El “legado” de Ramón J. Velázquez.

mueretDomingo Alberto Rangel dijo en alguna parte sobre Vicente Lecuna que tenía dos pasiones en su vida: Bolívar y los bolívares, haciendo referencia a su doble condición de banquero e historiador. Y es que como se recordará, Lecuna –ideólogo, dicho sea de paso, junto a Gumersindo Torres de la Ley de hidrocarburos de 1920 y junto a Pedro Tinoco Smith del convenio cambiario de 1934, lo que es tanto como decir pues uno de los principales arquitectos del rentismo venezolano- fue tanto un apasionado de la vida y las aventuras del Libertador como aplicado presidente del Banco de Venezuela, banco principal del gomecismo y la oligarquía del dinero desde finales del siglo XIX, cuando surge tras la disolución de la Compañía de Crédito de Caracas fundada por Guzmán Blanco y Manuel Antonio Matos, el mismo de la “revolución Libertadora” financiada por la New York a Bermúdez Company contra Cipriano Castro.
A Ramón J. Velázquez principalmente se le recuerda como historiador y Notable, miembro en este último caso de una especie de consejo de sabios inventado en las postrimerías de la cuarta República entre los que se encontraban empresarios, curas e intelectuales para diagnosticar la situación del país tras el caracazo. Sin embargo, poco se le recuerda como ranció y furibundo militante de AD y de la derecha católica venezolana, lo cual lo llevó a ser ministro no solo del partido blanco en al menos un par de ocasiones (Betancourt y Lusinchi) sino también durante el primer gobierno de Caldera.
Pero menos se sabe todavía que Velázquez ejerció como uno de los más dedicados empleados de la oligarquía del dinero criolla. Primeramente, fue presidente y uno de los fundadores de Transvalcar y desde entonces bajo el cobijo de la familia Dao, los dueños del banco Caribe. Y luego, durante su breve pero influyente presidencia, fue pieza clave en la vendetta entre banqueros que llevó a la quiebra del sistema financiero entre 1994 y 1996, pero más aún en la aprobación de una serie de reformas legales que terminaron de poner al país en las manos de estos banqueros, como la reforma de la ley de bancos y la de implementación del IVA, trabajo que terminaría la dupla Caldera-Petkoff unos años después.
Así las cosas, tras la muerte del último presidente sobreviviente de la cuarta república vale la pena recordar capítulos no tan viejos de la historia venezolana para no dejar que la desmemoria se llevé también a la tumba los métodos de hacer política y negocios antes de la llegada del chavismo. Y es que a Ramón J. Velázquez independientemente de sus méritos como historiador, no hay solo que recordarlo por el indulto al jefe del cartel de Medellín Larry Tovar Acuña, sino además y sobre todo como pieza importante en la rapiña que los PRANES de la economía y la política nacional –varios de los cuales aún padecemos o padecemos a sus herederos- ejercieron sin piedad contra el país especialmente durante la nefasta década de los 90.
Copio a continuación un extracto de un trabajo de investigación hecho para la UNES con el título Delitos de los de los ricos: Del Latino a Econoinvest, donde hago un repaso por el período de Velázquez basándome entre otras fuentes en los testimonios de Ricardo Escalante, su jefe de prensa, en De la caída de Pérez a la del Banco Latino, libro editado por Vadell hermanos y cuyo tiraje fue incautado inmediatamente por la DISIP de entonces al momento de salir. Como dato orientador, valga aclarar que la animadversión que Velázquez sentía por CAP siendo ambos adecos se explica por los lazos familiares y personales de Velázquez con Rómulo Betancourt, enguerrillado con su antiguo ministro del interior desde que rompiendo con la vieja oligarquía del dinero aliada al “padre de la democracia venezolana”, CAP se juntó con el clan de los doce apóstoles, bando burgués emergente y ultra-corrupto conformado entre otros por Pedro Tinoco, Carmelo Lauría y Diego Arria.
