La revolución inédita

Uno de las motivaciones originales de este blog era debatir sobre la situación en Venezuela,

ni-pacto-ni-negociacionespecialmente en cuanto al presente y futuro de la llamada “revolución bolivariana”. Por razones geográficas obvias, eso es algo que se puede hacer mejor desde afuera, entre otras cosas porque algunos condicionamientos internos frustran, por decirlo lo menos, la posibilidad del debate crítico en Venezuela en donde o todo termina reducido a la polémica bastante simple “escualidismo-chavismo” o rebota contra los comandos mentales del “si lo dices Chávez está bien”. Por su puesto, todo esto tiene explicaciones muy buenas y válidas. Y la más válida de todas suele recibir el nombre de “coyunturas”. Ciertamente, en momento de coyunturas conflictivas es difícil ponerse a discutir y el puro instinto de conservación llama automáticamente a cerrar las filas. El problema con esto, sin embargo, es que el debate termina no siendo nunca, pues siempre estamos ante una nueva coyuntura, y entonces, ante una nueva postergación.

En esta búsqueda permanente de rehuir al debate también se suele recurrir a algunos subterfugios, algunos más inteligentes que otros pero casi siempre burdos los cuales se repiten con bastante ingenuidad cuando no abierta desfachatez. En este sentido, entre los más elaborados sin duda se encuentra ese que dice que “la revolución venezolana es inédita”, obviedad geométrica si las hay que tiene no obstante la astucia de justificar prácticamente cualquier cosa que pase o se diga, más o menos la misma función que cumple el infeliz “inventamos o erramos”. Sobre este tema particular ha sido Jeudiel Martínez quien ha escrito las mejores cosas. Un poco se ha encargado de mostrar cómo en esta deriva última en la que pareciera haberse encerrado el chavismo, se han venido consolidando una serie de prácticas que no se corresponden para nada con el talante revolucionario en que se dicen están inspiradas. Exagerando bastante y haciendo una comparación que seguramente le gustará tan poco como a mí, para algunos, yo al menos, ha sido una suerte de “Trotsky” de consumo interno y a nivel de panas. Una perspectiva crítica no exenta de polémicas y contradicciones pero siempre bastante honesta, que no es amable porque no intenta serlo y que se coloca siempre del lado en que hay que estar: el contrario de la esclavitud intelectual y vital, 

Lo último que ha escrito Jeudiel es una especie de carta por entregas llamada “para los chavistas: mensaje final”. Ya van dos partes y falta una final según creo. Voy a transcribirles por acá la segunda porque me parece la mejor y en todo caso es la que toca más directamente este tema de la revolución inédita y el chavismo a-crítico. La guindo porque me parece importante y porque quería compartirla con aquellos que no la han visto pero que se que pueden suscribir buena parte de lo dicho o en todo caso llevarlos a pensar sobre ellas. Aquellos que se mantienen con sus creencias intactas, que siguen empujando, pero que saben que eso no exime la obligación de revisar y revisarse.   

Lenín dijo una vez, no recuerdo donde, que si de encontrarse las fuerzas revolucionarias ante el fragor de las batallas en situación de retirada se encuentran en el camino a un menchevique  que les diga “vieron que yo tenía razón, ustedes han sido muy radicales, vean lo que han desatado, era mejor esperar y dialogar” había que hacerlo preso y fusilarlo por traidor y timorato antes de seguir la huida. Y esto por una razón fundamental: porque en el primer caso la retirada siempre es táctica mientras que en el segundo es estratégica, es de hecho una forma de ser. Lo mismo aplica para el debate, por eso lo realmente contrarrevolucionario es no hacerlo, no hay que ceder ante ese chantaje.

Bueno aquí está, bastante largo para este formato pero vale la pena.  

 

El Algoritmo.

