Hay que despolitizar la economía”

lorenzo-mendoza-empresas-polar-efe_nacima20130513_0088_21 Hace algunas semanas se llevó a cabo en Escocia un referéndum para aprobar su independencia del Reino Unido. Como sabemos, el resultado fue favorable para la no independencia, por un 10% de los votos.

Sin embargo, no es el resultado del referéndum lo que nos interesa  destacar. Más bien, sobre lo que nos gustaría llamar la atención es sobre algunas características relevantes de la campaña electoral que le antecedió, de manera específica, el cómo quedo demostrado el modo en que el poder económico o de mercado se ejerce sobre la vida y decisiones de la gente, cómo condiciona , subordina cuando no desplaza al poder político cuando éste no se aviene a sus intereses.

En efecto, de la campaña electoral escocesa por el referéndum lo más resaltante sin duda terminó siendo la “participación protagónica” –como diríamos aquí en Venezuela- de los grandes grupos de poder económico. “Participación” especialmente intensa las últimas dos semanas, cuando todas las encuestas señalaban un repunte vertiginoso de la opción independentista. Ante este escenario –complejo, por decir lo menos, tanto para el gobierno conservador de David Cameron como para la UE- representantes de grandes empresas como BP y el fondo de pensiones Standar Life dejaron a un lado el “apoliticismo” que, según se nos dice, caracteriza al Gran Capital, y salieron a hacer desesperada campaña por el NO.

Claro que, por tratarse de hombres de negocios y no de políticos profesionales, la forma de hacer campaña de los jefes de estas corporaciones no fue convencional. Es decir, la cosa no consistió exactamente en llamar a votar No, si no de enumerarle a los votantes sobre las catástrofes que tendrían que enfrentar de ocurrírseles votar SI. El jefe de la British Petroleum, por ejemplo, “advirtió” a los votantes que la industria petrolera del Reino Unido –radicada en Escocia- se vería perjudicada gravemente por el voto independentista. Mientras que los responsables de Standard Life, que emplea a más de 5000 personas en Escocia, aseguraron que se encontraban elaborando planes de contingencia para trasladar sus operaciones a Inglaterra en caso de que a los escoceses votaran SI. En lo concreto: una aguda crisis fiscal con un desempleo creciente era lo que podían esperar de independizarse. La acelerada fuga de capitales observada las semanas previas al referéndum fungía como señal inequívoca de la veracidad de este “vaticinio”.

Al llamado de los tecnócratas del Capital se le unió el de los políticos de carrera. En las vísperas de la consulta, desde el laborista ex primer ministro Gordon Brown hasta Cameron salieron a hacer campaña, esta vez claramente por el NO. Este último, graficó las cosas muy claramente: “el divorcio será doloroso”, menos empleos y pensiones reducidas es lo único que conseguirán. Cameron sabía lo que decía: el gobierno inglés es el principal empleador en Escocia.

(Seguramente, cualquier escocés con edad suficiente habrá echado de menos esta ola de preocupación de los voceros del gran capitalismo inglés y los políticos de Londres por su futuro y calidad de vida hace unos treinta años, cuando los embaucaron en las reformas neoliberales de la era Thatcher. Y es que precisamente pensiones reducidas, menos y peores empleos y en general una mayor precarización e incertidumbre, fue lo único que obtuvieron los escoceses de aquella. Nadie les preguntó si las querían o no, simplemente se las aplicaron. Y como resultado, la mayoría es más pobre ahora que entonces, tanto que incluso en algunos barrios y ciudades otrora obreros, la esperanza de vida se encuentra a nivel de varios de los países más pobres de África).

Pero no es el de Escocia el único caso de “participación” electoral por parte de empresarios o voceros del gran capital transnacional. Para no hacer larga la cuenta, recordemos las elecciones en Grecia e Italia de 2011, cuando calificadoras de riesgo, bancos y transnacionales, todos actuando bajo la coordinación de la troika financiera de la UE, el banco Europeo y el FMI, impusieron sus intereses y candidatos frente a un electorado que, de repente, descubrió que su decisión no era la decisiva. Como todo el mundo sabe, fue un golpe palaciego y burocrático lo que llevó al hombre fuerte en Europa de Goldman Sachs, Mario Monti, al doble puesto de Primer Ministro y Ministro de Economía italiano. Lo mismo que a su socio de firma, Lucas Papadimos, a primer ministro de Grecia.

