La burbuja venezolana

Qué los escuálidos culpen a Chávez de sus posibles pero hasta ahora improbables pérdidas en el Stanford no es raro. Es, digamos, el más reciente avatar de una costumbre que ya va siendo clásica. Lo que si  llama la atención son las grandes sumas en juego, especialmente si se contrastan con el pequeño número de inversionistas. Por otras parte, y pese a que no conozco las leyes al respecto, dudo mucho que en medio de un control de cambios sea legal que un banco radicado en el país ofrezca a sus clientes los certificados de sus depósitos en las islas Vírgenes o Miami.

Intenté buscar en la web del Stanford Venezuela el número de clientes y no pude porque la página fue cerrada. Sin embargo, los diferentes medios locales y de fuera dicen que habían unos quince mil clientes, aunque la SUDEBAN dice que son aproximadamente diez mil, cifra que parece más real y en todo caso es la oficial . A todas estás, esos diez mil clientes tenía depositados unos 3000 millones de dólares, es decir, un poco más de la cuarta parte y casi la mitad de toda la estafa mundial que es de unos 8000 millones de dólares.

Ahora bien, si suponemos (que no es el caso, pero solo para tener una idea) que cada uno de esos diez mil inversionistas es una familia, estaríamos hablando de unas cuarenta mil personas promedio potencialmente afectadas por la estafa y en todo caso involucradas en negocios con el banco.  Esas cuarenta mil personas deben ser algo así como el 0,001 por ciento del total de la población del país, y sin embargo, tenían en inversiones por 6400 millones de bolívares fuertes a cambio oficial.

Por las características del banco, estas inversiones lejos de representar una forma de ahorro familiar, estaban dirigidas fundamentalmente a evadir el control de cambio a través de las más diversas operaciones offshore. Eso, palabras más o menos, es lo que han dicho los propios afectados y lo que explica su “paradójica” reacción anti-intervención. Por tal motivo, aunque ya se anunció lo contrario, el segundo paso debió haber sido la nacionalización del banco y no su venta inmediata, ya que ésta representaba una de las mejores oportunidades de lograr que los más privilegiados asuman las reglas que son para todos, de fortalecer el sistema público bancario en medio de una crisis financiera, y en todo caso, era lo más consecuente con el discurso oficial.

Supongo que por eso estaba tan feliz el presidente de la Asociación Bancaria el día que se anunciaron las medidas, no tanto por lo que se hizo sino por lo que se dejó de hacer. Por otra parte, debería investigarse cómo es que los organismos de control no sabían de estas operaciones, o si lo sabían, porque no hicieron nada al respecto. Después de todos, 3000 mil millones de dólares es mucho más de lo que un poco de gente puede gastar viajando en el exterior o comprando por internet. Y diez mil ricos deberían importar menos que todos los millones de guevones que tienen que pagar vía inflación especulativa los agujeros negros del control de cambio.

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