Noticias desde ninguna parte (II)

La periferización del mundo

En efecto, como dijimos, gracias a la intervención de Klein y Harvey ha quedado claro que existe un lazo especialmente visible en la actualidad entre Capital y violencia, pero además, que dicho lazo no es circunstancial sino constitutivo, que no es suplementario sino integral. No obstante, lo que debería estar sobre todo claro es que esa centralidad de la violencia del Capital está sujeta a la necesidad de capturar y despojar continuamente el mundo social y natural para alimentar sus procesos reproductivos. Lo que esto quiere decir, en términos más simple, es que lo que se encuentra en la base de la economía capitalista es desde luego la lógica solipsista de su reproducción permanente, pero esa lógica sólo es posible en la medida que supone la apropiación y explotación como condiciones. Lo que no parece estar del todo claro, sin embargo, es el papel de la periferia en dicha dinámica; papel histórico-geográfico pero también ontológico, en cuanto tiene que ver tanto con la existencia de una periferia global tradicional como -sobre todo- con la necesidad de una periferia como tal, es decir, con el hecho mucho menos evidente de que su existencia dentro del capitalismo no es del orden del accidente o resultado de una fatalidad histórica, sino que es estructural.

Como sabemos, si algo ha aportado el pensamiento crítico latinoamericano al mundial es en la caracterización de dicha condición periférica, el descubrimiento de esta necesidad orgánica que el capitalismo mantiene con su periferia[1]. De Prebisch hasta los dependentistas pasando por Galeano, se ha reiterado cómo la periferia fue una hechura de la expansión de los mercados capitalistas mundiales, en la medida en que su fabricación consistió en garantizar que los países que la conforman orbiten en torno a las metrópolis globales en una relación asimétrica que impone, garantiza y sostiene una constitutiva desigualdad. Antes que ellos, ya Marx había establecido las coordenadas teóricas de este proceso, e incluso mucho antes Bartolomé de las Casas se encargó de fijar los parámetros éticos bajo los cuales América tomará conciencia de que la historia de su creación es a la vez la historia de un exterminio. Sin embargo, en parte por el descrédito en el cual cayeron el marxismo, el estructuralismo cepalino y el dependentismo luego de la ofensiva neoliberal (por no hablar de los dramáticos giros ideológicos), en parte por sus propias deficiencias o ambigüedades teóricas y en parte también por condicionamientos cronológicos, estos temas de la periferización y la acumulación originaria han quedado relegados –cuando son considerados- a un pasado remoto capitalista e incluso a la “prehistoria” del Capital. Es por este motivo preciso que las intervenciones de Klein y Harvey son tan importantes, si bien –y esto es a lo que queríamos llegar- tampoco están exentas de ambigüedades y condicionamientos que esta vez no son cronológicos sino geográficos, en el sentido que serían dependientes de sus particulares lugares de enunciación.

Sobre esto último, lo que queremos plantear en términos lo más concretos posibles es que si bien ambos autores rescatan el concepto marxiano de la acumulación originaria, muchas veces en sus propias exposiciones limitan su alcance a enfatizar cómo el capitalismo actual pareciera colocar al final lo que estaba al principio, es decir, cómo de la mano del neoliberalismo ha terminado actualizando a los métodos feroces de la rapiña colonial. En tal sentido, pese a que Harvey incluso le discute a Marx el haber dejado en la prehistoria capitalista este concepto bajo el supuesto de que la acumulación se desarrolla luego como reproducción a través de la explotación del trabajo vivo dentro de los circuitos ordinarios del Capital una vez que la acumulación primitiva ya fue hecha, en su propio desarrollo no le da el peso necesario (de hecho prácticamente obvia) al lugar de la periferia capitalista en el ejercicio continuado de dicha acumulación originaria, limitándose a insistir cómo ésta retorna cuando las vertientes fundamentalistas del libre mercado modernizan las prácticas de los Padres Fundadores del Capital través de la privatización de lo públicos y la mercantilización de las prácticas y dominios hasta entonces no mercantiles de la vida social y natural.

