La Des-Concertación.

Cuando La Concertación perdió las elecciones en Diciembre pasado, uno de sus principales cuadros dijo que haber perdido una batalla no significaba haber perdido todo, y que esa era la oportunidad de renovarse. Seis meses después, lo cierto del caso es que La Concertación al parecer no sólo perdió aquella batalla electoral sino el sentido de sí misma y muy probablemente también la guerra, al menos si se consideran los últimos pasos que viene dando en su “reinvención”.

Hace rato que La Concertación había perdido el progresismo que la caracterizó desde la salida de la dictadura en el 89. Algunos dicen que nunca lo fue realmente, aunque la verdad del caso es que así fuese a pesar suyo siempre se le identificó como tal. La Concertación no solo se dedicó a administrar el orden neoliberal impuesto por la dictadura sino que lo profundizó, entre otras cosas privatizando muchas de las cosas que ésta no había podido y abriendo la economía cada vez más a la inversión extrajera, especialmente en áreas sensible como la minería, servicios y los recursos naturales. En su última etapa, la Bachelet hizo todo lo posible por reposar sobre los hombros de los trabajadores el peso de la crisis económica mundial, al tiempo que rescató las empresas salmoneras de la crisis que en paralelo sufrían como consecuencia de sus propias prácticas predadoras. Como resultado, según el economista chileno Claudio Lara para el año pasado mientras el gobierno destinó el 40% de lo ahorrado en el Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) para proteger a las empresas, la Dirección del Trabajo registró la extraordinaria suma de 1.516.325 cartas de despidos, es decir, el equivalente al 25% de la mano de obra del país (y en lo que va de este 2010 han sido presentadas 730.967, varias más que las presentadas este mismo período el año pasado cuando sumaron 66.774). Como se puede ver, el empresariado no sólo no utilizó esos fondos para proteger el empleo sino que de hecho hizo todo lo contrario, siendo que la recuperación reciente es explicable tanto por esta destrucción del empleo (en la que ayudó, claro está, el terremoto), el endeudamiento de los hogares (63% en promedio general, 85% en el quintil IV) y las compras relacionadas al mundial.

Lo más asombroso del asunto, sin embargo, además de la pasividad en medio de la cual todo esto ocurre, es que en las cuentas de La Concertación la estrategia para regresar al poder es la de inclinarse hacia la derecha, lado para el cual según todos los principales centros de estudio del país (que son los de derecha), se ha inclinado el electorado chileno. Esto es en parte lo que explica la actitud reciente de senadores provenientes de este bando en aparecer como más antichavistas que nadie inmiscuyéndose en las elecciones venezolanas próximas, pues lo otro que también lo explica es la necesidad de abrir un frente de emergencia en la medida que el piñerismo emprendió una ofensiva contra el “bachelismo” aperturando investigaciones a su gestión por presunta corrupción.

Como es típico en estos casos, ante la investigación los senadores concertacionistas optaron por involucrarse en una causa movilizadora que desvié la atención. Los senadores de la derecha, en especial la UDI,  entendiendo que el antichavismo es una bandera que no se pueden dejar quitar, han buscado ahora ponerse a la vanguardia de la misma. El gobierno, hasta los momentos bastante cauto, se ha dedicado un poco a observar aunque citó a la embajadora y lamentó el comunicado de la Asamblea Nacional por ofensivo. Los últimas metidas de pata en política exterior tal vez lo tienen frenado, pero también deben saber que de caer en la provocación le estarían haciendo el juego a los concertacionistas.

Que La Concertación haya optado por arrimarse a la derecha y buscar allí su nueva mayoría no sólo se explica por el conservadurismo constitutivo de mucho de sus miembros principales, sino por la soberbia de no reconocer los errores garrafales que en buena medida le costaron la presidencia (tal vez si Piñera hubiese tenido la oportunidad de escoger a su contrincante sin duda habría escogido a Frei, un viejo absolutamente gris y conservador que encajaba perfectamente en la estrategia de la Alianza de “cambiar” con el pasado y la vieja política). Por otra parte, también es señal de su ceguera: pues ese terreno está en disputa ya por la UDI y la RN, los dos partidos principales de la Alianza, a quienes ese electorado ya reconoce e identifica históricamente. Adicionalmente, si bien puede ser cierto que el electorado chileno se inclinó hacia la derecha, lo cierto también es que ese electorado es poco menos de la mitad de la población votante, la cual se abstiene o vota nulo ante la ausencia de alternativas en las opciones actualmente existentes.

Así las cosas, la derrota concertacionista en su lucha por no desaparecer en la lanzas de la derecha tradicional, la ha llevado al extremo ridículo de disputarle a ésta las banderas del antichavismo, pero también otras como la del anti-abortismo. De aquí en más en algún momento saldrá haciendo una revaluación positiva de la dictadura de Pinochet, pues ya incluso la estrategia de renegar del allendismo la han utilizado. Mientras todo esto ocurre, sin embargo, y ya que esta es un polémica que comenzó por las “preocupaciones” de los diputados por la democracia, hay que recordar que 20 presos políticos mapuches (encerrados por la Concertación) de los que nadie habla se encuentran en huelga de hambre, algo que definitivamente no les preocupa a estos paladines.

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