Noticias desde ninguna parte (III)

Una vida solitaria, pobre, primitiva, embrutecida y breve.

“… todo aquello que es consustancial a un tiempo de guerra, durante el cual cada hombre es enemigo de los demás, es natural también en el tiempo en que los hombres viven sin otra seguridad que la que su propia fuerza y su propia invención pueden proporcionarles. En una situación semejante no existe oportunidad para la industria, ya que su fruto es incierto; por consiguiente no hay cultivo de la tierra, ni navegación, ni uso de los artículos que pueden ser importados por mar, ni construcciones confortables, ni instrumentos para mover y remover las cosas que requieren mucha fuerza, ni conocimiento de la faz de la tierra, ni cómputo del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, primitiva, embrutecida y breve.”

Thomas Hobbes. De la condición natural del género humano, en lo que concierne a su felicidad y a su miseria. Leviatán. 1651.

Estamos ahora si mejor situados para avanzar en el tema de la acumulación por desposesión. En este sentido, nos toca detenernos en los objetivos o tipo de cosas concretas sobre las cuales la misma marcha, es decir, establecer qué es exactamente lo que resulta capturado y desposeído bajo esta forma de acumulación.

Según el punto de vista de los autores con los cuales hemos dialogado acá –Marx, Klein y Harvey- hacia lo que avanza la acumulación por desposesión (u originaria, en el caso de Marx) es sobre el dominio de lo común. No obstante, aunque Harvey establece de modo más claro la diferenciación, en líneas generales lo común tanto en él como en Klein suele eclipsarse ante lo público, algo que no ocurre en Marx. El caso exactamente contrario de esta concepción es el de los marxistas italianos como Carlo Vercellone y la dupla Hardt & Negri[1]. Sin embargo, con su énfasis en la inmaterialidad y el general intellect, lo común en ellos no sólo queda reducido a lo cognitivo y lo afectivo (con lo cual lo común material resulta invisibilizado) sino que lo público como tal queda relegado, asunto no nos parece importante tanto por la propiedad pública en sí misma como por el hecho de que bajo sus formas se encuentran subordinadas otras formas de lo común alienadas hoy día.

Aunque seguro se necesita de una categorización más profunda, por lo común entendemos acá siguiendo a Marx aquellas cosas y prácticas que resultan de uso común para todos, bien sean artificiales o naturales, materiales o inmateriales[2]. Así las cosas, como dicen Hardt y Negri, dentro de esta categoría entraría todo lo propio de la tierra y sus elementos (el agua, el aíre, los campos, los minerales, etc.,), pero también todo aquello que resulta fruto del trabajo y la creatividad humanas, en especial lo que es creado o producido en colectivo o para el uso colectivo (el lenguaje, las ideas, la cultura, los afectos, etc.). Sin embargo, más allá de esta concepción restrictiva, consideramos que los derechos sociales y económicos pese a encontrarse en el marco del derecho liberal-individualista (en la ambigua categoría de lo colectivo y difuso), también son formas de lo común o más bien las prácticas sociales garantizados en ellos (el derecho a la alimentación, a la vivienda, a la recreación, etc.). Así como también podrían entrar dentro de este dominio aquellos bienes o servicios privados o públicos que son de uso colectivo y de lo cual nadie puede ser privado sin que dicha privación suponga un menoscabo de sus condiciones de vida (la protección social, la escolaridad, la infraestructura, industrias o servicios básicos como la electricidad y el agua potable, etc.). Por último, aunque no por eso menos importante, lo común también incluye y contempla la biodiversidad interna o genética, o sea, todo eso que conforma el plasma o sustancia de la vida no sólo humana sino natural en términos amplios.

Como cualquier lectura superficial de la legislación en materia comercial aprobada o en discusión desde los fallidos intentos del AMI y el ALCA[3], pero como también se infiere de toda la retórica actual sobre el capitalismo “verde” o “natural”, y en fin, como resulta obvio nada más de ver el movimiento real de las inversiones y el control militar en marcha sobre áreas y zonas consideradas por las transnacionales y las potencias como “estratégicas” (cuencas acuíferas, selvas, reservas energéticas, etc.), es hacia el usufructo de esta propiedad común que especialmente se dirige el interés del capitalismo en su actual ejercicio planetario de desposesión y explotación. Lo que queremos decir en otras palabras, es que habiendo avanzado en los últimos años en la reducción o eliminación de las facultades proteccionistas del Estado a la vez de fortalecer las represivas (el paso de la seguridad social a la seguridad democrática), en paralelo a una proletarización ampliada o intensificada de lo social, el capitalismo avanza ahora con todas sus fuerzas hacia la apropiación de la riqueza de lo común.

