¿Por qué la gente vota por su esclavitud como si se tratara de su libertad?

Lo ocurrido en Italia, Grecia y Libia convenció a mucha gente de lo que por otra parte  ya era evidente: la existencia de un estado de excepción global, fundamentado sobre la administración de una emergencia interminable (económica fundamentalmente, pero también ambiental, sanitaria, humanitaria, etc.) cuya fuente de poder se ejerce a través de una serie de aparatos de gobierno nacionales y multinacionales pero que no emana necesariamente de ellos, sino que se cocina en las oficinas de los fondos de riesgo y las calificadoras, de Goldman Sachs y demás instituciones financieras “demasiado grandes para fracasar”, y en líneas más generales, en el reducidísimo pero variado mundillo de quienes encabezando ese despiadado proceso mundial de lucha por la acumulación que algunos llaman “crisis del capitalismo”, cuentan con el suficiente poder como para imponerle reglas.

Ahora bien, bajo esta “evidencia”, está claro que es difícil explicar lo ocurrido en España este fin de semana pasado. Y es que aunque todo lo anterior siga siendo cierto, necesariamente el triunfo del PP obliga a replantearse al menos uno de los supuestos, y de hecho el más importante de todos: el de la imposición de las reglas por parte de los agentes del Capital global. Claro está que no es la primera vez que un “gobierno de los mercados” llega al poder por vía electoral, pero también está claro que incluso en el caso de los más recientes (como Piñera) eran, por decirlo así, otros tiempos. Piñera y el propio Berlusconi al menos podían alardear de algunos de los principios caros al neoliberalismo histórico, como la libertad de mercado y el emprendimiento. Digamos, eran parte de una época para nada lejana en la que la tecnocracia neoliberal -aunque ya decadente- podía aún identificarse con el progresismo. En cambio Rajoy es el primer presidente del neoliberalismo en estado puro electo por las mayorías, sin mediaciones ni lubricación: más allá de la tontería del “voto castigo” ganó porque ofertó mayor sumisión, porque prometió hacerle la vida más miserables a todos los español@s, porque garantiza mayor espolio, menos derechos y mayor pérdida de la soberanía en mano de los especuladores y las minorías. La diferencia entre Rajoy y Zapatero desde este punto de vista es desde luego de estilo: Rajoy hace explícito lo que Zapatero mistificaba y encubría con un impotente y cínico “no hay alternativas”. Eso desde muchos puntos de vista puede ser preferible, como pasó de hecho con Piñera ya que todo el mundo está claro a qué se juega. Pero no deja de ser inquietante este salto cualitativo del estado de excepción global del Capital cuando no es a través de una invasión como en Libia o de un golpe de estado tecnócrata como en Italia y Grecia, sino la propia masa la que soberanamente se somete ante unos poderes que claramente actúan contra ella. Es decir, Rajoy no es el Leviatán de ocasión al cual hay que someterse porque protege: es simplemente el agente ocasional del Leviatán de la sumisión llana y simple

Por supuesto, siempre se podrá decir que cuarenta y pico por ciento de los votos no es mayoría, que la manipulación mediática, que Izquierda Unida ya no tiene cinco diputados sino ocho, etc. Todo eso puede ser verdad, pero no explica ni justifica ni suaviza lo que pasó. Así las cosas, habrá que avanzar en el análisis de la condición de esta “nueva” situación de sometimiento objetivo, que pese a concentrarse en Europa no se limita a ella, mientras sin necesidad de ser trostkista uno no puede dejar de recordar aquello de que la crisis de la humanidad no es sino en el fondo la crisis del movimiento revolucionario.


¿Es la renta o el capitalismo el problema del capitalismo rentístico? II

La expresión “capitalismo rentístico” suele ser una de esas cosas que, al revés de lo que dice el dicho popular, sufre del vicio de sus virtudes. Es decir, durante años, y especialmente a partir de los más que extraordinarios trabajos de Asdrúbal Baptista y Bernard Mommer, se le ha utilizado para buscar dar cuenta de la especificidad del capitalismo venezolano, describiéndose y explicándose a partir suyo una serie de dinámicas y comportamientos que, sin dejar de ser capitalistas, tendrían en la condición rentista su principal razón y motivación.

Sin embargo, no a pesar sino justamente por lo anterior, en cuanto expresión devenida categoría de análisis, a estas alturas del partido al decir capitalismo rentístico suele ser más lo que se oculta que lo que se muestra. Y es que similar a lo que ocurre con otros apellidamientos que se le colocan al capitalismo (financiero, por ejemplo) el precio que hay que pagar por el rasgo que se quiere resaltar es el de perder de vista que, en el fondo, de lo que se está hablando siempre es de capitalismo, por lo cual la discusión termina derivando hacia un conjunto de discusiones que cuando no son subjetivas son secundarias, o en el peor de los casos terminan flotando en un mundo de lugares comunes que muy poco aportan a la comprensión y mucho a la confusión de lo que solemos llamar “la realidad nacional”.

Todo esto no sería muy importante claro si solo se tratara de un  problema “académico” o, como le gusta decir a muchos, “meramente teórico”. No obstante, y dejando de lado varias cosas que habría que decir sobre la costumbre de tachar de “teórico”, “especulativo” o “académico” a las cosas cuando no se las entiende, lo cierto es que los principales estragos de las confusiones antes aludidas terminan ocurriendo en el mundo de las políticas públicas y en especial las económicas. De tal suerte, así como tenemos ya unas cuantas décadas escuchando que la “enfermedad venezolana” se llama “capitalismo rentístico” tenemos más o menos las mismas escuchando que la cura de dicha enfermedad se llama “siembra petrolera”, es decir: avanzar hacia una economía productiva e industrializada que no solo no importe sino que exporte, donde una burguesía con visión nacionalista invierta en el país y permita por tanto que se desarrolle una clase trabajadora pujante que perciba los dignos salarios que utilizará para comprar los productos que produce a las órdenes de esa burguesía que, así a su vez, podrá acumular beneficios para reinvertirlos dando lugar al círculo virtuoso y armónico del desarrollo “normal” del Capital.

Por extraño que pueda parecer, lo anterior es un razonamiento que históricamente ha encontrado consenso entre ciertas izquierdas y casi todas las derechas de nuestro país y aveces hasta sorprende lo cercana que pueden resultar posiciones que uno creería antitéticas. De hecho, si se le quita al discurso de buena parte de la izquierda histórica  la convicción igualmente histórica de que el problema último de la Renta es que no se la apropie “el imperio”, casi no podría distinguirse a unos y otros.  Sin embargo, y como por suerte la realidad suele ser más rica que todos los lugares comunes , el movimiento real de las cosas permite avanzar las discusiones hacia otras direcciones más fecundas, que no solo nos permitan dar cuenta de nuestro presente sino también de prever hacia donde puede estar marchando nuestro futuro.

Mi hipótesis es que si bien el modelo de acumulación rentista venezolano presenta, como muchos han señalado, problemas de sostenibilidad que no son más graves dada la misma volatilidad que lo caracteriza, su solución no reside en el desarrollo de una industria nacional si esto no se acompaña de una reforma radical de los términos de propiedad, es decir, de las relaciones de producción capitalista tanto públicas como privadas, que suponga para con la renta una relación distinta a la puja distributiva y al mero usufucto de unos recursos que en última instancia provienen del sistema de explotación planetaria del capital. Pero esta hipótesis no parte de un problema de convencimiento teórico o político ni deriva de una consideración de opciones como quien opta entre pepsi o coca cola, sino del hecho simple de que una industrialización venezolana en el siglo XXI que conserve las relaciones de reproducción del Capital es tan inviable como insostenible es el modelo rentista que se supone vendría a remplazar.

Esta es como dije mi hipótesis, pero no necesariamente es la del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre Renta y Modelos Productivos que hoy comienza sus sesiones en la UBV. Y eso justamente porque la idea del grupo es dar la discusión desde distintios ángulos, si bien hay una base común marxista entre sus miembros fundadores. La cuestión para nosotros es dar discusiones de este tipo desde una base teórica y principios políticos sólidos, fuera de los lugares comunes y las salidas de ocasión que ya hemos señalado. Los esperamos por allá: hoy jueves 03 de octubre de 2011 a las 6 de la tarde, piso 3 aula 3-x de la UBV los Chaguaramos, Caracas.


¿Es la Renta o el capitalismo el problema del capitalismo rentístico?

El Programa de Formación de Grado en Economía Política de la UBV y la Escuela Popular de Economía Política, invitan a todos lo interesados e interesadas a formar parte del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre Renta y Modelos Productivos, a sumarse a las sesiones de trabajo que comenzarán el próximo jueves 03 de noviembre de 2011, a las 06:00 PM, en el piso 3 aula 3-X, de la UBV Los Chaguaramos.

Este grupo de investigación está formado por estudiantes y profesores(as) del PFG de Economía Política y otros programa de la UBV así como por amigos y amigas que, sin ser formalmente parte de la UBV, vienen trabajando con nosotros temas relacionados al rentismo y las características del capitalismo en Venezuela. Pero en ocasión del comienzo de este nuevo ciclo de trabajo más sistemático, se hace esta convocatoria abierta para la participación de todos y todas.

El objetivo general del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre Renta y  Modelos Productivos, es el de dar cuenta de la especificidad, estatus y utilidad analítica de la Renta y de la llamada “condición rentística de la economía venezolana”. Para ello, sin embargo, y sin menoscabo de su interdisciplinariedad, se sitúa desde una perspectiva marxista, en especial tomando como referencia lo tocante al tema de la Renta trabajado por Marx en las secciones sexta y séptima del tomo III de El Capital.

Por otra parte, la intención de sumar esfuerzos políticos e intelectuales en aras de producir conocimiento en torno a algunos de los problemas centrales del capitalismo venezolano, sus condiciones estructurales así como sus principales manifestaciones. De la misma manera, pretende también construir y aportar herramientas para la comprensión de las transformaciones sufridas por el capitalismo planetario en los últimos años, esto al menos desde la consideración del papel de los commodities y las rentas en loa actuales procesos de valorización de Capital.

