Cuando el mundo está al revés, mejor pegarle de zurda. Una lectura de economía política de dónde estamos, hacia dónde nos quieren llevar y a dónde debemos ir tras la actual coyuntura (I).

Hugo-Chavez-disputa-partido-futbol-Evo-Morales-Maradona-otros“Desde el Norte se nos ha declarado el fin de la Revolución Bolivariana, se ha declarado también que el socialismo del siglo XXI se quedó en el aire. En correspondencia con estas declaraciones, desde la derecha local, muy sumisa, demasiado subordinada a la élite imperial de Estados Unidos, se me ha declarado la guerra. Ni un solo día (…) se ha dado tregua ni cuartel para que el Gobierno Bolivariano tenga éxito y gobierne para todo el país (…) Sin embargo, hemos pasado todas las pruebas, y en cada una de ellas los hemos derrotado. No vengo a pedir tregua ni cuartel a una derecha que no tiene conciencia nacional, pero que lo sepa el pueblo honesto y decente de nuestra patria, que esta derecha antinacional apuesta cada segundo de nuestra vida a mi fracaso, a nuestro fracaso, para luego ponerle ya, de acuerdo a sus planes, definitivamente la mano a las riquezas de la renta petrolera de nuestro país, para entregársela a los intereses transnacionales. Han obstaculizado y obstaculizan todo.”

Extracto del discurso del presidente Maduro el 08 de octubre de 2013 en ocasión de solicitud de la habilitante para combatir la guerra económica.

 

 

En la medida en que la coyuntura nos convierte a todos y todas en improvisados combatientes y corresponsales de guerra, pareciera que la reflexión teórica va perdiendo espacio. Sin embargo, no solo ocurre que son precisamente circunstancias como estas las que demandan con urgencia espacios y pausas para la reflexión, sino además, en realidad es falso que durante las coyunturas cuando el realismo exige y la prisa obliga, lo teórico sea sacrificado. Lo que ocurre es otra cosa muy distinta, que podemos caracterizar utilizando la conocida sentencia de Keynes sobre los hombres prácticos, o sea, aquellos que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual pero siempre son esclavos de algún economista difunto. Es decir: la teoría igual se impone, solo que disfrazada de sentido común y pragmatismo.

Esto es algo que siempre tuvieron muy claro los neoliberales y en líneas generales los defensores del orden capitalista. Pero con todo, no deja ser una característica muy propia del discurso capitalista contemporáneo promedio: su imposición por la vía del hecho consumado, del no hay alternativas. Antes, en los viejos tiempos del neoliberalismo triunfante, el capitalismo se nos vendía optimista y orgullosamente como el mejor de los mundos, el que ofrecía mayor libertad, prosperidad y democracia. Hoy día,  ante la imposibilidad de disimular el estrepitoso fracaso de sus “recetas” en todas partes del planeta luego del descalabro de 2008, nos es vendido como un fatalidad en el sentido griego del término: algo que tenemos que aceptar resignadamente, rendidos ante la inevitabilidad de contrariar la “naturaleza” egoísta de la especie humana, del mundo es así. So pena de caer víctimas de una peligrosa ilusión o en última instancia de una invasión militar y la barbarie fascista, al capitalismo hay que aceptarlo como el único mundo posible por peor que sea y así de hecho acabe con el mundo y con la vida.

Todos conocemos la historia del caballo de Troya. Ante la imposibilidad de tomar Troya por vía del asalto militar convencional, los griegos simulan su retirada y ofrecen a los troyanos un gigantesco caballo de madera en homenaje a la diosa Atenea. Tomado por los troyanos como un signo de reconciliación y reconocimiento, el caballo fue llevado dentro de las murallas sin saber que en su interior se ocultaban varios soldados enemigos. Durante la noche, los guerreros salieron del caballo, mataron a los centinelas y abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada del ejército griego, lo que provocó la caída definitiva de la ciudad.

