La pesadilla de Darwin.

na01fo01Según un punto de vista muy popular en la sociología de los últimos años, hoy día vivimos en una sociedad de riesgo. Las características  de esta nueva forma social son muchas y muy variadas, pero quizá la más fundamental de todas sea aquella según la cual en nuestro interconectado mundo, la democratización de los desastres es la norma, en el sentido que, lo queramos o no, los efectos colaterales o “no deseados” de la modernidad nos alcanzan a todos por igual, al menos potencialmente. Los efectos globales de la contaminación (el calentamiento ambiental, el agujero de la capa de ozono, etc.) vienen a ser el mejor ejemplo de ello: independientemente de la clase, raza, género, nacionalidad o religión, se sabe que los mismos no son fenómenos localizados en un espacio – tiempo específicos, sino una realidad que se reparte “democráticamente” por el mundo indiferente a las medidas que se tomen para contrarrestarlos. Más recientemente, la (mal) llamada crisis financiera también vendría a confirmar esta hipótesis: pues se sabe que la misma si bien empezó en los Estados Unidos hoy día afecta todos los países, así como también afecta sin distingos a los grandes bancos y a los pequeños comerciantes, a los grandes gerentes y a los pequeños carpinteros, al joven ejecutivo blanco y a la madre soltera negra. Socialización de los riesgo también se le ha dicho. Se supone que esta es la condición humana global de comienzos del siglo XXI.

Evidentemente, la “gripe porcina” viene a encajar perfectamente en este contemporáneo esquema: una enfermedad que en épocas de menor movilidad o interconexión humanas hubiera afectado casi exclusivamente a las poblaciones del territorio donde surge (y dentro de éstas muy probablemente a sectores específicos), en las condiciones del mundo de hoy se reparte indolente por el globo. Ya no se trata de la población mexicana en grave riesgo, sino que en realidad la población mundial toda es la que lo está. La OMS declara la potencial propagación de una pandemia muy similar a la que en 1918 mató 40 millones de personas. Y en consecuencia, una suerte de estado de sitio epidemiológico, con México en medio de un apartheid epidemiológico, se ha levantado a nivel mundial buscando aislar el virus. Se han limitado los vuelos, suspendido las más diversas actividades, movilizado a todos los expertos, alertados a las distintas autoridades. Y mientras tanto, los medios se han encargado de mantenernos al corriente de todo lo ocurrido, oscilando como siempre en la delgada línea que separa a la información oportuna del pánico.

Sin embargo, en éste como en los ejemplos anteriores, cabe preguntarse qué tan rigurosa es esta fulana socialización de los riesgos. O dicho de otro modo, hasta qué punto ésta virtual exposición democrática e igualitaria a las catástrofes de factura humana o natural, no esconden una profunda desigualdad real en los modos y resultados de dicha exposición. A este respecto, lo ocurrido con el Katrina es un ejemplo paradigmático: ciertamente, el huracán se abalanzó “democráticamente” sobre la ciudad, pero lo que terminó ocurriendo fue que el 68% de negros pobres y postergados que habitaban los sectores más vulnerables de la misma no tuvieron los medios necesarios para abandonarla, a la vez que fueron abandonados sin alimentos y sin asistencia por unas autoridades que se limitaron a facilitar la salida de aquellos que contaban con sus autos (por lo general, blancos de clase media y alta habitantes de los suburbios) y luego a intervenir cuando el odio y la desesperación llevó a la gente a saquear lo poco que había quedado en pié. El Tsunami que azotó el sur de Asia hace algunos años también presenta indicios de cómo la catástrofe natural viene a potenciar las muchos más lentas, sistemáticas y devastadoras catástrofes sociales de regiones que poco importan más allá de su exotismo turístico por lo que no cuenten con mecanismo alguno de prevención de desastres y mucho menos plataforma sanitaria y de atención de sus pobladores, que no es lo mismo que decir de evacuación de los extranjeros que las visitan. De la crisis financiera global se puede decir también lo mismo. Con el agravante de que al argumento cínico de la socialización de los riesgos, se le debe agregar el hecho todavía más grave de que muchas de las medidas tomadas tienen como propósito proteger a los más privilegiados orientando las pérdidas hacia los países y sectores más vulnerables.

