La economía política del “vivir viviendo”: el debate pendiente.

¿crecimiento sano?

Manuel Sutherland, buen amigo de esta casa, acaba de publicar un artículo muy interesante sobre la economía nacional, el cual reproducimos más abajo. Como casi todas las cosas que he tenido la oportunidad de leerle, es un texto que pareciera estar deliberadamente hecho para provocar, lo cual más allá de una que otra consideración de estilo que pudiera hacérsele, resulta muy valioso en cuanto intento de sacudir la pusilanimidad y oportunismo actuales. Por lo demás, pese a ser un texto con una clara inclinación política posee una gran virtud: argumenta a partir de cifras, lo cual -por las más diversa razones que no vienen al caso mencionar aquí- no es una práctica muy común en el seno de la izquierda.

De todos modos, lo mejor del texto de Manuel es que apunta al único sitio a donde en realidad tiene importancia apuntar: al problema del modelo. Por un lado, deja entrever la brecha existente –por usar el lugar común- entre el propuesto y el realmente existente, pero además, y esto es lo más importante, cuestiona y se interroga sobre la sostenibilidad del último. Así las cosas, el debate deja de ser un torneo interminable de idas y venidas sobre la justicia redistributiva, los mecanismos de regulación o la inequidad imperial, pero devenir en una serie de preguntas claves en cuanto a los fundamentos que soportan la política económica –y sobre todo la economía política- del gobierno bolivariano.

Pero es posible –y de hecho, muy probable- que por estas mismas razones textos como este lejos de movilizar el debate genere incomodidad y molestia, pues sabido es que para algunos discutir estas cosas puede ser un acto tremendista e indisciplinado cuando no claramente quintacolumnista. Sin embargo, todos aquellos que automáticamente sospechan del debate por ser factor de divisiones o conducir al fracaso de los procesos revolucionarios, lo primero que deberían tener presente es que, como finalmente termina ocurriendo con todas las realidades de la vida, la realidad del debate y las definiciones se presenta quiera uno o no, por lo que la única cuestión seria a considerar es si uno está preparado para asumirlo o no lo está. Por otra parte, es gracioso, pero hasta donde mi conocimiento alcanza, no existe ningún caso registrado de algún proceso revolucionario que haya fracasado, sido derrotado o invadido por alguna superpotencia dado el hecho de haberse puesto a discutir mucho. De hecho, como todo el mundo sabe, la regla ha sido la contraria: los procesos revolucionarios que han fracasado o degeneran lo han sido por no haber tomado a tiempo las decisiones y correctivos que había que tomar, cosa que suele ser precedida por un cierre generalizado de toda oportunidad de debatir las cuestiones fundamentales. Y en cuanto al tema de las invasiones imperialista, está visto que esta es una situación de práctica consumada, por lo que igual lo único que cuenta es estar o no preparados.

Pese a que Manuel no lo menciona en su texto –aunque se pueda intuir del mismo- lo otro que habría que decir es que en la actualidad nos encontramos en un punto donde el viejo modelo rentista está dando todo lo que puede dar de sí mismo luego de su agotamiento que ya lleva tres décadas. El caso es que dicho modelo irremediablemente terminará por colapsar, por lo que el tema de fondo es cuál lo reemplazará. Existen múltiples posibilidades al respecto. Existe por ejemplo aquella que pudiéramos llamar rentismos recargado que, como su nombre lo indica, sería una suerte de modelo de viejo donde el extractivismo mineral se intensifica al igual que la importación de todos los consumibles, dado el aumento del flujo rentístico y del poder adquisitivo posibilitado por el mismo amén de todos los imperativos políticos que hacen de la demanda constante y creciente el quid de nuestra política. Al igual que ocurre con el rentismo de viejo cuño, por definición, este modelo debe estar sujeto a algún puerto internacional de salida (pongamos que hablamos de China) y a varios para las entradas, por lo cual poco importa que se cambie el color de los ejes si la dinámica dependiente y vulnerable sigue siendo la misma. Sería material para otro día sin embargo, dar cuenta en de la futilidad y sobre todo los peligros de este modelo, que en cierto modo serían los mismos del rentismo clásico pero también recargados, más algunas cuestiones que tienen que ver ya con la división internacional del trabajo y los procesos de valorización del capital global actuales.