Muchos siglos después, ya en la era de las computadoras, alguien inventó los virus troyanos. No son exactamente virus, sino programas maliciosos que se le cuelan a los usuarios bajo disfraces atractivos, verosímiles, legítimos e inofensivos pero que al ejecutarse le brinda a un atacante acceso remoto al equipo infectado. En este sentido, son familia de los llamados virus zombis, en la medida en que permite a un tercero tomar control del equipo infectado sin que el usuario lo sepa. Como quiera que sea la diferencia técnica, se trata de la misma estrategia: se crea un artilugio que es aceptado por un receptor por parecerle inofensivo e incluso atractivo, pero que, más pronto que tarde, se vuelve en su contra y lo perjudica.

La actual “crisis” que atraviesa nuestro país puede considerarse sin lugar a dudas como de una situación troyana.  Y es que, en razón de la imposibilidad de las fuerzas reaccionarias de imponer sus intereses apoderándose directamente de la conducción del Estado, éstas cambian –o complementan- su estrategia recurriendo a una serie de recomendaciones que bajo el artilugio de ser sensatas, legítimas y hasta obvias e inevitables para salir de la crisis (que ellas mismas provocaron) procuran forzar al gobierno a implementar y al pueblo a apoyar medidas que lo único que traerán como consecuencia será la definitiva caída desde dentro de la causa popular sitiada. Para explicarlo de manera un poco más técnica o menos mitológica, de lo que se trata es de aplicarnos el método de la elección forzada: nos crean primero las condiciones objetivas (la guerra económica) para que subjetivamente optemos por hacer aquello que de otro modo no haríamos (entregar la revolución) haciéndonos ver que de lo contrario el precio a pagar será más caro, o lo que es peor, convenciéndonos de que eso es lo correcto, podemos o debemos hacer.

En virtud de lo anterior, pocas cosas son tan urgentes hoy día como detectar, denunciar y borrar los troyanos que se nos intentan inocular. Y es que no hemos dado una lucha de décadas, enfrentado golpes de Estado, sabotajes y atentados terroristas de todo tipo, no se ha inmolado una gran cantidad de camaradas ni dejó su vida el presidente Chávez  ni está dejando la suya el presidente Maduro para que los herederos intelectuales, políticos y hasta patrimoniales de los Nicomedes Zuloaga, los Pedro Tinoco y los Gumersindo Rodríguez llámense Jorge Roig o como se llamen pretendan embaucarnos sibilinamente con sus recetas matasanos. El capitalismo rentista importador y corrupto no es un invento del chavismo, como ahora se nos hace ve alegremente: es el modelo y legado histórico de FEDECAMARAS, nacida en 1943 como una mutación de las oligarcas cámaras de comercio del país (que son el poder real no visible al menos desde la república oligárquica de 1830 que derrotó a Bolívar, dividió la Gran Colombia e instauró el gobierno de las casas comerciales) para conspirar de manos de los adecos, las petroleras y los militares reaccionarios contra el gobierno de Medina y su plan de hacer un desarrollo capitalista “normal” con una burguesía nacionalista, productiva y reproductiva, es decir, no parasitaria. La Venezuela que recibió el presidente Chávez fue la Venezuela hipotecada y saqueada por FEDECAMARAS, la Venezuela de la precarización laboral, de las privatizaciones, del barril de petróleo a 8 dólares y fiado para los gringos, del 60% de pobreza, 20% de desempleo, dos millones de analfabetas, 21% de desnutrición y un largo etcétera. En cambio, en la Venezuela que nos legó la precarización laboral ya no existe así como tampoco el analfabetismo, las privatizaciones no solo fueron detenidas sino revertidas, la pobreza está por debajo del 20% y la extrema en 5%, el desempleo por debajo de 7%, la desigualdad es una de las más bajas del planeta, la tasa de escolaridad una de las más altas y un etcétera aún más largo. ¿Cuál es entonces el modelo fracasado y cuál el exitoso: el chavista o el que propone rescatar FEDECAMARAS y sus acólitos? A este respecto, hay que entender que si FEDECAMARAS, CONSECOMERCIO, VENAMCHAN y en líneas generales los capitalistas locales de todos los tamaños y colores en todos sus años de existencia no han “sembrado el petróleo” no es porque les haya faltado tiempo, dólares o Chávez primero y ahora Maduro no los hayan dejado. Por el contrario. El papel histórico de todas estas gremiales de la burguesía parasitaria ha sido precisamente frustrar dicha posibilidad, acrecentar la dependencia, maximizar el expolio y la desigualdad empobreciendo a las grandes mayorías en provecho de sus agremiados.

