El gorilismo del siglo XXI

Gorila:

El destino de la Sociedad Civil.

Jeudiel Martínez

En principio el lector habrá de tener paciencia:


goriletti“ despues de traicionar al pueblo hondureno rindiendose a los pies de los hermanos tiranos castro y del tirano de sabaneta, está ahora buscando padrinos, que le responda a chavez que hizo con los $ 200 millones que le mando para imponer el chorismo del siglo XXI, este señor no tiene vergüenza, lamentablemente lo dijo el padre de la patria SIMON BOLIVAR, UN PUEBLO IGNORANTE ES INSTRUMENTO CIEGO DE SU PROPIA DESTRUCCION,eso esta pasndo en venezuela, cambiaron la patria por un pedazo de pernil decembrino unas mortadelas de Cochino y unos yerberos cubanos que llaman por su misma ignoracia , DOCTOL, sr perdonalos no saben lo que hacen, viva el pueblo de honduras por su gallardia y por demostrarle al imperialista venezoloano,que los pueblo se respetan,no ha la ingerencia de chavez en la politica latinoamericana,respetos a los pueblos y su soberania e independencia,no a los nuevos imperialistas petroleros,viva honduras” . (sic).

La impecable redacción que usted  ha encontrado sobre estas líneas pertenece a uno de los miembros de lo que las ONG’S, las universidades y los medios de comunicación privados llaman Sociedad Civil. Este analista acaricia el idioma de Garzilaso y Cortazar mientras se explaya – en los comentarios de un periódico venezolano Online- sobre la conveniencia del golpe Hondureño, y particularmente sobre la aseveración del “canciller” del gobierno de facto respecto a que el Presidente Zelaya debe pedir permiso para volver a su país.

Cuando se ve que ese gobierno perpetra realmente contra los medios de comunicación de ese país lo que Chávez según Globovisiòn y la SIP amenaza con hacer -y no ha hecho- desde hace diez años, cuando se ve que todas las figuras y referencias de autoridad –el gobierno de EEUU, la Unión Europea, la ONU- respetadas por esa oposición venezolana que nos dice todo el tiempo que es la encarnación de la civilización en sí – productividad, ilustración, legalidad, institucionalidad, etc- tomar posición contra el cuartelazo de los ganaderos Hondureños, uno podría pensar que al menos para guardar las apariencias esta Sociedad Civil habría de tomar distancia respecto a la defenestración del Presidente Zelaya.

Pero no lo hace, ni Telemundo, ni RCTV, ni Globovisiòn, ni ninguno de los impresos que por costumbre llamamos periódicos se distancia de ese golpe. Eso no es nuevo, ninguna clase media del continente, ninguno de los medios privados o de los grupos empresariales conservadores ha disimulado su complacencia no sólo contra ese cuartelazo sino con el paramilitarismo colombiano, el ataque israelí a Gaza o el campo de concentración de Guantánamo. Que contraste entre el apoyo entusiasta a la marcha contra la FARC y el displicente trato a la que condenaba el paramilitarismo, que habilidad para presentar las acciones del gobierno israelí en Palestina, o el de EEUU en Irak como necesarias, incluso cuando implican torturas y bombardeos a hospitales.

honduras-custodiosdegolpistasUno podría pensar que esa resistencia a aceptar de una vez los derechos universales de la democracia liberal es inconveniente para sectores que se legitiman desde su lucha contra el “totalitarismo” pero ese pensamiento vendría de un mal análisis de los cambios en la política de nuestro continente que han llevado a que al menos en Venezuela el antiguo termino “Sociedad Civil” -que en su acepción clásica englobaba a todo lo que no era estado- se haya convertido en el denominador para lo que en el siglo XIX era llamado Partido del Orden, y más allá, una especie de nueva “raza blanca” formada no sólo por los más caucásicos entre nosotros sino por los que se pretenden depositarios de la cultura universal y motores del progreso económico.

En ese sentido esa “Sociedad Civil” es de las invenciones estratégicas más grandes de nuestro tiempo, alinea las diferencias raciales y de clase, aglutina el conservatismo para manufacturar una especie de vehiculo, de movimiento que –como se ve claramente en las revoluciones de colores- combina el modelo de las franquicias y los clubes de Fans con el de las viejas organizaciones de derecha tipo la falange o Tradición Familia y Propiedad. Fascismo Light, de centro comercial, convocado para legitimar y complementar eso que los paramilitares colombianos y –ahora mismo- los militares hondureños llevan adelante.

Por eso, del actual gobierno de facto en Honduras al golpe del 2002 en Venezuela, del movimiento separatista en Bolivia pasando por las protestas de los “rurales” argentinos se repiten no solo las consignas y  los programas sino las fisonomías y los gestos. Pero casi cuarenta años después del golpe chileno, ese punto de inflexión que nos llevo del mero cuartelazo a los grandes proyectos contrarrevolucionarios, el golpe en si con la represión y el silenciamiento que conlleva se ha convertido no en lo que garantiza el cumplimiento de un programa contrarrevolucionario sino en el programa en si.

