DAKA: la historia avanza por el lado malo.

dueo_de_daka_y_caprilesEs el lado malo el que da nacimiento al movimiento, el que hace la historia provocando la lucha.

K. Marx.

Todas las cosas que hemos visto estos días no es nada que no se haya dicho o denunciado antes. La diferencia fundamental es que no es lo mismo decirlo que verlo y esa es sin duda el gran gol anotado por el gobierno en su contraofensiva económica. Un gol por lo demás que vale doble, pues ha tenido impacto tanto a nivel de la especulación de precios como a nivel de la especulación de ideas. Más allá de los balbuceo sobre la libre iniciativa privada y el intervencionismo ni uno solo de los “expertos” de la derecha o sus cómplices dentro de la izquierda puede articular una explicación coherente ante lo que hemos visto (cuando digo “coherente” me refiero a conforme con sus explicaciones monetaristas y librecambistas sobre colapsos de modelos y bombas atómicas económicas). Lo habíamos dicho ya: si queremos vencer debemos cambiar las reglas del juego y los términos del debate, dejar de hablar de inflación como principal problema de la economía nacional y llamar las cosas por su nombre: donde dice inflación debe decir especulación, donde dice escasez acaparamiento. Decíamos en aquella ocasión y lo repetimos ahora: no se trata de un problema nominal sino de sentido, pues cuando se habla de inflación y escasez las cosas quedan como ocurrieran de manera accidental y no deseada, más allá de la voluntad de los comerciantes quienes según las teorías dominantes se reducen a ser “tomadores de precios”, o en última instancia reaccionan “racionalmente” ante las amenazas de la irresponsable intervención estatal. Pero en el segundo caso queda en evidencia el conflicto poder involucrado en la dinámica de la formación de precios. No se trata de “accidentes” ni “desequilibrios”, si no de prácticas deliberadas puestas en función de propósitos deliberados:

La inflación no es una distorsión de los mercados. Es una operación de transferencia de los ingresos y de la riqueza social desde un(os) sector(res) de la población hacia otro(s) por la vía del aumento de los precios. En lo fundamental, esta transferencia se produce desde los asalariados hacia los empresarios, pero también desde un fracción del empresariado hacia otra fracción de los mismos. O dicho de manera más clara: en la inflación se expresa la lucha de fracciones o sectores empresariales (en especial los más concentrados) por incrementar sus ganancias a costa del salario de los trabajadores (es decir, de la mayoría de la población) pero también con cargo a las ganancias de otros sectores empresariales en especial los pequeños, medianos y menos concentrados. Adicionalmente,  tal y como ocurre actualmente en Argentina o como ocurrió durante el gobierno de Salvador Allende, la inflación se usa como herramienta de lucha política. Para presionar a gobiernos, imponer intereses o simple y llanamente conspirar desesperando a la población, desmoralizándola y atizando el odio en la misma al confrontarla entre ella. Es por este motivo que en los casos en que se le utiliza abiertamente como herramienta de lucha política el correlato es la escasez: es la condición necesaria para imponer la lógica de la sobrevivencia del más fuerte, que en este caso se expresa a través del que tiene más plata al momento para comprar o el que llega más rápido y se lleva toda la existencia en una especie de saqueo organizado. La inflación es el correlato económico del fascismo político.  

Algo similar dijimos en su momento con respecto a los dólares y el modelo de acumulación parasitario:

la especulación cambiaria es el complemento pero a su vez el norte que guía a nuestro especuladores en especial los más grandes. La modalidad más conocida es la compra de dólares regulados para importar bienes que luego son vendidos más caros tomando como referencia el mercado ilegal. Pero también está el que compra y no importa sino que comercia con los dólares y se queda con el diferencial. Sin embargo, hay otros más organizados y perversos que se sobrefacturan y acumulan en el exterior. Esto lo pueden hacer porque en realidad a la hora de importar se compran a sí mismos. Por ejemplo: alguien monta o se asocia en Panamá, Miami o España una exportadora, un comercio o negocio y luego es a ese al que le compra lo que sea que vaya a importar. Entonces, se sobrefactura, paga la parte que trae y el resto de los dólares lo deja fuera con lo cual acumula dos veces. Ahora bien, no conforme con ello, una vez que trae la mercancía al país, entonces especula contra el consumidor final sacándole tres o cuatro veces lo que en condiciones normales debería pagar.”