Decía Keynes en diciembre de 1935 cuando prologaba su mundialmente conocida e influyente Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, que en tiempos como los que se atraviesan –recordemos que escribía en medio de la gran y criminal depresión de los años treinta- la dificultad no reside en las ideas nuevas sino en rehuir las viejas, que entran rodando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayoría de nosotros. Ayer domingo en VTV reponían un Aló Presidente de 2009 donde el presidente Chávez decía algo muy parecido, a propósito del hecho de que todo mundo nuevo, todo hombre nuevo y toda vida nueva deben insurgir inevitablemente de las ruinas, defectos y vicios de lo viejo. Casualmente, también el día de ayer, el presidente Maduro en compañía de Evo Morales, Rafael Correa, Pepe Mujica y demás presidentes aliados, hacía un llamado a rescatar y fortalecer las ideas nuevas desechando las viejas, como única posibilidad de construir una vida nueva descolonizada y auténticamente libre. De ese se trata. Si algo está en crisis ahorita no es el mundo nuevo –que todavía no ha sido pero se empeña en ser- sino el mundo viejo, podrido, criminal y prepotente de las plutocracias mundiales y locales, representadas en nuestro caso por la burguesía parasitaria que no solo se niega a morir sino que amenaza con arrastrarnos a todos con ella en su vorágine especulativa.

De tal suerte, y en el entendido que este es actualmente el combate, en lo que sigue y en los próximos días a medio camino entre la crónica y el análisis teórico y con toda seguridad de manera algo atropellada dada la velocidad de los acontecimientos que nos involucran, iré soltando una serie de consideraciones sobre diversos temas de la coyuntura pero particularmente los económicos, dejando constancia sin embargo que estos no son temas “económicos” sino de economía política mal le pese a Lorenzo Mendoza y los “expertos” que tarifadamente o de puro gusto le hacen el trabajo. La mayoría de dichas consideraciones ya han sido planteadas por mí y por otros camaradas desde el año pasado y algunas incluso desde mucho antes, por lo que en buena medida reactualizaré o recontextualizaré cosas ya dichas. En fin, volviendo al inicio, de lo que se trata es de combatir al capitalismo de los hechos consumados disfrazado de sentido común y pragmatismo por los “expertos” y hacedores de opinión pública, al tiempo de plantear ideas que ayuden a superar esta etapa, tal y como lo ha solicitado el presidente Maduro. 

Como por algún lado hay que empezar, en lo que queda de texto se hará una recaracterización de la guerra económica, dejando para inmediatas entregas lo referido a la ofensiva económica y los temas del control de precios, lo cambiario, los productivo y finalmente la agenda socialista e integracionista, que es donde siempre ha estado y estará la clave de nuestra liberación. Aprovechando el momento futbolero y la magnífica canción, todo lo dicho y por decir puede resumirse en una sola consigna: cuando el mundo está al revés, mejor pegarle de zurda.

 

La guerra económica y el capitalismo “popular” por otros medios.

Entre muchas otras cuestiones, la guerra económica es la popularización y definitiva naturalización del capitalismo por otros medios. En estos tiempos de sobre exposición mediática y neoliberalismo extremo, la guerra económica replica sobre la vida de las personas la lógica de la hiper-competencia, de la competencia sin cuartel, la forma de vida capitalista en su estado puro.