Jeudiel Martínez 

La antigua editora de Urbe, la revista para adolescentes, hizo una vez un perfil ficticio de los candidatos presidenciales de 1998 reemplazando sus curriculums y biografías reales  por otros idealizados al estilo de la clase media “progre”. Así, Chávez era un militar que había pedido la baja en el 92 y luchado por la objeción de conciencia y  Alfaro Ucero un desertor de AD que había enfrentado la corrupción, etc.

hugo-chavezEse ingenuo y débil intento de la editora de sublimar una realidad que encontraba demasiado impura o sucia para intervenir, es el signo de posturas que a la derecha o a la izquierda han rechazado la preeminencia de Chávez en nuestra vida política. Frente al impacto de Chávez  habría un mohín prejuicioso de liberales y radicales que lo encuentran no suficiente democrático o libertario, como ocurrió por ejemplo con el “anarquismo” venezolano que terminó en Plaza Altamira, poniendo toldos al amparo de los militares  anticomunistas de 2002 y recibiendo, llorosos, alguna golpiza ocasional de los muchachos del este a los que “anarquismo” y “chavismo” les sonaban igual.

Frente al moralismo ingenuo de la clase media progre o liberal, se levantó la reacción de la vieja izquierda partidista o universitaria que “pragmáticamente” entendió las posibilidades del Chavismo. Con un pensamiento que a su juicio es ilustrado y flexible sorteaban las trampas del dogmatismo, los prejuicios arraigados contra los militares y el estatismo, contra el populismo, etc.  Si al romanticismo puro le ilusiona el paralelo Fidel-Chávez  este sector menos ingenuo se fascina con la cercanía entre Chávez y Perón y  toma eclecticamente de Laclau, de Negri, Boaventura de Souza o de cualquier pensador altermundialista referencias que acrediten la formula dorada de su pensamiento: “esta revolución es inédita”.

 Transmitida a otras esferas por los operadores mejor conectados de la izquierda universitaria, esa formula llegó  a ser la preferida de la burocracia después de así, así es que se gobierna” y la mas directa: “lo que diga Chávez”.  “Esta revolución es inédita  obviamente no es un grito de guerra que se descarga en las marchas y movilizaciones, es una formula de gabinete o escritorio sutil y oportuna a la hora de racionalizar las pruebas a las que la política real somete el amor a Chávez o las extravagantes ilusiones levantadas en torno al proyecto Bolivariano.

psuvLa utilidad de esa formula que en principio nos señala algo muy obvio, es en realidad hacer imposibles las comparaciones, suspender todos los juicios, el “proceso” inédito seria incomparable, irremisible. Es cierto que al fin y al cabo el chavismo y su proceso son tan singulares e irrepetibles como cualquier otra cosa, pero no dejamos de comparar, de sopesar o definir a las piedras, los huracanes o los hombres por que cada uno sea, estrictamente hablando, inédito.

Suspensión de las valoraciones y los juicios subsiguientes, emplazamiento para-judicial del que cuestiona de fondo el “proceso”, he ahí el sentido de esa frase: “quien eres tu para decir que esto o aquello no es revolucionario, el pacto con Cisneros, el  partido único, el encumbramiento del empresariado  militar, la corrupción generalizada, la violencia  impune sobre indígenas y campesinos, todo esto es inédito, ¿quien puede decir si es bueno o malo?, y tu ¿Quién carajo eres para  juzgarlo?  ¿No será que no  entiendes este momento estelar?”. Y en verdad para los efectos del Chavismo el que detecta el hedor de Dinamarca o es un traidor o simplemente es uno que no entiende: “Esta revolución es inédita” es el abracadabra del oportunismo, conjuro recitado cuando se descubren las  fallas y  los límites, cuando el apasionamiento por la imagen  de Chávez se cortocircuita y los fieles que ascienden hacia el sagrado rostro sienten de nuevo la gravedad que los aleja de el.

Siempre nos divierten los argumentos escabrosos de la opocisión para estar contra el presidente incluso cuando beneficia al empresariado, la clase media o la dirigencia opositora en si, como con las amnistías, las leyes contra la usura o la intervención del Standford Bank. Imposible no asombrarse por los equilibrismos retóricos que requiere  lograr que un plan contra el analfabetismo aparezca como algo intrínsecamente maligno, la condena del bombardeo a Gaza resulte ser  apoyo al hampa  común y que el régimen sea autoritario hasta cuando pierde las elecciones. ¿Pero esta el chavismo en pocisión de reírse de eso que llamó en su momento “disociación psicotica” y que no es mas que una dolorosa  servidumbre”?

