Carta a un amigo tunecino. Toni Negri.

Querido A.,

De verdad- cuando, hace veinte años, eras mi alumno en Paris 8 – no habríamos podido imaginar que la revolución tunecina habría tenido tales características y que habría planteado problemas constitucionales análogos a los de un vuelco social y político en centro Europa. Entonces estudiábamos juntos la expulsión de la clase obrera de las minas de fosfatos en el sur de Túnez, causante de grandes oleadas de migración interna y externa, así como el lento proceso de transformación que las deslocalizaciones de los sectores textiles europeos determinaban en tu país. Tu a duras penas me mostrabas las potencialidades productivas de tu país, mas allá, justamente, de la actividad textil o de la industria del turismo o de los servicios del gas y del petróleo (que solo mas tarde alcanzaron una cierta expansión). Todo ha ido terriblemente deprisa.

Hace veinte años balbuceábamos sobre globalización y hoy está ya, hasta el punto de que Túnez se ha convertido en una provincia de Europa y, con ella, del mundo. Hace veinte años apenas percibíamos la transformación del trabajo de industrial a inmaterial/cognitivo y hoy día Túnez conoce una sobreabundancia de ésta última figura de fuerza-trabajo. Y todavía, después de veinte años, nos encontramos con las terribles transformaciones que el neoliberalismo ha impuesto sobre los y encima de los cambios de la figura del mercado y de la naturaleza de la fuerza-trabajo: el fin del sistema salarial clásico, y con él un mortífero desempleo de masa y una insostenible precariedad – el 35% de la población joven es fuerza-trabajo cognitiva pero solo el 10% trabaja; además, en Túnez, se han desencadenado y acumulado destrucciones de las primicias del Estado de Bienestar, desigualdades regionales feroces, efectos desastrosos de los procesos migratorios (tanto de los que se consiguieron llevar a cabo como de los que fueron interrumpidos), bloqueo de las inversiones del exterior, etc. En fin, estos últimos veinte años nos han regalado la consolidación de una dictadura mafiosa, una corrupción incontenible y un sistema represivo astuto y cruel (astuto para seguir y legitimarse basándose en los miedos occidentales de una amenaza islamista, cruel porque fue sencilla y claramente dominio de clase, explotación y opresión de potentados corruptos contra los trabajadores y la gente honesta).

¿Qué se hace, me preguntas, ahora que el conocimiento de la explotación se ha alzado y el deseo de libertad se ha rebelado y vencido? La insurrección ha creado nuevas fuerzas: ¿cómo usarlas, cómo moverlas contra los viejos enemigos y contra los nuevos que aparecerán? Querido profesor, escribes, ¿recuerdas cuando ironizábamos sobre los iluministas que participaban en concursos con proyectos sobre las nuevas Constituciones de Córcega o de Polonia o de Carolina? Por qué entonces no discutimos (esta vez sin reír) sobre los contenidos de una nueva Constitución para Túnez – no tanto porque aquí no haya quien no sea capaz de hacerlo bien ( empapado por las solitarias reflexiones de la conspiración, de la cultura política global, que aquí aún así circulan – cierto, más que en Italia – y de la angustia de las revueltas y de la alegría por la victoria) – ¡más bien porque hablar de Túnez, de los nuevos derechos a construir, de las garantías por definir, es hoy día hablar también de Europa, si acaso alguna de sus regiones se librase de los actuales déspotas!

Amigo mío, compañero A., no me has convencido – esa ironía que tu juzgas como innecesaria es para mí una costumbre, estoy convencido de que nadie puede reemplazar lo que los protagonistas hacen y proponen. Es verdad eso sí que tu problema es ahora general, que una nueva constitución de la libertad no es solo un problema tunecino sino un problema de todos los hombres libres. Te pongo por lo tanto alguna reflexión, con el fin de abrir una discusión, un fórum en el que muchos pueden participar. Para comenzar insisto sobre algún punto, que a mí me parece más importante que otros, para cualificar que es lo que puede ser hoy día una verdadera democracia – es decir, una “democracia absoluta” hacia la que ya entonces, hace veinte años, aspirábamos.

1) A los viejos poderes (legislativo, ejecutivo, judicial), que es necesario sean purgados y restaurados con vigor bajo un continuo y mayor control del poder legislativo, hay que unir por lo menos otras dos agencias del gobierno democrático, una que actúe en el “sector mediático” y otra que actúe sobre los “bancos” y sobre las “finanzas”.

