Voto y geografía económica.

La burbuja oposicionista luego del 8-D.

La burbuja oposicionista luego del 8-D.

Particularmente soy de los que piensan que no es una sana costumbre del chavismo dedicarse a desmontar cada olla o matriz que pone a circular el oposicionismo, pues en la mayoría de los casos antes de desmontarlas o desmentirlas se ayuda a propagarlas, lo que finalmente es el objetivo de las mismas independientemente de su grado de falsedad e incluso de verosimilitud. Sin embargo, a veces pasa que la necesidad obliga, pero inclusive en no pocas ocasiones algunas cosas planteadas por el oposicionismo vale la pena no dejarlas pasar pues, a su manera retorcida o banal, crean las condiciones para plantear algunas temas que de otro modo sería mas complejo.

En este sentido, algo que siempre habrá que agradecerle a la MUD y su guerra económica es habernos dado la posibilidad de discutir seriamente y tomar medidas con respecto al tema de los márgenes especulativos de ganancia y el desagüe del sistema cambiario. Hace mucho rato que no pocos insistíamos sobre estos temas, pero para decirlo al viejo estilo: no estaban dadas las condiciones objetivas ni subjetivas para avanzar al respecto. Todo cambió gracias a Daka, por lo que hoy podemos dejar de preocuparnos y pasar a ocuparnos en aplicar los correctivos pertinentes.

Así las cosas -MUD mediante de nuevo- hoy podemos tomarnos el tiempo de discutir un tema  por momentos escabroso pero fundamental: el de la geografía económico social del país y la consiguiente distribución político demográfica, tema traído a colación por la “inteligentzia” del oposicionismo para “explicarnos” -o más explicarse a sí mismos- los para ellos desastrosos resultados electorales del pasado 8-D.

Antes de seguir, no quisiera dejar pasar la ocasión para manifestar la profunda fascinación que me merece esa capacidad del oposicionismo de inventarse cosas para negar la realidad y/o evadirla. Cómo se las arreglan para que los ojos no vean, los oídos no escuchen y el entendimiento no entienda lo evidente, pero además para dar crédito y tomar como cierto las cosas más inverosímiles, estrambóticas e insólitas que se puedan concebir. En algún momento alguien con capacidad literaria debería escribir una novela sobre este asunto, que mezcle un poco de realismo mágico, teatro del absurdo e impresionismo del tipo En busca del tiempo perdido. Y dentro de ella, dedicarle un capítulo al menos al uso más que retorcido que se hace de las matemáticas (transformadas por obra y gracia de Aveledo y compañía de ciencia exacta en vulgar numerología), el invento  de los titulares más increíbles, la violación sistemática y el absoluto desprecio e indolencia que sienten por la lógica formal y la inteligencia ajena, todo para no dar cuenta de una nueva derrota y como siempre buscar el culpable en otra parte.

De tal suerte, casi desde el mismo domingo hemos visto cómo se ha buscado por todas las vías de posicionar la idea de que el oposicionismo “ganó” las elecciones porque “avanzó” en las ciudades “principales”, es decir, en algunas capitales. Poco importa para el “argumento” (es increíble la cantidad de palabras entrecomilladas que hay que poner cuando uno habla del oposicionismo venezolano) que no haya sido en la mayoría (el chavismo ganó en 15, incluyendo la capital de la República), así como tampoco que en ésta como en cualquier otra democracia decente se cumple el principio de un habitante igual a un voto, esto es: que no vale más el del que vive en la ciudad del que lo hace en el campo o viceversa. Tampoco cuenta mucho que al menos en dos capitales ganadas por la oposición el chavismo fue dividido (Barinas y Maturín), ni que algunas ciudades no capitales pero bastante pobladas como Ciudad Guayana y Puerto la Cruz haya triunfado el GPP. De alguna manera mágica y sobrenatural -la magia nazi de la mentira repetida mil veces-  el invento mediático se superpone a la realidad de que del plesbicito autoconvocado por el oposicionismo el chavismo salió con más alcaldías de las que ya tenía, amplio su ventaja en votos nacionales (de un 1,5 a 11,5%, según lo último que vi, más de un millón de votos) y hasta se permitió superar a Capriles en el estado Miranda.