Todos tenemos amigos, conocidos, colegas o jefes que abrazan la tarea de generar  esa plusvalía rara que consiste en la repetición de cierto juicio o mas allá, de las famosas matrices con que  se producen esos  juicios, son los que se convencen y convencen a otros de que las inhabilitaciones eran legales, que postular a Peña a la Alcaldía Mayor era una jugada maestra, que la ley de inteligencia era expresión del “instinto territorial del mamífero”, que Venezuela es un país rural, que los apuros para votar antes del cierre de las mesas el 23 de Noviembre venían de una estrategia  cuidadosamente planificada, que tras el fortalecimiento de la derecha endógena y de todo lo que pasa en el país esta  el  Ajedrez sideral del Presidente Chávez, que la corrupción es un vicio del viejo estado burgués, que no hay contradicción entre el endiosamiento  de Baduel en 2002 y las sesiones de odio de Mario Silva en 2007, o las sesiones de odio contra Arias Cárdenas antes de 2007 y las de alabanza que vinieron después, que la frase “soy chavista”  tiene las mismas implicaciones si la dice Di Martino, Diosdado, Maria Cristina Iglesias, un tomatico o una doña de un comité de tierras y que es perfectamente coherente decir en público que la reserva es capaz de detener al imperialismo y en privado que seria una locura soltar fusiles en los barrios.

En tal contexto, las racionalizaciones que requieren buscar concordancia entre los dichos y hechos del presidente o de estos entre si, entre la vocación y la estatura que le atribuimos con la de la clase política que lo rodea, implican para nosotros una rara forma de servidumbre intelectual, subjetiva, intima, que excede con mucho el tema de la disociación psicotica. Ser Chavista o escuálido se define por esa disponibilidad a ser instruido, las ordenes que se nos dan han de ser obedecidas hasta el punto de que se les libre  de toda arbitrariedad, contingencia o posibilidad de error y sean pura necesidad, rigurosamente correctas, milimétricamente justas hasta el punto que nuestro pensamiento se modifique con ellas, se amolde a ellas  más allá de lo que exprese la experiencia inmediata: ¿partido único? ¿Vicepresidencias regionales? ¿Promoción incesante de la “derecha endógena”? una buena razón existe para todo eso, somos nosotros los que no la concebimos.

hugo_chavez_y_diosdado_cabello_1Esta obediencia se emplaza en una balanza en que se jugaría ya la redención, ya la condena. De ahí que Todas las alternativas de nuestra política se  reducen entonces a opciones binarias, blanco-negro, lleno-vacío, 0-1, patria-imperio etc. opocisiones de las que no sabemos su validez real –es el estado una alternativa al mercado? La Hojilla es mejor que Alo ciudadano? Di martino diferente a Rosales? Diosdado de Cisneros o Molina Tamayo- y esas series de contradicciones se resuelven en el rechazo o la atracción por la imagen de Chávez, que representa a unas y define a las otras por contraste. Curiosa programación de nuestra vida colectiva por la que deberíamos preguntarnos como aldeanitos asombrados “¿habrá algo más en el mundo que el amor o el odio a Chávez?”.

Pero en este proceso, tras todas las equivalencias y contrastes no es Chávez el que aparece mas concreto, mas definido por todas las opciones que representa, sino estas las que aparecen casi como preferencias, caprichos o rasgos personales suyos, y por consiguiente cada vez mas abstractas e inesenciales.

