Ese ajuste tan temido

m01_170barack-obama-nanotubes167812Alguien dijo una vez que los economistas eran unos tipos que ocupaban el 50% de su tiempo haciendo proyecciones de lo que iba a ocurrir y el otro 50 explicando por qué lo que dijeron que iba a ocurrir finalmente no ocurrió. Seguramente, tal definición es exagerada en sentido amplio. Sin embargo, en estos momentos en que, para decirlo con los términos correctos, las acciones de los economistas están a la baja por todo lo acontecido, puede ser bueno recordarla no teniendo presente tanto lo que se dijo que iba a ocurrir sino más bien lo que se está, una vez más, diciendo que va a pasar.

En mi particular modo de ver las cosas, creo que se está subestimando el manejo que está haciendo el gobierno norteamericano de la actual crisis y de sus consecuencias. No creo tampoco que tengan todas las variables controladas y mucho menos la situación bajo control. Pero lo que si creo es que el conjunto de medidas que se están tomando pueden permitirle al big brother salir fortalecidos de la crisis, como aseguró el Obama, así esto suponga una fuerte recesión . Ya lo hicieron una vez, de hecho. A principios de los años 80 cuando Paul Volker, principal asesor económico de la actual administración, dirigía la Reserva Federal y fue el arquitecto del conjunto de medidas que terminaron erigiendo el orden actualmente en cuestión. La diferencia de entonces con ahora es que en aquella ocasión fue la fracción financiera especulativa la que llevaba la voz cantante y los keynesianos los grandes desprestigiados, es decir, lo opuesto exacto a la situación actual. En ambos casos sin embargo, la premisa pareciera seguir siendo la misma. Y no es otra que aquella que alguna vez expuso tan bien Madelaine Albraigth cuando un periodista la interpelaba sobre la supuesta contradictoria política exterior de los Estados Unidos (apoyar regímenes autoritarios por un lado mientras los promueve por el otro, etc.,): la política de la principal potencia tiene un solo principio a nivel mundial: defender sus intereses, por eso nunca será contradictoria aunque lo parezca.

Ciertamente, falta mucho todavía por ver pues los acontecimientos andan en pleno desarrollo. No obstante, si se repara en las últimas medidas anunciadas por Obama y se consideran en el marco de las verdaderas causas que desataron la hoy famosa crisis financiera mundial, no me parece que sea exacto que las mismas vayan dirigidas hacia una trampa global como consecuencia del acople recesivo mundial. A mi modo de ver, esta conclusión parte de un punto de vista errado, quizá hasta ingenuo: en cierto modo, lo que todo el mundo espera es que se tomen medidas que salven a la economía global del colapso, especialmente porque buenas partes de los países y la mayoría de la población mundial asisten al mismo sin poder hacer nada para evitarlo o haberlo hecho para merecerlo. Por otra parte, se nos ha repetido tanto lo del mundo globalizado que a veces pareciera que en verdad nos creemos que tenemos un destino común. Pero lo que la realidad actual pareciera estarnos demostrando más allá del malestar y el asombro general, es algo que de tan elemental da hasta flojera repetirlo: que en el capitalismo hay fracciones e intereses, y que como en todo escenario de este, tipo quién tiene mayor poder los hace valer.

Desde hace un buen tiempo muchos economistas han dicho que uno de los principales problemas de la economía mundial es la insostenibilidad de la posición financiera de los Estados Unidos. Para decirlo de un modo más claro, si los Estados Unidos fuese un país del tercer mundo hace rato que el FMI lo hubiese declarado como una economía enferma. El problema está en que obviamente no lo es. Y no tan sólo no lo es, sino que por el contrario es la principal economía mundial y por ende, la que apalanca a todas las demás por sus alta demanda de consumo y su voracidad de capital financiero. Precisamente, una de las principales consecuencias del “salto adelante” financiero del capitalismo de los años ochentas, fue que la economía norteamericana se hizo cada vez más dependiente de los capitales extranjeros, de manera tal que en pocos años pasó de ser el principal acreedor mundial al principal deudor. Sin embargo, en una situación que podría parecer en principio paradójica, su condición de deudor le dio un poder inusitado debido a lo que se conoce como “el balance del terror financiero” sumado a su posición hegemónica político militar.  No debe obviarse que tanto Japón como la Unión Europea, los países de la OPEP o del BRIC tienen como principal socio comercial a los Estados Unidos, ya que es el principal destino de sus exportaciones a la vez que colocan en él grandes cantidades de capitales que desde entonces los gringos usan para compensar su fuerte déficit fiscal, pero que ellos no pueden sacar debido a las pérdidas que sufrirían como resultado de la caída del valor del dólar o posibles retaliaciones. 

Sin embargo, lo que ha terminado ocurriendo a lo largo del tiempo, es que este esquema no es sostenible y que sobre todo, coloca a los Estados Unidos en una situación muy vulnerable. En este sentido, la crisis desatada por el desinfle de la burbuja inmobiliaria puso a la economía ante la disyuntiva de seguir ahondando el déficit bajo el modelo de acumulación erigido o corregir dicha situación. Siendo aquí entonces que entrarían a jugar los más recientes anuncios del gobierno demócrata, en el sentido que la corrección de dichos desajustes implica en la práctica una gran depresión mundial al reorientarse los capitales globales. 

En sus discurso ante el Congreso, palabras más o menos Obama dijo que reducirá el déficit de 1.3 billones de dólares a la mitad para el 2013 cuando termine este mandato. Para eso hará falta “tomar algunas decisiones difíciles”, de lo contrario, semejante carga hundirá al gobierno federal. Para lograr esa meta, Estados Unidos deberá cambiar su tendencia a gastar de más, razonó Obama, “una nueva era de responsabilidad fiscal debe comenzar en este país. Debemos empezar a ser más conscientes de que debemos ajustarnos en mayor medida para vivir con nuestros propios medios. No podemos seguir a base de esta clase de déficits”, explicó.

El punto es entonces que en medio de la crisis, lo que pareciera venir es un ajuste macroeconómico disimulado de la economía norteamericana con sus respectivas consecuencias recesivas a nivel mundial. El solo hecho de aplicación de medidas proteccionistas del tipo “buy american” coloca en serios aprietos al comercio internacional especialmente de países como China, la india o México cuyos principales exportaciones se dirigen al país del norte.  No se trata así de salvar la economía mundial sino el lugar de los Estados Unidos en la misma. Esto no quiere decir que la economía globalizada vaya a desaparecer, pero ciertamente un nuevo orden surgirá con los gringos muy probablemente (para variar) en posición de ventaja. Este para mí es el escenario, especulando claro, pero quién no lo hace en estos tiempos. 

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