Otra posibilidad de remplazo tiene la forma también de un retorno potenciado, que pudiéramos llamar para efectos prácticos de neoliberalismo 2.0. Aquí juega un papel importante el tema de la inflación, pues para cualquiera que lea por ejemplo El Universal y El Mundo resultará evidente que en la lectura monetarista de la misma que elabora la derecha se encuentran las bases para un ajuste en clave neoliberal (disciplina fiscal, ajuste presupuestario, reducción del gasto público, privatizaciones, etc.). No obstante, más allá de lo que haga la derecha –que, dicho sea de paso, solo se comporta y actúa en base a su naturaleza- lo peligroso es cómo esta visión puede terminar permeando la política económica del gobierno, en la medida que se siga considerando a la inflación como el principal problema económico del país y no como lo que simplemente es: síntoma de descomposiciones más profundas. Todo lo cual, nuevamente, nos lleva al tema de la importancia de la discusión.

Otra posibilidad es desde luego la conformación de un nuevo aparato productivo, lo cual no necesariamente se contradice con las anteriores y además puede hacerse tanto desde derecha como de izquierda, lo que de cierto modo explica el consenso casi generalizado en cuanto a esta salida. Dadas las condiciones de nuestro país, está visto que la forma casi obligada de hacer esto es a través de una aprovechamiento no-rentístico de la renta, siendo esto lo que la mayoría llama la siembra petrolera. Según esta hipótesis, si invertimos el excedente petrolero en diversificar la producción saldremos del círculo vicioso de la dinámica rentística (exportamos para importar, importamos porque exportamos, importamos porque no producimos, no producimos porque importamos…). Lo que no está claro para la mayoría, sin embargo, es bajo que cuotas de sacrificio puede darse esta salida, entre otras cosas porque implica la transformación de nuestros hábitos de consumo, los cuales son la sustancia de nuestro contrato social y garantía de estabilidad política, tal y como lo pone en evidencia el tema del ahorro energético. Pero más allá de este asunto, la cuestión es saber si dicha siembra puede darse invirtiendo en el aparato productivo pero conservando prácticamente intactas las relaciones de producción que emanan del mismo.

Esto último –ya para concluir y dar paso al texto de Manuel- nos lleva al tema de la salida socialista, lo que sea que esto signifique. En mi opinión particular la única salida socialista que vale la pena es la comunista, entendiendo lo común como lo que es común a todos y todas, que no es lo mismo que propiedad estatal y es algo mucho más allá de lo comunal, así se encuentre allí algunos elementos que puedan darle pie (así como otros que no) y tampoco –y muchísimo menos- es un mero acto de fortalecimiento del poder adquisitivo de los más pobres. Quedará para otro día las consideraciones con respecto a esto, pero digamos por lo pronto que todo comunismo real por lo demás es internacionalista, o más exactamente planetario, en el entendido último que lo más común que tenemos es la tierra y el intelecto generalizado. Por lo demás y para aclarar el tema del consumo, el comunismo no significa como muchos pretenden una suerte de idealización de la pobreza y la carencia, lo cual es un tópico más bien cristiano que en nada tiene que ver. El comunismo es más bien lo contrario, liberar las fuerza productivas coaptadas y subsumidas por la propiedad privada y sus relaciones de explotación, de alguna manera, el comunismo es el único libre comercio que existe.

Para otra entrega me centraré un poco más específicamente en los temas concretos que plantea Manuel. Tal vez está demás esta larga e improvisada introducción, pero creí importante hacerla si coadyuva en algo a poner las cosas sobre su curso.