He ahí la clave de la gran similitud de las acciones de la opocisiòn venezolana con las de los separatistas de Santa Cruz y los golpistas hondureños, he ahí la recurrencia –donde quiera que ha habido el asomo de una política levemente “popular” o si se quiere de un desblanqueamiento de la democracia liberal- de las rutinas de  represión a las organizaciones populares, el cerco mediático y la liberación del odio contra todo lo que encarne al “enemigo”: “infiltrados” cubanos o venezolanos, “choros”, “terroristas”, “lumpen” , “coyas” etc.  Todas las variantes del viejo “comunistas de mierda” que heredamos de las décadas precedentes.

En cualquier lugar del continente donde esta derecha pierde terreno ante los populismos o los movimientos populares esos escenarios de autoritarismo, represión e histeria se repiten, se desatan y llegan a extremos tales que como en los casos de Bolivia y Venezuela llegan a suponer el suicidio político de los perpetradores. Es, sin embargo, un error el pensar que esa torpeza está en las meras acciones de la “junta” hondureña, por ejemplo; como dijimos arriba sus acciones no pueden ser otras por que el propósito de los poderes establecidos de Honduras igual que el de los escuálidos venezolanos y los separatistas de Santa Cruz es justamente poner lo popular en su sitio por los medios que sea necesario, no importa que tímidamente  se manifieste.  La torpeza esta en la estrategia que hila esas acciones. 

De ahí que el Chavismo –más allá de que posee en grandes dosis su propio conservatismo y su propia corrupción- sea el símbolo de ese desborde de los caminos y canales de la democracia representativa por esas gentes y discursos que no pueden más que verse como contaminaciones e impurezas, de ahí que la sola idea de que el referéndum que iba a darse el domingo pudiera legitimar a un presidente que no ha decretado una reforma agraria ni combatido los intereses transnacionales o amenazado sistemáticamente a la oligarquía de su país, pero que se ha acercado al bloque del ALBA y ha pretendido cuestionar el orden constitucional convocando a fuerzas populares, sea completamente intolerable, independientemente de cuán subversivo pueda ser realmente el “eje la Habana-Caracas” y qué tan fuerte pueda ser el cuestionamiento derivado de una simple encuesta de opinión.

El error del gobierno de facto de Honduras no es perpetrar el cuartelazo sino hacerlo de forma anacrónica, igual que los populismos institucionalizan las luchas y pugnan por burocratizar los movimientos populares, la derecha neoconservadora del continente ha creado ya el modelo para una contrarrevolución institucional, interna al llamado Estado de Derecho, reclutada por el como una excepción. México y Colombia, saludados por todos como democracias de antigüedad y prosapia son los ejemplos más diáfanos de ese diseño del poder que se disputa la hegemonía continental con el populismo de Chávez.

Los desmanes cometidos en México no sólo tras la masacre de Tlatelolco, sino con la aplicación de los programas de ajustes, y la ofensiva antiguerrillera de Colombia en la misma época son ejemplos de democracias que tienen como suelo, como fundamento, verdaderas dictaduras. Todos pensamos con ira y horror en las dictaduras del Cono Sur pero lo que se ha hecho bajo los gobiernos civiles en Colombia no es en cualidad ni cantidad distinto a lo que se hizo en la dictadura argentina, por ejemplo. ¿Cuántos son los muertos de la democracia colombiana, cuántos los desaparecidos? La contrainsurgencia a gran escala realizada clandestinamente por las Fuerzas Armadas y delegada en los Paramilitares, esos criminales de hecho a los que de derecho se les indulta, la persecución a periodistas y sindicalistas es el mar de fondo de las elecciones y el juego parlamentario, un mar solapado ya no por el silencio de la censura sino por el ruido interminable de los medios de comunicación. Ya no se trata de la suspensión de la legalidad por la fuerza sino el reclutamiento de esa fuerza por la legalidad, no se trata de la censura, de no dejar hablar y ver, sino de hacer que se vea y se hable lo que conviene a los poderes establecidos. No veamos entonces como simple coincidencia que el día que Obama recibe a Álvaro Uribe, el Videla civil, y le garantiza la concreción del Tratado de Libre Comercio con Colombia condene sin ambigüedades el golpe hondureño.


Allí se ve  la torpeza que ha cometido, en su urgencia, el gobierno de facto de Honduras, desconocer que en nuestro continente el cuartelazo pasó, con el golpe chileno, de ser un exabrupto de las fuerzas armadas y la clase política a un proyecto institucional, y con el paramilitarismo colombiano y la insurgencia de la clase media venezolana, a ser parte de un movimiento social. El “gorilismo” solía ser la tendencia anticomunista del mundo militar y eclesiástico, luego la idea política predominante de la pequeña burguesía, hoy es un espíritu y una cultura política que unifica a las patéticas clases medias del mundo flexibilizado con los empresarios que las explotan. Érase una vez en América, donde tantas cosas renacen transfiguradas, que fue inventado el fascismo.