Para nosotros, por el contrario, debe insistirse en el hecho de que la acumulación originaria nunca se detuvo y por lo tanto lógicamente no podría retornar. Los desiguales términos de intercambio comercial y la especialización primario-exportadora, por ejemplo, pueden considerarse formas históricas de acumulación por desposesión en cuanto ejercicio sistematizado del saqueo colonial. La propiedad de actividades económicas estratégicas y grandes extensiones territoriales por parte de empresas transnacionales en condiciones de enclave  eran (y son) formas de acumulación por desposesión. El señoreaje es una forma de acumulación por desposesión. El endeudamiento (que ya era un problema serio ante de la crisis de los ochentas) claramente es un ejercicio prolongado de acumulación por desposesión. Así pues, a nuestro entender, sostener que la acumulación por desposesión es parte de un remoto pasado capitalista o una novedad, sólo puede ser el resultado de no considerar el papel protagónico de la periferia en el ejercicio histórico de la reproducción del Capital como proceso global.

Pero también es posible que sea resultado de otra cosa. Y es que si bien es cierto que la acumulación por desposesión nunca se detuvo en la periferia y por tanto no debería sorprendernos su importancia para la reproducción actual del Capital, también es verdad que la novedad que describen Harvey y Klein es en muchos sentidos y aunque parezca contradictorio con lo anterior igualmente cierta. Es por este motivo preciso que las intervenciones de ambos son doblemente oportuna: no sólo porque permiten repensar el problema desde otro ángulo, sino porque sus misma ambigüedades puestas en perspectiva nos posibilitan dar cuenta de cuál es el problema que queda sin resolver en sus particulares búsquedas, el asunto del cual parecieran ser concientes sin llegar a comprender en su totalidad y que, quizás, es uno de los aspectos más originales y sin dudas preocupantes del capitalismo de hoy. Y es que para nosotros, es decir, para los ubicados en este lado de la colonialidad, debe resultar claro que la desposesión ha sido la condición de la periferia, que de hecho, es lo que la hace periférica propiamente tal, pero la importancia de insistir en ello no puede limitarse al interés de hacer justicia histórica, sino de que debe asumirse desde la necesidad de exponer cómo la lógica expansiva y apropiativa capitalista en su sistematización actual lleva la periferización a un nuevo nivel intensivo pero también geográfico. O dicho en términos mucho más simples: cómo el capitalismo impulsado por sus propios procesos y contradicciones se ve llevado a ampliar su periferia y reforzarla, y en ese tránsito, a adoptar definitivamente como constitutivo lo métodos y prácticas que antes aparecían como excesivas, colaterales, suplementarias o simplemente como propias de las lejanas regiones periféricas. Así pues, el gran momento de verdad de la intervención de Klein y Harvey no proviene del haber dado cuenta de un capitalismo del desastre que por razones diversas actualiza las viejas prácticas de la acumulación por desposesión. Su momento de verdad deriva más bien del hecho de que la intervención de ambos es en sí sintomática de una práctica capitalista que, para nosotros no tiene mejor nombre que el de periferización del mundo, es decir de la transformación progresiva del planeta en una periferia del Capital, de la extensión de ésta desde sus espacios históricos a nuevas zonas y su radicalización en las  ya ocupadas, de tal suerte que -en concordancia con unos tiempos en que ya nada parece ser lo suficientemente atroz como para sorprendernos- zonas ultraseguras, ultraaisladas y ultraexclusivas de acumulación globales habitando en medio de un desierto social y ecológico (¿similares a la “Zona Verde” de la autoridad interventora en Irak?)- comienzan a perfilarse como modelo de la existencia capitalista del mañana[2].