La economía venezolana o cómo la burguesía hurta la renta petrolera y es dueña del 71% del PIB

*Manuel Sutherland


A chavistas, antichavistas y a algunos “socialistas” ingenuos, les parece increíble que la economía venezolana esté aún en manos de la burguesía local y sus congéneres internacionales. Pero es así. De allí surge una interrogante: ¿Puede ser el Estado, económicamente hablando, más pequeño que antes, aún cuando se hayan nacionalizado algunos grandes sectores?

Las cifras que demuestran la pequeñez económica del Estado.

La realidad es difícil de entender. Lo más lógico es pensar que la hipertrofia burocrática del Estado, lleva aparejada un crecimiento de los medios de producción en manos estatales. Ver las nacionalizaciones de empresas de comunicación, siderúrgicas, finanzas, cemento etc. invita a pensar que el Estado venezolano es dueño de casi toda la economía. La falaz oposición nucleada en la mísera MUD, no cesa de afirmar que el chavismo ha ahogado a la empresa privada y que ésta se diluye o al menos pierde poder. El mismo Presidente Chávez refuerza esa errónea imagen de Estado empresario, cada vez que aparece en televisión “amenazando” con la posibilidad de realizar expropiaciones a la propiedad de la rancia burguesía criolla (el ejemplo más notorio fue la llamada en vivo y directo al presidente del Banco Provincial). O cuando el Presidente argumenta que las anodinas joyerías del centro deben ser “expropiadas”. Todo ello, hace creer lo que dice la mendaz oposición derechista: “el Estado es dueño de toda la economía”.

El socialismo científico debe atravesar la apariencia y erigirse por encima del inútil sentido común mercantil, que nada explica y todo distorsiona. En esa tarea y para el campo que nos atañe en el escrito, es imprescindible examinar con cierto detalle la responsabilidad en la producción de lo que cada sector hace en la economía: la burguesía local (Ej.: POLAR) más los fragmentos de capital transnacional (Ej.: coca cola) versus la producción estatal (Ej.: Sidor). Así las cosas, dentro de la totalidad de la producción de bienes y servicios realizados a lo interno del país (PIB) podemos ver en las cuentas nacionales, una distinción ente el PIB privado y el PIB público es decir, estatal. Mediante dicha diferenciación podríamos acercarnos a entender el peso real de cada sector en la economía local.

Desde esta sucinta explicación, podemos utilizar para nuestro análisis la data oficial del año 2010, en la que se demuestra que el PIB correspondiente al Estado, sólo alcanza un escuálido 29%, quedando el resto de la producción de bienes y servicios, como responsabilidad de nuestra importadora burguesía local, es decir el 71%. Lo que significa que a 11 años de proceso bolivariano, la economía mantiene su carácter eminentemente privado y los sectores empresariales siguen tomando la mayor tajada en el festín de la explotación a la clase obrera venezolana y extranjera que labora en nuestro territorio. Esta tendencia infeliz del PIB es generalmente tomada como “positiva” por el ingeniero eléctrico Jorge Giordani, ministro de Finanzas y Planificación, porque expresa una supuesta menor dependencia del petróleo(¡)

Pero, ¿se puede decir que hay un proceso de reversión de ese PIB mayoritariamente privado, en favor del PIB estatal? No. De nuevo, lo que nos muestra el gráfico que a continuación les mostramos, es que incluso en el año de 1999, el porcentaje correspondiente al PIB público era ligeramente más alto que en la actualidad (32%). La economía en manos directas de la burguesía, basada en la acumulación privada de capital sobre la base de la explotación obrera, ha venido creciendo más rápido que la economía estatal. Otro asunto notable, pero a la vez muy coherente con el funcionar capitalista, se deduce del hecho de que en los años de mayor crecimiento económico o “prosperidad” burguesa, el PIB público suele achicarse.

