Notas para una genealogía del fascismo en Venezuela (a propósito de la carta de la bisnieta venezolana de Mussolini) I.

Harry Mannil, uno de los diez criminales de guerra nazi más buscados, vivió largos años en Venezuela, adquirió la nacionalidad, se asoció con grandes capitalistas locales (como el clan Mendoza), fue presidente del Ateneo de Caracas, condecorado por gobiernos adecos y copeyanos con las órdenes Libertador y Francisco de Miranda.

Harry Mannil, uno de los diez criminales de guerra nazi más buscados, vivió largos años en Venezuela, adquirió la nacionalidad, se asoció con grandes capitalistas locales (como el clan Mendoza y los Blohm), fue presidente del Ateneo de Caracas y, entre otras cosas, condecorado por gobiernos adecos y copeyanos con las órdenes Libertador y Francisco de Miranda.

En medio del debate abierto en Venezuela en torno a los usos y abusos del término “fascismo”, no habrán sido muchos quienes esperaban que, nada más y nada menos, iba a ser una descendiente del mismísimo Mussolini quien vendría a “aclarar” las cosas. Sin embargo, una vez publicada la carta de Mellina Mussolini dirigida a Nicolás Maduro y en defensa de las acciones emprendidas por la derecha venezolana, uno se ve obligado a recapitular y pensar que dicha intervención no es tan inesperada después de todo, al menos si nos tomamos el tiempo de revisar la no muy conocida pero no por eso totalmente oculta historia del fascismo en Venezuela, historia donde se combinan los nombres de varias figuras venezolanas pero también de no pocas venidas del extranjero, desde comerciantes y mercaderes hasta criminales de guerra nazi devenidos en prósperos hombres de negocios y hasta uno que otro en figura política, tal y como es el caso del expresidente de FEDECAMARAS, columnista de medios y jefe de CEDICE Eddo Polesel (padre, por cierto, de Marco Polesel, el que anda promoviendo el separatismo y anexión a Colombia de los estados andinos, Zulia y hasta Carabobo).

En efecto, contrario a lo ocurrido en países como Argentina, Chile o Paraguay, la presencia del fascismo y el nazismo en Venezuela no está tan documentada, pero tampoco ha pasado del todo desapercibida ni ha sido poco influyente. Hubo de hecho un caso relativamente reciente que involucró a uno de los diez criminales nazis más buscado del mundo quien tuvo por largos años viviendo en nuestro país: Harry Mannil. Mannil, en su natal Estonia, en calidad de oficial de la policía local, fungió de colaborador con las fuerzas de intervención nazi que perseguían judíos, partisanos y a cualquiera sospechoso de pertenecer a la resistencia. Tras el fin de la guerra, llegó a Venezuela en 1946 siguiendo un periplo de fuga en el que hizo contactos con una de las oficinas venezolanas de inmigración promovidas por un insigne fascista “criollo”: Alberto Adriani, tema al que volveremos más adelante. El caso es que Mannil, a su llegada al país, comenzó a trabajar para una familia alemana ya para entonces consolidada como parte de la burguesía comercial venezolana: los Blohm. Lo hizo en su tienda por departamentos BECO, luego de lo cual se separaría y formaría junto a otros connacionales suyos y un grupo de la burguesía local un conglomerado denominado ACO CA, que pasó a dominar buena parte del negocio automotriz en Venezuela en el área del transporte de carga, maquinarias de la construcción y agrícolas (contaba con la licencia en el país de los tractores John Deere) y el alquiler de vehículos a través de Rent a Car. Los socios locales de Mannil en ACO fueron Juan Simón y Eugenio Mendoza (tíos abuelos maternos de Leopoldo López Mendoza), el zar de la construcción en tiempos de Pérez Jiménez y posterior “apóstol” de CAP Eduardo Tamayo y Ricardo Degwitz, padre de los Degwitz Maldonado dueños del reaccionarísimo y apoya paramilitares Notitarde y quien al momento de las estafas bancarias de 1993-95 fungía de directivo del quebrado Banco Consolidado.