En primer lugar, por lo tanto, no es ya posible imaginar un régimen democrático que no tenga la posibilidad de obligar a la información, a la comunicación y a la construcción de la opinión pública a respetar la verdad, la libertad y el conjunto de la multitud. La importancia extrema que han tenido las iniciativas en internet durante la insurrección va salvaguardada como una continua posibilidad de ejercicio. Esas prácticas hay que sacarlas de la excepcionalidad y traducirlas en un ejercicio de control democrático continuo. Pero no es suficiente: los viejos media van también llevados a un control social que libere su actividad de los bloqueos que el ejecutivo y las partes políticas podrían imponerles.

Ahora, hay un solo modo para afirmar esta figura democrática: el derecho de expresión va liberado del poder del dinero. La pluralidad de la información no puede representar la vía para su capitalización sino que va garantizada por la soberanía popular con el fin de multiplicar la discusión, el debate de opiniones, las decisiones. El derecho de expresión no va garantizado tan sólo a título individual sino también dirigido a un ejercicio colectivo, excluyendo cualquier demanda capitalista de aprovechamiento y de cualquier intentona de someterlo. El derecho de expresión va afirmado como una potencia constituyente, abierta a la legitimación de lo común.

2) Los “bancos”, las “finanzas”, se han convertido durante el desarrollo del capitalismo en un poder aparte, controlado por élites industriales y políticas. En el neoliberalismo también ese control ha terminado y las finanzas se han hecho completamente independientes, fundando en el nivel global la legitimación de sus actuaciones. En Túnez, como tu decías, en el pasaje a la democracia se pone en juego también un avance de las formas de control capitalista sobre la vida civil. El capital financiero se está ya presentando de manera más agresiva y, en cuanto a la comunicación, mientras la censura está definitivamente desapareciendo, nuevas formas de control se están ya mostrando.

El problema por lo tanto es el de bloquear este proceso, el de transformar los bancos en un servicio público, de modo que la locación de fondos financieros y la elaboración de políticas de inversión sean decididas comúnmente. Los instrumentos de las finanzas van puestos al servicio de la multitud. Está claro que esto implica la construcción de poderes democráticos de programación financiera, coordinados con la actividad legislativa y ejecutiva, y por lo tanto poderes monetarios arrancados de esa independencia de pastiche e hipócrita del Banco central – que lo hacían un instrumento del capital global. Este es un camino difícil de recorrer. Nos encontramos no solo a los banqueros nacionales sino a los interese globales del capital. Pero es un camino que va recorrido con gran decisión – con cautela pero con decisión. ¡Así, de hecho, se coloca una primera piedra de un alzamiento global contra el neoliberalismo y el capitalismo financiero, un alzamiento sea aún inmaduro!

El New York Times se ha dado cuenta inmediatamente: “one small revolution”, como la tunecina, puede inflamar no solo el Maghreb sino el mundo árabe. Con lo que es necesario tener en mente, en su tratamiento, que un autócrata puede dar concesiones (al pueblo, pero sobre todo a los bancos y a las empresas multinacionales) más fácilmente de cuantas pueda dar un líder democrático pero débil – cómo el que al final elegirán los tunecinos. Esa es la previsión americana. Esta es, en consecuencia, nuestra hipótesis: no es posible hoy imaginar una revolución democrática que no actúe, antes de cualquier otra operación, una nacionalización de los bancos, una reapropiación de las rentas, a las que hacer seguir poco a poco la instauración de figuras de derecho común. Solamente así la potencia de la multitud puede constituirse. El objetivo al que se dirige esta agencia financiera, democráticamente gestionada, es el de garantizar el Bienestar de la población tunecina, contra la precariedad, estableciendo una renta garantizada, la posibilidad de una educación completa y una asistencia sanitara adecuada a cada ciudadano.

Hoy no hay libertad que no se base en lo común. No es de extrañar que la dictadura haya privatizado todo aquello que podía ser privatizado en Túnez – así que hay que reapropiárselo. Querido A., solo sobre lo común y sobre la gestión común puede basarse el futuro de vuestra generación y de vuestros hijos. Claro, el desastre que heredáis no se borra de una sola vez – cuando las nieblas que siguen a la insurrección se aclaren, habrá prioridades entorno a las que centrarse y decidir. Pero el dispositivo de un gobierno constituyente no puede más que mirar hacia lo común. No dejéis la propuesta de lo común (esta es también tu preocupación, compañero A.) a los islamistas. Es basándose en una falsa propaganda de lo común sobre la que ellos llevan a cabo su actividad.