¿Cuál es el origen y naturaleza del capitalismo rentístico? ¿Cuáles son sus problemas? ¿Es una categoría adecuada para entender la dinámica del capitalismo nacional dentro del sistema capitalista mundial? ¿Está agotado? ¿Debe ser superado? Y de ser así: ¿puede ser la misma Renta una palanca para ello o, por el contrario, es la principal traba que debe superar dicha condición? Y en todo caso: ¿en qué dirección debería ser superado? ¿Consiste dicha superación en avanzar hacia una economía productiva e industrializada según las consignas de la “siembra petrolera”, o deben adelantarse otro conjunto de cambios fundamentales que están más allá de todo esto? ¿Cuál es el papel del Estado, de la Burguesía, del Proletariado y de las clases medias en toda esta historia?  ¿Cuál es el papel de la Renta dentro de los procesos globales y nacionales de explotación de la fuerza de trabajo?  Son estas algunas de las preguntas que se formularán e intentará dar respuesta en este grupo de investigación.

En resumen, y tal y como se expone en el título de esta convocatoria, la cuestión acá finalmente es responder si dentro de lo que se ha dado en llamar “capitalismo rentístico”  la cosa pasa por dar cuenta de la condición rentista como tal o, más bien, de la capitalista en términos amplios, dilema de cuya respuesta se generan no solo consecuencias teóricas importantes sino también de política pública y programa político.


No basta rezar

En este caso, EEUU ha gastado 2.000 millones de dólares y no ha perdido ni una
sola vida. Esta es una buena receta sobre cómo tratar con el mundo para avanzar
con más rapidez que lo hicimos en el pasado”. Joe Biden, Vicepresidente norteamericano.

De muchas maneras, lo que está ocurriendo en Libia, y lo que ocurre por ejemplo en Chile y Grecia, son las variaciones de una misma situación. No solo porque a su modo y con sus particularidades todas son síntomas de un mismo proceso, sino porque además plantean un problema capital común: el del lugar de la violencia política hoy, o más específicamente, el de cuánta violencia están dispuestas a ejercer las clases dominantes y los grupos privilegiados para defender y/o ampliar sus intereses, por una parte, y el de hasta qué punto cualquier intento de rebelión, resistencia o simple supervivencia ante los intereses de estos grupos puede no ser violento, por la otra.

El caso de Gadafi muestra muy bien las complejidades y paradojas de este doble problema: hace rato que había dejado de ser el revolucionario que muchos dicen que era para devenir en un pragmatismo geopolítico que, finalmente, de nada le sirvió. La forma de su muerte no debería  sorprender a nadie: el desenlace era más que anunciado. Y es por esto que lo que debería resaltarse no es tanto como lo mataron, sino más bien la manera como resitió y todavía resisten sus partidarios en una lucha que se sabía estaba perdida de antemano, en especial cuando sus grandes “aliados” y socios chinos y rusos lo condenaron a muerte con su aval en el Consejo de Seguridad.

En Chile el problema es otro pero nos lleva a un mismo punto. La reforma del sistema educativo es algo a lo que muy difícilmente accederá la clase dirigente, la cual al percibir que con tácticas distractivas y otra variada gama de triquiñuelas burocráticas no logra controlar la situación, pero además -y esto es todavía más importante- que con el paso del tiempo dicho movimiento y su dirigencia no se desgastan sino incluso se fortalecen, preferirá devolver el país a los años sombríos del pinochetismo -de donde nunca, por cierto, quiso salir, y de donde ideológica y sentimentalmente hablando en realidad nunca ha salido- no sólo porque la educación privada es un fundamento del modelo neoliberal que construyó y defiende, sino porque al ceder en ese punto se abren las puertas para que conflictos similares terminen de estallar en sectores como salud, prevención social o las estafas del comercio retail. Así las cosas, y a sabiendas que la dirigencia estudiantil conciente de que su sobrevivencia y éxito pasa por transversalizar su lucha y no encajonarla, de que el problema de la educación no es el problema del modelo educativo sino del modelo económico social, cabe preguntarse qué terminará ocurriendo cuando ya no pueda gestionarse institucionalmente tal contradicción: ¿se dirige Chile hacia una insurrección social como vienen alertando sectores de la derecha, o picará adelante el establishment rindiendo honor a los conocidos principios fundadores de su conservador Estado según los cuales la letra por la sangre entra, el orden que no se impone por la razón se impone por la fuerza y lo que garantiza la paz social es el peso de la noche? Hay suficiente registro de las manifestaciones recientes donde se ve a carabineros haciendo de saqueadores e infiltrados lo cual claramente da señales de la estrategia que es propia de todos los órdenes fascistas: crea o inventa caos primero para justificar el estado de sitio después. Es complejo saber en qué derivarán las cosas, pero está claro que por caminos institucionales muy difícilmente los movilizados conseguirán avanzar más allá de donde lo han hecho hasta ahora. Pero tal vez de hecho esta sea su tarea y fortuna: mostrar ese impasse insalvable entre intereses de la mayoría e intereses del establishment y hacer pasar la política a su espacio “natural”: el de  la lucha por lo imposible.

A finales de la década de los ochenta del siglo pasado, el conocido filósofo y pacifista alemán Günther Anders generó un largo debate aún sin resolverse cuando dando la espalda a todo lo que había sido su historia de compromiso y con el ánimo de no seguir ensayando recetas que claramente habían fracasado, decretó el fin del pacifismo y la estupidez de oponerse al poder y su monopolio dela violencia por medios no violentos. El contexto de Anders era ciertamente uno que parece lejano y superado: el de la lucha contra la carrera armamentista y en especial la atómica. Por lo demás, algunos de sus postulados son bastante debatibles. Sin embargo, el problema que plantea es real y de hecho lo es más hoy en día cuando la cara tradicionalmente oculta y terrible del poder (la tortura, el secuestro, el asesinato, el exterminio) deviene en su única cara visible.

Hemos dicho en otras partes que los peligros de concebir lo que pasa en el mundo actualmente en términos de “crisis” (del capitalismo, civilizatoria, etc) no son pocos: es una mirada conservadora que solo conduce al fascismo, planta una tabla rasa donde no se distinguen claramente los beneficiados de los perjudicados y nos hace impotentes políticamente. El capitalismo no está en crisis, por el contrario, está triunfando, tanto que puede desprenderse de su cara progresista y volver a lo que siempre ha sido: un despiadado campo de batalla por la supervivencia. Y de hecho, muchos de los problemas que tiene que resolverse a sí mismo devienen de su obligado maridaje con el Estado de Bienestar ¿Cómo nos preparamos políticamente para resistir esto?  ¿Cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar? ¿Es el nacionalismo una salida o más deberíamos abrirnos hacia un amplio internacionalismo de luchas contra el Capital y sus agentes? Lo único que parece estar claro en todo caso es que definitivamente, como dice la cancion, hacen falta muchas cosas para consegior la paz.

Sobre la polémica de Gunter Anders reenvió a un viejo y muy recomendable artículo de Osvaldo Bayer llamado, con justicia, el fin del pacifismo. A continuación, sin embargo, quiero copiar un articulito mucho más breve y reciente del Slavoj Zizek que aunque trata de la película 300 viene muy al caso de conflicto Libio, la captura-asesinato-linchamiento de Gadafi y lo que, según el team Obama-Biden, está por venir.

La verdadera izquierda de Hollywood.

Slavoj Zizek.