El cierre planetario del Capital

En 1858, en una carta que escrita a Engels preocupado por el “ascenso mundial de la sociedad burguesa” pues a través del mismo ésta parecía superar la “situación crítica” e “inminencia revolucionaria” de 1847-49, decía Marx que la misión particular de dicha sociedad es “el establecimiento de un mercado mundial (…) y de la producción basada sobre el mercado mundial”, pero “como el mundo es redondo”, esa misión parecía haberse completado con la colonización de California y Australia así como el descubrimiento de China y Japón.[3] Como quiera que el tiempo acabó por darle la razón a Marx en su preocupación, y como quiera también que ciertamente esa parece ser la misión particular de la burguesía, claramente exageraba con lo de la completitud. No obstante, la idea de por sí no era errónea, ya que apuntaba al hecho lógico de que en algún momento y en la medida en que el mundo es efectivamente redondo, el capitalismo terminaría por encontrarse consigo mismo y no le sería posible expandirse más allá de sus fronteras.

Hoy día, con todo y lo que ha avanzado la expansión capitalista desde 1858, sigue siendo difícil sostener que este cierre planetario se haya definitivamente efectuado. Aún existen zonas del planeta en los márgenes de la sociedad burguesa, con relaciones capitalistas sólo parciales o muy precarias, como las comunidades rurales de la India y China o las indígenas en África y Latinoamérica. Sin embargo, en la medida que los avances tecnológicos e informáticos, los medios de comunicación y el despliegue del Capital a través de sus flujos financieros globales han avanzado tanto en esta empresa, pudiera decirse que si bien dicho cierre no se ha efectuado en su totalidad, se encuentra en todo caso en una fase muy avanzada.

Una de las primeras y más visibles consecuencias de esto es la inmediatez, simultaneidad y proximidad que tienen casi la totalidad de los eventos globales. Es decir, no es sólo que pasan muchas cosas, sino que en la medida en que estamos sobre-expuestos al bombardeo informativo en tiempo real todas parecieran ocurrir (u ocurren efectivamente) en simultáneo. Es por esta razón que la mayoría tiene el convencimiento de hoy suceden más tragedias naturales que antes, tal y como es evidente en el caso de la percepción pública de los terremotos y maremotos si bien estadísticamente hablando esto no es así. Y en nuestro criterio muy particular, esta misma situación influye en los análisis de Klein y Harvey, a quienes pareciera que el hecho de hablar desde metrópolis globales los condiciona a considerar novedosos poderes destructivos del capitalismo que resultan tan conocidos en nuestras periferias[4].