De ahí que en muchos casos el falso radicalismo o el radicalismo retórico frecuente en la elite y el pueblo chavista llame la atención a los que no están bajo el encantamiento de Chávez,  no solo se pueden ver las pocisiones mas radicales separadas de cualquier forma de acción, sino que muchas veces no se sabe ni siquiera como radicalizarse sin caer en las mas tristes contradicciones, así, se llego a hablar de una “policía popular”  como respuesta radical al problema de la violencia policial y se ha invocado el puro legalismo “burgués” contra la corrupción aunque en muchos casos ni siquiera existen los medios legales para determinar ciertos delitos.

Mas lo que se opone  a ese binarismo no es la moderación, la economía del juicio, el justo medio, los tonos de gris, y otras tantos lugares comunes tan abstractos como inútiles -y tan binarios como los anteriores-  es la posibilidad de acceder a la política en su nivel mas concreto: no podemos plantearnos cómo seria una política socialista sobre la especulación, la seguridad pública  o los bienes raíces, sino sobre que tan bien o mal lo hace el gobierno, por que no puede hacer nada, o por que hace esto o aquello, esto cuando el tema no es simplemente la forma como el nacional reseño tal medida, como la cubrió globovisión, o que apoyo se recibió de un dignatario o intelectual aquí o allá.

En la imagen de Chávez el algoritmo reduce los análisis mas complejos a un psicologismo barato que nos insultaría si no nos hubiésemos resignado a el “es bueno o es malo” “es chévere o es una rata” son  las disyuntivas que prevalecen sobre todos los intentos de analizar la situación presente que para el chavismo estaría definida en ultima instancia por el carácter y las convicciones personales del jefe de estado, en cuya psicología estaría la clave de nuestra historia y el orden de nuestro presente. De ahí que estemos en un ambiente donde frases como Chávez es un amigo, es un aliado, un enemigo o un  “infiltrado del pueblo en miraflores” parecen significar algo en si mismas, mas allá de las relaciones de fuerza concretas a las que remiten.

Pero no podemos engañarnos pensando que, en este algoritmo, las pocisiones sentimentales y normativas que podríamos llamar romanticismo y cierto individualismo posesivo se alinearían fácilmente ya con el chavismo, ya con el antichavismo, ninguno de los dos campos se mantendrían mediante una sola de las dos fuerzas, y a su vez el romanticismo y el oportunismo se anudan para el chavismo en las fuerzas cohesivas y totalizantes que mencionamos arriba: la identificación pasional con Chávez y el temor a la reacción opositora

 La estrategia interna.

chavez05081Lo que el algoritmo saca de nuestra visión es lo concreto,  no el rechazo a priori, normativo, dogmático o moralista, de lo que es o puede ser el Chavismo, ni por contraste su aceptación incondicional e indiferenciada. Al fin y al cabo como premisa  para iniciar un movimiento político el liderazgo de un militar de izquierda es tan buena como cualquier otra, igual se puede decir de la preponderancia del romanticismo y el tradicionalismo en nuestra cultura política, esto  en el caso de que hubiera un movimiento que sobrepasara esas premisas, que rompiera con ellas y las desbordara, un movimiento que se moviera y un proceso que procesara mas que votos y encuestas,  al fin y al cabo todas las tendencias políticas que han formado  nuestra era se gestaron y erupcionaron desde adentro del liberalismo, el romanticismo o  la tradición reaccionaria antes de superarlos y enfrentarse a ellos.

Pensar hoy al chavismo, implica precisamente definir esos bloqueos que han impedido que de la jefatura de Chávez haya derivado algo más que una especie de principado o cesarismo, como le dice Javier Biardeau, y que el romanticismo local haya saturado el campo popular.

Aún las condiciones de indigencia política e intelectual con que nos encontró la caída del puntofijismo no explican por que la mediocridad y la corrupción siguen siendo el rasero de nuestra existencia política, mas allá de todo pesimismo idiosincrático, de comentarios costumbristas sobre el “ser nacional” etc. un análisis somero  tal vez nos muestre que la precariedad es lo que marca la vida política del chavismo, y con el las posibilidades de un “movimiento real” que parecen dependiendo de condiciones muy especificas ( la jefatura de Chávez, el precio del petróleo, etc.) el amor pasional y la atracción oportunista por Chávez se intensifican al máximo en la medida en que se convierten en condición sine qua non de la continuidad de su proceso, lo que hace extremada mente fácil que las expresiones reactivas de esa dependencia  se fortalezcan ¿Cómo no defender lo que no solo se ama, sino aquello de lo que se depende? Chávez como único garante de la unidad del pueblo, de la soberanía  y la integridad nacionales, del “gasto social” de la reivindicación de lo popular, aparecerá forzosamente como el contendedor de la precariedad, la violencia, la incertidumbre, etc. De ahí que el lazo tejido por la identificación y la dependencia se cierre gracias al nudo del miedo.

