Guerra social y guerra económica. La clave paramilitar y mafiosa tras la violencia fascista (II).

Foto del actual alcalde de San Cristóbal Daniel Ceballos encapuchado. Aunque se ha hecho circular como de los sucesos de estos días, la foto al parecer es del año pasado durante un ataque con piedras a una concentración Chavista.

Foto del actual alcalde de San Cristóbal Daniel Ceballos encapuchado. Aunque se ha hecho circular como de los sucesos de estos días, la foto al parecer es del año pasado durante un ataque con piedras a una concentración Chavista.

Las declaraciones del presidente Maduro, del ministro Rodríguez Torres y las medidas decretadas para recuperar el orden público en el estado Táchira y particularmente en San Cristóbal confirman lo que denunciamos en nuestra anterior nota: Voluntad Popular es un partido paramilitar ligado al contrabando que se ha encargado de hacer un corredor de doble vía desde Táchira hasta Caracas. Su jefe local es por su puesto Leopoldo López, pero su padrino y patrocinador es Álvaro Uribe jefe máximo paramilitar en Colombia.

Los alcaldes de Táchira como Ceballos, García y Maldonado son los operadores fronterizos tanto para la entrada de sicarios y paracos como de salida de alimentos, combustible y demás productos contrabandeados. Con ello desestabilizan al tiempo que amasan fortunas. En ese sentido, aunque tanto Leopoldo como María Corina Machado venían anunciado su famoso plan “salida” al menos desde el 23 de enero en vista del agotamiento de la vía electoral tras la derrota oposicionista de diciembre, será la activación de las medidas contra el contrabando y particularmente los allanamientos en Torbes (Táchira) y Páez (Apure) de galpones destinados al contrabando, así como los acuerdos con el gobierno colombiano para que el envío de remesas a Colombia se haga en pesos y no en dólares, lo que desatará la violencia. Buena parte de la plata que financia esas actividades -la que no proviene directamente del contrabando o de las agencias extranjeras- es aportada por empresarios y comerciantes negados a la ley de precios y ganancias.

Daniel Ceballos al igual que Smolansky en El Hatillo (el primer campo de operaciones del paramilitarismo en Caracas, con el “guarimbero” Robert Alonso a la cabeza con su finca “daktari) proviene del movimiento estudiantil de derecha. Así pues, hay que dejar las medidas tintas y llamar las cosas como son: no estamos tratando con estudiantes o manifestantes confundidos, enloquecidos o manipulados. De esos los hay sin duda, desde los tontos útiles que suelen sumarse a estas aventuras hasta aquellos que creyendo tener alguna “legítima” “razón” son usados como carne de cañón. Estamos hablando, por una parte, de miembros de unos sectores medios lumperizados y fanatizados tan ignorantes de sus condiciones materiales de vida como de cualquier otra cosa en el mundo, pero también de sujetos entrenados para delinquir y aterrorizar, de sicarios y mercenarios que buscan replicar a la venezolana el formato de la contra nicaragüense, las bandas terroristas en Siria y los atrincherados de la plaza Maidán en Ucrania. A ellos se le suman diversos tipos de delincuentes como los que manejan el micro-tráfico de drogas en Los Ruíces y en la avenida Miguel Ángel de Bello Monte y todo aquel que se deje pagar.

Pero sin duda pese a los esfuerzos por expandir la violencia en Caracas y otras ciudades como Valencia, la situación compleja es la de San Cristóbal y Táchira pues la intención actual de convertir al estado –como señaló el presidente Maduro anoche- en una especie de Bengazi o Alepo engarza con un viejo proyecto secesionista al cual se dedicó especialmente el antiguo gobernador copeyano Pérez Vivas con ganaderos de la región y empresarios financistas de grupos de autodefensa. Este proyecto fue denunciado e 2009 por el propio presidente Chávez y el entonces ministro del interior y actual gobernador de Aragua Tareck El Aissami. De concretarse, terminaría de convertir a Táchira en territorio controlado por los paramilitares y los contrabandista a la vez de cabeza de playa de una ofensiva dirigida desde Colombia fungiendo ésta última del papel que Turquía juega actualmente contra Siria y Honduras jugó contra Nicaragua.

Así las cosas, la escena está puesta. De un lado, el presidente colombiano mandando ambiguos mensajes y del otro el gobierno norteamericano redoblando la apuesta. El objetivo último por su puesto es provocar condiciones para una invasión, la cual no tiene como objetivo exclusivo el petróleo venezolano sino derrotar el giro antineoliberal y anticapitalista de la última década desmantelando todos los intentos de integración regional.

Pero en fin, como se ha dicho, al fascismo y al imperialismo se le derrota con movilización. Ya lo hemos hecho antes y no tiene por qué se distinto ahora. No se trata en esta caso de una lucha de chavistas contra no chavistas. Se trata de una lucha por aquellos que apuestan por un futuro, que no quieren ver convertida a Venezuela en la ruina que han hecho de Siria, que no desea ser aterrorizada por bandas paramilitares como en Colombia y Siria, ser un santuario de bandas, maras y carteles como lo son actualmente países como El Salvador, México o Afganistán todos por obra y gracia del gobierno norteamericano y agentes locales disociados o no.

En una próxima entrega nos dedicaremos a dar cuenta de las raíces del fascismo en Venezuela y su vinculación con el rebrote actual. Es una historia muy interesante y poco conocida pero que ha llegado la hora de exponerla como se merece

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