TN_1325554La presente amenaza de gripe porcina responde al mismo esquema. No es tan solo el hecho de cómo muta un virus y pasa de una especie a otra sino de cuáles son las condiciones que hacen posible dicha mutación y por qué afecta a unos hasta matarlos y a otros apenas los envía al hospital. Con respecto al primer punto, en esta caso como en el de la gripe aviar que se desató hace algunos años en China, las condiciones de sobreexplotación, hacinamiento e insalubridad en las que se encuentran muchas granjas de animales en el tercer mundo (pero destinadas al consumo del primero), representan el caldo de cultivo ideal para la mutación de este tipo de virus así como para el contagio del mismo hacia los humanos, ya que los requisitos sanitarios mínimos para el funcionamiento de éstas no se cumple ni es exigido por unas autoridades corrompidas por las empresas o chantajeadas por las gansteriles condiciones impuestas por las mismas para invertir en zonas pauperizadas. Un ejemplo de ello son las granjas de Carroll en Veracruz, propiedad de Smithfield Foods, la mayor empresa de cría de cerdos y procesamiento de productos porcinos en el mundo. En las poblaciones adyacentes a su sede de Perote comenzó hace algunas semanas una virulenta epidemia de enfermedades respiratorias que afectó a 60 por ciento de la población, hecho informado por en varias oportunidades a partir de las denuncias de los habitantes del lugar, los cuales desde hace años llevan una dura lucha contra la contaminación de la empresa. Han denunciado el desastre ecológico causado por las lagunas de oxidación donde se vierten excrementos y residuos químicos a cielo abierto y sin membranas ecológicas que impidan la filtración de líquidos a los mantos freáticos y la reproducción de nubes de moscas que facilitan la transmisión de agentes patógenos, obteniendo hasta la fecha como única respuesta la represión de las autoridades. De hecho, hoy se sabe que el Estado mexicano estaba enterado con anticipación de lo que se venía, pero optó por el silencio en vista de los efectos depresivos que en una economía ya deprimida tendría haber dado la alerta temprana.

El otro factor que explica por qué solo los mexicanos  se mueren (la víctima en Texas era un niño de 22 meses que venía de México), tiene que ver no solo con la calidad de los servicios de salud, sino también con las profundas diferencias alimenticias y nutricionales de los países afectados. En resumen, condiciones de alimentación deficientes más medidas sanitarias inexistentes más sobre explotación de actividades económicas altamente contaminantes igual a crisis sanitaria.

imagenesexterminioEntretanto, también se especula sobre la guerra bacteriológica y experimentos de armas virales. Obviamente, esto no deja de ser una especulación, en el sentido que hasta la fecha nadie, más allá de la sospecha o el atar variables no comprobables, ha podido presentar pruebas al respecto. Lo que si es cierto, es que en medio de toda esta situación los malogrados especuladores han encontrado un nuevo nicho de rendimiento asociado a las ganancias de las corporaciones farmacéuticas, lo cual plantea de nuevo la situación de las patentes en general y las médicas en particular puestas por encima del interés público. En tal sentido, hablar de democratización de riesgos es desconocer las profundas diferencias sociales que no solo se hayan supuestos detrás de fenómenos como estos sino además los explican en buena medida. En nuestras condiciones actuales de vida, nuestras variables medio ambientales son también sociales y más aún económicas, por lo que al hacer los mapas de riesgo y amenazas nos encontraremos una vez más con las líneas que separan a aquellos que mueren sin remedio de aquellos que cuentan con las condiciones necesarias para resistir.

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