Gráfico 1

Ojo, muy a diferencia de lo que sostiene frecuentemente el economista Víctor Álvarez, nosotros no consideramos que haya un crecimiento de la economía capitalista en detrimento de una economía “social”, pública o “no capitalista”. Para nada. La economía venezolana como parte integrante del proceso mundial de acumulación de capital, es una economía por entero capitalista. Venezuela como alícuota diminuta del capital mundial, refleja en su seno la organización social del trabajo bajo la estructuración propia del modo de producción capitalista. Es decir, el trabajo social en nuestro territorio se hace de manera privada, independiente y con la direccionalidad manifiesta hacia la producción de mercancías, es decir, valores de cambio. Esos valores son producidos mediante la explotación del trabajo obrero, lo que sustenta el proceso de acumulación de capital a base de la extracción de plusvalía. Por ello, estamos en absoluto desacuerdo en contraponer ideológicamente a un sector capitalista versus un sector estatal popular, bienhechor o cuasi-capitalista.


¿Por qué el 71% de la economía criolla está en manos de la burguesía? 

Aunque a algunos les parezca “insólito”, la burguesía ha ampliado su poder económico, es decir, ha acumulado más capital; por ende es fácil advertir que la explotación sufrida por el proletariado se ha incrementado y que los resortes de la economía están en manos de los chuscos explotadores. En base a lo anterior y en otras experticias, podemos afirmar, que las tímidas reformas económicas del proceso bolivariano han tenido un efecto magro en cuanto a hacer crecer el sector estatal en la economía.

Pero de allí surge una pregunta sencilla. ¿Si PDVSA genera el 96% de todos los dólares que entran a la economía y esos dólares son los que permiten importar más del 75% de nuestro consumo nacional, cómo el porcentaje del PIB en manos de la burguesía puede ser tan alto?

¿Por qué la burguesía importadora crece a tales magnitudes?

A 11 años de proceso bolivariano, la burguesía se ha hecho más grande y ha consolidado su papel explotador. ¿Pero cómo funciona el mecanismo que permite a la burguesía local filtrar la renta petrolera y hacer crecer sus fortunas de manera sostenida?

Empecemos por aclarar algunas generalidades del proceso de acumulación capitalista en Venezuela. Lo más importante en este caso, es advertir las bajas tasas de productividad del trabajo en la economía venezolana. Altos salarios (en comparación con el sudeste asiático), un mercado pequeño (baja escala), obsolescencia tecnológica, ser víctimas de la acumulación originaria y el atraso científico propio de la especificidad de la acumulación capitalista en el país, son los causantes de la baja productividad industrial y de la falta de competitividad internacional en la generalidad de las mercancías. Muy lejos de los monetaristas que creen que devaluando la moneda vamos a dar un salto en la competitividad mundial (ya nombramos quien lo afirmó en TV), las características estructurales de nuestra nación, impiden el desarrollo de industrias que exporten tecnología y productos manufacturados.

La sobrevaluación, o sea, mantener el precio del dólar en bolívares un poco más alto que lo que indicaría el nivel de transacciones de divisas en el mercado, es uno de los mecanismos que drenan toneladas de renta. Otra forma de dilapidar renta es el conjunto de subvenciones, préstamos y ayudas comerciales a la burguesía industrial y a los pequeños productores que otorga el Estado. Sueldos muy altos a burócratas, transferencias asistencialistas con intenciones clientelares, contratos de servicios o construcción con elevados sobreprecios, son otras de las vías como la renta petrolera se distribuye en el país.

