La voluntad (Gracias Néstor)

A pesar de las bombas,
de los fusilamientos,
los compañeros muertos,
los desaparecidos…
¡NO NOS HAN VENCIDO!

Es bastante difícil contabilizar qué se ha conseguido y qué no durante estos diez años de “primavera democrática” en latinoamérica. Los avances en lo económico son bastante relativos pero sobre todo frágiles. En su gran mayoría consisten más en evitar que pasaran cosas que en producirlas, por ejemplo el ALCA, el avance de las privatizaciones o el señoreo del FMI. Todo esto sin duda no es poca cosa. Pero visto en perspectiva no representa un avance real hacia un modelo económico más justo, especialmente si se consideran el revival neoliberal tras el descalabro de 2008, pero también lo que se han profundizado los modelos extractivos, neoespecializados y neodependientes (exportadores de commodities para alimentar la maquinaria industrial china y a su vez abastecer los mercados centrales: soya, petróleo, gas, cobre, etc.) sobre los cuales -sin embargo y paradójicamente- ha sido posible impulsar políticas distributivas más equitativas.

También -y a propósito de esto último- visto sobre cifras frías en el combate contra la desigualdad el balance entre avances y retrocesos es complejo. Sin duda, todo lo que se ha hecho durante estos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina ha supuesto una mejora en la calidad de vida de los sectores populares, pero justamente al hacerse sobre la base de políticas distributivas por la vía del aumento del poder adquisitivo de la población, a la larga lo que se ha generado como resultado -seguramente no deseado pero sin duda predecible -es un aumento de la desigualdad al capturar los quintiles más altos los beneficios finales de dichas políticas  al concentrarse en ellos los medios de producción, comercialización e intermediación. A este respecto, por lo demás, cuando se revisa el mapa político en esto países, termina ocurriendo que estos sectores beneficiados en última instancia, se constituyen en los baluartes de la oposición a los gobiernos progresistas: siguiendo un lógica común, capturan la renta, la concentran, la fugan al exterior, pero además cierran la puerta para impedir el avance de los sectores populares argumentando terror a los populismo de los cuales han sido capitalizadores.

Balances similares pueden hacerse en las demás áreas: salud, seguridad social,educación, ecología, alimentación, etc. Todo ha estado signado por precarios equilibrios y por intentos de moverse en los márgenes que permiten los poderes globales, regionales y locales. Por estas mismas razones, las movilizaciones populares se han visto acompañada por lo consolidación de “amigos no merecidos” -para utilizar la famosa expresión de Perón- localizados en las burocracias estatales o grupos económicos emergentes. La búsqueda de la hegemonía gramsciana por no hablar de lo electoral, ha dado pie a las más infelices alianzas y negociaciones, que a su vez se han traducido en dolorosas rupturas en el seno popular, tal y como pudo percibirse en el reciente crisis ecuatoriana.

II

Todos quienes ahora recuerdan a Néstor Kirchner coinciden en remarcar la voluntad férrea y cierto fanatismo que lo animaba. Amigos y enemigos concuerdan en ello aunque -claro está- no por las mismas razones ni con el mismo ánimo. Al parecer resulta claro que el tipo puso la militancia por encima de su salud y su cuerpo y terminó pagándolo. Para muchos hoy día eso representa un absurdo, mientras que para otros es la medida de sus ambiciones de poder. Lo normal hubiese sido tomar reposo y  guardarse, pues nada -como reza la vieja conseja- puede estar por encima de la propia vida o – como rezan las consejas new ege- del bienestar. Todo esto sin duda quedará para alimentar el mito a la vez que servirá para animar los muy hipócritas debates de los noticieros: ¿Cuál es la medida de la vida y la muerte en la política? ¿Por qué razones o causas se puede dar la vida? ¿No es esto señal del fanatismo mesiánico, irracional, peligroso y de la ambición ciega que anima a la política? ¿De todo lo que hay en ella de ruin y detestable junto a la corrupción y la trampa?