La guerra económica contra Venezuela, al igual que ocurre con la que se ejerce contra la Argentina, es la versión revanchista de la misma política de ajuste y saqueo que el capitalismo decadente ejerce a escala planetaria. Y digo revanchista, porque es una guerra que se decidió tras la derrota imperial en la llamada Batalla de Mar de Plata en 2005. En el caso Venezolano, todo empezó tras la política de recuperación de los precios mundiales del petróleo entre 2000 y 2002, la reforma de la ley de hidrocarburos en 2001 y el posterior rescate de PDVSA en 2003 de manos de la tecnocracia transnacionalizada que la dirigía, todo lo cual trajo como resultado una radical modificación de los términos de intercambio globales al dejar los países exportadores de subsidiar el consumo energético en Europa y los Estados Unidos (entre 1998 y 2008 el precio promedio del barril de petróleo pasó de 10 dólares a 130 dólares, manteniéndose en la actualidad en torno a los 100, cuenta que se puede sacar con otras materias primas y combustibles en términos muy similares).

Como se recordará, en 2005, el presidente Bush Jr., intentó aprobar durante la IV Cumbre de las Américas lo que entonces era su bandera: el ALCA, a lo cual los presidentes latinoamericanos y fundamentalmente Hugo Chávez y Néstor Kirchner plantaron cara lanzando las cosas por otro camino. Argentina, que venía de abandonar la convertibilidad tras la estrepitosa crisis de 2001, se convierte junto a Venezuela en un modelo alternativo de hacer política tanto por fuera de la ortodoxia económica como de la democracia liberal convencional. Deserta de la tutoría del FMI y el BM y comienzan ambos países a promover una nueva arquitectura comercial y política con el apoyo de Brasil, a la cual se sumarán poco después Ecuador, Bolivia y Uruguay. Es ésta la época de los inicios del Banco del Sur, de la integración de Venezuela a un MERCUSUR, de la UNASUR y de la creación de TELESUR, entre otras cosas. Y en el caso concreto nuestro, son los tiempos del Bolívar Fuerte y el SUCRE, es decir, en que proyecta seriamente la posibilidad de abandonar paulatinamente el dólar como divisa y reducir el señorío que ha ejercido sobre nuestra moneda al menos desde 1934 y en especial desde 1983. A principios de 2008, el gobierno argentino, ya para entonces bajo la dirección de Cristina Fernández, enfrenta un lock out agrario equivalente al petrolero patronal y sabotaje petrolero sufrido por Venezuela entre 2002-2003. El mismo formato de movilizaciones clase media atizadas con el fantasma de la inseguridad y refrite de consignas y simbologías fascista. En octubre de ese mismo año estalla la burbuja de los mercados financieros, y con ella, el mundo entra en una nueva dinámica.

La vía aplicada desde entonces para derrotar las iniciativas antes señaladas y salvaguardar los intereses de los beneficiarios del orden mundial post 1945 procurando regresar los términos de intercambio al esquema expoliador de finales del siglo XX, es harto conocida: sabotear las economías, especular contra sus monedas, poner restricciones externas que haga no solo arrodillarnos ante los organismos internacionales en busca de financiamiento, sino dividirnos bajo la estrategia del desespero. No es casual que excepto tal vez en los casos del ALBA y Petrocaribe las otras estrategias regionales de integración en materia económica –Banco del Sur, SUCRE- continúen en una especie de limbo diplomático. Y no es casual tampoco que desde 2006 tanto Argentina como Venezuela, los dos países que orquestaron la derrota del ALCA, deban enfrentar implacables y constantes ataques especulativos contra sus monedas y en general contra sus economías generándose fuga de capitales, especulación cambiaria y un alza “irracional” de los precios. Basta leer cualquier diario argentino para darse cuenta que la guerra que estamos enfrentando aquí también la enfrenta allá casi idéntica.