Como se ha dicho en otras partes, y como dijimos más arriba citando a Harvey, el despliegue neoliberal de los años 80 y 90 puede leerse sobre la clave de una ofensiva global del Capital en el sentido de radicalizar sus procesos, pero también, como señala Julio Gambina, como una contraofensiva dirigida contra quienes amenazaban su hegemonía o querían regularla[4]. Durante la misma, las burguesías transnacionales y nacionales crearon las condiciones materiales y subjetivas para la llegada del credo neoliberal, a la vez que derrotaron sin reparar en atrocidades a los movimientos populares y de izquierda. Sin embargo, al tiempo que los efectos de esta derrota han venido siendo superados, pero al tiempo también que dicha recuperación ocurre en paralelo con una nueva metamorfosis capitalistas, asistimos en la actualidad a un escenario regional donde derrotas similares e incluso peores amenazan con producirse.

En este sentido, aunque resulta sumamente problemática la idea de Emir Sader de que Latinoamérica es el eslabón más débil de la cadena neoliberal, ciertamente, al fundamentarla desde el punto de vista de su aplicación excesiva (es decir, que por haber sido el laboratorio de los experimentos neoliberales, América Latina se está enfrentando ahora a sus consecuencias y por tanto es el lugar de sus mayores resistencias)[5], la misma resulta provechosa para ilustrar la situación general. En tal virtud, en lo que diferimos con Sader es que si bien muy seguramente haya sido nuestro continente el principal laboratorio del neoliberalismo (desde el punto de vista de la variedad de fórmula aplicadas), y si bien también es cierto que es aquí donde se han llevado y llevan a cabo las principales resistencias, no creemos que haya sido donde se efectuó de manera más excesiva el experimento neoliberal o donde sus efectos han sido más feroces. Por diversas razones internas y externas que nos llevaría largo rato explicar, en nuestro criterio fue África donde se aplicó con mayor autoridad y menores mediaciones la ofensiva neoliberal en los ochenta y noventa. Pero la importancia de tener esto presente no deriva de un ejercicio de memoria, sino del hecho inquietante de que África en la actualidad y como consecuencia de ello padece a escala continental lo que a escala nacional padece Haití: una situación de inhabitabilidad, intervencionismo y precariedad social y ambiental progresiva que, claramente, resulta un espejo donde mirar un futuro de precariedad vital que nos amenaza y se nos impone ya en la práctica.

En efecto, si bien sus pormenores históricos son distintos, la suerte de la nación caribeña y de África son muy cercanas: cruel pasado de saqueo y sometimiento colonial, humillación y olvido históricos, intervencionismo, inestabilidad social y política, vulnerabilidad crónica ante los desastres naturales (ahora maximizada por el cambio climático, de manera tal que Haití y Somalia son los dos países más vulnerables a sus efectos), etc. Pero en el caso específico de África, si bien este presente precario está desde luego muy ligado a su pasado colonial, también es cierto que los ajustes globales realizados en los ochentas de manera de recomponer la hegemonía capitalista en general y norteamericana en particular implicaron para ella un giro desastroso, giro que autores como Arrighi y Samin no dudaron de catalogar de “tragedia” en la medida que dio al traste con las estrategias de desarrollo nacional postcoloniales (muy cercanas, como sabemos, al desarrollismo latinoamericano) cuando dichos ajustes provocaron una bifurcación radical entre el primero y los terceros mundos.[6] Es en este sentido, que para nosotros lo que hoy resulta particularmente ilustrativo para Latinoamérica del caso africano, es que sobre las consecuencias de esa prolongada tragedia en la actualidad dicho continente padece una marcada des-integración regional que la priva de agendas comunes, estando la mayoría de sus países envueltos en conflictos internos o binacionales promovidos por intereses comerciales a menudo exógenos. Des-integración política y social que sin embargo se replica y extiende en lo ecológico como resultado del saqueo de sus recursos, de la explotación agrícola extensiva para la exportación y, como mencionamos, por los diversos efectos del cambio climático.