maradona-acto-favor-campana-chavez-reeleccion-indefinidaEl uso interno de la amenaza de la opocisión, del golpe, de la derecha, es el análogo a la paranoia anticastrista de la clase media pero mucho mas sólido pues no solo es emocionalmente poderoso, sino también  eficaz a nivel de racionalidad política,  en general ningún dirigente o militante de opocisión ha pasado por mas de un baño de gas lacrimógeno o la detención en una celda individual, pero el Chavismo pasó por la experiencia del golpe, los excesos del paro, el sicariato en el interior, etc. Con lo que el uso del temor a otro golpe de estado, a un magnicidio, etc. tienen en su beneficio el recurso el trauma producido por  experiencias previas.

 Recurso intelectualmente más sólido por que se corresponde con los códigos binarios con que pensamos la política y por que se adapta a incluso a una visión mucho menos pasional e ingenua de la lucha política de la que suele tener el chavismo duro: el izquierdista de vieja data, el cuadro intelectualizado, el militante suspicaz u observador que tienen dudas sobre el estado de cosas presente en el Chavismo pueden aceptar el criterio de unidad y defensa contra la contra a fin de contener no solo a la opocisión, sino a las elites chavistas agrupándose en torno al liderazgo de Chávez.

Así que  el temor a la contra y el resentimiento acumulado sobre la opocisión permiten jugar en dos tableros a la vez con un uso mínimo de recursos, basta una retórica adecuadamente codificada, incluso sin técnicas audiovisuales o telemáticas muy sofisticadas para obtener resultados que podrían ser ejemplares para explicar lo que es el poder.

las rodillas de arrodillarse

las rodillas de arrodillarse

 

 

En efecto, el trauma  dejado por el golpe del 2002 fue tan profundo en el chavismo, o al menos en ciertas capas de el –es dudoso que sea muy fuerte en los jóvenes de menos de 20 por ejemplo- que las rutinas de condicionamiento que derivan son dignas de un texto de Skinner, un trabajo de Foucault, o hasta de alguna pagina del Almuerzo desnudo: denúnciese una amenaza debidamente codificada (golpe, guarimba, invasión, magnicidio, etc.) divulgue informaciones concretas sobre la naturaleza de la misma pero de forma que el cuadro o escenario completo no sea discernible, pase esa información de modo conspirativo a través de distintos operadores, o denúnciela públicamente con el aparataje adecuado etc. y tendrá un resultado tan admirable como el que se vio en las semanas previas al referendo de 2007 cuando gente de las organizaciones populares más independientes que venia criticando la propuesta de reforma cambio por completo de postura cuando se le convenció de que era necesaria la defensa del proceso y había un golpe en curso.

El poder, eso es muy sabido, se reconoce en sus efectos, en sus funciones ¿Cuál es el efecto de inducir la defensa compulsiva del proceso?  Movilizar y removilizar organizaciones que tenían su propia agenda o estaban inertes, reorganizar las prioridades de su discurso y  agenda políticas, obligar a esos operadores a nuclearse en torno al aparato de estado. Por eso vemos las amenazas de golpe y magnicidio surgir antes de cada  proceso electoral (igual que las de fraude en el lado de la opocisión) sea que las divulgue el mismo presidente o que lo haga cualquier dignatario.