Ahora bien, más allá de estos detalles que prefiero dejar a otros más expertos en número, a lo que iba es a cómo tal vez habiendo caído en cuenta de la puerilidad cuantitativa de éste argumento, al menos desde hoy han salido a relucir una nueva serie de “explicaciones” de orden cualitativo cuya función de darle “sustento”. De tal suerte, por ejemplo, la en alguna época admirable profesora Margarita López Maya (es increíble lo que el ego y el resentimiento pueden lograr) salió por allí diciendo que la concentración de voto chavista en las zonas rurales y populares es señal de su decadencia, cosa que complementa entre otros el campeón de los pronósticos económicos errados: Orlando Ochoa, para el diario devenido en vocería de los especuladores financieros del país El Mundo, donde asegura que el voto en las regiones con mayores fortalezas productivas se movieron electoralmente hacia los candidatos de la oposición. De hecho, lo que dice exactamente es peor que mi resumen, así que creo que resulta mejor citarlo:

No cabe duda que la popularidad del gobierno está estrechamente vinculada con el gasto, por eso las ciudades más grandes, más independientes y donde está la base económica moderna del país son opositoras. Con excepción de Puerto Ordaz, Puerto la Cruz donde la economía estatal es muy grande”.

En este mismo medio, otro inefable llamado Leonardo Palacios deja traslucir en su sesudo análisis de página completa la siguiente perla:

En los últimos años, el gobierno ha diseñado una institucionalidad que busca tener votantes y no ciudadanos, pues a estos se le tiene miedo pues conocen el verdadero sentido de la democracia y su destino en ella, su participación crítica y no sumisa en virtud que entiende que la ciudadanía es derecho y compromiso y no una mera forma de alienación, en los términos del marxismo puro. El gobierno quiere votantes en pos de una “higth definition” y una nevera a precios de gallina flaca.”

Como se ve, tales análisis no son más que versiones rebuscada de la misma discriminación que en una entrevista para un canal colombiano la mucho más ramplona Evelin Trejo realizó entre ciudadanos de primera: los que votan por la oposición vs., ciudadanos de segunda: los que lo hacen por el chavismo. Pero bueno, dejemos de lado el tono despreciativo, supremacista y fascista de estos “análisis”, la repetición indolente del viejo lugar común del populismo, la apelación al más increíble y desgastado tópico de la modernidad, todo lo cual pone en evidencia que, en el fondo y en la forma, los “razonamiento” oposicionista promedio no son más que una amalgama de clisés con prejuicios de todo tipo, para concentrarnos en el tema de la geografía económica y su incidencia sobre las votaciones, incidencia que yo también creo que existe pero que da cuenta de cosas radicalmente distintas a las planteadas por Ochoa y sus secuaces.

En primer lugar, no solo no es cierto que en ciudades más grandes, las de mayor población o las “capitales” sean las más independientes ni donde se encuentra la base de la economía “moderna” del país. Es de hecho exactamente lo contrario: nuestra ciudades más grandes y pobladas –empezando por la propia Caracas- son las más dependientes desde el punto de vista económico y las que con menos bases cuentan para el desarrollo de una economía productiva. Y es que aunque para ser rigurosos un análisis de este tipo hay que hacerlo caso por caso, la verdad en términos generales es que estamos hablando de ciudades que no producen siquiera su propio sustento alimenticio y de ningún tipo, que viven lo mismo del Estado que de la tributación que reporta la periferia o las importaciones, pues su características principal es el usufructo y recicle de la riqueza nacional por la vía de la concentración en actividades comerciales y de servicios de todo tipo y de ahí en más especulativas, particularmente en el área inmobiliaria (comercial y residencial), pero en realidad de todo tipo incluyendo la directamente dineraria.