Sabiendo cómo se emplean los recursos en el país, la burguesía local se afana en buscar con toda fuerza, la forma en la cual pueda apropiarse con la mayor rapidez y fluidez del producto de la renta petrolera. Por ello y entendiendo que no tienen los atributos estructurales para competir en el mercado mundial, la burguesía local se apaña en el comercio. Así, Venezuela y sobretodo Caracas, se llena de centros comerciales, finanzas y bazares donde lo que se expende es abrumadoramente importado. El empresario criollo es mayoritariamente importador por las razones estructurales que arriba sostenemos, no por una absurda y racista creencia de que el empresario criollo es “perezoso” o que no tiene “visión empresarial”.

Empresas como POLAR, cuyo producto mayoritario es la cerveza, constituye una excepción debido a que los costos de producción, distribución y expendio que representaría importar masivamente la cerveza, son muchos más altos que los que puede poseer un capital altamente concentrado y eficiente en esa rama. De más está decir, que los componentes de la cerveza son también importados…cebada, lúpulo.

¿Cómo se anidan las importaciones masivas o cómo la burguesía se enriquece –tan- fácilmente?

Por lo visto anteriormente, la vía expedita para que nuestros empresarios hagan fortuna, implica la importación de mercancías baratas y su venta en el mercado local a los más altos precios posibles, de acuerdo a lo que la competencia le permita.

El control de cambio ha venido a ser un impulso tremendo para concentrar la importación en pocas manos, apropiarse de dólares baratos, vivir de la especulación comercial y de la reventa de divisas en el mercado paralelo, donde la burguesía realiza ganancias fabulosas.

La sobrevaluación del bolívar es una herramienta que permite al empresariado local, la absorción de renta y toda clase de negocios parasitarios muy lucrativos. El control de cambio (muy necesario en el 2003) es una bendición para la burguesía importadora consolidada que tiene el músculo para importar en gran escala. Como los dólares son mayoritariamente entregados a esa élite burguesa, ellos se pueden permitir comprar un DVD a 30 dólares y revenderlo a 387 Bs. Guardando para sí, una modesta ganancia de 200%. La camioneta Grand Cherokee (año 2011), en su versión estándar, cuesta 33.000 dólares (141 mil bolívares) en EEUU (http://www.jeep.com/en/2011/grand_cherokee/). En este paraíso especulativo, el concesionario oficial de la Chrysler vende la misma camioneta en 555.598 bolívares (http://www.jeep.com.ve/grand_cherokee/models/precios_gd_cherokee.html).

A simple vista se observa que la camioneta se vende 4 veces más cara en Venezuela que en EEUU. El empresario que pidió sus dólares CADIVI, invirtió 141 mil bolívares y la vendió en 555, “obtiene,” sin agregar ningún tipo de valor adicional, un “modesto” margen de ganancia que roza el 300%, es decir, se “ganó” en esa transacción unos 414 mil bolívares por una ramplona operación de compra-venta. Esa transacción se computa en el PIB y esos 33 mil dólares, “crecieron” hasta su equivalente de 120 mil dólares. Por ello, el PIBno petrolero se muestra mucho más alto que el petrolero. Si argumentan que importan con dólares del mercado paralelo, es más grave el asunto, porque los miles de millones que aporta CADIVI y más recientemente el SITME, si aparecen en los balances contables del país y tienen que haber sido entregados a “alguien”.

Tan grande son los márgenes de beneficio en la importación, que hay personas que viajan con poquísimos dólares y al comprar algunas mercancías en el extranjero y revenderlas acá, cubren fácilmente el costo del boleto, el hotel y su ganancia.

De esta forma tan rústica e improductiva, la burguesía sambilera se embolsilla gracias a nuestro petróleo (y al control de cambio) miles de millones de bolívares sin producir ninguna mercancía, a fuerza de especulación pura y dura. Ojo ni siquiera hablamos de los multimillonarios negocios de compra y venta de dólares en el mercado paralelo.

Obviamente, como marxistas, no estamos a favor de desmontar el control de cambio y dejar al dólar flotar en el mar de la especulación. No. Nosotros planteamos la construcción de una CENTRAL DE IMPORTACIONES (tema que trataremos en otro escrito) como medida estratégica transicional que permitiría detener la hemorragia especulativa y organizar productivamente la importación.