Pero Mannil fue parte importante no solo de la vida económica y política del país sino también cultural. En la década de los 70 y 80, recibió por parte de los gobiernos de entonces las órdenes Francisco de Miranda y de la Estrella de Carabobo, fue director del Ateneo de Caracas y en la práctica acumuló la más grande colección de arte privado del país. Tras las gestiones del Centro Simón Wiesenthal, en los años noventa le fue negada la visa de ingreso a los Estados Unidos y en 2002 terminó huyendo del país para refugiarse en Costa Rica donde falleció en 2010. Valga considerar que Mannil, aunque trató de edulcorarlo, nunca renegó de su pasado, y en una de las últimas entrevistas que dio se justificó con la excusa de haber simplemente hecho su trabajo al entregar a los nazis alemanes tanto a judíos como a sospechosos de comunismo. (Más info sobre Harry Mannil se puede consultar aquí)

 

El nazismo y el fascismo en Venezuela: de la inmigración económica a la inmigración selectiva.

Pero Mannil ni fue el único nazi llegado al país. Un año más tarde de su arribo, se conoció el caso de Aerne Emil Kauhanen, finlandés que había desempeñado el cargo de segundo Jefe del Campo de Concentración de Karvian Varavangila. El escándalo comenzó al ser identificado caminando por las calles de Caracas por otras dos personas de esa misma nacionalidad pero que habían sido víctimas suyas en dicho campo. No es difícil suponer que otros contaron con más suerte y lograron pasar desapercibidos en medio de la gran cantidad de inmigrantes que llegaban en aquel entonces.

Al igual que Mannil, Kauhenen entró al país vía la oficina para inmigración de Venezuela en Suecia. Y de la misma forma, fue recibido acá por familias alemanas. Sobre este último particular, no debe olvidarse que desde mediados y finales del siglo XIX, en Venezuela había una muy importante presencia de familias y personajes de dicha nacionalidad ligados a la actividad comercial, particularmente a la exportación de café y la importación de todo tipo de bienes. De hecho, es sabida los gobiernos del gomecismo y sus partidarios sentían especial debilidad por los inmigrados de dicho país, debilidad que se encuentra en los orígenes mismos del movimiento político que consolidaría la hegemonía andina en Venezuela entre 1899 y 1945, ya que tanto Cipriano Castro como Juan Vicente Gómez estaban estrechamente relacionados con dichas familias dada su vinculación al negocio del café en el Táchira. Esto impulsó a dichos gobiernos, especialmente desde la última etapa de Gómez, a promover la inmigración de personas provenientes de aquellas latitudes, política que se consolidará en los años de Pérez Jiménez con la inmigración masiva de italianos, portugueses y españoles.

Esto no quiere decir, valga aclarar, que toda la inmigración proveniente de dichos países haya sido fascista o nazi. De hecho, existen múltiples casos que testimonian lo contrario. Lo que se quiere decir es que en el marco de aquellas migraciones llegaron no pocos filofascistas y filonazis algunos de los cuales, como los ya mencionados, tuvieron participación militante en ambas causas. Estos, se encontraron con una política oficial y un imaginario ya bastante consolidado en los sectores privilegiados que sirvió como caldo de cultivo para que tales ideas alcanzaran hasta las formas actuales. Esa lectura puede resumirse en la famosa expresión de López Contreras, según la cual, la crisis venezolana era una “crisis de hombres”, una “crisis del rebaño”, que motivó la política de migración selectiva que el bueno de Uslar Pietri, en un escrito de 1937 en homenaje al entonces recién fallecido Adriani, justificó desde la necesidad de “favorecer la inmigración que ha de traer a nuestras playas gente robusta de cuerpo y espíritu que levante nuestra raza que decae”.

En efecto, la política de migración selectiva comenzada durante la época de López Contreras pero que alcanzó su apogeo en tiempos de Pérez Jiménez, fue concebida e impulsada por Alberto Adriani como parte de su proyecto de modernización de Venezuela, en especial durante su breve pasantía como ministro de hacienda del sucesor de Gómez. Ésta era de hecho la otra pata de dicho proyecto, siendo que la otra pasaba por reimpulsar la economía agrícola y la industrialización. En la célebre recopilación de sus textos denominada Labor Venezolanista (de donde se extrajo la anterior cita de Uslar, quien la prologa) se puede leer en toda su extensión no solo lo que Adriani pensaba del habitante promedio del país y las demás “raza indeseables”, sino la reverencia que le merecía la Europa blanca. A este respecto, hay que tener presente que a su vez Adriani era hijo de inmigrantes italianos llegados a Mérida en el siglo XIX luego de las guerras por la reunificación italiana. Pero además, buena parte de su formación intelectual durante la década de los veinte transcurrió entre Roma y Ginebra, lugares donde fue testigo del auge de los movimientos nacionalistas que darían vida al fascismo y al nazismo. Como se puede ver repetidamente en sus escritos, Adriani era gran admirador del ideólogo del darwinismo social Herbert Spencer, así como también de Domingo Faustino Sarmiento, ideólogo y pionero de la tristemente célebre “conquista del desierto”, eufemismo con que se le dominó a las guerras de exterminio dirigidas contra el pueblo mapuche para la apropiación de sus tierras. Así las cosas, en sus reflexiones sobre la adecuada política migratoria del país, Adriani planteaba cosas como las que siguen:

La experiencia de las naciones de reciente formación, entre ellas, los Estados Unidos, Argentina y el Brasil, y el juicio casi unánime de estudiosos de cuestiones sociales, permiten afirmar que la prosperidad económica y el adelanto social de nuestro país depende de un aumento de su población y podría agregarse, de su población blanca.