La película 300 de Zack Snyder, la saga de los  trescientos soldados espartanos que se sacrificaron en las Termópilas para impedir la  invasión del ejército persa de Jerjes, fue atacada como el peor tipo de militarismo patriótico, en una obvia alusión a las  tensiones recientes con Irán y los sucesos en Irak. ¿Pero en realidad son tan claras las cosas? Más bien, habría que defender la película a toda costa contra esas acusaciones
Hay dos puntos que debemos considerar; el primero tiene que ver con la historia misma. Se trata de la historia de un país pequeño y pobre (Grecia) que ha sido invadido por el ejército de un Estado mucho más grande, y más desarrollado en esa época, que además cuenta con una tecnología militar de avanzada. ¿No son acaso los elefantes persas, los gigantes y las enormes flechas de fuego la antigua versión de las armas de alta tecnología? Cuando el último grupo de sobrevivientes espartanos y su rey Leónidas mueren bajo los cientos de flechas, ¿no son de alguna manera bombardeados a muerte por tecnosoldados que manejan armas sofisticadas a distancia, al igual que los soldados estadounidenses que oprimen botones de cohetes desde lejos, en barcos de guerra bien protegidos en el golfo Pérsico?
Además, las palabras de Jerjes cuando pretende convencer a Leónidas de que acepte la dominación persa no parecen de ningún modo el discurso de un fanático musulmán fundamentalista; trata de someter a Leónidas a través de la seducción, pues le promete la paz y los placeres sensuales si se une al imperio global persa. Lo único que le pide es el gesto formal de arrodillarse ante él, de reconocer la supremacía persa. Si los espartanos hacen esto, se les otorgará autoridad suprema sobre toda Grecia. ¿El presidente Reagan no le exigió lo mismo al gobierno sandinista de Nicaragua? Sólo tenían que decirle “Hola, Tío” a los Estados Unidos…
¿Y no muestran la corte de Jerjes como una especie de paraíso multicultural abierto a diferentes estilos de vida? Todos participan en orgías, diferentes razas, lesbianas, gays, tullidos, inválidos, etcétera. Entonces, ¿los espartanos, con su disciplina y espíritu de sacrificio, no están mucho más cerca de los talibanes que defienden Afganistán contra la ocupación estadounidense (o, de hecho, de la unidad de elite de la Guardia Revolucionaria Iraní, dispuesta a sacrificarse en caso de una invasión estadounidense)?
El arma principal de los griegos contra la avasalladora superioridad militar es la disciplina y el espíritu de sacrificio… Y para citar a Alain Badiou: “ Necesitamos una disciplina popular. Diría incluso… que ‘aquellos que nada tienen sólo tienen su disciplina’. Los pobres, los que no cuentan con medios financieros ni militares, los que carecen de poder, lo único que tienen es su disciplina, la capacidad de actuar en conjunto. Esa disciplina ya es una forma de organización”. En esta época de permisividad hedonista como ideología imperante, ha llegado el momento de que la izquierda se (re)apropie de la disciplina y del espíritu de sacrificio: en estos valores no hay nada intrínsecamente “ fascista”.
Pero esa identidad fundamentalista de los espartanos es aún más ambigua. Una declaración programática hacia el final de la película que define la agenda griega como “ contra el dominio de la mística y de la tiranía, hacia el brillante futuro”, detallada más adelante como el imperio de la libertad y la razón, parece un programa elemental de la Ilustración, ¡incluso con un sesgo comunista!
Recordemos, también, que al comienzo de la película Leónidas rechaza de pleno el mensaje de los “ oráculos” corruptos, según los cuales los dioses prohíben la expedición militar para detener a los persas. Como nos enteramos después, los persas habían sobornado, en efecto, a los “oráculos” que, al parecer, recibían mensajes divinos a través de un trance extático, al igual que el “oráculo” tibetano que, en 1959, le transmitió al Dalai Lama el mensaje de que debía salir del Tíbet, y que –como sabemos hoy– ¡ figuraba en la nómina de la CIA!
¿Y cómo entender el aparente absurdo de la noción de dignidad, libertad y razón, basada en la disciplina militar extrema, que incluía la práctica de eliminar a los niños débiles? Ese “absurdo” no es otra cosa que el precio de la libertad: la libertad no es gratuita, como aparece en la película. Se reconquista a través de una lucha ardua en la que es necesario estar dispuesto a arriesgarlo todo. La despiadada disciplina militar espartana no es simplemente lo contrario de la “ democracia liberal” ateniense; es su condición inherente y constituye sus cimientos: el sujeto libre de la razón sólo puede emerger a través de una cruel autodisciplina. La auténtica libertad no es la libertad de elegir que se ejerce a prudente distancia, como optar por una torta de frutillas o por una torta de chocolate; la verdadera libertad es inseparable de la necesidad. Hacemos una auténtica elección libre en el momento en que la elección pone en juego nuestra propia existencia… y la llevamos a cabo porque, sencillamente, “ no podemos hacer otra cosa”.
Cuando nuestro país se halla bajo ocupación extranjera y nos convoca el líder de la resistencia para que nos unamos a la lucha contra los invasores, la razón que nos da no es “ eres libre de elegir”, sino “¿no te das cuenta de que esto es lo único que puedes hacer si quieres conservar tu dignidad?”. No sorprende, pues, que todos los radicales igualitarios y precursores de la modernidad, desde Rousseau hasta los jacobinos, admiraran a Esparta e imaginaran la República Francesa como una nueva Esparta: hay un núcleo emancipatorio en el espíritu espartano de disciplina militar que se mantiene y perdura, aun cuando le restemos toda la parafernalia histórica del régimen de clases, la explotación brutal de los esclavos sometidos al terror, etcétera.
Mucho más importante es, quizás, el aspecto formal de la película: se filmó en su totalidad en un depósito de Montreal; el paisaje y varios de los personajes y objetos fueron construidos digitalmente. El carácter artificial del fondo parece contagiar a los actores “reales”, que a menudo parecen personajes de historieta (la película está basada en la novela gráfica 300 de Frank Miller).
Además, la naturaleza artificial (digital) del ambiente genera una atmósfera claustrofóbica, como si la historia no sucediera en la realidad “real”, con horizontes infinitos e ilimitados, sino en un “ mundo cerrado”, una especie de mundo en relieve de un espacio cerrado. Desde el punto de vista estético, la película es superior a La guerra de las galaxias y la serie de El señor de los anillos : a pesar de que también en esas series varios objetos y personas fueron creados digitalmente, la impresión que causan es, no obstante, la de actores digitales (y reales) y objetos (elefantes, Yoda, Urks, palacios, etcétera.) ubicados en un mundo “real”; en 300, por el contrario, todos los protagonistas son actores “reales” ubicados en un fondo artificial; la combinación produce el efecto de un mundo “cerrado” mucho más siniestro, una mezcla “cyborg” de personas reales integradas en un mundo artificial. Pero sólo en 300 la combinación de actores “reales”, objetos y fondo digital llega a crear un espacio estético autónomo y nuevo de verdad.

La práctica de combinar artes diferentes, de incluir en un arte la referencia a otro, tiene una larga tradición, en especial con respecto al cine; por ejemplo, en muchos de los cuadros de Hopper, cuyo tema es el de una mujer detrás de una ventana abierta que mira hacia afuera, es clara la mediación de la experiencia del cine (muestra un plano sin su contraplano). Lo que hace notable a 300 es que, en esta película (y no por primera vez, por supuesto, pero de un modo mucho más interesante desde el punto de vista artístico, que, digamos, el Dick Tracy de Warren Beatty), un arte técnicamente más desarrollado (cine digitalizado) remite a uno menos desarrollado (la historieta o cómic). El efecto logrado es el de la “verdadera realidad” que pierde su inocencia y aparece como parte de un universo artificial cerrado, es decir, la figuración perfecta de nuestra problemática socioideológica.
Los críticos que sostienen el fracaso de la “síntesis” de las dos artes en 300 están, pues, equivocados, y precisamente porque tienen razón: por supuesto que falla la “síntesis”, por supuesto que el universo que vemos en la pantalla está atravesado por un profundo antagonismo y una gran inconsistencia, pero ese mismo antagonismo es el signo de la verdad.

*Traducción del inglés: Luz Freire

Publicado en: perfil.com.

http://www.perfil.com/contenidos/2007/05/16/noticia_0003.html


Mis marxianos favoritos III: Caputo, Klein, Balakrishnan.

Naomi Klein no es exactamente una escritora marxista, o al menos en nada de lo que haya leído de ella la he visto citando a Marx. Sin embargo, como también lo contrario es verdad, o sea, que hay muchos que citan a Marx cada tres líneas y no por ello pueden llamarse marxista, no veo mayor inconveniente en incluirla en mi lista personal de marxianos favoritos.

Orlando Caputo si es un marxiano de raza, aunque a la vez sea uno de los teóricos más importantes de la teoría de la dependencia y, de hecho, según Teothonio dos Santos, uno de los principales exponentes de su retorno. Gopal Balakrishnan, por su parte, y desde mi humilde opinión al menos, resulta uno de los teóricos más interesantes del momento actual, y en todo caso creo que ha escrito sino el texto fundamental al menos uno de los indispensables para la comprensión del mismo.

Hoy, volviendo un poco al blog después de una pausa necesaria, y en honor al fin de semana de la revuelta mundial contra el Capital, cuelgo tres textos, uno por cada uno de estos autores. El primero de ellos (que reproduzco más abajo por ser el más cortico) es la intervención de la Klein en Ocuppy Wall Street llamado, precisamente, Ocuppy Wall Street: Lo más importante del mundo ahora. El segundo es un texto clave de Caputo titulado La importancia de Marx para el estudio de la economía mundial actual, artículo que salió publicado en un libro colectivo sobre la vigencia de Marx y que tuve el privilegio de leer en su borrador, copia que aquí les cuelgo con los premisos de rigor. Por último, cuelgo también Especulaciones sobre el estado estacionario, la aguda conjugación de Marx y Smith hecha por Balakrishnan para la comprensión de los tiempos que corren.

Si los coloco los tres juntos es porque cada uno a su manera da cuenta de una actitud intelectual que en mi opinión es la más valiosa de los herederos de Marx. En otra ocasión debo haber citado una advertencia de Lacan que en lo particular me gusta mucho, aquella dirigida a sus propios seguidores al momento de disolver la escuela que él mismo fundó: No me imiten, hagan lo que yo hago. No hurguen en mi obra como si fueran prefectos de policía acompañados por perros amaestrados. No crean que revolviendo en todos los rincones de mi obra encontrarán lo que buscan, si lo que pretenden es que coincida exactamente con lo que tienen previamente en la cabeza. Si los aquí reproducidos son genuinos marxianos es justo porque lejos de imitar o citar compulsiva y a menudo erróneamente a Marx, más bien se dedican a hacer lo que él hizo: seguir el movimiento real de las cosas.

por último, aunque no menos importante, lo muy cierto es que si de algo adolece ¡todavía! la izquierda contemporánea es de ese espíritu del mundo que luego se llamó internacionalismo, que es un derivado no sólo de la solidaridad necesaria sino de la comprensión definitiva de que, como recuerda el profesor Caputo siguiendo a Marx y como podemos percatarnos claramente ahora, el mundo (y la economómía mundial) no es una simple sumatoria de países, sino un espacio con vida propia del cual no sólo basta con sustraerse. Estos textos están escritos en esa dirección.

Ocuppy Wall Street: Lo más importante del mundo ahora

Tuve el honor deque me invitaran a hablar en Ocupad Wall Street el jueves por la noche. Ya que la megafonía está (lamentablemente) prohibida y todo lo que dije tuvieron que repetirlo cientos de personas para que otros lo pudieran oír (es decir “un micrófono humano”), lo que realmente dije en la Plaza de la Libertad tuvo que ser muy breve. Por ello, lo que sigue, es una versión más larga, completa, del discurso.

Os amo.

Y no lo dije solo para que cientos de vosotros griten “te amamos” de vuelta, aunque obviamente es una posibilidad adicional del micrófono humano. Decid a los demás lo que quieres que te digan a ti, solo que más fuerte.

Ayer, uno de los oradores en el mitin de los trabajadores dijo: “Nos encontramos los unos a los otros”. Ese sentimiento captura la belleza de lo que se está creando aquí. Un espacio totalmente abierto (así como una idea tan grande que no se puede contener en ningún espacio) para toda la gente que quiere un mundo mejor para encontrarse los unos con los otros. Estamos tan agradecidos.

Si hay una cosa que yo sé es que el 1% adora las crisis. Cuando la gente se deja llevar por el pánico, está desesperada y nadie parece saber qué hacer, es el momento ideal para que las corporaciones impongan su lista de deseos de políticas favorables: privatizar la educación y la seguridad social, recortar los servicios públicos, librarse de las últimas restricciones al poder corporativo. En medio de la crisis económica, es lo que está pasando en todo el mundo.

