La Para-economía.

mapa-a-la-sombra¿Cuáles son hoy las ocupaciones y “profesiones” que se reflejan y promueven en los medios globales? ¿Cuáles son, digamos, no las más usuales o comunes, sino las más que más se corresponden con “el espíritu de los tiempos”, un poco como en alguna época fue el trabajador industrial, el yuppie en los noventa o el programador de Silicon Valley?

Fuera de las estrellas de la farándula y los deportistas, pudiéramos dividir los oficios que marcan la pauta contemporánea en dos grandes grupos. Por un lado, están aquellos que ocupan una zona gris entre la ilegalidad y la legalidad, entre la formalidad y la informalidad, donde encontramos desde vendedores de antigüedades y rematadores de conteiners hasta reparadores de viviendas y máquinas, pasando por cuidadores de mascotas, terapeutas, bartenders, organizadores de bodas hasta llegar a la buhonería fashion (cupcakes, bisutería, etc.). Destacan también los especuladores de divisas usualmente denominados forex que son promovidos por las redes sociales. Y bastante cerca de estos un nuevo tipo de estrella “deportiva”: el jugador de póquer. Pueden incluirse otros oficios de mayor riesgo como minería y operadores de plataformas petroleras, choferes de rutas extremas, pescadores de alta mar, vigilantes de cárceles de máxima seguridad, entre otros.

Pero hay otra lista que ya no habita en la zona gris sino que se hunde en ella hasta traspasar a lo oscuro e ilegal. Hablamos en esta caso de trabajos como recuperar vehículos o propiedades embargados por seguros y bancos, scorts o damas de compañía, corredores de apuestas ilegales, cazarecompensa y lo que eufemísticamente se llama “contratistas”: mercenarios ex militares o ex policías dedicados a hacer los trabajo más sucio en cualquier parte del mundo. Debemos incluir aquí a los traficantes del tipo Breaking bad, que no es el típico capo latino tipo Scarface o Pablo Escobar sino un sujeto ordinario que contra toda lógica ordinaria y para sorpresa de todos termina involucrado con redes mafiosas.

Lo particular en estos casos es que mediáticamente todos quienes se ocupan en estos oficio son transformados en antihéroes. Un poco como el exterminador fascista de El Vengador Anónimo en los 70 y 80 o el buitre Richard Gere de Mujer Bonita, hoy día, la vida y las prácticas de quien desaloja a una familia o embarga su carro, del que especula en la banca o en el casino, del prestamista usurero, del experto en burlar los controles policiales o las del del mercenario, nos son vendidas como respetables y hasta admirables. Uno de los casos más extremos es precisamente el maestro de escuela devenido en traficante de anfetaminas de Breaking Bad. Y es que el gancho de la serie no es la violencia o la crudeza que la caracteriza pero que no es muy distinta ni peor a la que se muestra en otras. Si no precisamente presenciar como un tipo ordinario, honesto pero frustrado y empobrecido a quien los médicos desahucian ante un cáncer sumamente violento, de la nada emprende una épica de corrupción y violencia que lo lleva a arriesgar y hasta perder todo cuanto tenía (particularmente la familia), pero a cambio lo libera como persona, convierte en un sujeto temido por sus pares y hasta lo cura del cáncer.

Mi hipótesis es que la promoción mediática de este tipo de prácticas, oficios, ocupaciones y “nuevos” trabajo, se corresponde con la proliferación de la para-economía. Un tipo de economía que deriva desde lo informal y lo apenas legal hasta lo directamente delincuencia como un síntoma de los tiempos capitalistas. Economía que, como su nombre lo indica, prolifera al costado o en los poros de la economía formal hasta confundirse con ella, pero que tiene sus propias dinámicas y de un tiempo a esta parte en muchas zonas del mundo y ramas de actividad marca la pauta. Y en el caso nuestro, latinoamericano quiero decir, es la economía que prolifera en torno a las redes paramilitares y contrabandistas, desde los carteles corporativos mexicanos pasando por las bandas tipo Las Mara centroamericanas, hasta los grupos de “autodefensas” que el uribismo supo consolidar en Colombia y ahora se han hecho fuertes en Venezuela, siguiendo precisamente el modelo de la AUC de utilizar la fachada política para y crear las condiciones de un modelo económico de capitalismo mafioso, corruptor e hipersalvaje. Para el caso venezolano, el régimen de acumulación predilecto de la para-economía es el contrabando de extracción de todo género de mercancías hacia Colombia y otros países vinculado a la especulación financiero-cambiaria.