“Escalante menciona que la caída y posterior intervención del Latino se produce como resultado de luchas intereses que involucraban a factores de poder político y económico. En líneas generales, para el autor, por un lado, estaba la lucha que enfrentaba a banqueros tradicionales con banqueros emergentes, lucha que tuvo un primer frente en ocasión de las disputas por control accionarial del Banco de Venezuela entre su presidente Juan Carlos Bernárdez y Orlando Castro Llanes. El otro frente era propiamente el del Banco Latino, en la medida en que se trataba de un banco no tradicional (en comparación con el Venezuela, Venezolano de Crédito o Mercantil) que de manera vertiginosa y oscura había logrado posicionarse al segundo lugar del ranking bancario nacional especialmente desde el momento en que su presidente vitalicio –Pedro Tinoco hijo- es nombrado presidente del Banco Central de Venezuela por Carlos Andrés Pérez en 1989 durante su segundo mandato. Pero según Escalante, esta lucha de banqueros tenía su versión en lo político, ya que tanto unos como otros se presentaban como financistas y guardaban intereses con grupos y figuras de poder. E inclusive, tenía un frente mediático en cuanto los dos grandes grupos comunicacionales del país –el dirigido por la familia Cisneros (Venevisión) y el dirigido por la dupla Peter Bottome/Marcel Granier (RCTV, Diario de Caracas), apoyaban a uno u otros sectores dependiendo de sus conveniencias:
El caso del banco Latino estaba también salpicado de ingredientes políticos. Por un lado, el presidente Velásquez denotaba un sentimiento de animadversión hacia el banco y, sobre todo, hacia Gustavo Gómez López. En los días previos e inmediatamente posteriores a la intervención, él habló con ciertas personas sobre las incidencias del caso del “banco de Pérez”, con lo cual afirmaba que la entidad era propiedad del expresidente y que los directivos eran sencillamente personas interpuestas. Por otro lado, al actuar en lo que suponía un paso para liquidar al enemigo de uno de los bancos predilectos de Miraflores, el presidente y sus ministros no comprendieron que el daño iba más allá: afectaba a muchas familias y empresas inocentes.
Las críticas políticas se basaban a veces en el señalamiento de que los Cisneros eran accionistas y Ricardo Cisneros era miembro del directorio del Banco Latino. La participación accionaria de los Cisneros era aproximadamente del 3,5% del capital total del banco a través de una empresa denominada Tenedora de Valores Financieros TENVALFI. TENVALFI (empresa presidida por el abogado Alfredo Travieso, miembro del escritorio Tinoco, y en la cual Ricardo Cisneros ejercía la vicepresidencia) era el mayor accionista individual del banco, con más del 20%. También censuraban la presencia de Francisco Pérez Rodríguez (hermano del ex presidente Pérez) en la Junta Directiva del Banco Latino.”

Por su parte, Ángel Rodríguez Valdés señala en su libro que la intervención del Latino (o más bien, la no intervención primero y luego las formas de la intervención una vez que el banco ya estaba en quiebra) se relaciona con vaivenes de los vínculos entre la directiva del banco y los gobiernos de turno. En un primer momento, durante el segundo gobierno de Pérez, goza de todo el apoyo en virtud de que, como acabamos de decir, su presidente vitalicio Pedro Tinoco hijo pasa a presidir en febrero de 1989 el Banco Central de Venezuela, dejando encargado en la presidencia del Latino a los ejecutivos Antonio Ugueto, primero, y Gustavo Gómez López, después. Y en marzo de 1993, Pedro Tinoco –que había salido de la presidencia del BCV el año anterior- muere de cáncer fuera del país. En paralelo, ese mismo mes, el Fiscal General de la Nación Ramón Escovar Salom introduce una solicitud de antejuicio de mérito en su contra del presidente Pérez por el delito de “peculado doloso” y “malversación” de 250 millones de Bolívares (17 millones de dólares en esa época) de la llamada “partida secreta” por cuyo manejo era responsable. Luego de la destitución de Pérez se produce un interinato dirigido primero por Octavio Lepage en su condición de Presidente del extinto Congreso de la República y luego por el historiador Ramón José Velásquez, hasta las elecciones generales de finales de 1993 en las cuales resulta electo Rafael Caldera para un segundo período.