Más cercano a nosotros, en las presidenciales brasileña, la politización de la economía por parte de los capitalistas es también manifiesta. Economistas, grandes empresarios, gerentes de transnacionales, dueños de bancos, casi no hay quien no haya expresado su preferencia por cualquier candidato o candidata distinta a Dilma Rousseff . Siguiendo el mismo libreto catastrofista y psico-terrorista, los gurús del maistream económico, profetizan cataclismos de todo tipo de no darse el caso que Brasil “vuelva” al carril neoliberal y se acabe el “experimento populista” iniciado por Lula, pero que –aseguran- Dilma quiere complicar con sus coqueteos tanto con chinos como con rusos y demás bricses, por no hablar de la cada vez más estrecha llave regional con Venezuela y Argentina.

Quien puede lo más puede lo menos y también viceversa.

Sin embargo, lo anterior no es más que la expresión a escala electoral de una práctica que ha terminado por convertirse en regla y hábito en las sociedades capitalistas contemporáneas: la utilización del poder económico como condicionante del poder político. O lo que es lo mismo, la capacidad de los que ejercen el poder económico para traducir políticamente el fruto de dicho ejercicio imponiendo de modo no democrático sus intereses por encima de la sociedad.

Se contra-argumentará, con toda razón, que esta capacidad no es nueva. Y es que en efecto, como han reconocido todos los analistas serios del capitalismo, no solo Marx sino el propio Smith, pasando por Keynes, Galbraith e incluso un economista tan burgués, tan de manual, tan Harvard y tan Chicago como Paul Samuelson, en las sociedades capitalistas el poder real se expresa a través de la propiedad de los medios de producción –incluyendo los de distribución y comercialización- y del dinero. Quien controla ambas cosas cuenta con un poder del que los demás carecen. Eso y no otra cosa, precisamente, significa capitalismo.

El problema es que las sociedades capitalistas, por conveniencia primero y por razones de sobrevivencia después, se hicieron  llamar a sí mismas sociedades democráticas. Por conveniencia, porque para su lucha por desplazar a la vieja sociedad feudal y las monarquías, cuando el poder político se ejercía por razones de sangre o derecho divino, a la burguesía ningún discurso le sirvió tanto como la reivindicación del poder del pueblo y la libertad de elegir. Y por sobrevivencia porque, una vez constituida ella misma como clase dominante, tuvo sin embargo que aprender a salvaguardar el poder político en disputa con las otras clases y particularmente la proletaria, cosa que aunque a menudo lo hizo de manera violenta y sin escrúpulos de ningún tipo (caso emblemático: los 30 mil parisinos masacrados durante el asalto a la comuna de París en 1871), entendió que no podría consolidarlo indefinidamente por esa vía, que además de desgastante le ofrecía pocas garantías al ser desde el punto de vista numérico minoritaria.

El secreto de la burguesía a este respecto históricamente pasó –y pasa- por la capacidad de imponer sus intereses particulares como interés general, es decir, en hacerle ver a la sociedad que, parafraseando a Henry Ford, lo que es bueno para la burguesía es bueno para ella y viceversa. Pero cuando esto no le funciona del todo o alguna gente no lo tiene tan claro apela a otros mecanismos de reforzamiento, uno de los cuales es la violencia represiva pero otro muy efectivo es el del chantaje cuando no el el terrorismo económico, el aprovechar su poder sobre la producción, distribución y comercialización de mercancías, sobre los salarios, los empleos y por tanto sobre los trabajadores, su poder sobre el dinero así como las instituciones y mecanismo de su generación y gestión, para que la gente “elija”, “quiera” o “avale” lo que a ella como clase le interesa. Para que “entienda” y no se le olvide que lo que es bueno para la burguesía es “bueno” para el resto.

En esto básicamente es en lo que consiste la guerra económica. Como hubiese dicho el famoso estadista, la guerra económica es la continuación de la guerra política pero por otros medios, por los medios de la manipulación y el sabotaje de las variables financieras, monetarias, del abastecimiento, el empleo, los precios, etc., todo lo cual pueden hacer pues son precisamente las variables que dominan como clase.

Adam Smith en el siglo XXI.

Adam Smith, que entre otras cosas era escocés, tempranamente cayó en cuenta –luego de su pasantía como funcionario de aduanas- que su famosa “mano invisible” no era más que una metáfora que a lo sumo representaba un modelo económico que no existía, que era utópico en el sentido quimérico del término. Como consecuencia, en las sucesivas reediciones de su mundialmente famosa Riqueza de las Naciones incorporó nuevas reflexiones sobre el comportamiento de los mercados mucho más reales, las cuales, no obstante, queda claro que los profetas del “neoliberalismo” y las “economías de mercado” que se dicen sus seguidores nunca llegaron a leer. Citemos un par de esas reflexiones:

Esperar que en la Gran Bretaña se establezca enseguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Oceana o una Utopía. Se oponen a ello, de manera irresistible, no sólo los prejuicios del público sino los intereses privados de muchos individuos. (…) Cualquier miembro del parlamento que presente una proposición encaminada a favorecer un monopolio, puede estar seguro que no sólo adquirirá la reputación de perito en cuestiones comerciales sino una gran popularidad e influencia entre aquellas clases que se distinguen por su número y su riqueza. Pero, si se opone, le sucederá todo lo contrario, y mucho más si tiene autoridad suficiente para sacar adelante sus recomendaciones, porque entonces ni la probidad más acreditada, ni las más altas jerarquías, ni los mayores servicios prestados al público, permitirán ponerle al cubierto de los tratos más infames, de las murmuraciones más injuriosas, de los insultos personales y, a veces, de un peligro real e inminente con que suele amenazarle la insolencia furiosa de los monopolios, frustrados en sus propósitos.

Si donde dice “Gran Bretaña” ponemos “Venezuela”, pudiéramos estar citando no a un inglés del 1700, sino a cualquier venezolano sensato que repase con suficiente y desprejuiciada memoria lo que ha ocurrido en los últimos 15 años y especialmente los últimos dos en nuestro país. Lo mismo podría decir cualquier argentino o argentina sobre lo enfrentado por los gobiernos del kircherismo pero particularmente de la presidenta Cristina Fernández, primero con los capos de la sociedad rural y ahora con los fondos buitres y los especuladores. Pero veamos esta otra reflexión del fundador del liberalismo económico, que nos sirve también para ilustrar la campaña electoral escocesa con la que comenzamos esta nota, pero más allá, la más que peligrosa situación que atraviesa el mundo en estos momentos donde los político y lo democrático pretende cada vez más ser subordinado a los intereses de la reproducción, concentración y acumulación de capital:

Los planes y los proyectos de las personas que emplean capitales, regulan y dirigen las operaciones más importantes del trabajo y la ganancia es el fin que se proponen con semejantes especulaciones. (…) Por consiguiente, el interés de esta clase (la de los propietarios capitalistas) no se halla íntimamente relacionado, como el de las otras dos (trabajadores asalariados y propietarios de la tierra), con el general de la sociedad. Los comerciantes y los fabricantes son, dentro de esta clase, las dos categorías de personas que emplean, por lo común, los capitales más considerables y que, debido a su riqueza, son objeto de la mayor consideración por parte de los poderes públicos (…) Sin embargo, como su inteligencia se ejercita por regla general en los particulares intereses de sus negocios específicos, más bien que en los generales de la sociedad, su dictamen, aún cuando responda a la buena fe (cosa que no siempre ha ocurrido) se inclina con mayor fuerza a favor del primero de esos objetivos que del segundo. Los intereses de quienes trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas, en algunos respectos, no sólo son diferentes sino por completo opuestos al bien público. El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y restringir la competencia. La ampliación del mercado suele coincidir, por regla general, con el interés del público; pero la limitación de la competencia redunda siempre en su perjuicio y sólo sirve para que los comerciantes, al elevar sus beneficios por encima del nivel natural, impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos. Toda proposición de una ley nueva o de un reglamento de comercio, que proceda de esta clase de personas, deberá analizarse siempre con la mayor desconfianza y nunca deberá adoptarse como sin un largo y minucioso examen, llevado a cabo con la atención más escrupulosa a la par que desconfiada. Ese orden de proposiciones proviene de una clase de gentes cuyos intereses no suelen coincidir exactamente con los de la comunidad, y más bien tienden a deslumbrarla y oprimirla, como la experiencia ha demostrado en muchas ocasiones”.

Cuando la gente se da cuenta de esto y quiere actuar, los capitalistas y sus voceros intelectuales salen a decir:  “hay que despolitizar la economía”.

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Una respuesta a “Desglosario económico: “Hay que despolitizar la economía”

  1. Cuando Perez Jimenez, el poder politico era uno y el poder economico otro, por eso cuando se nombro la junta de gobierno, el factor economico puso en el poder a 2 de sus mas agrios y ladinos representantes (Eugenio Mendoza y Blas Lamberti), fichas de los sectores econónomicos, desde ese momento comenzo en Venezuela el debacle, que se mantiene hasta nuestros dias, donde estos son chulos de el estado y extrañamente, aun el socialismo les da $$$ y ellos se los roban, a lenchito mendoza le acabamos de dar 800 mil $, invirtio 200 mil y dejo en el exterior 600 mil, todo esto con el maravilloso apoyo de el chavismo a traves de Jose David Cabello, seria muy sucio yo, si llegara a pensar, que ahi hubo corrupcion. CUMPLIMOS 1 AÑO SIN BATERIAS, PERO LE DIMOS MAS $$$$$.

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