 

La para-economía en el mundo.

economc3adas-ilegalesDesde luego, haría faltar especificar aun mucho más sobre este tema, sobre las causas y evolución concreta de la para-economía así como sus vínculos con la economía formal legal. Sin embargo, en lo que aquí concierne, nos contentamos con subrayar dos cuestiones. En primer lugar, en un mundo como el actual donde no solo conviven la miseria y la riqueza extremas sino que la distancia entre ambas es cada vez más creciente, se crean las condiciones para que floresca la para-economía, un poco como floreció la mafia en los Estados Unidos durante los años de la Gran Depresión o en la Europa del Este tras la caída de la URSS. Pero además, la para-economía no difiere mucho en sus métodos con las formas de la economía capitalista convencional legal. A lo sumo, se caracteriza por burlar los controles y regulaciones que a ésta se le impusieron por cuestiones elementales de gobernabilidad, extremando prácticas como el expolio, la usura, la competencia en el sentido más crudo del término y, desde luego, la mayor acumulación de riqueza por la vía más rápida y fácil. En este sentido, la para-economía no es una economía no capitalista sino capitalista en estado puro, sin mediaciones ni conciliaciones. Y la prueba de ello es que al final del día ambas se encuentran y complementan, como ocurre en el caso de los ahora célebres fondos buitres.

En un reciente artículo denominado Economías ilegales y territorialidad en América Latina, el ecuatoriano Fernando Carrión expone un cuadro bastante descriptivo del peso de la economía ilegal en el mundo hoy y particularmente nuestro continente. Citando datos del FMI, Carrión señala como entre el 2% y el 5% de la economía mundial es ilegal, lo que sin duda es un registro bastante conservador pero en todo caso nos da pista del poder financiero del cual estamos hablando: son más de 900 mil millones de dólares al año, cerca de un 10% de las exportaciones mundiales y significativamente más que el PIB de la mayoría de los países de la región con la sola excepción de Brasil, la octava economía mundial. De esta cifra se estima que 75 mil millones de dólares corresponden a Latinoamérica.

Los sectores o ramas de actividad donde conviven y encuentra la economía y la para-economía son conocidos y variados. El inmobiliario es uno de los favoritos ya que permite blanquear grandes sumas de dinero, lo mismo que el turismo. También el consumo suntuario o superfluo, desde resorts y vehículos de lujo hasta peluquerías y tiendas de souvenirs para mascotas, bingos, centros de entretenimiento, decoración y modificación de vehículos, etc. En el terreno de la ilegalidad propiamente depende de la situación concreta, pero la para-economía suele hacerse fuerte en actividades como la usura y el préstamo, los juegos de azar (parley, bancas de apuesta, etc.), la buhonería, el transporte informal de personas (taxis, mototaxis) y el contrabando.

Desde luego, las fronteras son centros neurálgicos de acción de la para-economía. Sin embargo, son las ciudades más que las zonas rurales los lugares donde se hace fuerte. Es por este motivo que lugares como San Cristóbal, Maracaibo o Mérida se convierten en blancos favoritos de acción. Concentran población, servicios y por tanto consumidores, todo lo cual favorece la inversión y el blanqueo. El otro foco de atención de la para-economía son los paraísos fiscales, tanto los “legales” como Panamá como los ilegales tipo Cúcuta o Maicao. Se estima que los paraísos fiscales concentran uno 7 mil de miles de millones de dólares con las ventajas del anonimato y la impunidad.

 

Las formas de vida y la base social de la para-economía.          