(…) En cuestiones como esta, que interesan tan profundamente al porvenir del país no podemos ser agnósticos. Es oportuno, es indispensable que el gobierno seleccione los inmigrantes, se oponga a la entrada de los indeseables, estimule las corrientes más provechosas y organice sus distribución territorial y en las diversas ramas de nuestra economía. Ya no se discute el derecho de los países de inmigración de impedir la entrada de criminales, degenerados, enfermos, anárquicos y otros perturbados políticos, o de excluir a los individuos pertenecientes a razas inamisibles .

Se debería prohibir la inmigración amarilla e india y restringir en lo posible la negra, marcando la preferencia por la población europea, aun para comenzar tal preferencia pueda resultarnos costosa. La gente de Europa posee un nivel de vida superior y no solo contribuye al progreso económico del país, sino también a su adelanto intelectual y social.

(…) Lo ideal sería poseer una población blanca homogénea, lo cual es imposible, pues nuestro territorio posee una gran proporción de indios y negros. Podemos, sin embargo, con gran provecho nuestro, aumentar considerablemente el elemento blanco (…) solo una inmigración blanca puede resolver la crisis endémica en que se abaten los países del trópico y encaminarlos hacia un futuro prometedor” (AA. Labor Venezolanista. ANCE. Caracas. Sexta edición. 1989.P: 143-152)  

 

¿Cuántas personas de las clases media y alta venezolana conocemos que comparten plenamente este tipo de razonamiento, sean hijos de inmigrantes o no? Sin duda no son pocas y sin duda no es poca la influencia que esta manera de pensar ha influido en la evolución de cierto tipo ideología fascista que hoy se expresa con mucha fuerza en el discurso del oposicionismo promedio. Para muestra de ello, y sin contar lo que diariamente circula por las llamadas redes sociales y en las secciones de opinión de páginas como La Patilla, tenemos la carta de la nieta venezolana de Mussolini. Pero también, artículos como el que hace unos días escribió para El Universal Antonio Herrera-Vaillant, célebre hacedor (y/o maquillador) de los árboles genealógicos de la burguesía local o este otro para el Miami Herald. Sin embargo, una de las demostraciones públicas más recordadas de esta ideología fascista y racistas es aquella entrevista realizada por la psicóloga y conductora de televisión Beatriz de Majo a una señora italiana residente en el país, donde ambas se despacharon a describir las que para ellas eran las características típicas del venezolano: flojo, borracho, ladrón, violento, a la vez que ensalzaban el espíritu emprendedor, noble y honesto de los europeos.

En una próxima entrega profundizaremos en nuestra genealogía.

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4 Respuestas a “Notas para una genealogía del fascismo en Venezuela (a propósito de la carta de la bisnieta venezolana de Mussolini) I.

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  3. El finado presidente Chávez también era un connotado admirador de filofascistas como Norberto Ceresole, Pérez Jiménez y el jurista alemán Carl Schmidt, bien conocido por nutrir de “filosofía jurídica” al régimen nazi de Adolf Hitler, y citado en uno de sus discursos de apertura de año judicial ante magistrados del TSJ…cosas veredes mi estimado Sancho…

    • Todo el mundo inteligente en la política y la jurisprudencia ha citado a Schmidt alguna vez. Es como en la economía, todo el mundo ha citado a Smith alguna vez (Marx más que nadie), lo que no vuelve a quien lo hace liberal o smithsiano. Es lo mismo que pasa con Pérez Jiménez o con Ceresole o por ejemplo Tony Blair, al cual Chávez también citó más de una vez. Lo que no hizo Chávez fue ser fascista, un dictador o un cachorro del imperio, como terminó siendo Blair. Así las cosas, ese viejo truco escuálido de irse por la tangente y cambiar de tema cuando no tienen argumentos aquí no aplica. De todos modos gracias por participar protagónicamente, querido Fernando.

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