20090630elpepuint_6Ya en Honduras misma y en todos nuestros países, el grueso de las clases medias busca darle al golpe hondureño el apoyo que lo haga presentable, igual que esas exquisitas locutoras y comentaristas de RCN y Caracol hacen aparecer hermosa la dictadura de la “política de seguridad democrática” esta Sociedad Civil es el rostro de un gorilismo que ha entendido que sus rasgos visibles ya no pueden ser los de los obispos pedófilos y militares sexagenarios. Teatro y cosmética contrarrevolucionaria puestos en escena para presentar como fiesta cívica y civilizatoria la podredumbre de los poderes establecidos en esta región: si los rostros y los gestos en las marchas de las Sociedades Civiles como las de Honduras hoy, las de Guatemala en las semanas pasadas y las vistas en su momento en Caracas, Santa Cruz y Buenos Aires se repiten y se asemejan tanto es por que desde los 70’s el cuartelazo ha ido evolucionando moviéndose hacia nuevas fases, generando todo un aparataje espectacular y una movilización social que le continúen por otros medios no solo a través del poder civil sino de la cultura misma.


En su crudeza el anacronismo y la desnudez del cuartelazo hondureño nos ofende, a nosotros, a los que tienen “nuestra edad y nuestra geografía” nos recuerda, aunque no la hayamos vivido, una época de hacendados y pulperos que mataban a capricho y reducían nuestra civilización a puebluchos patéticos de mantillas y misas, a plantaciones y minas, nos recuerdan a los poderes que nos ven como extras de una mala película del zorro o de una telenovela mexicana, carteristas y sicarios de una película amarillista o bailarines en una fiesta folklórica, a todo aquello que tantos lucharon por dejar en un pasado vergonzoso. Por esos que lucharon de esa forma somos más, somos otra cosa.


Por eso, sin duda la mísera oligarquía de Honduras fracasará, pero su fracaso asegurado no implica por contrapartida una victoria del pueblo de Honduras, no implica la derrota del Gorilismo encarnado en las Sociedades Civiles, sus cuartelazos y sus rebeliones de colores. Tampoco la vuelta al poder de Zelaya implica que nos hallamos librado de los anillos y tentáculos de nuestro Leviatán Ibérico, igual que las luchas por hacer del gorilato algo pasado no nos garantizaron que este no insistiera y retornara como algo presente.


Si en el teatro cívico del gorilismo latinoamericano se disfraza de libertad o legalidad la mera demanda de limpieza social como en Venezuela, el racismo puro y la servidumbre como en Bolivia, y los neonazis marchando a paso de ganso como en las protestas contra Kirchner, el apuro y la impertinencia del cuartelazo hondureño muestra que esa derecha no tiene más proyecto que preservarse a si misma y a los intereses que se han asociado con ella, en el se devela la distancia entre el discurso civilizado y universalista con que se acusa a los populismos de izquierda de ser totalitarios y los brutales proyectos concretos de los populismos de derecha.  Del mismo modo el mensaje que mostrábamos arriba muestra lo que realmente es la clase media bajo la cosmética de los medios de comunicación: ignorancia, brutalidad y eructos justificados por unos pocos ceros en las cuentas o simplemente por la dirección del apartamento.


Pero el daño de la sociedad civil gorila no se reduce a que aceche sin descanso una oportunidad de perpetrar su 12 de abril o su golpe Hondureño, se completa en la legitimación de regimenes cuya única justificación es contener a esa derecha, los que apoyamos al chavismo en 2002 para reducir la caravana de anticomunismo pronto supimos que la radicalización de ese chavismo no tenia mas sustento que el deseo de mantenerse en el poder, pronto las elecciones dejaron de ser momentos de afirmación política para convertirse en mercadeo y la lucha contra el golpismo un medio para ocultar las luchas internas y movilizar al pueblo sobre la base del miedo.


HONDURAS-COUP-UNRESTZelaya no es ciertamente, uno de esos antiguos presidentes de los que Allende fue el último, aristócratas o pequeñoburgueses rebeldes que con gestos simples subvertían el orden de nuestra mediocridad que está escrito en las leyes de esas castas, que llamaban a los pueblos a existir aunque fuese desde su sacrificio. A Zelaya le espera un retorno difícil y una posición política precaria e inestable, pero si la patética oligarquía hondureña ha desencadenado una contrarrevolución contra una pequeña encuesta les queda a los hondureños lograr que más allá de esa cuarta urna su aparición en la política sea tan peligrosa y amenazante como esos cagatintas, diputados y soldaditos temieron que fuera. Si no se le permitió al gobierno hacerle una consulta,  ese pueblo deberá asegurarse de no necesitar nunca más que un magistrado le quite o le de la palabra, le consulte o le deje de consultar: es tiempo de que hable y decida sin permiso de nadie.

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