Ahora bien, para los que a estas alturas estarán pensado que “un adocenado pequeño burgués prestado a la política”  esta negando la-magnitud-de-la-amenaza-fascista-que-no-descansa. Etc. es importante aclarar que no se niega aquí  el contenido sedicioso de la política de la opocisión (que no es el único, y se debería estar atento a eso) sino el efecto de los usos de esa amenaza, en muchos casos se explota una amenaza real, en muchos otros se exagera su magnitud o  se compone un cuadro con fragmentos de hechos efectivos etc. La guerra fría no era un montaje periodístico, y el macartismo le usó como oportunidad de segar  lo que sobrevivía de la vieja izquierda de EEUU fuese o no pro soviética, la amenaza de Hitler era real para la URSS e igual se le uso para decir que los trotskistas eran agentes Nazis.

t_abn_09_03_2008_resultados_psuv_rueda_alba_01_1421¿Por que podemos decir categóricamente que en estos casos lo definitivo es el juego de poder interno más que el conflicto externo? Pues en primer lugar por los efectos regulares que tiene y que mencionamos arriba, en segundo lugar por que las amenazas se sincronizan con eventos políticos o electorales definidos y en tercer lugar, por que esa técnica de poder se caracteriza por crear un estado de animo mas que una idea estratégica, como cuando se usaba el temor a la invasión para reforzar la movilización de la reserva, cuando, se denuncio el magnicidio y se saco al embajador gringo antes de las regionales, etc. 

Nunca se explicaba que escenarios estratégicos iban a abrir esas acciones (¿se iba a montar el aparataje de la invasión en menos de un año cuando se llevo casi tres preparar la de Irak, que perspectivas de duración tiene un gobierno de facto en el continente hoy?, etc.) solo una secuencia de estímulos debidamente codificados que provoquen una respuesta en ese chavismo del que los funcionarios se quejan es difícil de movilizar, urgencia de cumplir la orden o comando, de hacer la tarea. Crear esos climas  es, después de todo, un trabajo simple, ya la opocisión nos condiciono adecuadamente en 2002-2003.

Por otro lado es importante tener en cuenta las acciones que se piden de nosotros en tales circunstancias, cuando se auguran invasiones inminentes, golpes, etc. la respuesta del estado no es la que se espera dentro del paradigma liberal, recogimiento de la población y emergencia en la que los poderes públicos resolverán la crisis, o en el del gobierno popular, movilización general, se nos pide en general, salir a votar o cumplir tareas especificas, y no se vuelve a hablar de las amenazas hasta que no es necesario hacerlo. Incluso en el caso de la reserva, que tenia el mayor componente de movilización real, el clima que se vivía en el país era obviamente muy distinto del de la Nicaragua de los 80’s  o la cuba de los 60’s, movilización y defensa generales, emergencia nacional.

Toda esta movilización compulsiva tiene su polivalencia táctica, como decía Foucault, para el Presidente es un recurso inapreciable para conseguir ciertos niveles de movilización, para garantizar el cumplimiento de las tareas por una muchedumbre no muy disciplinada,  pero por otro lado, el temor a una amenaza externa y la idea de que las amenazas externas son las mas importantes o urgentes es fundamental para la elite del Chavismo, cuya táctica es precisamente no dejarse identificar u objetivar como enemigo, evadir, conjurar cualquier tipo de lucha directa con el pueblo chavista que pudiese comprometer su pocisión  ante el líder, y pusiese a este en la pocisión de comprometer su legitimidad y su poder casi mágico sobre su gente o sacarles de la jugada.

Es en principio gracias a esa táctica que el funcionariado ha logrado crear una zona interna, operativa dentro del chavismo que no solo esta despolitizada –en el sentido que la actividad fundamental es la gestión administrativa- sino en que se puede crear un poder que frecuentemente se escapa a las definiciones de Chávez. “Yo soy chavista” es el abracadabra de la derecha endógena, del complejo clientelar militar, de la lumpenburguesia, con esa palabra mágica logran ponerse a salvo de la ira del pueblo, se hacen intocables, no debería ser extraño que algunos pensemos que con tanto trasteo esa frase cada vez signifique menos, y que no queramos definirnos por ella.

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