Pero una segunda consecuencia más importante para lo que nuestro tema refiere, es que ante la creciente imposibilidad geográfica de expandirse el Capital debe igual buscar salidas pues si algo no puede dejar de hacer es expandirse. Es aquí entonces donde se efectúa una gran mutación, donde la revolución capitalista planetaria toma una vía aún más extrovertida de la descrita por Smith y se lanza a la conquista de nuevos dominios.[5] Pero para entender esta mutación, hay que tener claro primero que lo que Marx entiende como la misión de la sociedad burguesa no deriva del cosmopolitismo innato de ésta, sino de la necesidad de buscar soluciones a las cierres productivos con lo que recurrentemente se enfrenta en Capital”[6]. Así pues, ciertamente espoleada por el imperativo de buscar salidas para sus productos -como describe Marx en su peculiar estilo-, la burguesía sale a recorrer el mundo y para ello navega por los bordes del África, desembarca en América, “derrumba todas las murallas chinas con la artillería pesada de sus mercancías baratas”, somete a la India, Australia y al mundo en general haciendo capitular a los “bárbaros más fanáticamente hostiles[7], pero probablemente más importante que esta urgencia de mercados resulta otra que ésta supone y con la cual establece una relación complementaria mutuamente determinante: y es que para funcionar dicho circuito de mercado expansivo debe avanzar sobre un proceso apropiativo que, en paralelo, va efectuándose y agotándose en la medida que el otro se va fortaleciendo. Así pues, la comprensión de la existencia de una periferia históricamente sujeta a un centro industrializado, y ahora, de la globalización de lo periférico como condición, está supeditado a la comprensión previa de esta doble lógica profunda pero simple del proceso capitalista: por una parte, se requiere que una inversión inicial retorne a su propietario como ganancia, en tal virtud, dicha inversión debe ser puesta a circular dentro de un proceso productivo, y posteriormente, prolongarse hacia un circuito de consumo bajo la forma mercancía. Sin embargo, por otra parte, dicho proceso productivo y de consumo en la medida que es capitalista: sólo funciona a partir de la captura y apropiación progresiva tanto del trabajo humano como de los elementos técnicos y naturales transformados en recursos (humanos, naturales, maquínicos, etc.). Es por esta razón que el capítulo de Marx sobre la acumulación originaria comienza refiriendo al despojo de las tierras en Inglaterra como precondición de surgimiento de la economía capitalista, continúa con el “saqueo y la rapiña colonial” y termina apelando a la expropiación de dicho despojo transformado en propiedad privada como “negación de la negación capitalista[8]. Por eso mismo, para el joven Marx -con todo lo que puede discutir al respecto- el comunismo está planteado como reapropiación[9]. Lo que está en la base de la economía capitalista es desde luego la lógica solipsista y compulsiva de su reproducción permanente, pero esta lógica sólo es posible como dijimos en la medida que supone la apropiación y la explotación como condiciones.

Esto último nos devuelve al tema de la acumulación por desposesión, pero antes de entrar en ello insistamos en lo de la expansión capitalista, el cierre planetario que genera y la mutación histórica que implica. A este respecto, nuestra hipótesis como dijimos es que la crisis sistémica capitalista actual -es decir, sus problemas globales de acumulación y la amenaza de agotamiento de sus procesos de valorización globales- coincide con su cierre geográfico, con el hecho de que el capitalismo ha envuelto cada vez más al mundo sobre sí mismo y por tanto le resulta más complicado salir en búsqueda de soluciones espacio-temporales de mercados y recursos. Por su puesto, el contra-argumento inmediato de esta hipótesis sería (además del hecho ya comentado de la incompletitud definitiva del cierre geográfico) que el centro dinámico de acumulación mundial tiende a desplazarse hacia el sur de Asia y específicamente a China, con lo cual no sólo se vislumbran nuevos comienzos sino que se modifica de por sí la lógica espacial capitalista global (si bien quizás se exagera a este respecto). No obstante, lo que pensamos es que esto se hace dentro del marco de un espacio planetario ya interiorizado por el Capital, donde no existe o es muy limitado un afuera no agotado para ser colonizado e integrado por más que, indudablemente, el capitalismo-comunista chino avanza sobre sus regiones rurales no-capitalistas procediendo a echar por tierra las esperanzas de Arrighi sobre la acumulación sin desposesión china.[10]

En este sentido, lo que pensamos que viene haciendo en las últimas décadas el Capital como respuesta a estos problemas de agotamiento y cierre es lo siguiente: considerando que, por definición, no puede dejar de expandirse ni reproducirse, el Capital procede por una parte a la “demolición administrada” (Pedro Páez Pérez) de lo existente, y por la otra, a alterar el sentido u orientación de su expansión. En el caso de la primera respuesta, como hemos históricamente visto, el capitalismo no sólo ejerce violencia contra las formaciones sociales no-capitalistas o la naturaleza, sino que también lo hace sobre sí mismo cuando sus períodos de contracción lo obligan a renovarse de manera de liquidar las ineficiencias productivas y sus correspondientes formas de vida. Así pues, como nos describe Harvey en el caso de Nueva York y Baltimore, Klein en el de Chile u otros autores como Mike Davis en los distritos industriales de Detroit, el capitalismo se vuelca contra sí cuando lo requiere destruyendo todo vestigio de su propio pasado (viejos keynesianismos, industrias obsoletas, en fin, capitales y recursos sobrantes o improductivos). De tal manera, la destrucción creativa, esa compulsiva tendencia a destruir para reconstruir, no sólo tiene aplicaciones allende las fronteras capitalistas, sino que también a lo interno cuando de formas de desarrollo de sus fuerzas productivas las relaciones que ha levantado se le convierten en trabas para su continuidad.