Desde este punto de vista, lo que quiero decir es que a la inversa de lo que indican los retóricos del oposicionismo, las grandes ciudades venezolanos en su forma actual son en esencia rentistas y dependientes conforme a lo que ha sido nuestro desarrollo histórico, urbes organizadas (dentro de lo que cabe esta expresión en la especialísima distribución urbano-territorial nuestra) y dispuestas para captar la renta petroleras y reciclarla en dichas actividades. Y lo que es más, son precisamente los sectores llamados medios y altos los grandes concentradores y vividores de dichas actividades especulativas, receptores privilegiados de la circulación de la renta petrolera y privatizadores de la riqueza social. Estos son por ejemplo los casos del eje Barquisimeto-Cabudare, cuyo incipiente desarrollo industrial rápidamente ha dado paso a un violento desarrollo de especulación inmobiliaria donde son los hoteles, centros comerciales y costosas urbanizaciones las que marcan la pauta; de Mérida, ciudad que ya no produce ni conocimiento dado el deterioro intelectual de la ULA (conforme a lo que es la pauta de todas las universidades autónomas); ni qué decir Caracas donde se concentra en unos cuantos metros cuadrados unos orgullosos sectores medios y altos plenamente dedicados a especular y comerciar con todo lo que pueda comerciar y especular o a vivir cómodamente del empleo público.

En contraprestación, en la zonas rurales del país y en las populares donde se concentra el voto chavista la realidad es otra. En este último caso estamos hablando de la mayorías asalariadas en actividades de todo tipo (incluyendo las comerciales) pero también donde se levantan la mayoría de los emprendimiento productivos alternativos, que es exactamente el mismo caso de las zonas rurales donde además de sentirse efectivamente una mayor presencia del Estado dado el abandono histórico que padecieron, ha venido avanzando en los últimos años una actividad productiva agroindustrial que todos sabemos que aún no alcanza cubrir el mercado local pero que mal que bien se las ha arreglado para aumentar en un 50% su producción con respecto a su nivel hace 14 años y aportar entre un 60 y 70% de los alimentos que consumimos. En este sentido, si de productividad se trata, no es el las zonas cautivas al voto opositor donde hay que buscar sino en aquellas donde subsiste y se erige una nueva economía real y donde habita la gente que de verdad trabaja y produce valor.

En fin, como ya dije, coincido con los “intelectuales” escualos en que la geografía económica si influye en el voto, pero muchachos y muchachas, los rentistas y vividores están en otro lado: no son precisamente los habitantes de nuestros barrios y zonas rurales los que viven de cosechar donde otros han sembrado.

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3 Respuestas a “Voto y geografía económica.

  1. Totalmente de acuerdo con todo, incluyendo el punto de cómo personas autocalificadas de cultas e superiores en inteligencia y conocimiento, por negación de la realidad, destrozan toda regla de la lógica formal. Ayer mismo, 11-12-13 (“escalera” ascendente que no se repetirá en 90 años) tuve un largo intercambio en la Red con un opositor, quien parece cumplir las condiciones citadas; pero que terminó, para decepción mía, repitiendo la barbaridad de sostener que todos los que se abstuvieronde votar e incluso todo el resto de habitantes de Venezuela, todos, están contra el Gobierno; es decir, que los 25 millones que no votaron por el GPP; 5 millones que votaron por la MUD y todo el resto de la población son todos opositores; y sostuvo que una muestra del 60% de los inscritos, que sí votó, nada indica, que eso era sólo una “opinión” mía. Hasta le hice la graficación del silogismo, con los operando de la Lógica Simbólica (Russell & Whitehead) recordando a mi profesor de la materia, el Dr. en Filosofía por La Sorbonne, Ramón Bravo; y le cité los principios de muestreo estadístico que aprendí con el profesor Ernesto Rivas; pero nada. Eso sí, fue muy educado siempre, y él me reconoció lo mismo, y por eso el intercambio alcanzó hasta 10 “rounds”.

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