Pero lo que comenzó siendo un proceso especulativo emprendido por las transnacionales, los importadores, la banca privada foránea y “local”, las casas de bolsa y los grandes comerciantes con el doble propósito político y mercantil de conspirar y apropiarse de la renta petrolera, ha terminado convirtiéndose en una corrida que involucra a buen parte de la población. Recurriendo a los dos ingredientes básicos de todo proceso especulativo: la ambición y el miedo, los poderes económicos del capital transnacional han hecho todo lo posible por encubrir y facilitar su saqueo gran millonario corrompiendo a la población para ponerla a buscar dólares migajas o las vías más retorcidas de enriquecerse. No se trata a este respecto, siquiera, de que las personas sean buenas o malas, comprometidas o no, honestas o deshonestas. Precisamente, ese es el punto. La lógica de la guerra económica y el capitalismo de facto espolea a todos y todas por igual (más allá de los grados diversos de afectación) a competir por los bienes escaseados, lógica tanto más perversa en cuanto la persona es de hecho comprometida u honesta. Si no es este último el caso, se suma sin conflicto moral y busca aprovecharse de la situación. Pero si no es indolente, tiene sentido ético, compromiso político o es solidaria, la guerra económica persigue primero rebajarla al nivel de predador o presa, la coloca ante la disyuntiva de ser especuladora o especulada, “viva” o “pendeja”. Es como lo que se narra en esas novelas adolescentes del tipo los juegos del hambre o pasa en esos programas de reality show donde la gente es puesta a pelearse a muerte por los bienes escaseados o la fama solo para uno. Como el guasón de Nolan, los ingenieros de la guerra económica conciben la sociedad como una manada de potenciales salvajes que cuando las cosas se tuercen un poquito se atacarán entre ellos. Es la teoría de la pelea de perros aplicada a la economía. El reverso perverso de la sociedad solidaria planteada por la tradición socialista y rescatada por el presidente Chávez.

Esta es la razón por la cual la guerra económica no promueve la lucha de clases sino el odio intra-clase: hace que la mayoría asalariada y no propietaria se vuelque contra ella misma sospechando del otro o la otra, temiéndole,  envidiándol@ y, en última instancia, aprovechándose suyo. No hace querer acabar con la clase explotadora sino sumarse como otro explotador más, así sea por sobrevivencia. La guerra económica es la contrarrevolución propietaria planteada por los neocons e importada por María Machado para sepultar la revolución de los proletarios. Es el capitalismo “popular” por otros medios” y la revancha del neoliberalismo.

 

De la guerra al golpe económico: la restauración parasito-capitalista de FEDECAMARAS, La MUD y los “expertos”.

Tras escamotear su responsabilidad como saqueadores históricos de la Nación, tras crear el clima ideológico que justifica sus apetencias grupales como medio para “salvar la patria”, tras financiar y aupar el terrorismo fascista clasemediero y bajo el chantaje de una falsa crisis económica sin precedentes, de una catástrofe económica inédita, de la implosión del modelo económico o de una bomba atómica por estallar, FEDECAMARAS, VENAMCHAM y los PRANES del Valle (Mendoza, Machado, Cisneros, Escotet, García Mendoza, etc.,) insisten en perpetrar la estafa más grande a la nación venezolana al menos desde 1983, cuando luego de haber endeudado y asfixiado país entre la corrupción, la fuga de capitales, la desinversión y el consumo elitesco, lo abandonaron entre penurias y peor aún, aprovecharon la crisis desatada para enriquecerse todavía más gracias a la especulación con la deuda externa y la manipulación cambiaria. Para adelantar esta estafa, en alianza con el capital transnacional han hecho presión sobre el mercado cambiario, atacado las reservas y especulado con todo lo imaginable. Y para mejor hacerlo han diseñado una bestial campaña dirigida a convencer a propios y extraños de la existencia de dicha crisis. Siguiendo la lógica de la profecía auto-cumplida, generaron un clima altamente pesimista aprovechado por los comerciantes para generar una espiral alcista acompañada con un desabastecimiento de productos claves.  Clima promovido por los economistas a sueldo y toda la fauna de “expertos” con que cuenta la derecha pero también –lo que es lamentable pero al parecer inevitable- de una serie de “expertos” de “izquierda” que a pié justillas, repiten sus mismos sofismas solo que con jerga alternativa, posicionando en el imaginario social la existencia de falacias como la del “atraso” o “desajuste” cambiario, la escases de divisas, el impacto inflacionario del salario, el despilfarro y el populismo de Estado, el acoso al sector privado y un largo etcétera. El uso y abuso de algunas políticas hicieron el resto: notas estructuradas, SITME, etc. Como señaló en alguna parte Simón Andrés Zúñiga: mientras por una parte, un batallón de “expertos” enfilaban sus cañones para atacar al gobierno otro grupo, mucho más pequeño pero con las influencias debidas, se encargaba de ofrecerle “antídotos” para combatir los males. Resultado: el viejo y nunca efectivo método de curar al enfermo haciéndolo sangrar.