¿De dónde salen todos los dólares para que la burguesía especule y se haga millonaria?

Si nuestra burguesía local (venezolanos y extranjeros dueños de medios de producción y expropiadores de plusvalía en el territorio nacional) no produce casi nada y no exporta casi nada, ¿De dónde saca los dólares? Fácil, del petróleo. PDVSA y las expoliadoras empresas mixtas, son las que generan el 96% de las divisas que al país ingresan. Por todo eso, las actividades de servicios, comercio, finanzas, comunicaciones etc. como vías de apropiación de la riqueza petrolera, poseen valores muy altos en el PIB y estos rubros, engrosan el PIB privado del que tanto hablamos.

En el gráfico a continuación, se muestra (en rojo) el grotesco nivel de las importaciones de bienes y servicios del empresariado, en contraste con las exportaciones privadas no petroleras (en azul). En el clímax de esta desproporción, vemos que la burguesía en el 2008 importó (sola-solita) mercancías por un valor de más de 45 mil millones de dólares estadounidenses y apenas exportó 5 mil millones de dólares (cifra que bajó a la mísera suma de 1.800 millones de dólares para el año 2010). Es decir la burguesía importa 9 veces más de lo que exporta. De hecho de esa mísera exportación no petrolera, más del 80 % consta de minerales extraídos con bajo procesamiento. El parasitismo burgués consiste en importar barato y revender a lo máximo que se pueda.

Gráfico 2

¿Puede aguantar la economía este locuaz ritmo importador rentista? El rol de la crítica.


El gráfico y otras pruebas más, evidencian que la economía sigue hundida en la fosa que el modo de producción capitalista impone: improductividad, monoexportación e ineficiencia. Por ello, Venezuela y los operadores políticos chavistas, se enfrentan a los mismos problemas económicos y sociales que atormentan a las economías capitalistas, cuya centralidad estriba en la renta de la tierra enfocada en el área mineral. Al enfrentarse a estas variables, ellos se ven obligados a ocultar que siguen administrando el Estado capitalista y contribuyendo a la acumulación social del capital. Por tanto, ya no es el funcionamiento estructural del capital y sus consecuentes crisis, los culpables de los problemas económico-sociales que nos afectan. No, ahora el culpable de la situación negativa, es el empresario, la especulación o la corrupción; aunque las anteriores son sólo consecuencias, formas concretas en las que se evidencian las miserias económicas que sufre el proletariado en cada espacio donde el capital se reproduce.

Aunque la realidad se les cae a pedazos y les abofetea, la élite de la burocracia expresa su anticomunismo, su tenaz cobardía y hostiga con las estupideces de siempre al pensamiento crítico, generalmente arguyen idioteces como: “no digas la verdad, es mejor que la derecha no lo sepa”, “no hagas esa crítica la derecha la puede usar contra nosotros (los corruptos)”, “estamos en elecciones, es necesario (mentirle) ocultarle esas cosas al pueblo”, “no hagamos críticas, para eso está la derecha que critica mucho, nuestro papel es seguir (adulando y robando) defendiendo nuestros (privilegios y prebendas) honores patrióticos”.

La crítica revolucionaria es el camino de la inmensa base honesta del PSUV y de los trabajadores estatales que trabajan con denuedo y se esfuerzan por mejorar la situación del país. El chavismo honesto debe confrontar a las direcciones reformistas y alzar la voz contra los atropellos preñados de peculado. La única forma de que las cosas avancen y sean realmente revolucionarias, es que haya una profunda revisión crítica de lo que sucede y a partir de allí plantear un cambio drástico en la situación actual.

Para grandes problemas, grandes soluciones. Debatir, criticar, organizar y actuar en pro de solucionar los desmanes propios del capitalismo es la labor principal a impulsar.

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