Pero en la medida en que pese a este saqueo prolongado África  sigue siendo una región rica en recursos, en la actualidad se encuentra lejos de escapar a esta matriz de subyugamiento y expolio. Al atractivo que todavía guarda para las viejas potencias coloniales y postcoloniales, ahora se le suma el de las protopotencias asiáticas y muy en especial China, así las cosas, la región que tuvo el infortunio de ver nacer el intervencionismo militar-humanitario como método de ocupación, pareciera tenerlo también ahora en cuanto escenario proyectivo de lo que significaría un mundo periferizado conjuntamente por la tenaza norteamericana y la asiática (y en medio de ellas la europea) del capitalismo del siglo XXI: por un lado, ocupación militar- policial; por la otra, red de inversiones directas sobre áreas estratégicas y captura a través del patrimonio a través de la deuda. Estados Unidos con su gran fuerza armada es el principal promotor de la primera. China con sus grandes reservas y apetito industrial voraz de la segunda. Mientras que la UE juega un papel intermedio. Ahora bien, si suspendemos por un momento sus rasgos más feroces: ¿no es exactamente ésta la misma situación de Latinoamérica? ¿No es, poco más o menos, lo mismo que en nuestro continente está pasando o amenaza con pasar?

Por su extensión, no vamos a entrar en los detalles de cómo viene reproduciéndose esta situación para Latinoamérica. Preferimos, en lo que nos queda, enfocarnos de nuevo en sus objetivos contemplados en el marco de las transformaciones profundas del capitalismo contemporáneo, de manera de tener un mapa más completo de la misma. Así pues, para Hardt y Negri el hecho de que el capitalismo actual derive hacia la captura masiva de lo común tiene que ver con un cambio profundo en sus patrones de funcionamiento, cambio que ellos describen como el paso de lo material a lo inmaterial. Muy en resumen, la hegemonía alcanzada por la reproducción ordinaria del Capital a través de la extracción de utilidades por sobre el “viejo método” de la apropiación de la renta (es decir, el paso de la acumulación originaria a la capitalista propiamente tal, o predominio de la propiedad inmueble basada en la producción de mercancías sobre la propiedad mueble basada en la tierra) habría venido derivando en sentido contrario, es decir, hacia una especie de retorno a la captura de la renta por encima de la extracción de plusvalía. Lo que esto quiere decir, según estos autores, es que así como en el pasado hubo un movimiento que tendió de la renta a la ganancia como el modo predominante de la expropiación capitalista, hoy se registra un movimiento inverso en el que a través de las patentes y los derechos de propiedad se garantiza un ingreso rentístico para el Capital sobre todo en la medida en que éste permanece en una “posición externa” al proceso de producción, es decir, donde no participa activamente del proceso productivo como antes lo hacía a través del industrial, (designando los medios de producción, los tiempos de la jornada, etc.,) sino a través del ejercicios de derechos de uso por los cuales cobra y acumula renta. Es en este sentido que para estos autores las finanzas no deben ser concebidas tampoco como algo ficticio, opuesto o despegado de la economía real, sino que son el medio a través del cual se realiza esta captura y ejerce el dominio y el usufructo de lo común desde la distancia a través de los distintas figuras e instrumentos dispuestos para tales fines.

Como sabemos esto es lo que se conoce como capitalismo cognitivo (Vercellone) o biopolítico (Negri & Hardt). Sin embargo, si bien la última de estas definiciones está mucha más cercana a nuestra concepción del asunto, pensamos que además de las restricciones ya señaladas con respecto a la definición de lo común, ambas ignoran la globalidad del funcionamiento del Capital concentrándose en sus manifestaciones metropolitanas. Así las cosas, incluso considerando que Negri y Hardt insisten en que la diferenciación no es cuantitativa sino cualitativa, al colocar el acento en lo cognitivo y lo inmaterial como modos predominantes dentro del capitalismo actualmente existente, en cierto modo lo que están haciendo es repetir de manera más refinada los equívocos que han llevado a confundir la descolocación industrial con el fin de la industrialización, pues luce bastante difícil por ejemplo considerar que en China y en otros talleres del tercer mundo lo cognitivo predomine, pero es mucho más difícil todavía sostener que lo cognitivo en sí mismo pueda concebirse sin un adecuado funcionamiento y aprovisionamiento industrial. En donde si tienen razón sin dudas es en el creciente papel de las finanzas como instrumento de desposesión, pero eso no necesariamente significa en términos globales que el Capital esté derivando de la utilidad a la renta, así sea este derivar descrito en términos cualitativos y no cuantitativos.