Ahora bien, independientemente de como todo esto sea justamente creo que es aquí donde puede encontrarse la principal conquista política de estos últimos años para los sectores populares y de avanzada en América Latina. Y es que si se mira bien, más allá de todo lo devastador y el saqueo material atroz del que hemos sido objeto durante décadas y siglos, si hay algo que – por definición- los poderes globales, regionales y locales han procurado arrebatar es el poder de poder, la potencia, la capacidad y la voluntad para cambiar el presente para producir un futuro distinto al desierto de desigualdad y carencia al que muchas veces parecemos condenados.

Cuando se toma en cuenta qué es lo que principalmente la gente le agradece a Kirchner -y que es, en contraprestación, lo que más le condenan sus adversarios- es el hecho de que, contra todo lo vivido y lo esperado, demostró que la posibilidad de que algo distinto al concierto monótono del fin de la historia y la resignación efectivamente pase. La gente en plaza de mayo no le agradece las viviendas, las jubilaciones, etc., le agradece y celebra principalmente haberles devuelto la capacidad de creer, el valor y el riesgo de arriesgarse a cambiar las cosas.

La penúltima década del XX nos tomó en medio de la barbarie gorila y la decadencia corrupta de los regímenes “democráticos”. La última en medio del triunfalismo neoliberal, el derrumbe de la izquierda, las traiciones, los giros ideológicos y el pensamiento único. La primera de éste nos trajo de vuelta a la política, a la movilización, a la perfecta idiotez y la anormalidad de rebelarse contra la ignominia. Todo lo cual recomenzó en Venezuela pero ahora está por todo el continente e incluso en otras tierras (Grecia, Francia). Seguramente nada de esto ha decidido nada, nada en realidad se ha conquistado definitivamente. Habrá que discutir mucho, deslastrarse de traidores y sacrificar todavía más. Pero seguramente también se ha ampliado nuestra libertad y, por lo tanto, el alcance de nuestras decisiones y el empuje de nuestra voluntad.

¿El contraejemplo? La alegría de los mercados por la muerte de Kirchner. ¿A alguien le queda duda que la lucha por la vida es una lucha contra el Capital y viceversa?

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2 Respuestas a “La voluntad (Gracias Néstor)

  1. Buena reflexion. Pero ¿y si estan pasando cosas sólo para que a la larga no pase nada? Claro, tampoco se trata de no hacer nada. Pero ¿como distinguir algo que a la larga signifique … algo significativo. Algo cuyo sacrificio valga la pena, a la larga.

    Pienso en los millones de camaradas que dieron su vida en la Revolucion y en las dos Guerras Mundiales y los otros millones que dieron su vida como Heroes del Trabajo o de La Paz en la vieja URSS, pensando que la estaban ofrendando para el luminoso futuro del hombre nuevo. ¿Se moririan de nuevo si revivieran?

    ¿Habrá en A. Latina un lugar para una senda aunque sea de “reforma revolucionaria”? Pero sobretodo: ¿como evitar que se haga reversible?

  2. Yo creo que efectivamente están no sólo pasando muchas cosas que al final pueden no terminar en nada, sino además muchas otras que son echas para que efectivamente no pase nada. El dilema que plantea es el mismo que se plantea mucha gente actualmente pero desde el punto de vista personal y no histórico. O sea, no si los que dieron su vida la volverían a dar en las condiciones actuales, sino si vale la pena darla ahora, en definitiva, si vale la pena que nosotros luchemos hoy. Desde mi punto de vista ese es un falso dilema, pero sobre todo un dilema peligroso, pues nos arroja derecho al cinismo y la impotencia. Como decía un famoso griego, el tema no es si ganamos o no, si la lucha tiene o no tiene futuro, sino que haría en estas mismas condiciones un hombre libre.

    Por esto, en mi modesta opinión, lo más importante que se puede rescatar de las cosas que están pasando en América Latina en la actualidad es la recuperación de la voluntad de hacer, de producir un futuro distinto y no sentarse a ver qué pasa resignados, atemorizados o buscando como acomodarnos lo mejor posible. Tal vez ciertamente no lleve a nada, es muy posible que las ambiguedades terminen siendo peores que los peores aparatos de captura del imperio,
    pero éticamente no se puede hacer otra cosa distinta y, en definitiva, lo bueno (y lo propio) del mañana es que es un lugar que todavía no existe. abrazo

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