Todo lo cual nos lleva al principio, esto es, el tipo de vida y ocupaciones propias de la para-economía y que por esa cosas de la “libertad” de expresión y creativa son tan reflejadas y reproducidas por los medios globales. Y es que la para-economía necesita no solo de base social para arraigar sino que de hecho la promueve, busca la proliferación de actividades tanto ilegales como legales que le den validez social, la blanqueen pero a su vez la provea tanto de insumos como de agentes dispuestos a reproducirla. Veamos a este respecto qué nos dice Carrión:

En la sociedad (donde florece la economía ilegal, la que aquí en términos más amplios llamamos para-economía) se desarrollan nuevas culturas vinculadas a la ganancia rápida y fácil, a las nuevas formas de consumo, a los contenidos de las narco novelas y de la música (narcocorridos) y, también, a la nueva capacidad de generación de empleo y de entrega de beneficios –que son buenos amortiguadores sociales– para contar con grupos de apoyo para sus fechorías.

La reproducción de los ilícitos requiere de recursos económicos que financien el control de los territorios estratégicos, como son los lugares de producción o de traslado de narcóticos; así como también el financiamiento del mantenimiento de las fuerzas militares irregulares.

Adicionalmente, la ilegalidad necesita dinero para enquistarse en las estructuras estatales de tal manera de hacerlas permisivas al delito mediante las modalidades de “plata” (corrupción), “plomo” (intimidación) y “democracia” (elecciones), con lo cual las políticas pierden eficacia y las instituciones se deslegitiman.  De esta forma las instituciones estatales son minadas por la corrupción y por la creación de estructuras paralelas al poder constituido conduciendo, por un lado, a su debilitamiento para el control de estas actividades y, por otro lado, a la expresión de “Estado fallido”, que no es otra cosa que la “certificación” propia de la política de “guerra a las drogas”.

Lo anterior encaja perfectamente para considerar la base social con que cuenta el contrabando en la zona fronteriza, lo cual como ha quedado claro en la práctica explica la correspondencia entre guarimbas y contrabando, en la medida en que la primera surge en última instancia como reacción a la lucha contra el segundo tanto en febrero de este 2014 como ahora en agosto. Sin embargo, qué decir de la base y aceptación social que en muchos sectores sociales, particularmente medios y en los últimos tiempo también populares, goza la especulación cambiaria, tanto en las modalidades del raspacupismo como la estafa a gran escala ligada al mundo empresarial, comercial y bancario? Más allá de los fines de lucro obvios, lo particular para el caso venezolano es la manera como esta legitimación social se hace bajo la fachada política, de manera que la especulación, la corrupción así como la especulación y hasta el contrabando son ahora justificados como vías de “oponerse” al gobierno.

Para concluir, vale la pena destacar que así como suele decirse que el capitalismo especulativo desplaza al “productivo” o la economía “ficticia” a la “real”, la para-economía no solo desplaza sino que descompone y corrompe los procesos productivos y sociales de cualquier signo. Lo que otrora funcionaba como una actividad comercial legal de repente se transforma en foco de especulación, una empresa termina convertida en operadora del contrabando, una finca productiva en un lugar de engorde y aguante, un pescador en un contrabandista, una cajera de banco o un contador en lavadores de dinero. Familias envían a sus hijos a “estudiar” al extranjero para convertirlos en vehículos de especulación cambiaria, del mismo modo como otros los envían con drogas o paquetes de harina pre-cocida. Pero en ese mismo movimiento hay otros que pretenden no involucrarse directamente pero se lucran indirectamente, haciendo de operadores de servicios o proveedores de cosas legales (ropa, casas, autos, pasearle los perros, peinarlos etc.,) para quienes saben viven de la mafia o el contrabando. Todo esto sumado se convierte desde luego en un lastre para recuperar cualquier actividad productiva formal y legal, ni qué decir para transformar el aparato productivo social bajo otras pautas distintas a las impuesta por la ganancia privada.

PD: se recomienda sobre este mismo tema revisar la nota: Voto y geografía económica. 

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Una respuesta a “La Para-economía.

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