El objetivo final de la guerra económica es cambiar la correlación de fuerzas política, agitando el fantasma del fracaso del socialismo y la implosión del modelo económico del chavismo reinstaurar el capitalismo parasitario transnacionalizado. Cruda ironía, pues son los propios éxitos de la política económica del chavismo y en especial sus beneficios para la población lo que son y siguen siendo manipulados para acusar a esta política de ineficaz y empobrecedora. Ese es por ejemplo el caso del tema cambiario y la idea del dólar “barato”: la disparidad más que observable de precios entre un zapato o teléfono aquí y otro en otra parte, no solo pasa olímpicamente por alto el empeoramiento del poder adquisitivo en el resto del mundo (que presiona los precios a la baja por efectos del sub-consumo), sino además los precios de transferencia aplicados por las transnacionales, es decir, lo que se cobran empresas transnacionales a sí mismas desde sus casas matrices a las subsidiarias con lo cual se permite mediante la adulteración de precios transferir fondos de un país con mejor situación económica a otro. Por caso: las aerolíneas, que recuperan con los pasajes a Venezuela lo que pierden o no pueden de ganar en otras plazas. La guinda de esta mazamorra ideológica lo representa el ignorar que la posibilidad de viajar y tener dólares para comprar por internet se debe, precisamente, a la política económica del chavismo. Es decir, de no haberse reformado la política de hidrocarburos que trajo los dólares de vuelta a este país y no haberse invertido, entre otras cosas, para la recuperación y ampliación del poder adquisitivo precarizado luego de años de saqueo de la burguesía parasitaria, evidentemente nadie –o en todo caso solo la minoría de siempre- podría comprar dólares. Así las cosas, y aunque suene frívolo, lo que nadie le ha dicho a los escuálidos y algún que otro despistado es que la política económica del chavismo no le ha negado su “sagrado” “derecho” a comprar dólares. Por el contrario: pueden comprar dólares gracias a la política económica del chavismo que les ha permitido generar excedentes suficientes para hacerlo.

Como hongos después del chaparrón que ellos mismos han propiciado, las ideas de los expertos  vuelven a florecer luego de la desbandada a la que se vieron obligados tras su derrota a finales de 2013.  Y es que la fundamental e histórica victoria teórica, ideológica y política de la ofensiva económica convocada y dirigida por el presidente Maduro entre noviembre y diciembre de 2013, fue precisamente demostrar que la deformación de los precios se debe a la especulación convertida en hábito por la burguesía parasitaria mercachifle y transnacionalizada, que la escasez y el desabastecimiento son resultado del abastecimiento y que el dólar ilegal no más que una artimaña (como lo es ahora el precio del SICAD II) que no marca el precio real de nada, más allá de las apetencias especulativas de una minoría de ladrones. Victoria doble, pues tuvo el impacto de parar de tajo tanto la especulación de precios como la de ideas. Más allá de los balbuceos sobre el acoso a la iniciativa privada, ni uno solo de los “expertos” de la derecha o sus cómplices dentro de la izquierda pudo articular una explicación válida ante lo visto. La “sabiduría” convencional fue enterrada por la verdad con las neveras de Daka y Nasri cumpliendo el rol histórico de desnudar en vivo y directo la raíz del asunto.

