Con mis malos hábitos no te metas

Malos-habitos-alimenticios-06Como señala la socióloga venezolana Gabriela Rodríguez en el breve pero contundente artículo que reproduzco más abajo, el espíritu de llevar la contraria sea como sea y de considerar que todo lo que promueve el gobierno hay que oponérsele,lleva a una parte de la población a hacer elogio o causa de las cosas más infames e increíbles: si el gobierno promueve la lactancia materna ellos se casan con las fórmulas y los teteros, si se lucha contra la corrupción se solidarizan con los corruptos a los que convierten en perseguidos políticos, si la cosa es el contrabando lo justifican de mil maneras y en estos días le ha tocado el turno a la sana alimentación. Así las cosas, parece haber quien reivindica su “derecho” y libertad” a engordar como vacas y enfermarse de mil cosas para luego ser presa de los laboratorios y sus medicinas pues lo contrario es comunismo, en fin…

Pero más allá del tema venezolano concreto y el maniqueismo oposicionista, Rodríguez se mete con uno de los pilares de la mitología de la economía convencional y el sentido común mercantilista: el de la “soberanía” del consumidor, ese según el cual la gente compra lo que compra o consume lo que consume simplemente porque es lo que “le gusta”, sin entrar a considerar todo lo que media en la construcción social mercantil de los gustos y ocultando, en ese camino, la responsabilidad de los laboratorios especializados en moldear la demanda. 

El artículo de Rodríguez salió publicado en La Gaceta Económica (Revista del Centro de Estudio de Economía Política de la UBV), en su segundo número a comienzos de este año. 

 

En una sociedad tan polarizada como la venezolana, es difícil hace ver a una parte de la población que el golpe económico que ha venido aplicando la derecha, para debilitar al chavismo, también constituye un golpe infame al pueblo venezolano. Y es el venezolano de a pie, sin distingo de postura política quien está a merced de especuladores y acaparadores que buscan un clima de malestar y zozobra en la población.

Ahora bien, como ciudadanos y ciudadanas debemos plantearnos acciones concretas ante esta situación, que trasciendan a la actitud de comprar en cantidades exageradas y a precios muy por encima a su costo real el producto que se desea adquirir.

 

La arepa que no alimenta

Atrapados en la vorágine de vivir para consumir, no percibimos que algunos de los artículos que escasean por ser acaparados por los comerciantes, no son necesariamente los más sanos, nutritivos o ecológicos. Es el caso de una de las marcas más conocida y vendida de harina de maíz precocida la cual es catalogada por la ONG ambientalista Greenpeace España[1], como un producto que contiene maíz transgénico. Asimismo, como bien explica Andrés Avellaneda (2013) en su artículo La Falsa y la Verdadera Arepa, esa harina que hoy estamos consumiendo son las sobras del maíz, por lo cual ese alimento que tanto anhelamos en los anaqueles de los supermercados es realmente un producto con bajos nutrientes.

En Venezuela, el modelo desarrollista capitalista y la cultura eurocéntrica nos agolpó en las ciudades al 90% de la población, condenándonos a comer falsas arepas a partir de una falsa harina de maíz precocida, aportadas mayoritariamente por Remavenca del grupo cervecero Polar, desde 1960.

Estos “paladines filantrópicos” adquieren el grano de maíz con todos sus nutrientes y lo van descomponiendo, en una serie de subproductos que son vendidos detalladamente. Les quitan la fibra, el germen (fuente proteica y de grasa) resultando en una harina de restos de maíz, que es comercializada engañosamente, como harina de maíz precocida, siendo casi puro carbohidratos.

En este sentido , estos monopolios alimenticios han convertido la arepa en una suerte de fast food criollo que no sólo rebajó los nutrientes de este producto , sino que también ha ido acabando con prácticas culturales y sociales asociadas con la arepa autóctona, la cual no solo tenía alto contenido de nutrientes sino que implicaba rituales que expresaban la identidad cultural de nuestros pueblos originarios y formas de relacionarnos que en la que predominaban la cooperación y el sentido de comunidad.

 

“Consumo con daños a terceros”

obesosEn un periódico de circulación nacional, titulan con alarma que están escaseando las bolsas plásticas, para empaquetar los víveres. Lo que se expone en los medios como una tragedia, representa una oportunidad para darle un respiro a la naturaleza del impacto terrible que produce las bolsas plásticas en el ambiente.

El uso de bolsas plásticas como mucho de los otros malos hábitos de consumo que ha promovido el sistema capitalista, genera daños a terceros y como bien explica Riechmann: “Entre los terceros que debería tomar en consideración cualquier sociedad decente se encuentran no sólo prójimos distantes como los seres humanos del futuro, sino también los animales no humanos y los ecosistemas de cuyo buen funcionamiento dependemos todos los seres vivos”. 