Y sólo hay una cosa que puede bloquear esta táctica, y por suerte, es algo muy grande: El 99%. Y ese 99% está saliendo a las calles, de Madison a Madrid, para decir “No. No pagaremos vuestra crisis”.

La consigna comenzó en Italia en 2008. Repercutió en Grecia, Francia e Irlanda y finalmente ha llegado al kilómetro cuadrado en el que comenzó la crisis.

“¿Por qué están protestando?” preguntan los eruditos perplejos en la televisión. Mientras tanto el resto del mundo pregunta: “¿Qué hizo que tardaran tanto?” “Nos hemos estado preguntando cuándo ibais a mostrar la cara”. Y sobre todo: “Bienvenidos”.

Mucha gente ha hecho paralelos entre ¡Ocupad Wall Street! y las llamadas protestas contra la globalización que atrajeron la atención del mundo en Seattle en 1999. Fue la última vez que un movimiento descentralizado, global, encabezado por la juventud, apuntó directamente al poder corporativo. Y estoy orgullosa de haber formado parte de lo que llamamos “el movimiento de movimientos”.

Pero también hay diferencias importantes. Por ejemplo, escogimos cumbres como nuestros objetivos: la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el G8. Las cumbres son pasajeras por naturaleza, solo duran una semana. Eso también nos hizo ser pasajeros. Aparecíamos, llegábamos a los titulares del mundo y luego desaparecíamos. Y en el frenesí de hiperpatriotismo y militarismo que vinieron después de los ataques del 11-S, fue fácil hacernos desaparecer completamente, por lo menos en Estados Unidos.

¡Ocupad Wall Street!, por otra parte, ha elegido un objetivo fijo. Y no habéis fijado una fecha final a vuestra presencia aquí. Es sabio. Solo si os quedáis podéis echar raíces. Es crucial. Es un hecho de la edad de la información que demasiados movimientos aparecen como hermosas flores pero mueren rápidamente. Es porque no tienen raíces. Y no tienen planes a largo plazo de cómo se van a mantener. Por lo tanto, cuando llegan las tormentas, son arrastrados por la corriente.

Ser horizontal y profundamente democrático es maravilloso. Pero esos principios son compatibles con la dura tarea de construir estructuras e instituciones suficientemente robustas para resistir las tormentas del futuro. Tengo mucha fe en que esto ocurra.

Otra cosa que este movimiento hace bien: Os habéis comprometido con la no violencia. Os habéis negado a regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras que ansían con tanta desesperación. Y esa tremenda disciplina ha significado que, una y otra vez, la historia ha sido la escandalosa y no provocada brutalidad policial. De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más sabiduría.

Pero la mayor diferencia con hace una década es que en 1999 enfrentábamos al capitalismo en el clímax de un frenético auge económico. El desempleo era bajo, los portafolios de acciones se inflaban. Los medios estaban ebrios de dinero fácil. En aquel entonces todo tenía que ver con puestas en marcha, no con cierres.

Señalamos que la desregulación detrás del frenesí tenía un precio. Era dañina para los estándares laborales. Era dañina para los estándares medioambientales. Las corporaciones se convertían en más poderosas que los gobiernos y eso es dañino para nuestras democracias. Pero, para ser honesta, durante la buena racha era difícil enfrentarse a un sistema económico basado en la codicia, por lo menos en los países ricos.

Diez años después, parece que ya no hay países ricos. Solo un montón de gente rica. Gente que se enriqueció saqueando la riqueza pública y agotando los recursos naturales de todo el mundo.

Lo importante es que hoy todos pueden ver que el sistema es profundamente injusto y que pierde el control. La codicia ilimitada ha arruinado la economía global. Y también está arruinando el mundo natural. Estamos agotando las reservas de pesca, contaminando el agua con fracturación y perforaciones en aguas profundas, volviéndonos hacia las formas más sucias de energía del planeta, como las arenas petroleras de Alberta. Y la atmósfera no puede absorber la cantidad de carbono que estamos descargando, creando un calentamiento peligroso. La nueva norma son los desastres en serie: económicos y ecológicos.

Son los hechos sobre el terreno. Son tan flagrantes, tan obvios, que es mucho más fácil encontrar una conexión con el público de lo que era en 1999; construir rápidamente el movimiento.

Todos sabemos, o por lo menos sentimos, que el mundo está cabeza abajo: actuamos como si no hubiera fin para lo que realmente es finito, combustibles fósiles y el espacio atmosférico para absorber sus emisiones. Y actuamos como si existieran límites estrictos e inconmovibles para lo que en realidad existe en abundancia, los recursos financieros para construir el tipo de sociedad que necesitamos.

La tarea de nuestros tiempos es invertir esta tendencia: cuestionar esa falsa escasez. Insistir en que podemos permitirnos la construcción de una sociedad decente, inclusiva, mientras al mismo tiempo respetamos los límites reales de lo que puede aguantar la tierra.

Lo que significa el cambio climático es que tenemos un plazo. Esta vez nuestro movimiento no se puede distraer, dividirse, apagarse o dejarse barrer por los eventos. Esta vez tenemos que tener éxito. Y no hablo de regular los bancos o aumentar los impuestos a los ricos, aunque es importante.

Hablo de cambiar los valores subyacentes que gobiernan nuestra sociedad. Es difícil de ajustar a una sola demanda fácil para los medios, y también cuesta imaginar cómo hacerlo. Pero no es menos urgente por que sea difícil.

Es lo que veo que sucede en esta plaza. En la forma en que os alimentáis, en cómo os animáis unos a otros compartiendo libremente la información y suministrando atención sanitaria, clases de meditación y capacitación en empoderamiento. Mi letrero favorito de este lugar dice “Eres importante”. En una cultura que entrena a la gente para que evite la mirada del otro, para decir “que se mueran”, es una declaración profundamente radical.

Unos pocos pensamientos para terminar. En esta gran lucha, hay algunas cosas que no importan:

* Lo que llevamos puesto.

* Si alzamos nuestros puños o hacemos señales por la paz.

* Si podemos ajustar nuestros sueños de un mundo mejor a una señal de audio.

Y hay algunas cosas que importan:

*Nuestra valentía.

*Nuestra actitud moral.

*Cómo nos tratamos unos a otros.

Hemos buscado el enfrentamiento con las fuerzas económicas y políticas más poderosas del planeta. Da miedo. Y a medida que este movimiento crezca cada vez más fuerte, se hará más temible. Siempre hay que ser consciente de que existirá una tentación de pasar a objetivos más pequeños, como, digamos, la persona sentada junto a ti en esta reunión. Después de todo, es una batalla que es más fácil de ganar.

No hay que ceder a la tentación. No digo que no podamos hablar sobre nuestras debilidades personales. Pero esta vez tratémonos como si tuviéramos la intención de trabajar codo con codo en la lucha durante muchos, muchos años. Porque la tarea que tenemos por delante no exigirá nada menos.

Tratemos este hermoso movimiento como la cosa más importante del mundo. Porque lo es. Realmente lo es.

Por Naomi Klein. Periodista, columnista y autora de “La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre” (septiembre de 2007).

www.naomiklein.org

Twitter: @naomiaklein

Traducido por Germán Leyens

Nota del editor: El discurso de Naomi también apareció en el Wall Street Journal Ocupado.


La crisis mundial y los debates en torno a las salidas.

El colectivo de docentes del Programa de Formación de Grado en Economía Política de la UBV tiene el agrado de invitarlos e invitarlas a la clase magistral dictada por el historiador argentino Juan Kornblith el próximo lunes 12 de septiembre a las 7 de la noche en el aula “2 O”, piso 2 sede Chaguaramos de la UBV . La clase llevará por nombre: “La crisis mundial y los debates en torno a las salidas” y en la misma se disertará sobre algunos de los temas más importantes para la comprensión del momento económico global actual.¿Es correcto hablar de crisis? y de serlo ¿es financiera? ¿Qué papel juegan y qué futuro aguardan a los intentos de integración regionales (UNASUR, Banco del Sur, etc.) que se erigen como cortafuegos a los vaivenes del capitalismo global? ¿Tiene sentido la hipótesis del desacople? son estas algunas de las cuestiones sobre las cuales estaremos conversando.Juan Kornblihtt es Doctor en Historia, profesor de la UBA (Argentina), becario de investigación del CONICET y militante de la organización cultural Razón y Revolución.


La economía política del “vivir viviendo”: el debate pendiente.

¿crecimiento sano?

Manuel Sutherland, buen amigo de esta casa, acaba de publicar un artículo muy interesante sobre la economía nacional, el cual reproducimos más abajo. Como casi todas las cosas que he tenido la oportunidad de leerle, es un texto que pareciera estar deliberadamente hecho para provocar, lo cual más allá de una que otra consideración de estilo que pudiera hacérsele, resulta muy valioso en cuanto intento de sacudir la pusilanimidad y oportunismo actuales. Por lo demás, pese a ser un texto con una clara inclinación política posee una gran virtud: argumenta a partir de cifras, lo cual -por las más diversa razones que no vienen al caso mencionar aquí- no es una práctica muy común en el seno de la izquierda.

De todos modos, lo mejor del texto de Manuel es que apunta al único sitio a donde en realidad tiene importancia apuntar: al problema del modelo. Por un lado, deja entrever la brecha existente –por usar el lugar común- entre el propuesto y el realmente existente, pero además, y esto es lo más importante, cuestiona y se interroga sobre la sostenibilidad del último. Así las cosas, el debate deja de ser un torneo interminable de idas y venidas sobre la justicia redistributiva, los mecanismos de regulación o la inequidad imperial, pero devenir en una serie de preguntas claves en cuanto a los fundamentos que soportan la política económica –y sobre todo la economía política- del gobierno bolivariano.