3) El tercer punto trata sobre las formas de gobierno. Como tú dices, la revuelta tunecina ha sido social, ha nacido de la sociedad entera que trabaja. Ben Alí había ya comprendido que sobre todo no había que permitir que la revuelta social se expresase políticamente y cada político sabía que en el desempleo juvenil había una bomba de relojería que estaba a punto de estallar. ¿Porqué?

La juventud – fuerza-trabajo cognitiva – es hoy día la verdadera clase trabajadora post-industrial. Dado que es la fuerza-trabajo cognitiva, esta juventud no es impotente, es más, ella tiene los medios para superar la frustración que ha bloqueado a las capas más pobres y ancianos de la población.

La cultura de la impotencia ha sido abatida con fuerza en las calles de Túnez.

Ahora, esta juventud tiene que tener abierto el proceso revolucionario, transformando la insurrección en maquina de gobierno constituyente.

No se puede dejar en las manos de las viejas élites (ni socialistas, ni democráticas, ni islamistas) las transformaciones de la constitución del país. Por otra parte, los tunecinos tienen hoy día menos necesidad de una nueva constitución, de cuánto necesitan en cambio de un proceso constituyente alargado a todo el país – incluidas las fuerzas armadas, la magistratura, las universidades. El poder legislativo y la governance necesaria para volver a poner en marcha el país tienen que ser directamente ejercidas por los jóvenes y los grupos revolucionarios, organizándose en todos los lugares en los que sea posible y urgente. Pero todo ello se puede hacer si se evita por el mayor tiempo posible la fijación de formas de representación estables (según aquellos proyectos iluministas de constitución democrática de los que hablábamos, este tiempo no tiene que ser superior a un decenio).

La agilidad del poder global, de sus bancos, de sus institutos centrales, es realmente grande: ¡no tendrían ninguna dificultad, esos señores, en encontrar (y pagar) a algún socialista o islamista para determinar equilibrios que les sean favorables! La insurrección ha sido ágil y tiene que encontrar la misma o más agilidad moviéndose contra el poder global y sus emanaciones mediterráneas, que están ya concentrándose contra el peligro de la insurrección tunecina y de su expansión al Maghreb. Recordémonos (¿ no era precisamente tu preocupación, compañero A.?) : si no construimos comités de acción constituyente, serán los islamistas que, radicales o moderados, llevarán la política a las mezquitas. En cambio, mientras más política democrática y constituyente haya, mas laicidad habrá…

Ciao, sigamos intercambiando información. Se respira aire nuevo, desde hace tiempo, un poco por todas partes. ¡Esperando a Argelia!

Toni Negri

P.S: Si leéis los periódicos económicos occidentales, están los que, de derechas, ante todo conversan sobre la bajada de las calificaciones de la deuda pública tunecina por parte de las agencias de calificación. Moody´s ya ha degradado la calificación de la deuda pública tunecina y ha cambiado la perspectiva de estable a negativa. Con el mismo argumento, desde la izquierda, se lamentan de esta decisión porque, al contrario, se insiste sobre el hecho de que también la insurrección es…productiva. El fin de las cuotas de la mafia sobre la industria tunecina tendría que permitir una vuelta al crecimiento. ¿Pero qué crecimiento? ¿Crecimiento de la pobreza, de la precariedad?

En cuanto a la prensa política, desde la derecha se multiplican las amenazas. Atención , ciudadanos tunecinos, porque si exageráis, el ejército está ya listo para la represión. Justo ese mismo ejército que os ha ayudado a liberaros de Ben Alí – prosiguen los comentaristas de derechas. No incrementéis el miedo del vacío. Pero desde la izquierda, finalizado un breve momento de alegría, ¿qué es lo que se pide ahora? Ahora que Ben Alí se ha marchado, ¿el país sabrá reconstruir su aparato estatal y llevar a cabo una transición pacífica hacia la democracia? ¿Sólo esto pide la izquierda?

En realidad, de un lado a otro, la preocupación es tan alta tanto como lo ha sido la sorpresa. ¿Se convertirá la transición de Túnez hacia la democracia un ejemplo, un laboratorio, para todo el mundo musulmán? Pero si es tan sólo esto lo que se quiere, es realmente poco novedoso, es más, es realmente viejo: es sencillamente nuevo colonialismo.

Querido A., no nos asustemos pensando una nueva constitución, un nuevo proceso constituyente, nuevos instrumentos de la potencia democrática de los ciudadanos. En el Maghreb, en Túnez y también en Egipto ha habido momentos de un gran y profundo desarrollo de una democracia construida desde abajo. Desmintamos la bajeza represiva de los comentadores americanos y europeos.

P.P.S: releeo esta carta antes de enviártela, estamos a 28 de Enero, Egipto arde.

 

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