Entre la muerte de Tinoco hijo, la salida de Pérez y la llegada de Caldera al poder se produce la caída del Latino. Según Rodríguez Valdés, lo que selló la suerte del banco fue su apoyo a las pre-candidaturas de Eduardo Fernández y Osvaldo Álvarez Paz en oposición a la de Caldera, así como la supuesta vinculación de su directiva con planes conspirativos para dar un golpe de Estado e impedir la llegada al poder del viejo dirigente socialcristiano:
Desde la Torre Latina (sede del Banco Latino) se veía con simpatía la figura de Eduardo Fernández, como el candidato a oponerle a Caldera; más tarde las estrategias cambian y se asegura que el comando de la Torre Latina apuesta a Osvaldo Álvarez Paz en vista del estancamiento (en las encuestas) de Fernández.
(…) El 14 de julio de 1993 (…), Gustavo Gómez López habla en el almuerzo-foro organizado por el “Diálogo interamericano” en uno de los lujosos salones del Hotel Dupont Plaza de Washington D.C. El tema de su breve conferencia había sido: “el proceso de cambios económicos y políticos en Venezuela”.
Los rumores de la calle decían que Gómez López se había trasladado a Washington coincidiendo con un viaje del ministro de la defensa Radamés Muñoz León. Se comentaba que el viaje de Gómez López habría tenido un objetivo concreto: informas a círculos financieros y políticos del norte sobre supuestos peligros derivados de una victoria de Rafael Caldera y de la conveniencia de dar un golpe al precario gobierno de Ramón J. Velásquez, antes de que el fundador de Copei triunfara en los comicios del 5 de diciembre (de 1993) como indicaban todas las encuestas.”
En resumen, para estos autores, la crisis bancaria no puede desligarse de luchas intestinas de poder político y económico, que tenían como objetivo bien el control del sector financiero o bien inclusive directamente del Estado. En medio de esta lucha, las sucesivas variaciones en la conducción de éste último orientarían los resultados en uno u otro sentido y el carácter de la intervención o la no intervención. Un tema adicional tocado por Escalante, es que Ramón J. Velásquez venía de ser miembro del directorio del Banco del Caribe, un banco aliado en la disputa por el control del Banco de Venezuela al bando de Bernárdez y enemigo por tanto del Grupo Latino. En nuestras investigaciones no pudimos corroborar esta información, pero lo que sí está claro es que en efecto guardaba estrechos alzos de amistad con la familia Dao (propietarios de Bancaribe) e inclusive había presidido una de las empresas de esta familia: Transvalcar, ligada al transporte de valores. Esa condición la expone el mismo Velásquez en una entrevista dada a Rafael Arráiz Lucca en 2009:
Yo fui muy amigo de N.D. Dao, muy amigo, entrañable y soy amigo de todos ellos. El había fundado una pequeña empresa llamada Transvalcar, Transporte de Valores, y había puesto en la presidencia a su consultor jurídico, que era un ex ministro de Hacienda de Pérez Jiménez, Aurelio Arreaza, pero Aurelio muere y yo le digo a Dao, yo quiero manejar ese transporte, que era una empresa pequeña ubicada en la avenida Andrés Bello y me metí, y eran 15 unidades y 70 trabajadores y cuando me fui le entregué 80 unidades y 500 trabajadores (…)”
