Leaks? (II)

Dados los comentarios que me han hecho llegar por mail, el pequeño debate en kaos y algunas discusiones vía chat con amigos y conocidos, explico mejor lo que creo del tema wikileak.

En primer lugar, creo que los fulanos cables sino todos al menos la mayoría son ciertos. Por eso decía que el contenido no es exactamente secreto, ya que se ve que son parte de la información que uno espera que habitualmente salga y entre de una embajada norteamericana. Hasta ahora, sin embargo, y como ha pasado en otras desclasificaciones menos espectaculares, se han mostrado cosas quizás no muy políticamente correctas pero nada graves, dejando por fuera el caso del asesinato de los periodistas en Irak. Ciertamente, como la diplomacia es el lugar por excelencia de las convenciones, todo lo mostrado no deja de ser  incómodo-por decirlo de alguna manera- tanto para el gobierno norteamericano como especialmente para sus “aliados”. Y es que sin duda pasa un poco como en esas relaciones familiares, trabajo o amistad donde todo el mundo más o menos intuye lo que cada quien piensa del otro, pero otra cosa muy distinta es saberlo…

Pero mis dudas pasan más bien por el hecho mismo de la filtración más que por el contenido. Como dije, muy probablemente la historia oficial sea cierta, pero ya que estamos hablando de espionaje creo que difícilmente puede establecerse donde termina la duda razonable y comienza la paranoia sin fundamento. A todas estas, no sólo el hecho de los diarios es sospechoso, tanto por los diarios en sí mismos como por el mecanismo de publicación. Assange ahora tiene orden de captura de interpol y cosas por el estilo, pero hasta la semana pasada al menos lo estaban entrevistando en el National Press Club y la Revista Forbes. Al menos que uno crea realmente en la independencia con respecto a los poderes globales de estas instituciones, hechos como estos deberían generar  suspicacias en cuanto a que ahora sea el enemigo número uno de los servicios secretos gringos. Todos sabemos que por mucho menos hay personas secuestradas e incomunicadas sino muertas, incluyendo propios ciudadanos norteamericanos.

Mis hipótesis del asunto a todas estas son dos: la primera es que se trata de un conflicto de halcones, tal vez del sector Obama contra la Clinton o de los Republicanos contra Obama para mostrar la mano blanda del actual gobierno. La primera versión de esta primera hipótesis -conflicto Obama-Clinton- se basa en el evidente solapamiento y excesiva autonomía que la Secretaria de Estado demuestra hacia el presidente gringo. Puede entonces que sea un pase de factura de los que se estilan a esos niveles. La segunda versión de esta hipótesis es que en momentos en que el yes we can muestra sus límites, el movimiento casi natural del electorado norteamericano -al cual están apostando todo los republicanos- es a la derechización: y para ello no hay nada mejor que señalar los peligros de un gobierno débil dirigido por un negro medio musulmán que no puede ni controlar a un australiano indiscreto así como no puede con el desempleo ni la guerra. Cualquiera que vea fox news se dará darse cuenta que este es más o menos el ritronello conservador, así que es una posibilidad.

La otra hipótesis es aun más paranoica y es que después de todo episodios como este no debilitan sino refuerzan el poder norteamericano. Aquí, parafraseando lo que decía Marx con respecto a la ideología, el asunto es que sabemos que lo hacen: pero igual lo hacen. Ok, ahora tenemos las pruebas de lo que antes sospechábamos: sobre la intervención en Honduras, las movidas contra Venezuela, los intríngulis geopolíticos en Asia, que asesinan a sangre fría… pero: ¿Y? ¿en qué cambia todo eso el juego, cuáles son las consecuencias? En este sentido el escándalo no son los cables, sino la resignación con la cual recibimos la noticias: podemos manifestar nuestro malestar pero igual tenemos que calárnoslas, no sólo porque secretamente estamos convencidos de que no podemos hacer nada -como se supone no podemos hacer nada más allá de protestar contra el cambio climático y los ajustes del neoliberalismo recargado-, sino porque en el fondo nos acostumbramos a la dinámica perversa del escándalo que luego desaparece sin dejar consecuencias.

El problema para mí de fondo es cómo llegamos (y cómo podremos salir) a esta normalidad en que el lado oscuro del poder ya no es secreto sino que está claramente expuesto: la masacre del Mavi Marmara fue a plena luz del día y ante todas las cámaras, Uribe despide su mandato desde La Macarena, icono de su paramilitarismo. Y luego la ONU nombra a Uribe parte de la comisión que investigará la masacre sionista. En mi criterio eso es más escandaloso y ya prácticamente nos olvidamos de ello, claro está hasta que otra nueva barbarie ocurra y nos volvamos a indignar. Por otra parte: ¿qué pasaría si un cable de esos dice que las FARC tienen una planta nuclear junto a Al Qaeda -por poner un ejemplo exagerado pero ilustrativo de lo que quiero decir- en Venezuela? ¿O que Irán se prepara para lanzar una bomba contra Israel? ¿Le daríamos crédito? ¿Lo negaríamos? Si le damos crédito a algunos tenemos que darle crédito a los otros, pues no hay un criterio lo suficientemente fuerte como para lo contrario, al menos que seamos canallas como los tipos de Globovisión o El Clarín. De lo que se trata entonces es de sospechar un poco más, a la vez de buscar las maneras de superar la lógica del escándalo que poco aporta y en muchos sentidos desmoviliza.

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