Sobre este particular, pudiéramos señalar que pese a que desde los años 80 las tasas de ganancia globales se han recuperado en períodos específicos o puntuales (las privatizaciones masivas, el boom de las punto.com, las burbujas inmobiliarias, etc.), pareciera ser un hecho que en el largo plazo la misma no ha alcanzados niveles de sostenibilidad[11]. Y tal vez una de las razones de esto sea precisamente que la función reguladora de las crisis -recuperar la tasa mediante la desvalorización y destrucción masiva de capital existente para que se creen capitales nuevos y el ciclo de valorización se renueve- no se ha efectuado del todo. El que esto no haya ocurrido tiene que ver con muchas cosas, pero en nuestro criterio pesan especialmente razones políticas más que económicas. El mundo ha evitado caer en un nuevo evento bélico global que destruya regiones enteras (como fue el caso de Europa o Japón luego de la Segunda Guerra), y además los gobiernos centrales han aprendido a administrar los desastres sociales de las crisis a través de los salvatajes (como viene pasando de 2008 para acá). Todo esto ha evitado ciertamente la ocurrencia de desastres mayores, pero en el fondo no ha solucionado el problema de realización sino que lo pospone en el tiempo. Lo que queremos decir con esto es que ciertamente el Capital ha destruido parte de su propia existencia para poder transformarse, sin embargo, esta destrucción pareciera no ser todavía lo suficientemente profunda como para emprender un nuevo ciclo virtuoso reproductivo.

La otra respuesta como dijimos tiene que ver con un cambio en la orientación o sentido de la expansión capitalista. Lo que esto significa es que el capitalismo ya no se expande sólo horizontalmente sino sobre todo verticalmente. Es decir, no crece tanto como se intensifica, o sea: se profundiza alargándose en un gran proceso de abstracción y endurecimiento vertical. De tal suerte, el Capital se desterritorializa en flujos de valorización, propiedad y acumulación transnacional y sobre todo abstracta; no sólo en el sentido especulativo (burbujas, etc.), tampoco exclusivamente por la concentración de grandes masas de capitales, sino abstrayendo la economía en sí misma. Lo que no quiere decir que la haga menos real o más ficticia, sino que ha creado un inmenso dominio en el que todas las operaciones mercantiles y comerciales que comprendidas entre el reino de las grandes corporaciones e instituciones públicas y los asuntos domésticos y personales son capturadas o subsumidas financieramente. Esto incluye no sólo la generación compulsiva de deuda pública y los grandes flujos de inversión y renta que circulan a través del mundo, sino también los endeudamientos familiares, estudiantiles y personales, la masificación del crédito para el consumo, el cobro por diversos servicios financieros, bancarios o comerciales, la “democratización” y popularización de los mercados accionarios, la previsión social devenida objeto de inversión y por lo tanto de riesgo, etc.