La cuestión es que ante la polarización política, algunas personas en vez de ver una oportunidad para cambiar sus hábitos y buscar alternativas sanas y saludables, terminan solidarizándose con el acaparador, el especulador, el que le envenena la comida, o el que le contamina el planeta. Hay que tomar en cuenta que “Lo que deteriora el medio ambiente suele ser al mismo tiempo lo que estafa al consumidor, lo que sitúa las razones de la adquisición de un producto, llamando la atención sobre el envase o el “regalo que le acompaña”. (Marqués, 1980, p.29)

Considero que uno de los colmos ha sido la posición que algunos han asumido contra el proyecto de promoción de la lactancia materna que quiere implementar el Estado venezolano. Entonces, con ese espíritu de llevar la contraria, y de considerar que todo lo que promueve el gobierno hay que oponérsele, ahora ha surgido toda una suerte de elogio a los biberones o teteros, como le llamamos aquí en Venezuela.

El hecho es que en ningún momento se está prohibiendo el uso de teteros, pero si se quiere promover la lactancia materna y que las madres acudan a las formulas lácteas, solo en casos que verdaderamente lo ameriten.

Esas posiciones recalcitrantes que consideran un insulto que se prevalezca la lactancia materna con respecto al biberón, parecieran ignorar las escalofriantes cifras de la Organización Mundial de la Salud, citadas por la Red Mundial de Grupos Pro Alimentación Infantil (2012) en la que señalan que aproximadamente mueren 1,5 millones de infantes por no ser amamantados y que cada 30 segundos un bebé muere por usar biberón.

Es insólito como un sector de la población asume los mismos intereses de las trasnacionales como Nestlé [2] que hacen campaña contra la lactancia materna para vender sus formulas lácteas, de hecho llegó al extremo de que sus vendedores se hicieran pasar por doctores en África para desalentar la lactancia materna y fomentar el uso de fórmulas infantiles, el resultado fue miles de infantes muertos.

Es importante destacar lo que señala Riechmann (2012): “La “soberanía del consumidor” resulta, en alto grado, una construcción ideológica :consumidores y consumidoras se ven forzados a elegir entre lo que ofrece el sistema productivo, y éste no se organiza para satisfacer las necesidades humanas-priorizando las necesidades básicas sino que se ve decisivamente troquelado por la búsqueda de beneficios individuales.”

Replantearnos una alimentación balanceada, superar el consumismo, implementar el boicot contra los especuladores y acaparadores y comenzar con una cultura de consumo responsable es uno de los tantos retos que debemos empezar asumir el pueblo venezolano. Para ello en primer lugar debemos tener presente que “Los conglomerados del poder empresarial manufacturan las subjetividades de los compradores de mercancías, igual que manufacturan las mercancías… No podemos confiar en el poder de los consumidores: sólo en el de los ciudadanos y ciudadanas”. 

El sistema capitalista ha configurado nuestros gustos y hábitos de consumos, convirtiéndonos en mero compradores o consumidores. Ya es hora de romper con estos condicionamientos y convertirnos en ciudadanos y ciudadanos que eligen lo que consumen sobre la base de criterios éticos, ecológicos y humanistas.

El reto es empezar a producir lo que consumimos, relacionarnos de forma diferente con nuestro entorno, con los otros y otras a través de prácticas que nos liberen de esa lógica de vivir para consumir.

Debemos dejar atrás ese maniqueísmo de que si viene del chavismo es por ende malo y esa lógica malcriada de que con mis malos hábitos no te metas.

 

Referencias Bibliográfica

 

  • Avellaneda, Andrés (2013, 16 de junio). La Falsa y la Verdadera Arepa. Consultado el 6 de julio 2013: http://www.aporrea.org/desalambrar/a168103.html
  • Marqués, Joseph (1980). Ecología y Lucha de Clases. Madrid       : Zero.
  • Riechmann, Jorge (2012). El socialismo puede llegar sólo en bicicleta. Ensayos Ecosocialistas. Madrid: Catarata.
  • Red Mundial de Grupos Pro Alimentación Infantil (s/f). Panorama General. Consultado el 5 de julio de 2013: http://www.ibfan-alc.org/red/panorama.pdf

 

 

[1] http://www.greenpeace.org/espana/es/photosvideos/photos/harina-de-ma-z-blanco-refinada/

[2] http://www.solidaridad.net/noticia/103/cuando-la-leche-mata-boicot-a-nestle-por-sus-practicas-criminales-

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