Pero es posible –y de hecho, muy probable- que por estas mismas razones textos como este lejos de movilizar el debate genere incomodidad y molestia, pues sabido es que para algunos discutir estas cosas puede ser un acto tremendista e indisciplinado cuando no claramente quintacolumnista. Sin embargo, todos aquellos que automáticamente sospechan del debate por ser factor de divisiones o conducir al fracaso de los procesos revolucionarios, lo primero que deberían tener presente es que, como finalmente termina ocurriendo con todas las realidades de la vida, la realidad del debate y las definiciones se presenta quiera uno o no, por lo que la única cuestión seria a considerar es si uno está preparado para asumirlo o no lo está. Por otra parte, es gracioso, pero hasta donde mi conocimiento alcanza, no existe ningún caso registrado de algún proceso revolucionario que haya fracasado, sido derrotado o invadido por alguna superpotencia dado el hecho de haberse puesto a discutir mucho. De hecho, como todo el mundo sabe, la regla ha sido la contraria: los procesos revolucionarios que han fracasado o degeneran lo han sido por no haber tomado a tiempo las decisiones y correctivos que había que tomar, cosa que suele ser precedida por un cierre generalizado de toda oportunidad de debatir las cuestiones fundamentales. Y en cuanto al tema de las invasiones imperialista, está visto que esta es una situación de práctica consumada, por lo que igual lo único que cuenta es estar o no preparados.

Pese a que Manuel no lo menciona en su texto –aunque se pueda intuir del mismo- lo otro que habría que decir es que en la actualidad nos encontramos en un punto donde el viejo modelo rentista está dando todo lo que puede dar de sí mismo luego de su agotamiento que ya lleva tres décadas. El caso es que dicho modelo irremediablemente terminará por colapsar, por lo que el tema de fondo es cuál lo reemplazará. Existen múltiples posibilidades al respecto. Existe por ejemplo aquella que pudiéramos llamar rentismos recargado que, como su nombre lo indica, sería una suerte de modelo de viejo donde el extractivismo mineral se intensifica al igual que la importación de todos los consumibles, dado el aumento del flujo rentístico y del poder adquisitivo posibilitado por el mismo amén de todos los imperativos políticos que hacen de la demanda constante y creciente el quid de nuestra política. Al igual que ocurre con el rentismo de viejo cuño, por definición, este modelo debe estar sujeto a algún puerto internacional de salida (pongamos que hablamos de China) y a varios para las entradas, por lo cual poco importa que se cambie el color de los ejes si la dinámica dependiente y vulnerable sigue siendo la misma. Sería material para otro día sin embargo, dar cuenta en de la futilidad y sobre todo los peligros de este modelo, que en cierto modo serían los mismos del rentismo clásico pero también recargados, más algunas cuestiones que tienen que ver ya con la división internacional del trabajo y los procesos de valorización del capital global actuales.

Otra posibilidad de remplazo tiene la forma también de un retorno potenciado, que pudiéramos llamar para efectos prácticos de neoliberalismo 2.0. Aquí juega un papel importante el tema de la inflación, pues para cualquiera que lea por ejemplo El Universal y El Mundo resultará evidente que en la lectura monetarista de la misma que elabora la derecha se encuentran las bases para un ajuste en clave neoliberal (disciplina fiscal, ajuste presupuestario, reducción del gasto público, privatizaciones, etc.). No obstante, más allá de lo que haga la derecha –que, dicho sea de paso, solo se comporta y actúa en base a su naturaleza- lo peligroso es cómo esta visión puede terminar permeando la política económica del gobierno, en la medida que se siga considerando a la inflación como el principal problema económico del país y no como lo que simplemente es: síntoma de descomposiciones más profundas. Todo lo cual, nuevamente, nos lleva al tema de la importancia de la discusión.

Otra posibilidad es desde luego la conformación de un nuevo aparato productivo, lo cual no necesariamente se contradice con las anteriores y además puede hacerse tanto desde derecha como de izquierda, lo que de cierto modo explica el consenso casi generalizado en cuanto a esta salida. Dadas las condiciones de nuestro país, está visto que la forma casi obligada de hacer esto es a través de una aprovechamiento no-rentístico de la renta, siendo esto lo que la mayoría llama la siembra petrolera. Según esta hipótesis, si invertimos el excedente petrolero en diversificar la producción saldremos del círculo vicioso de la dinámica rentística (exportamos para importar, importamos porque exportamos, importamos porque no producimos, no producimos porque importamos…). Lo que no está claro para la mayoría, sin embargo, es bajo que cuotas de sacrificio puede darse esta salida, entre otras cosas porque implica la transformación de nuestros hábitos de consumo, los cuales son la sustancia de nuestro contrato social y garantía de estabilidad política, tal y como lo pone en evidencia el tema del ahorro energético. Pero más allá de este asunto, la cuestión es saber si dicha siembra puede darse invirtiendo en el aparato productivo pero conservando prácticamente intactas las relaciones de producción que emanan del mismo.

Esto último –ya para concluir y dar paso al texto de Manuel- nos lleva al tema de la salida socialista, lo que sea que esto signifique. En mi opinión particular la única salida socialista que vale la pena es la comunista, entendiendo lo común como lo que es común a todos y todas, que no es lo mismo que propiedad estatal y es algo mucho más allá de lo comunal, así se encuentre allí algunos elementos que puedan darle pie (así como otros que no) y tampoco –y muchísimo menos- es un mero acto de fortalecimiento del poder adquisitivo de los más pobres. Quedará para otro día las consideraciones con respecto a esto, pero digamos por lo pronto que todo comunismo real por lo demás es internacionalista, o más exactamente planetario, en el entendido último que lo más común que tenemos es la tierra y el intelecto generalizado. Por lo demás y para aclarar el tema del consumo, el comunismo no significa como muchos pretenden una suerte de idealización de la pobreza y la carencia, lo cual es un tópico más bien cristiano que en nada tiene que ver. El comunismo es más bien lo contrario, liberar las fuerza productivas coaptadas y subsumidas por la propiedad privada y sus relaciones de explotación, de alguna manera, el comunismo es el único libre comercio que existe.

Para otra entrega me centraré un poco más específicamente en los temas concretos que plantea Manuel. Tal vez está demás esta larga e improvisada introducción, pero creí importante hacerla si coadyuva en algo a poner las cosas sobre su curso.

La economía venezolana o cómo la burguesía hurta la renta petrolera y es dueña del 71% del PIB

*Manuel Sutherland


A chavistas, antichavistas y a algunos “socialistas” ingenuos, les parece increíble que la economía venezolana esté aún en manos de la burguesía local y sus congéneres internacionales. Pero es así. De allí surge una interrogante: ¿Puede ser el Estado, económicamente hablando, más pequeño que antes, aún cuando se hayan nacionalizado algunos grandes sectores?

Las cifras que demuestran la pequeñez económica del Estado.

La realidad es difícil de entender. Lo más lógico es pensar que la hipertrofia burocrática del Estado, lleva aparejada un crecimiento de los medios de producción en manos estatales. Ver las nacionalizaciones de empresas de comunicación, siderúrgicas, finanzas, cemento etc. invita a pensar que el Estado venezolano es dueño de casi toda la economía. La falaz oposición nucleada en la mísera MUD, no cesa de afirmar que el chavismo ha ahogado a la empresa privada y que ésta se diluye o al menos pierde poder. El mismo Presidente Chávez refuerza esa errónea imagen de Estado empresario, cada vez que aparece en televisión “amenazando” con la posibilidad de realizar expropiaciones a la propiedad de la rancia burguesía criolla (el ejemplo más notorio fue la llamada en vivo y directo al presidente del Banco Provincial). O cuando el Presidente argumenta que las anodinas joyerías del centro deben ser “expropiadas”. Todo ello, hace creer lo que dice la mendaz oposición derechista: “el Estado es dueño de toda la economía”.

El socialismo científico debe atravesar la apariencia y erigirse por encima del inútil sentido común mercantil, que nada explica y todo distorsiona. En esa tarea y para el campo que nos atañe en el escrito, es imprescindible examinar con cierto detalle la responsabilidad en la producción de lo que cada sector hace en la economía: la burguesía local (Ej.: POLAR) más los fragmentos de capital transnacional (Ej.: coca cola) versus la producción estatal (Ej.: Sidor). Así las cosas, dentro de la totalidad de la producción de bienes y servicios realizados a lo interno del país (PIB) podemos ver en las cuentas nacionales, una distinción ente el PIB privado y el PIB público es decir, estatal. Mediante dicha diferenciación podríamos acercarnos a entender el peso real de cada sector en la economía local.

Desde esta sucinta explicación, podemos utilizar para nuestro análisis la data oficial del año 2010, en la que se demuestra que el PIB correspondiente al Estado, sólo alcanza un escuálido 29%, quedando el resto de la producción de bienes y servicios, como responsabilidad de nuestra importadora burguesía local, es decir el 71%. Lo que significa que a 11 años de proceso bolivariano, la economía mantiene su carácter eminentemente privado y los sectores empresariales siguen tomando la mayor tajada en el festín de la explotación a la clase obrera venezolana y extranjera que labora en nuestro territorio. Esta tendencia infeliz del PIB es generalmente tomada como “positiva” por el ingeniero eléctrico Jorge Giordani, ministro de Finanzas y Planificación, porque expresa una supuesta menor dependencia del petróleo(¡)

Pero, ¿se puede decir que hay un proceso de reversión de ese PIB mayoritariamente privado, en favor del PIB estatal? No. De nuevo, lo que nos muestra el gráfico que a continuación les mostramos, es que incluso en el año de 1999, el porcentaje correspondiente al PIB público era ligeramente más alto que en la actualidad (32%). La economía en manos directas de la burguesía, basada en la acumulación privada de capital sobre la base de la explotación obrera, ha venido creciendo más rápido que la economía estatal. Otro asunto notable, pero a la vez muy coherente con el funcionar capitalista, se deduce del hecho de que en los años de mayor crecimiento económico o “prosperidad” burguesa, el PIB público suele achicarse.

Gráfico 1

Ojo, muy a diferencia de lo que sostiene frecuentemente el economista Víctor Álvarez, nosotros no consideramos que haya un crecimiento de la economía capitalista en detrimento de una economía “social”, pública o “no capitalista”. Para nada. La economía venezolana como parte integrante del proceso mundial de acumulación de capital, es una economía por entero capitalista. Venezuela como alícuota diminuta del capital mundial, refleja en su seno la organización social del trabajo bajo la estructuración propia del modo de producción capitalista. Es decir, el trabajo social en nuestro territorio se hace de manera privada, independiente y con la direccionalidad manifiesta hacia la producción de mercancías, es decir, valores de cambio. Esos valores son producidos mediante la explotación del trabajo obrero, lo que sustenta el proceso de acumulación de capital a base de la extracción de plusvalía. Por ello, estamos en absoluto desacuerdo en contraponer ideológicamente a un sector capitalista versus un sector estatal popular, bienhechor o cuasi-capitalista.


