Los números que avalan a los senadores chilenos como “observadores” electorales.

Según las cifras oficiales, para la última elección presidencial (la de diciembre pasado) habían 12.227.915 chilenos y chilenas en edad para votar de un total de 16.928.873 habitantes. De estos 12 millones y tantos, están inscritos para hacerlo 8.285.186, es decir, un 67%, es decir, 3.942.729 no lo están por las más variadas razones, siendo las dos más importantes la abstención juvenil por falta de identificación con los partidos tradicionales y el voto de los ciudadanos chilenos en el extranjero (unos 800 mil) quienes, inhabilitados por la dictadura, nunca fueron incluidos en los 20 años de gobierno de la “democrática” Concertación de partidos de donde provienen varios de los senadores que quieren “observar” las elecciones venezolanas.

De esos 8 millones 225 mil inscritos, votaron en la primera vuelta 7.264.136, es decir, un 59,4% del total de la población apta para votar y un 87% de la que está efectivamente inscrita. Todo lo cual significa que, por una u otra razón, 4.963.779 personas que pudieron haberlo hecho no votaron.

Adicionalmente, de esos 7 millones 264 mil que votaron en la primera ronda, 286.592 votaron nulo. O sea, solamente 6.977.544 tomaron una u otra opción de las cuatro que había. Si nos vamos a la segunda ronda, la que enfrentó a Piñera contra Frei, los números no mejoran, de hecho, empeoran, pues los 7.264.136 votantes de la primera vuelta se reducen a 7.203.371 de los cuales votaron nulo 244.003.

Si tomamos estos números como el reflejo más reciente del total de votantes que La Concertación (Frei) y la Alianza de Partidos (Piñera) convoca a elecciones, estamos hablando que del total de personas aptas para votar sólo movilizan 6.959.368, es decir, un 56,9%, o sea, 5.268.547 no vota por ninguna de esas dos alternativas. Y si entonces, por último, tomamos en cuenta que Piñera ganó en segunda vuelta con 3.591.182 votos, estamos hablando que es un presidente electo por un 29,3% de chilenos y chilenas aptos para votar, lo cual cuando se saca la misma cuenta para el caso de La Concertación es todavía peor dado que perdieron y, además, habría que restarle los votos del Partido Comunista que por puro impedir que llegara la derecha votó por ella.  Caldera II, en el peor momento de descrédito de la democracia venezolana cuartorrepublicana, sacó el 31%.

Poco más o menos, con algún error de cuentas probablemente, estos son los números que avalan  los senadores chilenos como observadores electorales. Podríamos analizar el caso de los mecanismo por los cuales llegan y se mantienen los miembros del senado, pero es tan complicado y antidemocrático que llevaría varias páginas hacerlo. No podemos tomar en cuenta la elección de los equivalentes a nuestros gobernadores (los intendentes) porque son nombrados por el presidente y tampoco comparar la tecnología aplicada, al menos claro que sea justo comparar el voto automatizado venezolano con el manual chileno.

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