Lo bueno, lo malo y lo feo del selfie de Giordani.

La salida de Jorge Giordani del gabinete ha abierto un debate que en sí mismo expresa todo lo bueno, lo malo y lo feo que por tal cosa solemos entender en el país. Para empezar por lo bueno, todo debate -más allá de la forma en que se de- siempre es importante, más aún éste implica nada más y nada menos que el rumbo estratégico de un proceso revolucionario. En segundo lugar, demuestra la vitalidad y honestidad de una revolución, algo que dicho sea abiertamente contrastante con lo que pasa en la reacción oposicionista, donde la mediocridad y la complicidad y con ellas el fanatismo disociado y por ende el fascismo privan justamente por su manifiesta no voluntad a discutir, pues entre otras razones eso significaría dar con los gazapos, prejuicios y miserias sobre los que se sostiene.

Pero también expresa lo malo. Y en este sentido particularmente señalaría dos cosas. La primera que reafirma el influjo que los reality show y las redes sociales (y en el caso concreto venezolano las telenovelas) tienen sobre la vida contemporánea, en la medida en que todo lo que se hace o dice hoy día termina sufriendo de exhibicionismo narcisista y melodramático, un poco como pensando en un selfie, en cómo se verá en el Facebook o en twitter, lo cual termina por diluir la barrera entre lo cierto y lo impostado. Y la segunda, resultado en parte de lo anterior, que sirve para darle cuerda a quienes han decretado el fracaso del socialismo, del modelo económico del chavismo y diagnosticado que es éste el culpable de todos los males que atraviesa la economía nacional y por tanto el país, lo que mal le pese al ahora exministro allana aún más el camino a lo que en consecuencia quieren desmontar en todo lo avanzado para restaurar un modelo de capitalismo rentístico recargado, acorde con los tiempos de liberalismo ultrasalvaje que se viven a escala planetaria.

A este respecto, resulta notable que Giordani de ser el enemigo favorito -después de Chávez- de quienes desde la izquierda y la derecha por causas diametralmente opuestas han condenado al chavismo, haya terminado convertido en su aliado táctico más inesperado. Y es que ¿quién más autorizado que el poderoso exministro de economía y planificación que acompañó a Chávez durante quince años para hablar mal de su legado económico? ¿Quién más calificado para hablar mal sobre el liderazgo del presidente Maduro y convencer a propios y confirmar a extraños que “Maduro no es Chávez”? Así las cosas, no sorprende que al mismo tiempo que el ala que se hace llamar así misma “radical” del proceso celebra su caída pues eso confirma el fracaso del populismoreformistarentista, Merril Lynch y sus agentes locales hacen lo propio señalando que ha sido reducida y casi neutralizad el “ala marxista” que en su opinión atrasa e impide los ajuste necesarios.

A lo anterior habría que agregar lo feo: el estilo insidioso que toda carta de esta naturaleza implica, lo que a decir de un amigo tal vez sea algo que aprendió a Giordani de sus tiempos de estudiante en los monasterios florentinos. Y es que en ella se hacen una serie de señalamientos contra el presidente Chávez y contra el presidente Maduro que tienen el mismo efecto de la siembra de sospecha -por infundada que fuese- en los tiempos de la Inquisición, que según los jueces del Santo Oficio era causa suficiente para mandar a alguien a la hoguera bajo el principio de que uno casi siempre puede probar que hizo algo pero casi nunca que no lo hizo o pensó hacer, tanto más cuanto que al menos uno de los señalados no está para defenderse.

Pero en fin, no por ello debe rehuirse el debate ni mucho menos abortarlo. Como se señaló al inicio, la capacidad de confrontarse con la verdad o con otros pareceres forma parte de quehacer revolucionario en claro contraste con la ostentación de mediocridad que priva en la otra acera, así incluso se corra el riesgo de que esto sea interpretado como debilidad por parte de la derecha precisamente por su mezcla perversa de mediocridad y oportunismo. Que el camarada Giordani -a quién por otra parte respeto mucho- arrastrado por el rencor o bien porque nunca lo entendió realmente no haya sido capaz de defender lo que se ha logrado, no significa que el chavismo debe entrar en un proceso de autocastigo o cacería de brujas, que es tanto como decir lo que requiere la derecha para la definitiva desmovilización de las fuerzas populares y progresistas. Las bajas pasiones –la intriga, el desconcierto, el revanchismo, la subestimación, etc.- nunca han sido buenas consejeras. En tal virtud, hay que saber sobreponerse y recordar que, como dijo Lenin y repitió muchas veces el presidente Chávez, la verdad siempre es revolucionaria y termina por imponerse. No estamos en tiempos diletantes cualquiera, estamos en tiempos donde nos jugamos el futuro como esclavos de los plutócratas, los corruptos, los tecnócratas, los expoliadores y los especuladores o como hombres y mujeres libres. Lo que hagamos o dejemos de hacer, de decir o dejar de decir, inclinará la balanza en una u otra dirección.

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Una respuesta a “Lo bueno, lo malo y lo feo del selfie de Giordani.

  1. Ciertamente lo de Giordani puede traer asuntos positivos como el hecho d abrir el debate pro que a su vez es secuestrado por el show den las redes y por quienes impiden el debate cuestionando lo que dicen que cuestiona lo planteado en la carta. Descalificando en lo personal es buscar trivializar el contenido y a critica, estemos o no de acuerdo en sus planteamientos.

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