¿Por qué el 71% de la economía criolla está en manos de la burguesía? 

Aunque a algunos les parezca “insólito”, la burguesía ha ampliado su poder económico, es decir, ha acumulado más capital; por ende es fácil advertir que la explotación sufrida por el proletariado se ha incrementado y que los resortes de la economía están en manos de los chuscos explotadores. En base a lo anterior y en otras experticias, podemos afirmar, que las tímidas reformas económicas del proceso bolivariano han tenido un efecto magro en cuanto a hacer crecer el sector estatal en la economía.

Pero de allí surge una pregunta sencilla. ¿Si PDVSA genera el 96% de todos los dólares que entran a la economía y esos dólares son los que permiten importar más del 75% de nuestro consumo nacional, cómo el porcentaje del PIB en manos de la burguesía puede ser tan alto?

¿Por qué la burguesía importadora crece a tales magnitudes?

A 11 años de proceso bolivariano, la burguesía se ha hecho más grande y ha consolidado su papel explotador. ¿Pero cómo funciona el mecanismo que permite a la burguesía local filtrar la renta petrolera y hacer crecer sus fortunas de manera sostenida?

Empecemos por aclarar algunas generalidades del proceso de acumulación capitalista en Venezuela. Lo más importante en este caso, es advertir las bajas tasas de productividad del trabajo en la economía venezolana. Altos salarios (en comparación con el sudeste asiático), un mercado pequeño (baja escala), obsolescencia tecnológica, ser víctimas de la acumulación originaria y el atraso científico propio de la especificidad de la acumulación capitalista en el país, son los causantes de la baja productividad industrial y de la falta de competitividad internacional en la generalidad de las mercancías. Muy lejos de los monetaristas que creen que devaluando la moneda vamos a dar un salto en la competitividad mundial (ya nombramos quien lo afirmó en TV), las características estructurales de nuestra nación, impiden el desarrollo de industrias que exporten tecnología y productos manufacturados.

La sobrevaluación, o sea, mantener el precio del dólar en bolívares un poco más alto que lo que indicaría el nivel de transacciones de divisas en el mercado, es uno de los mecanismos que drenan toneladas de renta. Otra forma de dilapidar renta es el conjunto de subvenciones, préstamos y ayudas comerciales a la burguesía industrial y a los pequeños productores que otorga el Estado. Sueldos muy altos a burócratas, transferencias asistencialistas con intenciones clientelares, contratos de servicios o construcción con elevados sobreprecios, son otras de las vías como la renta petrolera se distribuye en el país.

Sabiendo cómo se emplean los recursos en el país, la burguesía local se afana en buscar con toda fuerza, la forma en la cual pueda apropiarse con la mayor rapidez y fluidez del producto de la renta petrolera. Por ello y entendiendo que no tienen los atributos estructurales para competir en el mercado mundial, la burguesía local se apaña en el comercio. Así, Venezuela y sobretodo Caracas, se llena de centros comerciales, finanzas y bazares donde lo que se expende es abrumadoramente importado. El empresario criollo es mayoritariamente importador por las razones estructurales que arriba sostenemos, no por una absurda y racista creencia de que el empresario criollo es “perezoso” o que no tiene “visión empresarial”.

Empresas como POLAR, cuyo producto mayoritario es la cerveza, constituye una excepción debido a que los costos de producción, distribución y expendio que representaría importar masivamente la cerveza, son muchos más altos que los que puede poseer un capital altamente concentrado y eficiente en esa rama. De más está decir, que los componentes de la cerveza son también importados…cebada, lúpulo.

¿Cómo se anidan las importaciones masivas o cómo la burguesía se enriquece –tan- fácilmente?

Por lo visto anteriormente, la vía expedita para que nuestros empresarios hagan fortuna, implica la importación de mercancías baratas y su venta en el mercado local a los más altos precios posibles, de acuerdo a lo que la competencia le permita.

El control de cambio ha venido a ser un impulso tremendo para concentrar la importación en pocas manos, apropiarse de dólares baratos, vivir de la especulación comercial y de la reventa de divisas en el mercado paralelo, donde la burguesía realiza ganancias fabulosas.

La sobrevaluación del bolívar es una herramienta que permite al empresariado local, la absorción de renta y toda clase de negocios parasitarios muy lucrativos. El control de cambio (muy necesario en el 2003) es una bendición para la burguesía importadora consolidada que tiene el músculo para importar en gran escala. Como los dólares son mayoritariamente entregados a esa élite burguesa, ellos se pueden permitir comprar un DVD a 30 dólares y revenderlo a 387 Bs. Guardando para sí, una modesta ganancia de 200%. La camioneta Grand Cherokee (año 2011), en su versión estándar, cuesta 33.000 dólares (141 mil bolívares) en EEUU (http://www.jeep.com/en/2011/grand_cherokee/). En este paraíso especulativo, el concesionario oficial de la Chrysler vende la misma camioneta en 555.598 bolívares (http://www.jeep.com.ve/grand_cherokee/models/precios_gd_cherokee.html).

A simple vista se observa que la camioneta se vende 4 veces más cara en Venezuela que en EEUU. El empresario que pidió sus dólares CADIVI, invirtió 141 mil bolívares y la vendió en 555, “obtiene,” sin agregar ningún tipo de valor adicional, un “modesto” margen de ganancia que roza el 300%, es decir, se “ganó” en esa transacción unos 414 mil bolívares por una ramplona operación de compra-venta. Esa transacción se computa en el PIB y esos 33 mil dólares, “crecieron” hasta su equivalente de 120 mil dólares. Por ello, el PIBno petrolero se muestra mucho más alto que el petrolero. Si argumentan que importan con dólares del mercado paralelo, es más grave el asunto, porque los miles de millones que aporta CADIVI y más recientemente el SITME, si aparecen en los balances contables del país y tienen que haber sido entregados a “alguien”.

Tan grande son los márgenes de beneficio en la importación, que hay personas que viajan con poquísimos dólares y al comprar algunas mercancías en el extranjero y revenderlas acá, cubren fácilmente el costo del boleto, el hotel y su ganancia.

De esta forma tan rústica e improductiva, la burguesía sambilera se embolsilla gracias a nuestro petróleo (y al control de cambio) miles de millones de bolívares sin producir ninguna mercancía, a fuerza de especulación pura y dura. Ojo ni siquiera hablamos de los multimillonarios negocios de compra y venta de dólares en el mercado paralelo.

Obviamente, como marxistas, no estamos a favor de desmontar el control de cambio y dejar al dólar flotar en el mar de la especulación. No. Nosotros planteamos la construcción de una CENTRAL DE IMPORTACIONES (tema que trataremos en otro escrito) como medida estratégica transicional que permitiría detener la hemorragia especulativa y organizar productivamente la importación.

¿De dónde salen todos los dólares para que la burguesía especule y se haga millonaria?

Si nuestra burguesía local (venezolanos y extranjeros dueños de medios de producción y expropiadores de plusvalía en el territorio nacional) no produce casi nada y no exporta casi nada, ¿De dónde saca los dólares? Fácil, del petróleo. PDVSA y las expoliadoras empresas mixtas, son las que generan el 96% de las divisas que al país ingresan. Por todo eso, las actividades de servicios, comercio, finanzas, comunicaciones etc. como vías de apropiación de la riqueza petrolera, poseen valores muy altos en el PIB y estos rubros, engrosan el PIB privado del que tanto hablamos.

En el gráfico a continuación, se muestra (en rojo) el grotesco nivel de las importaciones de bienes y servicios del empresariado, en contraste con las exportaciones privadas no petroleras (en azul). En el clímax de esta desproporción, vemos que la burguesía en el 2008 importó (sola-solita) mercancías por un valor de más de 45 mil millones de dólares estadounidenses y apenas exportó 5 mil millones de dólares (cifra que bajó a la mísera suma de 1.800 millones de dólares para el año 2010). Es decir la burguesía importa 9 veces más de lo que exporta. De hecho de esa mísera exportación no petrolera, más del 80 % consta de minerales extraídos con bajo procesamiento. El parasitismo burgués consiste en importar barato y revender a lo máximo que se pueda.

Gráfico 2

¿Puede aguantar la economía este locuaz ritmo importador rentista? El rol de la crítica.


El gráfico y otras pruebas más, evidencian que la economía sigue hundida en la fosa que el modo de producción capitalista impone: improductividad, monoexportación e ineficiencia. Por ello, Venezuela y los operadores políticos chavistas, se enfrentan a los mismos problemas económicos y sociales que atormentan a las economías capitalistas, cuya centralidad estriba en la renta de la tierra enfocada en el área mineral. Al enfrentarse a estas variables, ellos se ven obligados a ocultar que siguen administrando el Estado capitalista y contribuyendo a la acumulación social del capital. Por tanto, ya no es el funcionamiento estructural del capital y sus consecuentes crisis, los culpables de los problemas económico-sociales que nos afectan. No, ahora el culpable de la situación negativa, es el empresario, la especulación o la corrupción; aunque las anteriores son sólo consecuencias, formas concretas en las que se evidencian las miserias económicas que sufre el proletariado en cada espacio donde el capital se reproduce.

Aunque la realidad se les cae a pedazos y les abofetea, la élite de la burocracia expresa su anticomunismo, su tenaz cobardía y hostiga con las estupideces de siempre al pensamiento crítico, generalmente arguyen idioteces como: “no digas la verdad, es mejor que la derecha no lo sepa”, “no hagas esa crítica la derecha la puede usar contra nosotros (los corruptos)”, “estamos en elecciones, es necesario (mentirle) ocultarle esas cosas al pueblo”, “no hagamos críticas, para eso está la derecha que critica mucho, nuestro papel es seguir (adulando y robando) defendiendo nuestros (privilegios y prebendas) honores patrióticos”.

