Allende, la guerra económica, los profetas del exceso y el 11 de septiembre.

AllendeHoy se cumplen 41 años del golpe de Estado contra Allende. Y más allá de las tensiones naturales que esta fecha despierta siempre en Chile, en esta ocasión algunos elementos adicionales vienen a condimentar la escena.

En primer lugar, destacan los atentados con bombas sucedidos estos días en Santiago, el primero de ellos en la estación del Metro de Escuela Militar y que dejó un saldo de varias personas heridas. Hasta los momentos, la hipótesis de los medios y las autoridades apuntan a sectores anarquistas o de “extrema izquierda”. Sin embargo, no son pocos los que ponen en duda esta hipótesis.

Uno de los principales motivo de extrañeza pasan por la diligente reacción de la derecha de acusar al “extremismo de izquierda” pero sobre todo para realizar paralelismos entre la situación actual chilena y la de 1973. Como se recordará, una de las excusas para el golpe de estado fue para combatir dicho “extremismo”. De manera que la violencia, represión, la tortura y en definitiva la muerte y desaparición de miles de personas se “justificó” como una medida defensiva y pacificadora.

Es este un viejo guión, repetido a lo largo de la historia pero siempre actualizado. Hoy se sabe que muchos atentados acaecidos sufridos por el pueblo chileno durante el gobierno de la Unidad Popular y de los cuales se culpó a la izquierda, fueron lo que hoy llamaríamos “falsos positivos” montados por la propia derecha para crear las condiciones al golpe de Estado. Es parte del manual de caos inducido y la doctrina del shock. Patrón que se sigue de manera más salvaje en la actualidad en Siria pero que se utilizó también en Argentina. Que se utilizó en Venezuela durante 2002 y no ha dejado de usarse desde entonces pero particularmente desde abril de 2013 y febrero de 2014. La satanización de los colectivos era la condición necesaria para justificar el paramilitarismo y un golpe gorila “salvador”.

Pero como también es sabido las condiciones para el golpe de Estado fueron creadas por otras vías. Y ninguna como la guerra económica destacó tanto. Se ha escrito mucho al respecto pero incluso se tienen pruebas, desde las reiteradas declaraciones de representantes del gobierno norteamericano –incluyendo al propio Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger -, comunicaciones y documentos –como los Documentos secretos de la ITT revelados por el periodista norteamericano Jack Anderson.

A este respecto, vale la pena destacar dos cosas. La primera pasa por la manera cómo reaccionó la burguesía chilena y transnacional ante la política inclusiva del Gobierno de la Unidad Popular. De entrada, Allende adelantó una reforma agraria con el claro propósito no solo de democratizar la tierra sino de aumentar la producción y con ella la disponibilidad de alimentos para la población, al tiempo que se ocupó en defender el salario de los trabajadores y adelantar medidas para aumentar el poder adquisitivo, de las cuales las propias clase medias anti-Allende fueran beneficiadas. Como resultado, para 1971, tanto la producción como el consumo aumentaron al tiempo que se reducían la inflación y el desempleo.

Sin embargo, la política inclusiva de Allende entre otras cosas comenzó a ser acusada de “consumismo socialista” por la derecha pero también por sectores de izquierda. Así las cosas, con el comienzo de la confrontación lanzada por la derecha para polarizar a la población y finalmente derrocar a Allende, la producción en el sector privado se fue reduciendo encargándose los voceros de los gremios empresariales de presionar al gobierno y para conceder aumentos de los precios o devaluar la moneda para reducir las “distorsiones macroeconómicas”.

Fiedman y Pinochet

Milton Friedman, gurú del neoliberalismo, héroe intelectual de los profetas de los ajustes y desequilibrios económicos, plácidamente conversando con Pinochet evaluando los avances de El Ladrillazo”, nombre con el cual se conoció al paquete de medidas económicas de la dictadura.

La política de inclusión social lanzada por la Unidad Popular como estrategia para saldar la deuda histórica de exclusión pero al mismo tiempo crear las condiciones para un salto adelante socialista, fue acusada de ser un “modelo fracasado”. ¿Por quienes? Pues por los alumnos chilenos de Milton Friedman. LosProfetas del Exceso, los preclaros neoliberales del tipo José Piñera y demás “expertos” que como los Ricardo Haussman, los Miguel Rodríguez, los Francisco Rodríguez, los Moises Naim y los Felipe Pérez de hoy aquí en Venezuela se encargan de crear las matrices de fracaso económico y social del chavismo teniendo como aval de sus afirmaciones sus estudios de Chicago Boys (o cualquier otra universidad gringa) y los efectos que sobre la economía generan los saboteos inducidos por ellos mismos.

La negativa de inversión por parte de los sectores empresariales chilenos llevó al gobierno de Allende entre otras cosas a aumentar las importaciones y buscar créditos en el extranjero. Pero también Allende avanzó en la confiscación de empresas de capital extranjero y especialmente norteamericanas ligadas a la principal industria nacional: el cobre. Los norteamericanos tomaron el mensaje y agudizaron la guerra económica entre otras medidas aprobando las famosas Enmiendas Hickenlooper y González que instruían a los representantes de Estados Unidos en instituciones de crédito multilaterales (BID, FMI, etc.) a votar contra los préstamos a países que expropiaban compañías norteamericanas sin pagar compensación. Esta orden se haría extensiva por la vía de hecho a otros países aliados a Nixon en su guerra contra Allende. Era el frente externo de la guerra económica.

La segunda cuestión, ya para cerrar, pasa por la manipulación de la crítica de “izquierda” para dividir, desmoralizar y debilitar las filas populares y facilitar el trabajo de la reacción. Desde luego sería injusto meter en un mismo saco a tan variados críticos del gobierno de Allende incluyendo a quienes como Miguel Henríquez morirían valientemente resistiendo a la dictadura. Sin embargo, no puede pasarse por alto la siniestras actuaciones de sujetos como Osvaldo Romo, quien durante los tiempos de la Unidad Popular se haría célebre como combativo y radical líder de la izquierda que al menos una vez públicamente increpó a Allende acusándolo de socialdemócrata y de pactar con la derecha, de ser un obstáculo más que una vía para el socialismo. Caído Allende, Romo se revelaría como lo que desde el principio fue: un oficial de Ejército infiltrado como agente dentro de las filas del movimiento popular incluyendo al propio MIR, cuyo papel además de azuzar divisiones fue el de identificar a los más activos y valiosos miembros de la izquierda militante para eliminarlos. Esta información resultó muy valiosa para desmantelar al MIR y a la Resistencia durante la dictadura. Pero Romo no fue solo un delator: fue el torturado más furioso y sádico de las hordas pinochetistas.

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