Supuestos, problemas y costos de la ley de costos (I).

Las reacciones generadas en el sector privado por la ley de “costos y precios justos”, así como la no existencia de razones de peso para que sea opaca la dinámica de formación de precios siendo como es el intercambio de bienes y servicios un hecho por definición social, no deberían generar confusiones con respecto al carácter de la misma. En cuanto a las primeras, inmediatamente éstas derivan de aquello que un profesor llamaba instinto de clases más que de una conciencia propiamente tal, es decir, son más resultado del escozor que en dichos sector genera de entrada cualquiera cosa que le huela a regulación o coerción a la “libre iniciativa” que de una conclusión derivada de un estudio medianamente riguroso del impacto de la ley. Por otra parte, y en estrecha relación con lo anterior, también influye el conocido reflejo opositor ante cualquier acción del gobierno independientemente de la que ésta sea, algo que, valga decir, en la medida en que se acercan las fechas electorales arrecia de hecho al mismo ritmo como se inflan los precios.

En cuanto a lo segundo, lo de hacer transparente la formación de precios, ya deberíamos estar persuadidos de que es el primitivismo con el cual funciona el capitalismo venezolano más que lo radical de las medidas que se toman para adecentarlo lo que hace que estas últimas parezcan ultrarrevolucionarias. En cualquier país del mundo más o menos serio todas esas cosas que dice la ley combatir (los monopolios, los monopsonios, la cartelización, la especulación, etc.,) son regulados e incluso sancionados, tal y como ocurre con los latifundios que es algo que no se concibe como normal desde el punto de vista capitalista en cualquiera de esos países que los liberales nativos suelen tomar como tipo ideal.

No sería la primera vez de todas maneras que medidas que no necesariamente van en contra del “espíritu capitalista” sean mal recibidas por los paladines de esto último. Sabido es por ejemplo que los  mismos que saltan de primeros a la hora de criticar la emisión de bonos de deuda pública por “comprometer el futuro del país”, son también los primeros que acuden -lo estamos viendo- a los mercados a la hora de comprarlos. Las regulaciones en materia de medios, por citar otro ejemplo público y notorio, han hecho de este sector y del mundo artístico privado uno de los más pujantes de los últimos tiempos, independientemente de lo que digan todos los días artistas, dueños de medios y locutores de radio. Y seguramente, pese a todas las quejas, pocos como los médicos y dueños de clínicas han sido tan beneficiados en la última década dada las enormes transferencias del sector público al privado por concepto de HCM y demás coberturas de vida y salud, por no hablar de los dueños de franquicias de alimentos y farmacias que puede que no les guste tener que pagarle cesta ticket a todos sus trabajadores, pero que en el fondo saben que todo lo que deban sacrificar por la vía de costos laborales gracias a este concepto lo recuperan con creces por la vía del aumento del consumo.

Ya en cualquier caso, una vez hecho público el contenido de la ley, comenzadas las reuniones y a partir también de las aclaratorias de ministro y el propio vicepresidente, cada vez está más claro que no todos los empresarios y comerciantes ven con los mismos ojos ni temen a la ley. Es normal por ejemplo que FEDECAMARAS y CONSECOMERCIO sigan en sus treces con respecto a sus efectos “catastróficos”, algo que no sólo se explica por las razones antes aludidas sino también porque en torno a dichas federaciones se reúnen los más conspicuos e históricos intereses ligados a la importación. No obstante, lo cierto es que quien quiera que haya seguido la prensa durante estos días podrá notar que del estupor inicial y alarmismo el discurso empresarial se ha ido deslizando hacia una todavía tímida pero cada vez más entusiasta expectativa, lo que no quiere decir por su puesto que cesen las amenazas y el ritornelo fatalista (lo cual por lo demás forma parte de las estrategias de negociación) pero es un cambio de actitud que no puede ignorarse y estaría mal pasar por alto.

Desde la acera contraria, y dicho sea de pasada puesto que no es el tema que nos importa acá, ya hay quien ha alertado sobre la poca “radicalidad” de la ley así como su carácter “poco socialista”. Con respecto a esto último, si lo nominal es un indicador fiable (que nunca lo es) la palabra socialismo en efecto y hasta donde recuerdo aparece en una sola ocasión, luego de la exposición de motivos y antes de la definición del objeto y más para hacer mención al marco general de las facultades habilitadas del presidente que al decreto propiamente tal. En cuanto a la poca radicalidad, destacan las declaraciones del exministro Samán, quien hizo mención a una supuesta liviandad del decreto en lo referido a las multas y cierres de establecimientos (dijo que él hubiese sido más severo) para todo lo cual habría que discutir primero si cierres y multas más estrictas son en verdad señales de radicalismo, o más bien forman parte de un ejercicio efectista ante la imposibilidad de ir a la raíz de los problemas, que es en última instancia el único sentido y valor real que tiene el vocablo “radical”.

Así las cosas, volviendo a lo que nos ocupa, tal vez la única manera de abordar el tema sin encerrarse en el sino del debate nacional, sea reparando en los posibles efectos reales de la ley más que en sus propósitos o motivaciones originales. Ciertamente, no puede hablarse en lo segundo obviando lo primero, pero también es cierto que puede ocurrir (y de hecho es lo más común) que los efectos no se correspondan con los propósitos, al menos no con los manifiestos. Esto implica entre otras cosas hacer abstracción de todas las buenas intenciones que hayan sido puestas en su elaboración e incluso la necesidad obvia de enfrentar el tema de los precios, para situarnos en un plano donde lo que es importante –y determinante- es el movimiento real de las cosa y no lo que creemos que tal cosa es.

Como quiera que esto resulte, lo cierto es que la  ley es una hermosa ocasión para debatir no sólo sobre la economía nacional o la política económica del gobierno, sino sobre el capitalismo en términos generales (el global planetario, el único que existe, más allá de sus colores locales) y particularmente sobre sus alternativas, asumiendo para todos los casos que en el fondo, como acabamos de decir, es esta una discusión en la cual hay que contrastar supuestos contra realidades, algo que por lo demás solo se puede hacer sobre la marcha de los acontecimientos.

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3 Respuestas a “Supuestos, problemas y costos de la ley de costos (I).

  1. Hola que tal?
    Es evidente el escozor que debe generar en los factores capitalistas y sus acólitos la sola ley, aunque es probable que no la hayan leído.
    También es probable que otros la tilden de poco radical y que haya leyes similares en otros países….
    Pero quienes leímos este escrito, estuvimos buscando en efecto ?qué dice la ley? cuales son sus aristas más significativas y sus consecuencias políticas y económicas, y eso no aparece en el texto.
    Tampoco aparece una crítica al intento de como tu dices: “adecentar” al capitalismo ni criticas a las utopías de regular al capital.
    Tampoco observé ningún cuestionamiento a la nula participación social y partidaria en la hechura de la ley ni leí en tu escrito ninguna observación relacionada a la imposibilidad real de poder controlar las estructuras de costos de las miles de fábricas, empresas e importadoras que pululan en el país.
    Tampoco vi alguna pregunta de vinculada a la adialéctica consideración de que los costos son una variable fija, estática que se puede fotografiar y reproducir en el tiempo….los costos son dinámicos, y más en economías inflacionarias como las nuestras.
    El asunto a mi juicio radica en la producción, no en la distribución, la ley ataca la superficie, no llega sino al anaquel…..es regulacionismo burgués.
    Saludos Fraternales
    Manuel Sutherland

  2. Hola manuel q tal buenas noches. Si, tienes toda la razón, pero justo por eso es la primera parte, este fin me dedico al resto de cosas, al tema en sí.

    Que estés bien

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