La diferencia entre eso que decíamos hace meses –junto a otros camaradas, entre los que destaco a José Gregorio Piña, Simón Andrés Zúñiga y los hermanos Lazo- con la situación actual es que gracias a la furia oposicionista ya no solo se puede decir sino que lo podemos ver.

Quería comentar antes de terminar dos cosas. En primer lugar no hay que alarmase por los pronósticos oposicionistas sobre 2014. Como dijo el presidente Maduro, hay que tener claros que más que pronósticos son más bien amenazas, de las cosas que están por hacer como reacción. Es probable en ese sentido que alguna empresa amenace con irse en el caso de las transnacionales o cierre si es nacional. En el primer caso, aunque nos se descarta, es bastante poco probable que tal y como está la situación mundial de crisis y caída de las ventas alguna empresa decida irse perdiendo un mercado tan dinámico como el nacional. Y en el segundo, de verdad, lo mejor que puede ocurrirle a este país es que los grandes especuladores decidan irse. Sería el equivalente a la salida de PDVSA de los meritócratas. Igual dijeron que sin ellos llegaba la noche y aquí estamos: mucho mejor que en 2002-2003. Por lo demás, en la medida en que en el caso de las importaciones las mismas se hacen con los dólares que produce la Nación a través de la exportación petrolera, sus amenazas sus meras pataletas en la medida en que ya habrá quien acuerde con el Estado para sustituirlos sino lo hace el Estado mismo en algunos rubros esenciales.

Lo segundo tiene que ver precisamente con el tema de los dólares, la sobrefacturación y la fuga de divisas. Brodios como El Mundo y Últimas Noticias andan alertando sobre la baja de las reservas y la disminución de ld sisponibilidad para el año que viene. En otra ocasión con más tiempo podremos comentar ver esto en detalle pero por los momentos en suficiente con decir que el nivel de reservas depende entre otras cosas pero especialmente de la capacidad de administración de las mismas, que es justo lo que ahora podemos hacer y optimizar gracias a lo que hemos aprendido como país las últimas dos semanas.

En este sentido, y con esto cierro, es bastante poco probable que los capitales fugados retornen por más condiciones atractivas que le pongan. En Argentina lo acaban de hacer con resultados bastante pobres. Pero lo que sí es cierto es que ese un tema que no se puede dejar pasar por alto pues hay que exponer con mayor claridad el saqueo del cual nuestro país ha sido objeto. Por razones obvias, es prácticamente imposible determinar cuánto se ha fugado del país en los últimos treinta años al menos. Según un trabajo clásico de Medina Smith, entre la década de los cincuenta y la última del siglo XX esa cifra ascendía a unos 150 mil millones de dólares, que era una estimación que entre cosas no consideraba activos (inmobiliarios por ejemplo) ni cuentas en paraísos fiscales. De todos modos, para que se tenga una idea, para 1998 el PBI nacional era de unos 98 mil millones de dólares, es decir, que un grupito de venezolanos tenía en el exterior casi el doble del PIB nacional depositado en cuentas (sin contar, como dijimos, propiedades y cuentas de paraísos fiscales).

En los actuales momentos, se ha dicho que según lo que refleja la balanza de pagos los activos venezolanos privados en el exterior ascienden a 164 mil millones de dólares. Sin embargo, esto es tan solo una estimación pues no hay manera de saberlo con certeza y, a tenor a lo antes dicho, es obvio que es mucho más. Así las cosas, hay que sumar también los intereses que toda esa plata genera. En esa medida, siendo conservadores, lo más probable es que la fuga de capitales desde 1970 hasta el día de hoy por la burguesía nacional no esté por debajo de los 300 mil millones y que sumando propiedades, intereses y lo depositado en paraísos fiscales pueda estar alrededor de los 500 mil millones de dólares, mucho más que el PIB nacional, lo que cual es un indicador no solo de su rapacidad sino también de su poder para provocar situaciones como la que estamos viviendo.

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3 Respuestas a “DAKA: la historia avanza por el lado malo.

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