La reciente crisis de las subprime, representa un ejemplo de manual de las formas y peligros de esta tendencia, algo que no sólo ocurre en los Estados Unidos sino que en países como Chile tiende a profundizarse mediante un modelo social-laboral que combina precarización del trabajo y depresión salarial con acceso masivo al pago “en cuotas” y los prestamos personales para prácticamente cualquier cosas que pueda adquirirse o tenga que pagarse (los servicios básicos, la simple compra de alimento, la educación)[12]. Así pues, como señala Robin Blackburn[13], la vida cotidiana resulta cada vez más impregnada con nuevos productos que surgen de la creciente mercantilización del periplo vital, pero también ocurre que la vida pública es manejada en los mismos términos. El caso de la deuda de los países del tercer mundo y la dictadura de las calificadoras con su riesgo país y demás chantajes nos enseña que los países tanto como los individuos se ven espoleados a pensarse ahora a sí mismos como centros de costes y beneficios, mientras las empresas financieras se muestran ansiosas por ayudarles a gestionar sus ingresos y gastos, sus deudas y sus créditos, suministrándoles servicios, ofreciéndoles “facilidades” y oportunidades o vendiéndoles sus productos. Pero como sabemos, demuestran una ansiedad todavía mayor no tanto para cobrarles como para aumentarles la deuda mediante la imposición de comisiones, sanciones por incumplimientos o simplemente a través de la extorsión y la amenaza propias de su particular disciplina financiera.

El movimiento complementario a esta desterritorizalición o expansión hacia arriba, es un movimiento de profundización aguas abajo. Por esta vía, al tiempo que se abstrae el Capital se concretiza de manera radical endureciendo sus relaciones sociales y maximizando sus exigencias sobre el mundo social y natural, no sólo a través de la desregulación y las consabidas modificaciones del trabajo sino también de la borradura de la frontera misma entre trabajo y no-trabajo como fuente de generación de valor. De tal suerte, tenemos por una parte un conjunto de prácticas que favorecen al Capital sobre el trabajo ordinario bien sea flexibilizando o meramente eliminando derechos laborales con el objetivo de maximizar la productividad, y por la otra, la inclusión progresiva de las prácticas y dominios humanos y naturales que escapaban a la definición capitalista del trabajo o se encontraban fuera de la esfera mercantil a los circuitos de valorización: la producción artesanal, el intercambio comunitario o las economías sociales, las actividades domésticas y personales, la cultura, los servicios, los derechos (a la salud, la educación, la alimentación, etc.) y los estilos de vida, pero también la información genética y la “biodiversidad”, es decir, la vida en general. En esta medida, como plantea Félix Guattari, aunque su enunciación sea individual y promueva el individualismo como valor supremo, en realidad nada parece menos individual que la subjetividad capitalista. Bajo la égida del neoliberalismo, el Capital ha llevado su “venialidad universal” a un nuevo nivel: se presenta hoy como nunca antes como el equivalente general y de resonancia de todos los modos particulares de existencia en el cuanto procura reordenarlos en un espacio global de competencia donde, para decirlo del modo clásico, el valor mercantil subsume los valores de uso hasta el punto que tal distinción ha perdido prácticamente cualquier sentido. [14]

Es por esta razón que Harvey acierta cuando plantea que la utilidad del neoliberalismo no tiene que buscarse por el lado de su efectividad como máquina del crecimiento económico sino del de la canalización de las riquezas desde las clases subordinadas a las dominantes y de los países más pobres a los más ricos[15]. Y por lo mismo, que más allá de la esfera especulativa, manipuladora y fraudulenta a la que por lo general se reduce en los análisis la actividad financiera, debe verse en ella un proceso más profundo que la involucra como medio primordial de la acumulación por desposesión.[16] Harvey, como sabemos, nos ofrece una lista no limitativa de prácticas a través de las cuales opera la desposesión: pero en líneas generales las mismas pudieran considerarse variaciones de una sola: la privatización, no exclusivamente en el sentido más conocido de la privatización de las tierras, activos públicos y servicios, sino de la captura bajo las formas de la propiedad privada de la vida social y natural y en especial de aquello que resulta común en ellas para todos sus miembros.


[1] Para una exposición de los orígenes del sistema centro-periferia ver: Prebisch, Raul. Cinco etapas de mi pensamiento económico. CEPAL, 1987.