La crítica revolucionaria es el camino de la inmensa base honesta del PSUV y de los trabajadores estatales que trabajan con denuedo y se esfuerzan por mejorar la situación del país. El chavismo honesto debe confrontar a las direcciones reformistas y alzar la voz contra los atropellos preñados de peculado. La única forma de que las cosas avancen y sean realmente revolucionarias, es que haya una profunda revisión crítica de lo que sucede y a partir de allí plantear un cambio drástico en la situación actual.

Para grandes problemas, grandes soluciones. Debatir, criticar, organizar y actuar en pro de solucionar los desmanes propios del capitalismo es la labor principal a impulsar.


Para qué cosas sirve un “fundamentalista islámico”

Una de las cosas más interesantes de lo que actualmente ocurre en el Medio Oriente es el “nuevo” papel de los grupos fundamentalistas islámicos como combatientes de la libertad. “Nuevo” ciertamente entre comillas, pues como todo el mundo sabe, ese era el papel que ya había jugado Al Qaeda en Afganistán en su lucha contra la invasión soviética, pero como después del tema de las torres se habían convertido en los enemigos número 1, no deja de ser llamativo el cambio violento de imagen pública que sufrieron en cuestión de semanas.

En Egipto, a la caída de Mubarak le ha seguido un Consejo de Transición donde la voz cantante la llevan los Hermanos Musulmanes, que en buena medida es el mismo grupo salafista que encabeza las movilizaciones en Siria, donde la mayoría de la población es de confesión suní y no alauí como El Asad. Miembros de esta misma confesión son los que dirigen las operaciones militares en Libia y fundamentalmente sobre Trípoli, encabezados por el hasta no hace mucho prisionero de los servicios secretos norteamericanos y miembro de Al Qaeda Abdelhakim Belhaj, quien a su vez sigue las órdenes de otro Consejo de Transición gobernado por un notable personaje  de nombre Mustafá Abdul Jalil, célebre juez a quien toda la prensa occidental acusó hace poco de condenar a muerte a unas enfermeras húngaras solo para complacer a Gadafi y convertirse en Ministro de Justicia de su régimen, cargo del cual desertó recientemente para unirse al CNT. En el Líbano, son los principales aliados de Israel y los Estados Unidos al igual que en Irak, y a esta misma confesión pertenecen todas las monarquías petroleras del Golfo desde la saudí hasta la de Qatar.

Ciertamente, no todos los sunís entran en la categoría de “fundamentalistas islámicos”, a la vez que no todos los “fundamentalistas islámicos” son necesariamente sunís. De igual manera, nada de esto oculta las muy buenas razones de muchos libios para insurgir contra Gadafi. Pero por lo pronto, no deja de ser una hazaña y un tema de polémica interesante cómo, de la noche a la mañana -y en vísperas del 11-S de 2001- “los principales enemigos del mundo libre” pasaron a ser sus principales paladines.

Cómo llegó Al-Qaida a gobernar en Trípoli
Asia Times Online

Se llama Abdelhakim Belhaj. Puede que algunos hayan oído hablar de él en Medio Oriente, pero pocos en Occidente y en el resto del mundo habrán tenido la ocasión.

Es hora de ponerse al día. Porque la historia de cómo un hombre muy valioso para al-Qaida se ha convertido en el máximo comandante militar libio en Trípoli, todavía desgarrada por la guerra, seguramente hará añicos –una vez más– esa selva de espejos que es la “guerra contra el terror”, y al mismo tiempo comprometerá profundamente la propaganda, cuidadosamente construida, de la intervención “humanitaria” de la OTAN en Libia.

La fortaleza de Muamar Gadafi de Bab-al-Aziziyah fue esencialmente invadida y conquistada la semana pasada por los hombres de Belhaj –quienes estaban a la vanguardia de una milicia de bereberes de las montañas al sudoeste de Trípoli-. La milicia es la llamada Brigada Trípoli, entrenada en secreto durante dos meses por Fuerzas Especiales de EE.UU. Resultó ser la milicia más efectiva de los rebeldes en seis meses de guerra tribal/civil. El martes pasado Belhaj ya mostraba un regocijo maligno por la victoria en la batalla, diciendo que las fuerzas de Gadafi escaparon “como ratas” (nótese que es la misma metáfora utilizada por el propio Gadafi para describir a los rebeldes).

Abdelhakim Belhaj, alias Abu Abdallah al-Sadek, es un yihadista libio. Nacido en mayo de 1966, afinó sus habilidades en la yihad antisoviética en Afganistán.

Es el fundador del Grupo de Combate Islámico Libio (LIFG por sus siglas en inglés) y su emir de facto –con Khaled Chrif y Sami Saadi como sus reemplazos-. Después de que los talibanes llegaron al poder en Kabul en 1996, el LIFG mantuvo dos campos de entrenamiento en Afganistán; uno de ellos a 30 kilómetros de Kabul –dirigido por Abu Yahya– limitado estrictamente a yihadistas vinculados a al-Qaida.

Después del 11-S, Belhaj fue a Pakistán y también a Irak, donde se hizo amigo ni más ni menos que del ultra peligroso Abu Musab al-Zarqaui, todo esto antes de que al-Qaida en Irak declarara su fidelidad a Osama bin Laden y a Ayman al-Zawahiri y potenciara sus horripilantes tácticas.

En Iraq, sucedió que los libios eran el mayor contingente suní yihadista extranjero, solo después de los saudíes. Además, los yihadistas libios siempre han sido superestrellas en los máximos niveles de al-Qaida “histórico”, desde Abu Faraj al-Libi (comandante militar hasta su arresto en 2005, y que ahora sufre lentamente como uno de los 16 detenidos de alto valor en el centro de detención estadounidense en Guantánamo) a Abu al-Laith al-Libi (otro comandante militar, muerto en Pakistán a principios de 2008).

El momento de un ‘entrega extraordinaria’

El LIFG había estado en los monitores de la CIA desde el 11-S. En 2003, Belhaj fue finalmente arrestado en Malasia, y luego transferido, al estilo de una ‘entrega extraordinaria’ a una prisión secreta en Bangkok, y torturado a su debido tiempo.

En 2004, los estadounidenses decidieron enviarlo como obsequio a la inteligencia libia –hasta que fue liberado por el régimen de Gadafi en marzo de 2010, junto con otros 211 “terroristas”, en un acto de relaciones públicas publicitado con gran fanfarria.

El orquestador no fue otro que Saif Islam al-Gadafi , la ‘cara modernizadora/ London School of Economics’ del régimen. Los dirigentes del LIFG -Belhaj y sus asistentes Chrif y Saadi– hicieron antes de ser finalmente liberados una confesión de 417 páginas llamada “estudios correctivos” en la que declararon por terminada (e ilegal) la yihad contra Gadafi.

Un relato fascinante de todo el proceso se puede ver en un informe titulado “Combatiendo el terrorismo en Libia mediante el diálogo y la reintegración” [1] Nótese que los autores, “expertos” en terrorismo basados en Singapur que fueron agasajados por el régimen, expresan su “profundo aprecio a Saif al-Islam Gadafi y a la Fundación Gadafi de Caridad y Desarrollo Internacional por posibilitar esta visita”.

Crucialmente, todavía en 2007, el entonces número dos de al-Qaida, Zawahiri, anunció oficialmente la fusión entre el LIFG y al-Qaida del Magreb Islámico (AQIM). Por lo tanto, a todos los efectos, LIFG/AQIM han sido desde entonces, uno y lo mismo, y Belhaj fue/es su emir.

En 2007, LIFG llamó a una yihad contra Gadafi, pero también contra EE.UU. y una serie de “infieles” occidentales.

Lleguemos rápidamente a febrero pasado cuando, como hombre libre, Belhaj decidió volver al modo yihadista y alinear sus fuerzas con el levantamiento amañado en Cirenaica.

Toda agencia de inteligencia en EE.UU. y el mundo árabe conocen su origen. Ya ha asegurado en Libia que él y su milicia solo aceptarán la Sharía.

No hay nada “pro democracia” en el asunto, bajo ningún concepto. Y, sin embargo, no se podía excluir de la guerra de la OTAN  a un hombre tan valisoso solo porque no le gustan mucho los “infieles”.

El asesinato a finales de julio del comandante militar rebelde Abdel Fattah Younis –por los propios rebeldes– parece apuntar a Belhaj o por lo menos a gente muy próxima a su persona.

Es esencial saber que Younis –antes de desertar del régimen– había estado a cargo de las fuerzas especiales de Libia que combatieron ferozmente al LIFG en Cirenaica de 1990 a 1995.

El Consejo Nacional de Transición (CNT) según uno de sus miembros, Ali Tarhouni, ha estado propagando que Younis fue eliminado por una sospechosa brigada conocida como Obaida ibn Jarrah (uno de los compañeros del Profeta Muhammad). Sin embargo ahora la brigada parece haberse disuelto sin dejar rastro.

Cállate o te corto la cabeza

No es precisamente por accidente, pero todos los máximos comandantes militares rebeldes son del LIFG, de Belhaj en Trípoli a un cierto Ismael as-Salabi en Bengasi y un cierto Abdelhakim al-Assadi en Derna, para no mencionar a un activo clave, Ali Salabi, ubicado en el centro del CNT. Fue Salabi quien negoció con Saif al-Islam Gadafi el “fin” de la yihad del LIFG, asegurando así el brillante futuro de esos “combatientes por la libertad” vueltos a nacer.

No hace falta una bola de cristal para imaginar las consecuencias de que LIFG/AQIM –después de conquistar el poder militar y de estar entre los “vencedores” de la guerra– no estén ni remotamente interesados en renunciar al control solo para complacer los caprichos de la OTAN.

Mientras tanto, en medio de la niebla de la guerra, no está claro si Gadafi planifica atrapar a la brigada Trípoli en la guerra urbana u obligar a la masa de las milicias rebeldes a que penetren en las inmensas áreas tribales de la tribu Warfallah.

La esposa de Gadafi pertenece a la Warfallah, la mayor tribu de Libia, con hasta 1 millón de personas y 54 sub-tribus. En Bruselas se dice confidencialmente que la OTAN espera que Gadafi combatirá durante meses si no años; de ahí la recompensa por su cabeza al estilo de George W. Bush y el desesperado retorno al Plan A de la OTAN, que siempre fue su eliminación.