Pero no era Velásquez el único con lazos con el Banco del Caribe y la banca en general entre los miembros de su gabinete. El propio Edgar Dao pasó a formar parte del Consejo Asesor Agropecuario (en su condición de presidente de Casa De Bolsa De Productos Agrícolas Del Caribe, C. A.) e inclusive, fue nombrado como miembro principal de la Junta Interventora del Banco Latino. Esta Junta, a su vez, era dirigida por Gustavo Roosen, a la par Presidente de PDVSA y Comisionado Especial de la Presidencia para la Reforma del Sistema Financiero Nacional desde abril de ese mismo año. Roosen venía de ser Coordinador General de la División de Alimentos de la Organización Polar, Director del Banco Provincial, Vicepresidente de la Asociación Bancaria entre 1981 y 1983 y Presidente de la Cámara de Comercio de Caracas entre 1986 y 1988. La Secretaría de la Presidencia la ejercía Ramón Espinoza, miembro de los directorios de los bancos República y Del Caribe. El Ministerio de Hacienda (actual Finanzas) era dirigido por Carlos Rafael Silva, quien venía de ejercer como Presidente de La Sociedad Financiera del Caribe y Director Principal del Banco del Caribe. Germán Pérez Mijares, Ministro de Fomento (equivalente a los actuales Industria y Comercio) también estaba asociado al Banco del Caribe en su rama agrícola. De allí en adelante hay que sumar a Hernán Anzola, Ministro de Cordiplan (equivalente al actual Planificación), alto Ejecutivo de CORIMON; José Domingo Santander, Ministro de Transporte y Comunicaciones, accionista de la empresa de recolección de basura SABENPE y el canal de noticias CMT. Allan Brewer Carías, Ministro del Estado para la Descentralización, abogado para la fecha de Carlos Bernárdez en el conflicto contra Orlando Castro por la propiedad del Banco de Venezuela. Hiram Gaviria, Ministro de Agricultura relacionado con la Polar al igual que César Rodríguez, Gobernador del Distrito Federal, cuñado de Eduardo Gómez Sigala, director de la división de Alimentos de esta empresa. Al Ministro de la Defensa Radamés Muñoz León se le identificaba con el Banco Latino al igual que Ricardo Escalante.
Como se puede ver, empezando por el propio Presidente, individuos y grupos con importantes intereses económicos tenían poder de decisión o estaban involucrados a algunos de los bandos en conflicto, tanto en el mundo de la banca como del comercio en general, siendo además en este último caso que representaban a los grupos más poderosos, como por ejemplo La Polar. Queda al descubierto que existían múltiples conflictos de interés entre el gobierno de Velásquez y la banca, situación similar a la existente cuando el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y la estancia de Pedro Tinoco en el BCV y que se repetirá cuando le toque el turno a Rafael Caldera, cuyos lazos sociales, políticos y económicos eran en líneas generales los mismos que los de Velásquez.
(…) Como comentamos páginas atrás, los acontecimientos del Latino ocurrían en paralelo a la fiera disputa que sostenían Orlando Castro y Carlos Bernárdez por el control del Banco de Venezuela. Según un artículo publicado por la revista colombiana Dinero (del grupo editorial Publicaciones Semana, perteneciente a la familia de Francisco Santos, Vicepresidente de Uribe y primo del actual presidente colombiano Juan Manuel Santos), la adquisición definitiva de las acciones del Banco de Venezuela por parte de Castro fue financiada por préstamos secretos hechos por la sucursal de Miami del Banco Industrial de Venezuela, de propiedad del gobierno, cuando Esperanza Martinó era la gerente de la sucursal. Después de abandonar el BIV, Martinó fue nombrada presidenta de FOGADE. Ver: Remembranzas de Orlando Castro. Dinero. Colombia. Mayo de 1996. Disponible en: http://www.ashenoff.com/orlando_castro/Public-domain/dinero.html Esperanza Martinó es esposa de Erasto Fernández, célebre agente de la antigua DIGEPOL a quien Luis Posada Carriles en su biografía Los caminos del Guerrero menciona como el agente de la “agencia” que lo contactó para combatir el comunismo en Venezuela a comienzos del primer gobierno de Rafael Caldera. Un hijo de Erasto Fernández, Hernán Fernández Besembel era el jefe de escoltas de la DISIP de Carlos Andrés Pérez en su segunda presidencia.

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