[2] Ver: “Hotels, shops, condons planned for Grenn Zone”. Army Times. Estados Unidos. Disponible en: http://www.armytimes.com/news/2008/05/ap_greenzone_050408/. También: “Proyectos urbanísticos para la zona Verde de Bagdad.” El País. España. 05 de mayo de 2008. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Proyectos/urbanisticos/Zona/Verde/Bagdad/elpepuint/20080505elpepuint_6/Tes

[3] Marx, K. Carta de octubre de 1859. En: Marx y Engels. Correspondencias. Cultura Popular. México. 1997.

[4] Una versión más evidente de este condicionamiento perceptivo es el caso de las teorías del riesgo, sobre todo en autores como Beck y Giddens. Para una lectura crítica ver: Salas Rodríguez, Luís. La vida precaria: Riesgo, malestar y crisis en el capitalismo contemporáneo. Universidad ARCIS. Chile. 2010.

[5] Arrighi, Giovanni. Adam Smith en Pekín. Akal. España. 2009.

[6] Harvey, D: El nuevo imperialismo.

[7] Marx K. Engels, F. El manifiesto Comunista. Centro Gráfico. Chile. P: 30 – 44.

[8] Marx, K. El Capital. P: 649

[9] Marx, K: Manuscritos económicos filosóficos. Centro Gráfico. Chile. P: 94-109.

[10] Ver: Arrighi, G: Adan Smith en Pekín. Para una lectura crítica sobre las tesis del desplazamiento hegemónico y la emergencia china: Ho-Fung, Hung: China, ¿La criada de Estados Unidos? Los dilemas de la RPCh en la crisis global. New Left Review.  Akal. España. Enero-Febrero 2010. N.º 60 P: 5-24.

[11] Arrighi, G. Adan Smith en Pekín; Brenner, Robert. Turbulencias de la economía mundial. LOM. Chile. 2009; Husson, Michel. Capitalismo Puro. Maia Ediciones. España. 2009.

[12] Sobre el endeudamiento personal y familiar en Chile Ver: La usura de la banca que empobrece a los chilenos. Entrevista al economista Claudio Lara Cortés. Diario UNO. Chile. N.º 20. Agosto de 2010. También se pueden consultar las cifras de la Cámara de Comercio de Santiago. Disponibles en: http://www.ccs.cl/

[13] Blackburn, Robin. Las finanzas y la cuarta dimensión. New Left Review. Akal. España. N.º 39. Agosto de 2006. P: 37-69.

[14] Guattari, Félix. Plan sobre el planeta. Traficantes de sueños. España. 2004. P: 90. Sobre la venialidad universal del dinero y el capital como “vínculo de todos los vínculos”: Marx, K: Manuscritos económicos y filosóficos. P: 130-135.

[15] Harvey, D: El neoliberalismo como destrucción creativa. Foro Mundial de Alternativas. Disponible en: http://www.forumdesalternatives.org/ES/readarticle.php?article_id=4773

[16]La creación, administración y manipulación de crisis en la escena mundial se ha convertido en el fino arte de la redistribución deliberada de la riqueza de los países pobres a los ricos” P: 9

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4 Respuestas a “Noticias desde ninguna parte (II)

  1. Una maravilla de articulo que explica lo que efectivamente ha estado pasando. Faltaria incluir el rol funcional a esta apropiacion continua que han jugado a su pesar los regimenes socialistas. En la URSS o en China han logrado una acumulacion “distinta” por siglos, para eventualmente entregarla a las manos de las mafias.

    • Si, estoy de acuerdo con eso, es parte de la explicación de su éxito económico actual, del qué más allá de la mano de obra barata existe que es tan funcional al capital (disciplina, infraestrctura, etc.) una especie de acumulación originaria sin desposesión que luego sin embargo es puesta en función del capital…. es como una especie de rodeo necesario me parece, históricamente hablando, la forma como podía llegar el capital al sur de asia, algo así pareciera estar a punto de pasar en Cuba y todas las condiciones materiales construidas por la revolución.

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