La actual recarga del discurso restaurador capitalista parasitario cuenta con el poderoso influjo del fuego mediático tanto nacional como internacional, aliado como nunca antes en la tarea de imponer sus intereses. Sin embargo, también cuenta con nuestra debilidad ideológica y comunicacional, resultado de importantes falencias y contrabandos teóricos, lo que hace que la confusión cuando no el desánimo circulen. Así las cosas, la ortodoxia capitalista recupera su poder de convencimiento en los círculos académicos, en los medios y partidos tradicionales, pero también conquista voluntades en cierta “heterodoxia” que se suma al coro de los que, pretendiendo botar al niño con el agua sucia, satanizan y claman por la abolición de los controles de precio y cambio, por mayor devaluación, levantamiento de la inamovilidad laboral, etc. Sacando una cuenta bastante extraña, para algunos “expertos económicos” del “chavismo” la única manera de salvar la revolución es sacrificando todas aquellas cosas que la hicieron tal, la única manera de “luchar” contra el capitalismo y los poderes imperiales es cediendo ante sus exigencias y condiciones. Para que no nos invadan o tumben entreguémonos.

Las propuestas llevadas a la mesa de diálogo por FEDECAMARAS y el grupo Polar teniendo como puntos de honor eliminar la inamovilidad laboral, volcar toda la renta petrolera en manos de la “eficiente” clase “emprendedora” “nacional”, levantar el control de precios y el cambiario (o su equivalente: unificar hacia arriba los tipos cambiarios, que es la forma tecnócrata de llamar a una mega devaluación de la moneda y la definitiva dolarización de la economía a costilla de los trabajadores, dejando de paso el tipo de cambio a merced de un sistema de bandas que nunca ha funcionado ni funcionará porque el problema cambiario no es un técnico ni teórico si no político y por tanto objeto de manipulación y sabotaje, tal y como lo padecimos acá en la época de Felipe Pérez el breve -por suerte- o más recientemente lo han padecido los argentinos)  busca acrecentar el poder de la burguesía parasitaria, pero por esa misma razón y como consecuencia doblegar y derrotar a la clase trabajadora, las mayorías asalariadas e inclusive frustrar cualquier intento de desarrollar un aparato productivo y sustituir importaciones por parte de pequeñas y medianas empresas ni hablar las EPS. A este respecto hay que insistir en esta idea siempre que sea posible simplemente porque es la gran verdad: si FEDECAMARAS, CONSECOMERCIO, VENAMCHAN y compañía en todos sus años de existencia no “sembraron el petróleo” ni desarrollaron una economía productiva es porque precisamente su papel, misión y vocación histórica ha sido lo contrario.

Cierto es que la guerra económica no ha triunfado en lo que dijimos es su objetivo inmediato: cambiar la correlación de fuerzas creando a su vez las condiciones para una salida de facto del gobierno y la derrota político-militar del chavismo. Sin embargo, como toda guerra, ha dejado sus secuelas, la mayoría de las cuales apuntan a lo que en sentido amplio y estratégico es su objetivo: precarizar a la población corrompiendo y desvirtuando la lucha de clases, transformarla de una lucha por acabar con la explotación y la exclusión en una vorágine fascista que no solo no acaba con ellas sino que las profundiza sino y erige como valores. La guerra económica es la condición de posibilidad del fascismo, la vía para desesperar a la población trabajadora, desorientarla, desmoralizarla y atizar el odio entre ella, sustituyendo al ideal socialista por la rapiña especulativa fascista. La especulación y el acaparamiento, la deliberada puesta en escena de un estado de cosas donde priva la inseguridad y la escasez, hacen las veces del ser social que busca imponer la lógica de sobrevivencia del más fuerte, del que tiene más plata para comprar, llega antes o tiene contactos y se lleva todo más rápido en una especie de saqueo organizado para luego revendérselo a los que no. La guerra económica es la reacción del sistema capitalista para conjurar el germen socialista que lo amenaza.

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2 Respuestas a “Cuando el mundo está al revés, mejor pegarle de zurda. Una lectura de economía política de dónde estamos, hacia dónde nos quieren llevar y a dónde debemos ir tras la actual coyuntura (I).

  1. Pingback: Un comentario sobre “despolitización” y guerra económica. | sur-versión·

  2. Excelente artículo para la batalla de ideas en la calle con la oposición y para que reflexionen los camaradas que dudan. Mas actual que nunca.

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