Pero el que estén exagerando sobre este punto no significa que no esté de algún modo ocurriendo. Lo que creemos es que se lleva a cabo en paralelo y complementariamente con otros dos procesos: la descolocación de la mano de obra hacia lugares de aprovisionamiento barato y disciplinado bajo un régimen de tutela (el sur de Asia, China fundamentalmente) o simplemente barato, como son las maquilas mexicanas y centroamericanas; y la neo-especialización extractiva y primaria de otras áreas periféricas, es decir, como canteras de lo común. Aunque esto desde luego ocurre de manera abigarrada y dinámica, es decir, donde la distribución no necesariamente es homogénea ni definitiva en términos geográficos ni temporales, lo que si es cierto es que la conjunción de estas cosas pareciera implicar una nueva división internacional del trabajo donde las periferias pasan a cumplir en términos generales papeles distintos en cuanto a las características predominantes de su inserción en ese ejercicio global de explotación. Así pues, por un lado, tenemos un centro global que marcha hacia lo cognitivo y lo inmaterial con sus cluster tecnológicos, sus economías de servicios e intelecto general así como la producción y captura de lo que Jorge Alemán llama plusvalía afectiva (labores de atención personal, cuidado de enfermos y niños, terapistas, azafatas, etc.). Pero por otro una periferia que se especializa o bien como proveedora de mano de obra barata (China, México, etc.), o bien como espacio de captura donde lo que se privilegia es la apropiación de lo común a través de su explotación directa o captura rentística. De tal suerte, unas zonas globales se transforman en grandes talleres y maquilas mientras otras tienden a convertirse en grandes yacimientos gigantes donde no es tanto la mano de obra lo que interesa explotar sino lo común natural y social en beneficio de los grandes centro transnacionales de acumulación y consumo.

Desde este punto de vista, se explica para nosotros no sólo cómo termina produciéndose entre las periferias una competencia por hacer más atractiva ante los grandes capitales sus respectivas manos de obra (facilitando las condiciones para su explotación), sino además en qué medida el movimiento directamente proporcional a la conformación mundial de segmentos cada vez más exclusivo de privilegiados ligados al consumismo (la extrema riqueza) es el de la creación de una población flotante y desechable que prácticamente ha perdido cualquier tipo de utilidad en la medida en que no sólo no reproducen capital sino que representa un costo para el existente[7]. En este sentido, en la medida que China por lejos tiende a ganar esta competencia por explotar más y menor a su mano de obra en beneficio del Capital transnacional, África y América Latina no sólo sufren los efectos inmediatos de ello (a través del aumento del desempleo y de la pobreza), sino además se ven forzadas a derivar hacia la neo-especialización y la monoproducción primaria exportadora, al remate de sus reservas naturales y energéticas, la entrega de sus servicios públicos y todo aquello que conforma la sustancia de vida biológica, social y cultural humana.

Ciertamente, podría esgrimirse como argumento en contra de esto último, la piedra de tranca que ha representado para esta tendencia capitalista global la movilización popular que en los últimos años se renovó en nuestro continente. Desde luego, dicha movilización y la acción de los gobiernos progresistas que con todo y sus ambigüedades la acompaña, ha servido de cortapisa a este proceso. De la misma manera, el propio crecimiento económico chino ha influido beneficiosamente en la región en el sentido de provocar un aumento de las reservas y una dinamización del comercio que incluso ha servido para enfrentar de mejor manera los efectos de la crisis global. No obstante, la cuestión está no sólo en saber qué tanto puede avanzar dicha movilización popular y que tanto se atreven a acompañarla los gobiernos progresistas, sino además hasta qué punto en términos netamente económicos la época de vacas gordas reciente señala más un lapsus que una contra-tendencia real. Sobre esto último, hay suficientes evidencias que la bonanza regional última no sólo estaba asociada como se dijo al avance chico sino a la propia burbuja mundial, tal y como lo viene demostrando en el último año Venezuela con su espectacular caída luego de un igualmente espectacular crecimiento en buena medida asociado a la especulación petrolera. Pero incluso considerando que haya sido más que un lapsus o excepción histórica, la estrecha vinculación del crecimiento económico regional a la dinámica china tal y como está planteada hace suponer el surgimiento de nuevas forma de dependencia, vulnerabilidad y precarización iguales o peores a las ya conocidas[8].

