No es el Producto Interno… Bruto.

La publicación a mediados de semana de las cifras sobre crecimiento del PIB puso nuevamente en evidencia que, en el fondo, el tema económico es un problema político. Ante la evidencia, la oposición apresura explicaciones o hace llamados a un análisis racional que se extraña cuando las cifras marcan en rojo (en sentido matemático, valga aclarar), mientras que el gobierno celebra la salida de la recesión, decreta la buena salud de la economía y vislumbra óptimos escenarios. Sin embargo, la cuestión pasa por saber si esta es toda la discusión. Y en especial, si  el chavismo, reaccionando automáticamente a la automática reacción oposicionista, no dejan escapar la oportunidad de hacer análisis más profundos, tanto en vista de sus propios planes (la construcción de un “modelo productivo socialista”), de la economía realmente existente en el país y la coyuntura internacional.

Desde luego, todos deberíamos alegrarnos por el crecimiento del PIB, más aún, si “la base fundamental de este crecimiento económico es la política social incluyente”; y hasta puede ser cierto –aunque es mucho más difícil- que contra todos los pronósticos se siga una tendencia que supere el 2% anual proyectado. Pero para que esa alegría no sea de tísico sería bueno saber cuáles son los fundamentos –y las implicaciones- de dicho crecimiento, y todavía más, en base a qué modelo debemos plantearlo (preguntarse por ejemplo a dónde van a parar los salarios de los trabajadores una vez que se transforman en poder adquisitivo, y como consecuencia, en ganancia comercial)

La misma discusión debe darse al respecto a la política salarial ampliada (el salario social), la inflación, la especulación, la seguridad social y el empleo, sobre todo ahora que se piensa una misión para esto último. Si no, se corre el riesgo de tomar síntomas por enfermedades, pero más grave es profundizar un modelo rentista que pareciera solo prolongar su colapso definitivo gracias a la misma volatilidad que lo estrangula. Toda la buena intención y la justicia que pudiera estar puesta en la repartición social de la renta no es garantía de viabilidad y mucho menos de socialismo, ni el encono oposicionista ni su demagogia neoliberal tardía excusas los suficientemente fuertes como para no retomar el debate.

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