Libia puede estar enfrentando el espectro de una Hidra guerrillera de dos cabezas; las fuerzas de Gadafi contra un débil gobierno central del CNT y de soldados de la OTAN en el terreno; y la nebulosa LIFG/AQIM en una yihad contra la OTAN (si los excluyen del poder).

Gadafi podrá ser una reliquia dictatorial del pasado, pero no se monopoliza el poder durante cuatro décadas para nada, y sin que tus servicios de inteligencia sepan una cosa o dos.

Desde el principio, Gadafi dijo que se trataba de una operación con respaldo extranjero y de al-Qaida; tenía razón (aunque se le olvidó decir que se trataba sobre todo de la guerra del neo-napoleónico presidente francés Nicolas Sarkozy, pero ésa es otra historia).

También dijo que era el preludio de una una ocupación extranjera cuyo objetivo era privatizar y apoderarse de los recursos naturales de Libia. Puede ser que –otra vez– tenga razón.

Los “expertos” de Singapur que elogiaron la decisión del régimen de Gadafi de liberar a los yihadistas del LIFG la calificaron de “una estrategia necesaria para mitigar la amenaza planteada a Libia”.

Ahora, LIFG/AQIM están finalmente abocados a poner en práctica sus opciones como una “fuerza política indígena”.

Diez años después del 11-S, cuesta no imaginar una cierta calavera descompuesta al fondo del Mar Arábigo que ríe burlonamente hasta el fin de los tiempos.

Nota

1. En inglés. Haga clic aquí.


Libia: el mejor ejemplo de lo que no debe ocurrir.

Una de estas noches conversando con mi amigo Jeudiel sobre el tema libio, él me comentaba algo que considero lamentablemente cierto: es el mejor ejemplo de lo que no debería ocurrir. Una rebelión con muchas razones legítimas para ser tal, un gobierno con muchas buenas razones para rebelársele (aunque -hay que decirlo también- resistiendo el embate de la OTAN como sus antepasados beduinos resistieron los de los ingleses e italianos) todo sin embargo ya cooptado y capturado por los más vulgares intereses imperiales corporativos.

Tenía rato queriendo contar algunas sosas sobre este tema, pero encontré esta nota de Modesto Guerrero en Página 12 que creo resume muy bien la mayoría de las cosas que hubiese podido decir. Al principio, para mi gusto al menos, repite algunos lugares comunes, pero sin duda a medida que avanza mejora notablemente. En cualquier caso, no tiene mucho sentido escribir otra nota si va a quedar más o menos similar a esta, así que la reproduzco a continuación. 

Amargas lecciones

 Por Modesto Emilio Guerrero *

La caída de la ciudadela blindada de Muammar Khadafi y su huida a algún lugar desconocido marcaron el fin de su régimen, aunque los tiros suenen por un rato más.

El desbalance militar creado por la OTAN desde el aire se transformó en un dato irreversible entre marzo y julio. Tras unos meses de inutilidad militar y política, el impacto acumulado de misiles cambió el curso de la guerra desde agosto. Facilitó el avance de los opositores desde el Este hacia la capital. Aunque no fueron desdeñables los aportes hechos por la CIA, los mercenarios africanos y el M16 británico en el terreno, no decidieron nada. Lo que vemos en la arremetida sobre Trípoli es una masa armada de miles de jóvenes libios, sobre todo de las clases medias profesionales.

El segundo hecho clave en el retroceso militar del gobierno fue la mengua creciente de su base social en las cinco ciudades más oficialistas: Trípoli, Sirte, Al Kums, Sabratah y Garyán. Entre febrero y mayo fue alta la adhesión a Khadafi en amplios sectores del funcionariado y de trabajadores de la capital, pero desde junio decayó y en agosto se convirtió en un factor clave de su retroceso. Fue evidente en las calles, pero también en las fuerzas armadas y en instituciones políticas. Con los datos de fuentes como Yabiladi.com, GuinGuinBali.com, AfrolNews, EuroNews y la cadena rusa RT.com, al 30 por ciento de funcionarios consulares y políticos que abandonaron el régimen, hay que sumar el casi 20 por ciento de oficiales y jefes de batallones que defeccionaron entre enero y junio.

El sistema mundial de Estados controlado por EE.UU. está a punto de avanzar otro paso, en medio de su peor crisis económica, financiera, social, ecológica y política. La Libia post Khadafi podría tener el mismo destino inestable de Irak o Afganistán, pero será un paso a favor de ellos. Sobre todo para Alemania, Gran Bretaña, Italia y Francia, que dependen en más del 60 por ciento del petróleo libio. Las Bolsas narran su euforia, sea a la alza o a la baja.

El lamentable resultado libio confirma, una vez más en la historia, lo que la decimonónica Doctrina Palmerston pautó desde Londres para las relaciones entre imperios y naciones dominadas. “Gran Bretaña no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, sólo tiene intereses permanentes.” Eso vale hoy tanto como ayer. Esa lección fue la que no aprendieron Manuel Noriega, Saddam Hussein, Bin Laden, Al Assad, Aristide, y en otro plano Pinochet, Galtieri, el sha de Irán y otros “amigos”, socios o agentes temporales de EE.UU. y la OTAN, que en algún momento fueron convertidos en objetivos. Ni amigos, ni enemigos.

De nada sirve asociarse en cuclillas, retroceder sobre lo avanzado, capitular, firmar pactos de corto vuelo o, en el mejor de los casos, desplazándose “al centro” es posible engañar a las potencias y obtener indulgencia generosa. Eso hizo el ex nacionalista Khadafi y el resultado negativo fue inexorable. Fue protagonista en el origen y en el final de este drama. Los imperios siempre serán malos, el asunto es qué hacen o dejan de hacer sus adversarios temporales.

De poco sirve derrocar a un reyezuelo, una dictadura o un régimen parlamentario corrupto y represivo, si el régimen depuesto no es suplantado por otro superior en lo político y en lo social. O es más democrático y beneficioso para las mayorías, o se devolverá como reaccionario por el peor de sus costados. Si es que no lo echan a los tiros.

Las ilusiones democráticas de quienes se apoyan en la OTAN para la operación imperial sobre Libia se evaporarán cuando las nuevas privatizaciones, los ritmos de explotación y la conversión del país en un dispositivo de la energía europea impidan la estabilización institucional. El costo será la devastación fratricida entre clanes y castas y el debilitamiento como nación. El régimen resultante no será mejor que el de Khadafi.

Esto les recordará dos errores trágicos. No haber sabido superar el despotismo desarrollista del líder libio y, algo peor, apoyar a sus peores enemigos.

Esta lección vale para Siria y el resto de las “Primaveras árabes”, que en Libia se volvió Otoño borrascoso, pero también es un guiño para procesos transformadores no despóticos, cuyos regímenes comenzaron con mucha democracia social pero tienden a derivar hacia viejos modelos bonapartistas en América latina.

* Escritor y periodista, fundador del PSUV en Argentina.


La des-concertación.

Una de las últimas conversaciones que tuve con mi amiga Mía antes de salir de Santiago estuvo relacionada con el tema electoral. Estábamos en vísperas de la segunda ronda de las presidenciales y en los medios de izquierda no se hablaba otra cosa que no fuera si votar o no por el candidato de La Concertación.

Al igual que ella, la mayoría de los compañeros y compañeras de izquierda se debatían en un dilema nada sencillo: votar a Frei -el triste candidato democratacristiano de “La Concerta”- o no votar por él, lo que se traducía en favorecer el avance de Piñera y la vuelta del pinochetismo luego de 20 años. En la primera ronda la cuestión había sido más sencilla: la izquierda que todavía apostaba algo a la vía electoral le había votado a Ominami o a Arrate y en especial a este último que representaba al ala más extrema (aunque como él mismo señaló en alguna parte dicha fama de extremista se debía más al corrimiento de sus antiguos correligionarios hacia la derecha o al centro que al hecho de que él se haya radicalizado hacia la izquierda). Mía había votado por Arrate en la primera vuelta y se iba a abstener (y de hecho se abstuvo o voto nulo, no recuerdo bien) en la segunda. No había lugar a la discusión: no iba a votar por Frei le dijeran lo que le dijeran.

De mis mejores amigos chilenos los bandos se dividían de hecho en dos y dos: Mía y Mario coincidían en esto de que independientemente de lo que sucediera no lo iban a votar a Frei. En el lenguaje elegante pero directo de Mía si llegaba un presidente de derecha en realidad nada cambiaba, a lo sumo se sinceraban las cosas. En el lenguaje más belicoso de Mario lo mejor era que ganara Piñera pues así “se radicalizaban las contradicciones”. En cambio para Pablo, había que votar por Frei así doliera la guata y sin pensarlo mucho (no fuera a ser cosa que uno se arrepintiera) para no dejar pasar a la derecha. Esta postura la compartía el viejo Alberto –antiguo minero del cobre, combatiente clandestino del MIR y entrañable compañero de clases y tertulias- quien simplemente se resistía a la idea de que volvieran los tiempos de los milicos. Una vez me lo explicó con su reconocida sapiensa: “esos cabros no les importa que llegue Piñera pues no han vivido una dictadura, no saben lo que es. Si la hubiesen vivido no se atreverían siquiera a jugar con la posibilidad”.

Yo, por mi parte, debo confesar que en su momento estaba más cerca de la segunda que de la primera postura. Eso tiene muchas explicaciones, pero seguro la más entre las más importante se encuentra la de la referencia al caso venezolano. Como dice un profesor amigo: es el eterno dilema izquierdista entre conservar lo avanzado y arriesgar por lo imposible. Es eso, o es una manera elegante de llamar a otras cosas. Pero como quiera que sea, la verdad del caso es que la historia ha terminado por darles la razón a Mía y Mario, para alegría de todos, en especial de Pablo y Alberto. Parece paradójico, pero bien mirado no lo es tanto: tenía que acabarse la serie de gobiernos que vivían de la renta del legado allendista para que fuera posible, realmente, abrir de nuevo las grandes alamedas y marcharan juntos los hombres y mujeres libres que luchan por construir una sociedad mejor.


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