En cualquier caso y como quiera que resulte lo anterior, la subproletarización y exclusión sistemática de las mayorías acompañada de una devastación social y ecológica producto de la desposesión y los efectos ambientales que ya de por sí venía generando el desarrollo capitalista, se presentan como las principales amenazas para la región. Por esta vía, lo que todo indica es que la reproducción actual de las relaciones capitalistas va cada vez más de la mano de una involución y desintegración social-ecológica generalizada y profunda, pero no por accidente o defecto sino como consecuencia de su propio desarrollo. De tal suerte, si alguna vez la sentencia de Marx con respecto a la relación inversamente proporcional entre los motivos capitalistas y el bien colectivo ha tenido algún sentido es justo ahora, cuando (como pasa en Europa emulando a lo ocurrido en la periferia histórica hace años atrás) deben eliminarse los pocos elementos progresistas que todavía sostienen ciertos niveles de cohesión social para recuperar las tasas de rentabilidad. En el caso latinoamericano, la desposesión de lo común en términos amplios se acompaña de un desplazamiento y criminalización de las poblaciones desposeídas, mientras en paralelo buscan consolidarse grupos privilegiados que funcionan como los agentes del Capital en sus respectivas áreas de interés (los ligados al agro argentino, por ejemplo). Así las cosas, es por este motivo que la política emancipadora de hoy ya no puede ser objeto de un grupo social particular, pues lo que nos une a todos (o a casi todos, para ser exactos) es la amenaza colectiva de quedar reducidos a sujetos abstractos y vacíos, desposeídos de nuestra vida simbólica y biológica mientras vegetamos en un ambiente inhabitable[9]. Es en este sentido preciso que con anterioridad comentábamos que espacios como la Zona Verde de Irak parecen perfilarse como modelos urbanos del siglo XXI (con sus exclusivos habitantes, comendadores y guardianes locales y foráneos), en la medida que el mundo se transforma en una periferia cada vez más peligrosa, ruinosa y desolada, en un lugar solitario, pobre, primitivo, embrutecido y breve no como resultado de un nuevo “estado de naturaleza”, sino del estado de sociedad actual.


[1] Ver: Negri, A. Hardt, M. Commonwealth. Harvard University Press. USA. 2009. También: Hardt, M. Lo común del comunismo. En: Hounie, Analía (comp.) Sobre la idea de comunismo. Paidós. Argentina. 2010. P: 129-144; Vercellone, Carlo. Crisis Della legge del valore e divenire rendita del profitto. Crisi dell´ economia globale. Disponible en: http://www.carmillaonline.com/archives/2009/04/002999.html

[2] Aunque el concepto es mucho más amplio, lo común en Marx apunta originalmente hacia aquellas cosas que resultan comunes o de libre acceso para todos, como las tierras comunales donde los pastores tenía derecho a dejar pastar sus animales.  Marx, K. El Capital. Tomo I. P: 610-624.

[3] AMI: Acuerdo Multilateral de Inversiones. ALCA: Área de Libre Comercio para América Latina.

[4] Gambina, Julio. ¿Hacia dónde van América Latina y el Caribe?. En: Gambina, Julio y Estay, J (compiladores) ¿Hacia dónde va el sistema mundial? REDEM, FISPYS, RLS, CLACSO. Argentina. 2007. P: 225-226.

[5] Sader. Posneoliberalismo en América Latina. CLACSO. Argentina. 2008. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/coedicion/sader/

[6] Arrighi, G. La crisis africana aspectos derivados del sistema mundo y aspectos derivados.  Uruguay Piensa. Disponible en: http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/897.pdf Amir, Samin. El Fracaso del desarrollo en África y en el Tercer Mundo, un análisis político, IEPALA. España. 1994.

[7] Ver: Bauman, Zygmunt. Archipiélago de excepciones. Katz editores. España. 2005. También: Sartelli, Eduardo. La Rebelión mundial de la población sobrante. En: Razón y Revolución. N.º 19. Argentina. 2009. P: 7-13. Para analizar el movimiento contrario que en paralelo ocurre: Fazio, Hugo: La crisis económica modifica el mapa de la extrema riqueza. CENDA. Chile. 2010.

[8] Ver: Burgos, Martín. Imperialismo chino. Suplemento Cash. Página 12. Argentina. 25-04-2010. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4272-2010-04-26.html

[9] Zizek, Slavoj. Cómo volver a empezar… desde el principio. En Hounie, Analía (comp.). P: 236.

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2 Respuestas a “Noticias desde ninguna parte (III)

  1. “predominio de la propiedad inmueble basada en la producción de mercancías sobre la propiedad mueble basada en la tierra)” parece que es un lapsus calami

  2. no me parece, puede que esté confundido o equivocado pero no fue un lapsus, si es un error es intencional jajaja. discutámoslo a ver

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